A 20 años de la segunda desaparición Jorge Julio López, el militante que eligió recordar
Fue un testigo clave para lograr la primera condena al genocida Miguel Ángel Etchecolatz por delitos de lesa humanidad. Su familia y los organismos aún luchan por la verdad.

.
Por Leonardo Castillo
Las dos imágenes forman parte de una misma secuencia. En la primera, el retratado mira de frente, como si estuviera interrogando a los presentes sobre el sentido de la justicia en un país que vivió un genocidio. En la segunda, es un hombre que tiene sus ojos bien cerrados, como si estuvieran hurgando en la oscuridad de unos recuerdos que remiten al horror de la tortura y la muerte. Jorge Julio López es la persona registrada en esas imágenes que integran un trabajo titulado "Huellas de Desapariciones", que reunió fotos de víctimas y sobrevivientes del terrorismo de Estado tomadas por la reportera gráfica Helen Zout, quien formuló esa lectura sobre su propia obra.
Al cumplirse 20 años de la segunda desaparición de este trabajador y militante peronista, esas imágenes siguen ahí, y constituyen una auténtica metáfora contra el olvido y la impunidad.El 18 de septiembre de 2006, el rastro de Jorge Julio se perdió en el barrio de Los Hornos, ubicado en adyacencias de la capital bonaerense. Tres meses antes, había brindado testimonio ante el Tribunal Oral Federal Número 1 de La Plata, donde era juzgado el genocida Miguel Ángel Etchecolatz.
La segunda desaparición de López
Lito, como lo apodaban sus familiares y amigos, era albañil y había nacido en General Villegas, en 1929. En los '70 se acercó a una Unidad Básica formada por estudiantes universitarios que hacían trabajo de base en Los Hornos. Era una agrupación de superficie que respondía a Montoneros. El 27 de octubre de 1976, un grupo de tareas de la Policía provincial lo secuestró y estuvo cautivo en los centros clandestinos de Potrerismo, Pozo de Arana y las Comisarías 5ª y Octava de La Plata.
En el primer proceso de lesa humanidad que se seguía desde la derogación de las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y los Indultos Presidenciales de Carlos Menem, Lito narró las alternativas de su primera desaparición ante los jueces Carlos Rozanski, Horacio Insaurralde y Norberto Lorenzo De forma detallada y metódica, enumeró las torturas, vejaciones, e interrogatorios que sufrió y las ejecuciones que presenció. En su alegato, el testigo describió al exoficial superior de la Bonaerense como "un asesino serial". También situó en los chupaderos a torturadores como Julio César Garachico, Hugo Gaullama y Carlos Gómez. Además, contó que el obispo de La Plata, monseñor Antonio Plaza estuvo en los lugares de detención, hablando e increpando a las víctimas.
Después de ese cautiverio ilegal, Jorge Julio permaneció detenido en la Unidad número 9 de La Plata, hasta que recuperó su libertad, el 25 de junio de 1979. Desde ese día, López atesoró en escritos sus memorias de aquel cautiverio. "Los argentinos tiene que saber", podía leerse en uno de esos materiales. En las afueras de La Plata, por la calle de forma circunstancial o en la fila de un banco, López reconoció a los represores y aguardaba tener la oportunidad de contar lo que habían hecho. Comenzó a hacerlo en 1999, en el marco de los Juicios de La Verdad que se realizaron en La Plata, antes de la derogación de las leyes de impunidad.
Cuando faltaban 72 horas para que los magistrados dictaran la condena a Etchecolatz, se consumó la segunda desaparición de López.
"En el cielo nos vemos"
López era un tipo reservado, que durante años guardó silencio, pero que tenía una memoria infalible y lo demostró en el juicio y en las inspecciones oculares que hizo en los lugares donde estuvo detenido", señaló en diálogo con Tiempo Argentino el periodista Miguel Graziano, escritor del libro "En el Cielo nos vemos", que versa sobre la vida Jorge Julio. El título del trabajo de Graziano se remite a una situación vivida en el cautiverio junto a Julio Mayor, otro sobreviviente quien supo dar testimonio en los juicios de lesa humanidad. "Cagamos viejo, en el cielo nos vemos", le dijo Mayor a López una vez que los represores los llamaron a los dos.

"Era algo más que un testigo, era un querellante que estaba comprometido. Creo que con su desaparición se buscó dar un mensaje hacia los otros sobrevivientes para que no declararan en los otros juicios", sostuvo la abogada Guadalupe Godoy, quien representaba la querella que seguía López en aquel proceso. Las hipótesis principales que investigó la Justicia en estos años tuvieron que ver con una posible venganza de Etchecolatz y sus cómplices, que buscaban así amedrentar a las víctimas e impedir que declaren en otras causas, o bien detener la reforma policial que en 2006 realizaba el Ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, León Arslanian.
"Creo esas dos líneas están relacionadas. La necesidad de parar los juicios no solo le interesaba a Etchecolatz. Había policías que tampoco querían ser implicados en los juicios y estaban en contra de la reforma policial", subrayó Godoy.
Las pistas
Durante un año y medio, la Bonaerense estuvo a cargo de la investigación y siguió varias hipótesis que no llegaron a nada. Algunas de ellas tuvieron ribetes ridículos y disparatados. La más célebre de estas fallidas líneas de investigación estuvo relacionada con la "mujer pájaro", arrimada a los uniformados por una mujer que decía tener una hermana que residía en Perú. Desde allí, la vidente soñaba por las noches que se convertía en un ave y volaba por la provincia de Buenos Aires. En unos de sus recorridos oníricos, la vidente reconoció al cuerpo de López en un campo.
Se hicieron rastrillajes, pero no hubo resultados. Una persona afirmó que López estaba en la Antártida; otra contó que en un billete le habían escrito la fórmula para hallar al testigo. Alguno aseguró verlo en un colectivo. En cambio, las actividades de Raúl Chicano, expolicía y colaborador de Camps arrojaron indicios más concretos. En un video de un acto encabezado por la Abuela de Plaza de Mayo Chicha Mariani en La Plata, se ve a este efectivo mirando fijamente a López. En un Juicio por la Verdad, el exuniformado negó conocer al desaparecido y alegó que simplemente "pasaba por el lugar".
En 2013 se requisó la celda del represor en Marcos Paz. Se le secuestró una agenda en la cual figuraba el nombre de López. En el juicio del Circuito Camps, el represor calificó a Jorge Julio como un testigo "aleccionado" por los organismos de derechos humanos. Un año más tarde, en el debate por los crímenes cometidos en el centro clandestino de La Cacha, se tomó una foto en la cual se pudo apreciar que el genocida multicondenado tenía en sus manos un papel donde había escrito un nombre: Jorge Julio López. Una clara provocación.
Por años, Etchecolatz fue el principal sospechoso por la desaparición del trabajador peronista que lo incriminó. El excomisario y represor murió en 2022, a los 93 años y con nueve condenas por delitos de lesa humanidad en su haber. Si sabía algo sobre Lito, se llevó ese secreto a la tumba.
El estado actual de la investigación
A 20 años de la desaparición no hay procesados ni detenidos por el hecho. La causa está radicada en el Juzgado Federal Número 3 de La Plata, encabezado por el magistrado Ernesto Kreplak, quien delegó la instrucción en los fiscales Hernán Shapiro y Gonzalo Miranda. El caso está caratulado como desaparición forzada. Fuentes vinculadas a la investigación consignaron que la Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal (DATIP) logró, a pedido del Ministerio Público Fiscal, que se ingresaran en un software los registros de los celulares que se registraron ese 18 de septiembre en un área cercana en la cual vivía López. Son millones de registros que demandan un análisis muy prolongado.
Un equipo de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) trabajaba con los fiscales, pero fue retirado con la llegada del gobierno de Javier Milei. Ahora, la investigación se mantiene con personal del Ministerio Público. En abril de este año, surgió un rumor sobre un cuerpo que desde hace años permanece en el Hospital Posadas, pero se trata de restos que ya habían sido peritados con pruebas de ADN y se estableció que no correspondían a los de López. "Si quisieron con su desaparición que los juicios de lesa humanidad terminaran, no lo lograron. Las víctimas lucharon durante años para tener justicia, ¿cómo no voy a tener esperanza de encontrar la verdad sobre lo que le pasó a Jorge Julio", indicó Godoy.
En octubre de 2023, el Estado Argentino, la familia de la víctima y la CIDH llegaron a un acuerdo de solución amistosa, en el cual el país reconocía su responsabilidad por no haber resguardo a la víctima y ser incapaz de esclarecer lo sucedido. En tanto, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires elevó este año de 5 millones a 10 millones de pesos el monto por una recompensa a quien aporte información que permita conocer el paradero de quien aportó su testimonio contra el terrorismo de Estado.
"No podemos darnos por vencidos. Debemos seguir buscando la verdad. Hoy mi papá tendría 97 años, somos conscientes de lo difícil que es todo, pero no nos podemos dar por vencidos", afirmó a este medio Rubén, uno de los hijos de Jorge Julio López.
Fuente y fotos:
https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/desaparicion-lopez-20-anos-recordar/
