Infancias sin red: el costo de desarmar las políticas de cuidado

La Canasta Básica de Crianza pone un precio a algo que durante décadas permaneció invisible: el trabajo necesario para cuidar. Esta estadística exhibe, a la vez, como el Estado se está retirando de la responsabilidad que impuso la CIDH en 2025 al declarar el acceso a cuidar y ser cuidado como un derecho humano autónomo, interdependiente y exigible.
Existe una estadística que el Indec publica mes a mes y que, a diferencia de la Canasta Básica Total, contabiliza no sólo los alimentos y el costo de los servicios —agua, electricidad, gas, acceso a internet— que consumen niños, niñas y quienes los cuidan, sino también el costo de esos trabajos de cuidado. Se trata de la Canasta Básica de Crianza (CBC) y se calcula de acuerdo con los lineamientos del documento Costo de consumos y cuidados de la primera infancia, la niñez y la adolescencia. Una aproximación metodológica, que realizó la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación en 2023.
Según esta estadística, criar niños o niñas desde el nacimiento y hasta los 12 años cuesta —según las edades, ya que el cálculo está separado en tres etapas vitales— entre 550 mil pesos para la etapa de 0 a 1 año y 697 mil pesos para el ciclo de 6 a 12 años. La comparación con la Canasta Básica Total permite ver algo que esta última no contabiliza: el costo del trabajo necesario para sostener la vida cotidiana. En julio de este año, una familia tipo —dos adultos y dos menores— necesitó $1.564.716 para cubrir alimentos, servicios y otros bienes básicos y no caer bajo la línea de pobreza.
¿Será que en esta diferencia queda claro como el agua que "eso que llaman amor es trabajo no pago", como dijo la socióloga feminista Silvia Federici? Si los ingresos necesarios para no caer en la pobreza no contemplan el costo del trabajo de cuidado, la primera respuesta es un contundente "sí". La Canasta Básica de Crianza es una de las dos políticas de cuidado que sobrevivieron sin recortes ni desmantelamientos a estos primeros casi tres años del gobierno de Javier Milei, de las cincuenta políticas relevadas por La Cocina de los Cuidados que estaban vigentes cuando asumió. Su índice se utiliza para calcular la cuota alimentaria que el progenitor no conviviente debe aportar. En la inmensa mayoría de los casos se trata de varones que, en un 68 por ciento, no la pagan o la pagan esporádicamente, según el informe de Unicef de 2024. Este incumplimiento les quita oportunidades a chicos y chicas que muchas veces —en el 65 por ciento de los casos— quedan bajo la línea de pobreza, porcentaje que aumenta al 67 por ciento cuando se trata de hogares monomarentales. De ahí el valor de este índice: no sólo vuelve visible económicamente el cuidado sino que ofrece una medida concreta para distribuir, al menos en parte, su costo.

La Asignación Universal por Hijx —que comenzó a instrumentarse en 2009—, así como las Asignaciones Familiares, prioritariamente en manos de mujeres desde 2013, fueron herramientas destinadas a equilibrar estas inequidades estructurales. Sin embargo, son parte de las políticas de cuidado que han sido recortadas desde diciembre de 2023. Casi 700 mil niños, niñas y adolescentes quedaron sin cobertura en este período y llama la atención el modo en que se distribuye esta caída: es en las asignaciones familiares a trabajadoras o trabajadores formales donde los números van a la baja. ¿Otro modo de medir el volumen cada vez más magro del trabajo registrado? La respuesta debería contemplar también la transformación demográfica y la baja de la tasa de natalidad, pero sí se sabe que ya no es automático que, ante la falta de asignación familiar, ese niño, niña o adolescente reciba su AUH. Esto da cuenta de la retracción de los cuidados del Estado hacia las infancias y adolescencias y habla, también, de las consecuencias no explícitas de la pérdida de puestos de trabajo registrado.
¿Y cuánto de la Canasta Básica de Crianza cubre la AUH? Según los datos de Anses, en septiembre por un hijo o hija se cobrarán, redondeando, 124 mil pesos por AUH y se podrían sumar los 72 mil de la tarjeta Alimentar: en conjunto, no alcanzan siquiera al 40 por ciento de la CBC en ninguna de las etapas de la infancia y primera adolescencia. Además, la tarjeta Alimentar no tiene actualizaciones periódicas y ya está 23 por ciento por debajo de la inflación. Pero si se suman el recorte de las becas Progresar —más de un millón de chicos y chicas perdieron ese derecho— y la destrucción del plan Fines, las oportunidades de "aprender a pescar", como suele llamar Milei a las políticas del Ministerio de Capital Humano, son prácticamente un pasaporte a la pobreza.

Un acuerdo nacional por los cuidados
Es como si se dieran vuelta como un guante las ideas de país que estuvieron sobre la mesa en los últimos tres años; como si, en medio del griterío que sucede en las redes o los medios de comunicación —incluso los que no tienen sonido—, se propusiera un parate para cambiar radicalmente el punto de vista. Así funciona el Acuerdo Nacional por los Cuidados: como una propuesta distinta para organizar la sociedad, una apuesta por poner en el centro del interés público la vida, la responsabilidad mutua, la fragilidad y la potencia de lo común para volver a pensar el país que queremos. Este documento ya fue firmado por 250 organizaciones, fuerzas políticas, sindicales y algunos empresarios; las adhesiones se siguen juntando.
Este compromiso, organizado en 13 puntos básicos, surge de La Cocina de los Cuidados, un espacio intersectorial convocado por el Centro de Estudios Legales y Sociales e integrado por académicas, feministas, organizaciones sociales y sindicales. "Fue una iniciativa que surgió de conversar con compañeras brasileñas desde el mismo momento en que ganó las elecciones Javier Milei, en busca de sus experiencias resistiendo el gobierno de Jair Bolsonaro —cuenta Lucía de la Vega, coordinadora de la Agenda Transversal Feminista del Cels—. Ellas nos dijeron que estuviéramos preparadas porque nos íbamos a despertar cada mañana con una política menos, con un derecho menos".
Y lo cierto es que desde diciembre de 2023 hasta ahora ese pronóstico se cumplió: de cincuenta políticas de cuidado revisadas, que afectan a la reproducción de la vida y al sostenimiento de las personas más frágiles de la sociedad, sólo quedan dos en pie, sin recortes ni desmantelamientos de hecho. Este monitoreo se puede revisar, punto por punto, acá.
El año pasado, en su Opinión Consultiva 31/25, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció que el derecho de las personas a cuidar y ser cuidadas es un derecho autónomo, interdependiente y exigible. Es un derecho humano, por lo cual los Estados miembros de la OEA deberán adaptar sus legislaciones y políticas para respetarlo. Se trata de una respuesta a la consulta que realizó el Estado argentino a principios de 2023, cuando se estaba discutiendo desde el extinto Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad un sistema de cuidados que repartiera las cargas de ese trabajo no pago o mal pago —en el caso de las trabajadoras de casas particulares
El principio rector de la Opinión Consultiva de la Corte IDH se fundamenta en la corresponsabilidad social y familiar, la solidaridad y la igualdad de género. Además de pedir a los Estados que adecúen sus legislaciones, impulsa la creación de sistemas integrales de cuidado que tengan el foco en la protección de los grupos históricamente vulnerados. Nada de esto fue considerado por el gobierno actual en nuestro país, donde la accesibilidad de las personas con discapacidad parece un sueño inalcanzable —apenas se reconoce su derecho a pensiones—, se reprime violenta y sistemáticamente a jubilados y jubiladas y se desabastece a los comedores comunitarios, por poner algunos ejemplos.
El Acuerdo Nacional por los Cuidados propone otro paradigma: dejar de pensar los cuidados como un gasto porque poner la vida en el centro de la organización social y económica es una inversión. Y por eso la idea central de buscar voluntades para este acuerdo es "convertirlo en camiseta", como dijo la socióloga feminista Virginia Franganillo cuando lo presentó hace unas semanas. Una camiseta como la de Malvinas, como la del Aborto Legal, como la que defiende a la Universidad y la Educación pública: una propuesta para que firmen todos los actores sociales por otro proyecto de país.
Fuente:
https://www.eldestapeweb.com/sociedad/infancias-red-costo-desarmar-politicas-cuidado-20269316329
