OPERACION CONDOR, PACTO CRIMINAL

11.01.2026

Pocos días antes de la Navidad de 1992, una noticia muy singular dio la vuelta al mundo. En Paraguay, un pequeño país sudamericano, donde comenzaba una controvertida transición a la democracia, se había descubierto una buena parte de los archivos que confirmaban la leyenda negra de una de las dictaduras más largas de América Latina. Durante treinta y cinco años, el general Alfredo Stroessner mantuvo a su país bajo el terror, la persecución y el aislamiento. La buena obsesión por la justicia de una de las víctimas de la dictadura, el abogado y pedagogo Martín Almada, lo había llevado hacia esas oficinas policiales nuevas en Lambaré, suburbios de Asunción, la capital de Paraguay, adonde habían sido trasladadas dentro del mayor sigilo toneladas de papeles en desorden, que testimoniaban la historia menuda de la tragedia. Desde un primer momento entrevistamos a Almada, quien había sido detenido en 1974, y rescatado por una intensa acción internacional en 1977. Almada, que por momentos se evade hacia ese mundo de sombras y catacumbas por los que atravesó durante años, dedicó su vida a buscar la justicia, en un entorno de terrores que aún persisten, porque muy poco ha cambiado en lo esencial en su país. Él fue un solidario guía hacia ese extraño túnel del tiempo que significó hurgar los papeles, ir descubriendo datos, documentos, cartas, que no solo desnudaban lo sucedido en Paraguay sino que permitían –con documentación oficial y membretada– comprobar la existencia de coordinaciones criminales entre las dictaduras del Cono Sur, como el Operativo Cóndor. Más aún, los nexos de la muerte iban mucho más lejos. De alguna manera nos llevaban hacia la mano que mecía la cuna de la muerte.