Controversia por la venta de agua pesada con rumbo a Estados Unidos

Distintas publicaciones afirman que se dejó fuera del juego a una compañía china. Profesionales del sector nuclear advierten que se está liquidando una línea tecnológica vital para el país.
Por NORA BÄR
El año pasado la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI), que pertenece a la provincia de Neuquén y la CNEA, puso en subasta un remanente de unas 3,5 toneladas de agua pesada, insumo crítico para el funcionamiento de los reactores nucleares que funcionan con uranio natural, como los que posee la Argentina. Varias compañías presentaron sus ofertas; entre ellas, una china (Wuhan Spectral Isotope Technology), otra alemana (Merck) y la norteamericana Cambridge Isotope Laboratories (CIL). De acuerdo con diversas publicaciones, la primera hizo la oferta más conveniente; sin embargo, en los últimos días se dio a conocer que el cargamento finalmente fue despachado a CIL, en los Estados Unidos.
El periodista Alejandro Bercovich lo dio a conocer en X. En su posteo, adjuntó fotos de los tambores camino a Ezeiza con el comentario: "otro mimo para Trump de un Milei entregado" y desató una acalorada discusión. Al otro día, en Econojournal, Fernando Krakowiak confirmó la noticia y detalló que detrás del cambio de destino hubo una decisión del Ministerio de Defensa de vetar la venta a la firma china para alinearse políticamente con Washington. La respuesta de la cuenta "Oficina de Respuesta Oficial" no se hizo esperar: después de lanzarle unos cuantos insultos a Bercovich, explicó que el material exportado era "de grado no nuclear", por lo que no podía utilizarse en los reactores locales, que la venta se había hecho "mediante una compulsa internacional de precios" y que el cargamento había sido adjudicado a empresas de Estados Unidos y Alemania por haber presentado estas las mejores ofertas.

También en X, la diputada y ex presidenta de la CNEA, Adriana Serquis, planteó que no se sabe si el precio al que se vendió el insumo fue competitivo ni qué se hará con esos fondos. "Se suponía que ese dinero iba a financiar la reactivación de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de Arroyito, pero mientras tanto, el Gobierno sigue vaciándola –subrayó–: deja ir a profesionales con experiencia, empuja el pase de personal a ENSI para trabajar en petroleras y acelera retiros voluntarios. Poner en marcha una planta estratégica cada vez con menos personal es, sencillamente, una contradicción".
El episodio se enhebra dentro de una larga lista de "vetos" a cualquier cosa que involucre al país asiático (como la interrupción del radiotelescopio CART, con un avance del 90%), pero lo que más preocupa a los profesionales de la actividad nuclear es el lento aniquilamiento que se está imprimiendo sobre toda una línea tecnológica que se desarrolló en el país a lo largo de seis décadas. El físico Andrés Kreiner, que sigue de cerca la situación de la PIAP subraya que es falso que el agua pesada exportada no servía para nuestras centrales, habla de un "abandono progresivo" que pone en riesgo un activo clave para el programa nuclear argentino mientras se importa el insumo desde la India, cuenta que desplazaron a los últimos profesionales que quedaban al frente del mantenimiento hacia áreas de petróleo y gas de ENSI, y que la planta, que llegó a tener 400 empleados en 2017, hoy apenas roza el centenar.

"Nuestra inquietud es que finalmente se cierre la PIAP –afirma–. Por un lado, el gobierno habló de un posible contrato de concesión a un consorcio de dos empresas locales, Saesa y Spark. Estas compañías aparentemente ofrecieron una inversión del orden de 120 millones de dólares para hacer su reacondicionamiento y ponerla a funcionar en 36 meses. Pero desde junio no se volvió a saber nada y el problema grave es que se sigue degradando, porque contiene materiales corrosivos".
Para Kreiner, este capítulo no se puede leer sin tener en cuenta los acuerdos recientes entre la Argentina y los Estados Unidos por la compañía Meitner, que estaría empujando en una dirección muy concreta: que el país pierda su capacidad autónoma en la línea de uranio natural y agua pesada, y termine dependiendo de la tecnología de uranio enriquecido, que no produce localmente y que, dice, es "uno de los materiales más críticos del mundo, por el cual inclusive se están peleando guerras". Desde 2017 Argentina importa agua pesada de la India para reponer las 15 toneladas anuales que necesitan sus centrales, un gasto que implica resignar divisas que el país podría estar ganando si exportara en lugar de comprar.
El agua pesada es una molécula en la que los dos átomos de hidrógeno normal (H2O) se sustituyen por deuterio, un isótopo pesado de este elemento que tiene un neutrón extra en su núcleo. Es un líquido transparente, incoloro, inodoro e insípido, idéntico al agua común, pero entre 10 y 22% más denso. Se utiliza como moderador de neutrones, permite desacelerarlos para facilitar la fisión nuclear en reactores que usan uranio natural, pero además se usa en investigación (como trazador en biología, química y física) y también en detectores de neutrinos. La PIAP es la mayor planta de producción del mundo, única en la región. "En la actualidad, la producen apenas un puñado mínimo de países, y es un activo estratégico, de un valor incalculable, no solo para el desarrollo nuclear", subraya Kreiner.
También desmiente que lo que se exportó no era apto para nuestras centrales. "Por lo menos uno de los lotes tenía una pureza de 99,88% que es suficiente para utilizarla acá, por ejemplo diluyéndola en un volumen mucho mayor de agua pesada con más alto grado de concentración –destaca–. Esto fue para hacer caja a cortísimo plazo, aunque después haya que importarla. Es una política bastante errática. Lo dijo [Federico] Ramos Napoli [Secretario de Asuntos Nucleares de la Nación]: lo que interesan son las actividades que den dinero ya. Es una visión completamente miope, que no hubiera permitido un desarrollo nuclear como el que hoy poseemos y sobre el cual ellos se pueden parar. Necesitamos un gobierno que realmente valore la ciencia, la tecnología, el desarrollo industrial. Nosotros desde hace años venimos denunciando esto y tratando de que no se malogre algo que a la Argentina le costó muchas décadas, enormes inversiones y que es la solución para un país como el nuestro, en especial en un contexto internacional donde hay mucha avidez por la energía nuclear".
"Se habla de que para 2050 mínimamente habrá que triplicar la capacidad y además Canadá, que es el que promovió originalmente esta tecnología, está reflotándola con un programa extenso, lo que le da a la Argentina no sólo la posibilidad de seguir ampliando su capacidad de generación nucleoléctrica sino también de participar de un negocio muy importante capturando a una parte del mercado internacional de estos reactores de tipo CANDU. Deberíamos ampliar nuestra capacidad de generación nucleoeléctrica, y hacerlo en la línea de uranio natural y agua pesada, que es la tecnología que dominamos y para la cual tenemos incluso patentes. Además, la demanda de agua pesada ha crecido muchísimo para aplicaciones de altísimo valor agregado, como las farmacéuticas y las electrónicas. Es una locura lo que están haciendo".

El ingeniero Eduardo Gigante, especialista en litio, petróleo y energía nuclear, coincide. "Primero entendamos que la PIAP es única en su tipo en el hemisferio sur, una de las instalaciones de ingeniería nuclear más complejas de América latina –detalla–. Es decir, que su peso relativo en el sector nuclear no solo local, sino mundial es muy importante. Además, hay que tener en cuenta que es un activo único para el país, con demanda cautiva local. Un punto para destacar es que produce un insumo totalmente exportable. Hoy, debido al abandono y destrucción sistemático de los activos estratégicos vinculados con el sector nuclear, nos encontramos ante una pérdida que es irreparable, no por los 'fierros' sino más que nada por el capital humano vinculado con este tipo de tecnología".
"Lamentablemente, la Argentina está actuando como lo hizo alguna vez con su minería de uranio, otro insumo clave, cuando dejó de producir en el país en 1997, porque 'total se puede importar', con lo que debilitó la cadena de suministro de los insumos claves para el sector. Desde la paralización total de la planta, importamos el agua pesada (como se hace con el uranio), lo que nos expone a problemas de abastecimiento futuro imposibles de predecir. Las posibilidades que tiene la PIAP son enormes, y se necesita voluntad política para que la misma vuelva a ponerse en funcionamiento, con oportunidades como por ejemplo monetizar el gas de Vaca Muerta (el gas es uno de sus insumos esenciales de funcionamiento y está cerca) como ventaja competitiva clave. Es una vía para exportar gas como producto de alto valor agregado, además de otros vinculados con el amoníaco o fertilizantes".
Y concluye: "El nuestro creo que es el único país que no le presta importancia a este tipo de tecnologías, que no solo son necesarias para nuestro propio consumo, sino que además es posible transformar en un activo para el ingreso de divisas".
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