DÍA DE LA SOBERANÍA ARGENTINA: HISTORIA, DEFENSA Y DESAFÍOS DE UNA NACIÓN EN DISPUTA
El Día de la Soberanía Argentina, celebrado cada 20 de noviembre, suele recordarse a través de imágenes heroicas; cadenas cruzando el Paraná, cañones improvisados y un ejército popular enfrentando a dos de las potencias más grandes del siglo XIX.

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Por Juan A. Frey
Pero la Batalla de
la Vuelta de Obligado (1845) es mucho más que una gesta militar. Es la metáfora
fundacional de un país cuya soberanía ha sido permanentemente disputada,
negociada, vulnerada y defendida.
Es, en esencia, la historia de la Argentina misma.
Cuando las flotas anglo-francesas
ingresaron a nuestros ríos para imponer la libre navegación y reorganizar el
comercio del Plata a su conveniencia, no buscaban solo abrir rutas, buscaban
reordenar el mapa político y económico de la región.
La resistencia de las fuerzas de Rosas y Mansilla aunque militarmente desigual
logró un resultado estratégico extraordinario; las potencias debieron
reconocer la soberanía argentina sobre sus ríos interiores, algo que, en ese
momento, equivalía a reconocer la existencia plena de la Nación.
Ese episodio histórico marcó para siempre el ADN político del país.
La soberanía nunca fue un regalo; siempre fue una conquista.
La historia
argentina dejó atrás los navíos europeos, pero no a las potencias que
intentaron influir en sus decisiones económicas, políticas y territoriales.
El Reino Unido, en particular, reconfiguró su injerencia, pasó de la ocupación
militar a la ocupación estructural, una forma más silenciosa pero igual de
eficaz de moldear el destino de un país.
Durante décadas, controló gran parte del sistema ferroviario. Influyó decisivamente en el comercio exterior de carnes y cereales. Intervino en crisis financieras como la de 1890, que condicionaron la autonomía económica del país. Selló acuerdos como Roca–Runciman (1933), que institucionalizaban la dependencia comercial.
La batalla ya no
se libraba en el río, sino en los contratos, en las tarifas, en las deudas, en
el tipo de infraestructura que se construía o se dejaba de construir.
Era otra forma de invasión, la invasión económica.
Si Vuelta de
Obligado representa la resistencia, Malvinas representa la permanencia del
conflicto por la soberanía argentina.
Desde 1833, cuando el Reino Unido expulsó a las autoridades argentinas de las
islas, hasta la guerra de 1982, la disputa por el Atlántico Sur demuestra que
la cuestión territorial sigue siendo un eje estructural del país.
Tras el conflicto, el Reino Unido reforzó su presencia militar con la base de Mount Pleasant. Consolidó un enclave estratégico en una de las zonas más ricas en recursos del hemisferio. Extendió unilateralmente el control de la plataforma continental alrededor de las islas. Malvinas no es solo memoria, es geopolítica en tiempo real. Soberanía hoy, más que territorio, es una arquitectura del futuro.
Durante mucho tiempo se habló de soberanía solo como control territorial, pero en el siglo XXI, la soberanía se juega en otros frentes; energía, quién controla el litio, el gas, el petróleo offshore. Alimentos, quién marca los precios, quién procesa y quién exporta. Finanzas, quién define el crédito, la deuda, el tipo de cambio. Tecnología, quién produce conocimiento y quién solo lo consume. Comunicación y datos, quién maneja la información de una sociedad.
Un país puede tener bandera, ejército y fronteras…y aun así ser dependiente. La soberanía moderna es un ecosistema, no un territorio.
Cada 20 de
noviembre, la Argentina
recuerda que su historia se sostiene gracias a decisiones muy difíciles;
resistir, negociar, ceder a veces, recuperar otras.
Pero la reflexión que este día impone es mucho más profunda:
¿cómo se construye soberanía en un mundo donde los imperios no lucen uniformes, sino balances financieros, patentes tecnológicas y acuerdos comerciales?
Hoy la Argentina enfrenta desafíos que ya no vienen en barcos, pero sí en; contratos leoninos, endeudamientos que condicionan a generaciones, presiones sobre recursos estratégicos, lobbies corporativos transnacionales, intereses extranjeros sobre sectores clave de la economía.
A diferencia del siglo XIX, el enemigo ya no usa bandera, usa sistemas.
El Día de la Soberanía no es una fecha escolar, es un llamado a entender que la soberanía no se celebra, se ejerce y que la historia, lejos de ser un museo, es un mapa de advertencias.
Vuelta de Obligado nos recuerda que incluso en la adversidad más brutal, la Argentina eligió resistir. Malvinas nos recuerda que la disputa sigue vigente. El presente nos recuerda que la soberanía ya no es un combate, sino una construcción cotidiana.
Porque un país
soberano no es aquel que nadie invade, sino aquel cuyo destino no se escribe en
otras capitales.

