Emilce Moler, sobreviviente de la dictadura: “Cada generación tiene que encontrar sus propias luchas”

16.09.2026

Se refiere al consenso democrático en riesgo. Y apunta a darle herramientas a los jóvenes para pensar críticamente.

"Hay algo que hace imposible hablar de estos 50 años como si fueran un pasado cerrado: nuestros compañeros siguen desaparecidos. Sus cuerpos no están. Quienes tienen información siguen callando. La desaparición prolonga el crimen en el tiempo. Por eso este aniversario es también una pregunta sobre el presente. La democracia no está garantizada para siempre: hay que construirla, cuidarla y defenderla todos los días", enfatiza Emilce Moler. Tenía 17 años, cursaba quinto en el Bachillerato de Bellas Artes de La Plata y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) cuando fue secuestrada, igual que otros nueve estudiantes. Seis siguen desaparecidos. Tras décadas de luchar por Memoria, Verdad y Justicia, acaba de publicar La larga Noche de los Lápices.

-Muchas lecturas pusieron el foco en la lucha por el boleto. ¿Se logró correr ese eje o sigue vigente?

-Creo que se avanzó muchísimo, aunque la imagen del boleto estudiantil sigue teniendo mucha fuerza. Es comprensible: construyó un símbolo potente, especialmente para estudiantes secundarios. El problema es cuando el símbolo reemplaza a la historia. Nosotros no militábamos solamente por el boleto. Éramos militantes políticos, participábamos en la Unión de Estudiantes Secundarios y queríamos transformar una sociedad que considerábamos injusta. El boleto fue una lucha importante, pero una entre tantas otras. Recuperar esa militancia es también recuperar a mis compañeros como sujetos políticos. A 50 años, me interesa sacarlos de esa foto congelada y recordarlos como eran: chicos y chicas que discutían, se divertían, militaban, querían cambiar las cosas y, fundamentalmente, querían vivir. No les dieron esa posibilidad.

-¿Preocupa el avance de discursos negacionistas?

-Me preocupa el contexto, pero creo que hablar de "negacionismo" no alcanza. Hay quienes no niegan lo ocurrido: lo relativizan, lo banalizan y, en algunos casos, hasta lo reivindican. Es gravísimo, porque pone en cuestión consensos democráticos que llevó décadas construir. Y esto nos obliga a preguntarnos cómo estamos transmitiendo esta historia. Durante mucho tiempo pensamos que los testimonios, las pruebas, los juicios y la documentación acumulada alcanzarían. Hoy sabemos que no. Un joven puede encontrarse en la misma pantalla con una sentencia judicial, el testimonio de un sobreviviente, una investigación histórica y un video que tergiversa completamente los hechos. Más que desconfiar de los jóvenes, tenemos que darles herramientas para distinguir, contextualizar, contrastar fuentes y pensar críticamente.

-¿Qué valores o luchas destacás de quienes atraviesan la secundaria hoy?

– No me gusta comparar a los jóvenes de hoy con nosotros para decidir quiénes estaban más comprometidos. Nosotros también éramos adolescentes: nos peleábamos, nos divertíamos, teníamos miedos y contradicciones. No éramos esas figuras solemnes en las que a veces nos convierte la memoria. Los jóvenes de hoy viven en un mundo distinto al nuestro. Tienen otros lenguajes, otras preocupaciones y otras formas de participación. Las redes y las pantallas son parte de su vida, como otras formas de comunicación fueron parte de la nuestra. Y también vemos jóvenes participando en el feminismo, en las luchas ambientales, en la defensa de la educación pública, en los centros de estudiantes y en muchas formas de organización que quizás los adultos no siempre sabemos reconocer. No quiero pedirles que sean como fuimos nosotros. Sería injusto y, además, imposible. Cada generación tiene que encontrar sus propias luchas y su propia manera de participar. Creo que hay un punto de encuentro entre generaciones en el deseo de construir una sociedad más justa, aunque cambien las formas de expresarlo y de participar. Y quizás, más que preguntarnos por qué no militan como nosotros, deberíamos ayudarlos a encontrar sus propias respuestas frente a una pregunta mucho más amplia: ¿qué puedo hacer frente a algo que considero injusto?

Después de tantos testimonios, charlas y declaraciones, ¿por qué el libro hoy?

Había contado mi historia muchísimas veces, pero eso no quería decir que hubiera contado todo. Cada entrevista, cada testimonio, incluso cada charla en una escuela tiene sus tiempos, sus preguntas y también sus límites. Y yo sentía que había muchas cosas que quedaban afuera. Había recuerdos, miedos, contradicciones, pequeños gestos, zonas grises de mi historia que no encontraban lugar en una entrevista o frente a un micrófono. Cosas que, sin embargo, habían sido fundamentales para sostenerme y también para entender quién soy hoy. El libro nació de la necesidad de darles lugar a esas otras capas de la memoria. La escritura me permitió detenerme, volver sobre situaciones que había contado muchas veces y dar lugar a otras de las que casi nunca había hablado. Y también me permitió algo que para mí era importante: que la historia no terminara en La Noche de los Lápices. Mi vida siguió. Estudié, tuve hijos, trabajé, fui docente, milité, construí otros proyectos. «

Fuente y foto:

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/emilce-moler-sobreviviente-de-la-dictadura-cada-generacion-tiene-que-encontrar-sus-propias-luchas/

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