«Es fundamental romper el cerco: no dejemos de hablar de Palestina, Gaza no está lejos de nuestra casa»

Radionauta, una radio comunitaria, alternativa y popular de La Plata, difundió el testimonio de Ramiro Giganti, corresponsal de ANRed que integra la delegación argentina que zarpó el pasado domingo rumbo a Gaza, como parte de la Global Sumud Flotilla, compuesta por 75 embarcaciones, una iniciativa civil – la más grande de la historia hasta el momento – que busca llevar ayuda humanitaria, como alimentos, agua, elementos de higiene personal, insumos médicos, mochilas escolares, juguetes, pañales y alimento para bebés, entre otros productos, para reforzar la capacidad de los hospitales y acompañar a las comunidades palestinas, que enfrentan una crisis humanitaria aguda, debido al genocidio y el bloqueo ilegal perpetrados por el Estado de Israel. «Estoy donde tengo que estar», señala desde el Mar Mediterráneo, y remarca: «el genocidio en Gaza continúa y es fundamental visibilizarlo».
Por ANRed
«Estoy donde tengo que estar»
Desde la embarcación Eilabun, en el marco de la Global Sumud Flotilla, Ramiro Giganti corresponsal de ANRed e integrante de la delegación argentina de la flotilla compuesta por 75 embarcaciones, relató a la radio comunitaria, alternativa y popular Radionauta su experiencia rumbo a Gaza y explica las razones que lo llevaron a sumarse a la misión internacional. «Creo que cualquier ser humano con algo de sensibilidad no puede permanecer indiferente», afirma, al referirse a las imágenes que llegan desde Palestina en los últimos años. «Fue muy angustiante. Muchas veces no tener con quién compartirlo», agrega sobre el impacto personal de la guerra y el silencio que, denuncia, predominó durante largos períodos.
Ramiro señala que una de las motivaciones centrales fue romper ese silencio: «no dejemos de hablar de Palestina, de denunciar que el genocidio en Gaza continúa». En ese sentido, cuestiona tanto a medios hegemónicos como a espacios alternativos por haber relegado el tema en distintos momentos: «fueron movilizaciones de 50, 100 personas, y siempre los mismos cubriendo«, recuerda, aunque reconoce que en el último tiempo la visibilidad creció.
La flotilla, que transporta ayuda humanitaria, también tiene como objetivo político romper el bloqueo: «Lo primero es visibilizarlo, intentar romper ese cerco», explica. En las embarcaciones viajan alimentos, insumos médicos y materiales para la reconstrucción, en un contexto que describe como crítico: «el bloqueo continúa y la ayuda humanitaria pasó a ser menos del 10% de lo que era». A esto se suma la posibilidad concreta de ser interceptados por fuerzas israelíes, como ocurrió en misiones anteriores.
El comunicador y activista también vinculó su decisión con la situación en Argentina: «Gaza no está lejos de nuestra casa», sentencia, y cuestiona la política exterior del gobierno de Javier Milei: «tenemos un gobierno que se jacta de ser el más sionista del mundo». En ese marco, destaca la presencia de una delegación argentina en la flotilla y las movilizaciones recientes bajo la consigna «no en nuestro nombre«.
Sobre la misión, Ramiro relata que recibieron formación en geopolítica, seguridad y comunicación: «Lo más importante no somos nosotros navegando. Lo más importante es que el genocidio continúa» remarca. También destaca el carácter colectivo de la experiencia: «estoy rodeado de gente de todo el mundo, con diferencias, pero unidos por esta causa que para mí es la que divide aguas».
Finalmente, insiste en la necesidad de sostener la movilización global: «es fundamental la visibilización. Hay que reactivarla». Y concluye con una definición que sintetiza su decisión: «podía haber hecho este viaje para otra cosa, pero no podía. Estoy donde tengo que estar«.
La misión de la flotilla se da en un contexto geopolítico de creciente escalada en Medio Oriente, con la expansión del conflicto por parte de Benjamín Netanyahu (Israel) y Donald Trump (EE.UU.) más allá de Gaza, hacia Líbano, Irán y otros territorios, en lo que diversos analistas señalan como una estrategia regional de expansión imperialista y búsqueda de la reconfiguración del poder. En ese marco, la denuncia del bloqueo, el genocidio y el rol de las potencias occidentales vuelve a colocar en el centro la disputa por el control territorial, los recursos y la hegemonía en la región.
Al mismo tiempo, la experiencia de la flotilla expone la existencia de una red internacional de solidaridad que busca confrontar ese escenario desde abajo, con acciones directas y visibilización global. Frente a la militarización, el cerco informativo y la criminalización de las voces críticas, estas iniciativas reafirman que la disputa no es solo territorial sino también política y comunicacional: quién narra lo que ocurre y desde qué lugar.
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