Ante el derrame de violencia libertaria, oponemos organización

03.09.2026

Las palabras sientan las bases para la acción: señalan, amplían y preparan el campo. El poder despliega su discurso para tantear. Luego espera y observa. Si no hay oposición, avanza.


Por Andrés Manrique (ANRed)

Las prácticas de la actual gestión no se diferencian en nada de las tácticas más primitivas para perpetrar el poder: "entonces usted tiene terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores, terroristas disfrazados de investigadores", vocifera Milei en entrevista con Majul (2/08/26). ¿Y qué hace el periodista? Servil como de costumbre, esquiva la repregunta y, por supuesto, ni se le ocurre mencionar que esa fue la hipótesis que la dictadura esgrimió para hacer lo que hizo. ¿Y qué decir del cierre de la sala de prensa de Casa Rosada el pasado 23 de abril y durante 10 días, luego de lo cual quedó la llave en manos de la Casa Militar? ¿Y qué del acoso que los colegas reciben allí, ahora que los revisan y le han esmerilado ventanas para que no puedan ver? ¿O qué decir del modo en que encontraron la sala el lunes 31 de agosto, con cajones revueltos y algunos objetos robados? ¿Y qué de la violencia desplegada por las fuerzas en la calle contra los periodistas en cada manifestación? Los insultos, las agresiones verbales, los epítetos, las patadas, los palos, los gases y el hidrante no son desbordes; no son hechos aislados. Cada arma que acciona una institución depende de órdenes tomadas y ratificadas con firmas, en oficinas y despachos. Las amenazas y mensajes intimidatorios que vienen recibiendo los fotorreporteros en redes no escapan a este círculo vicioso en el cual pensar distinto te convierte en adversario y por lo tanto en enemigo al que hay que destruir. La forma siempre es parte del fondo, parte del mensaje. Porque toda violencia es política. Este miércoles 02/09 a las 16, todos al Congreso. 

¿Y si a tu hijo lo dejara alguien al borde de la muerte? ¿Y si te dijeran que le disparó un gendarme porque estaba sacando fotos? ¿Y si a pocas horas del hecho, mientras está aún en terapia intensiva, desde estudios de fórmica, algunos periodistas señalan a tu hijo como un delincuente por haber militado? ¿Qué sentirías si oyeras al gobierno, a la misma Ministra y actual senadora intentando refutar la evidencia concluyente que se reproduce una y otra vez en pantalla gigante, a sus espaldas? ¿Y si más tarde la Gendarmería intentara ocultar la evidencia que incrimina al Cabo Héctor Jesús Guerrero, a quien la prensa independiente termina identificándolo como autor material del disparo? Negar lo evidente no es absurdo, es mentira, es malicia. Y Patricia Bullrich debería estar condenada.

La herida a Pablo Grillo no concluyó en muerte gracias a la velocidad y pericia de compañeros y médicos del Argerich. Es una agresión -de momento la más grave- entre los cientos que las fuerzas represivas vienen infligiendo contra periodistas. Y contra el conjunto de la sociedad.

La violencia busca de nuevo ser legitimada. Las patadas que las fuerzas policiales dan por la espalda; los palazos que hemos visto reventar caras, cejas y espaldas; los ojos que han vaciado policías y militares al hacer blanco en la cara, a quemarropa, de civiles desarmados; el secuestro de tarjetas de memoria; los hurtos de celular que algunos efectivos de la Policía de la Ciudad arrebataron de periodistas; la intimidación con prepotencia. Esto es sólo la cara tangible de la violencia que las fuerzas represivas efectúan a plena luz del día.

Además, existen las violencias que han ido escalando estos últimos años en redes digitales. Y esta semana, enumeramos los casos de Emiliano González, que el lunes denunció en sus redes las amenazas proferidas por Walter Guillermo Chiappero contra él . Y las que recibió Marcos Sierras la semana pasada : «te gusta ser defensor de pobres parece/ quiero pelear con vos/ negro de mierda/ a vos te tendría que levantar un falcon verte y te tendríamos que violar entre unos pares y después hacerte desaparecer». Los dos fotorreporteros vienen trabajando distintos asuntos vinculados con organizaciones de base, y registrando lo que pasa en manifestaciones. El nivel de cobardía de estos posteos no se concibe sin un marco mucho más amplio que los avale.

Ante la imposición ineficiente que le cuesta al país sumas millonarias en cada operativo (50 millones en promedio, hasta agosto de 2026), ante el rotundo fracaso del "protocolo antipiquetes" que las fuerzas represivas violan sistemáticamente cada vez, varias horas antes de que pueda concentrarse el primer militante, con vallas y piquetes, repudiamos todo gesto de violencia, tanto los virtuales como los físicos. Los institucionales como los particulares. Los individuales como los colectivos.

La naturalización de la violencia es el ácido que el poder vierte sobre el tejido social: un método conveniente para dividir a la población. Ponemos en circulación pública el nombre de este agresor porque confiamos que el escarnio social obturará violencias por redes, sin cuerpo, y aun anónimas, tanto como físicas. Seguiremos en busca de uniones más fuertes, cuerpo a cuerpo.

Fuente:

https://www.anred.org/ante-el-derrame-de-violencia-libertaria-oponemos-organizacion/

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