Dividir para explotar: migración y lucha de clases en la Alemania actual

27.10.2026

Por TUK WÜNSCHE | GAIA DIMITRIU - Activistas del Bloque Latinoamericano Berlín.


Alemania alberga hoy a más de 21,8 millones de personas con antecedentes migratorios, esto es, el 26,3 % de la población. El 19,8 % corresponde a inmigrantes de primera generación y el 6,5 % a personas de segunda generación[1].  De ese total, aproximadamente solo un tercio tiene derecho al voto[2]. Estas cifras convierten a la migración en uno de los ejes centrales del debate político y social del país, sobre todo en un contexto de expansión de los discursos de extrema derecha. La narrativa que coloca a les migrantes como amenaza ya no es patrimonio único de la Alternative für Deutschland (AfD), sino que cobra fuerza en partidos tradicionales como la Unión Demócrata Cristiana (CDU) o el Partido Socialdemócrata (SPD). Pero tampoco ha quedado limitado a la derecha y el centro: paradójicamente, hay sectores de la izquierda que, en su afán de volver el foco sobre la clase trabajadora, la nativizan y copian narrativas racistas y divisorias propias de la derecha. Tal es el caso del Bündnis Sarah Wagenknecht (BSW). Frente a este panorama, y en pos de desmontar esa narrativa, en este artículo buscamos demostrar cómo la precarización migrante es funcional al capital y cómo se utiliza para disciplinar a toda la clase trabajadora. Nos proponemos, además, esbozar una contranarrativa que contribuya a la construcción de un sujeto migrante consciente que dinamice la lucha de clases desde abajo.

El jardín blindado: la normalización del discurso de remigración

El auge de partidos de ultraderecha con discursos abiertamente antimigratorios ha instalado en el centro del debate público una narrativa que presenta a les migrantes no solo como una amenaza económica, sino como un peligro existencial para el proyecto civilizatorio europeo. Esta narrativa se sostiene sobre dos pilares: por un lado, la extendida creencia de que les migrantes vienen a robarnos el trabajo y que, además, viven a expensas de los impuestos de las y los ciudadanos nacionales, aprovechando un sistema de bienestar que no contribuyen a financiar; por otro, la afirmación de que constituyen una amenaza cultural y social, pues no se integran, imponen valores retrógrados y ponen en peligro a nuestras mujeres, un recurso discursivo patriarcal que racializa el conflicto. Esta narrativa ha logrado que conceptos como la remigración –la expulsión masiva de personas con antecedentes migratorios– dejen de ser patrimonio de círculos neonazis para convertirse en propuestas asumibles por la derecha conservadora tradicional, que hoy las plantea sin que generen el escándalo que provocaron cuando se filtró la reunión secreta de Potsdam en enero de 2024[3]. 

El discurso se ejemplifica en la metáfora popularizada por el ex Alto Representante de la UE, Josep Borrell, en 2022: la de Europa como un "jardín" y el resto del mundo como una "jungla"[4], una imagen que despierta nociones raciales y nativistas profundamente arraigadas. El jardín representa un espacio ordenado, próspero y civilizado que debe ser defendido con muros, mientras que la jungla evoca el caos, lo peligroso, lo incivilizado y lo desechable. Esta metáfora no es una simple ocurrencia retórica, sino que proporciona el marco simbólico que legitima políticas concretas: si Europa es un jardín que debe ser protegido, entonces cualquier medida de exclusión se presenta como un acto de defensa civilizatoria. En la práctica política cotidiana, esta narrativa se traduce en una competencia entre los partidos por ver quién muestra más mano dura contra les migrantes: desde el BSW a la AfD, pasando por el SPD y la CDU, todos ellos han adoptado una retórica que convierte a les migrantes en chivos expiatorios de la mala gestión económica.

Ahora bien, esta narrativa no flota en el vacío: encuentra su caldo de cultivo en las crisis materiales que atraviesa la clase trabajadora europea desde hace décadas. La desindustrialización –más agudizada en países del sur de Europa, aunque también presente en Alemania–, las políticas de austeridad, la precarización del empleo, la crisis de la vivienda y el estancamiento salarial han generado un profundo malestar entre amplios sectores populares que, efectivamente, ven en el o la migrante un competidor por recursos escasos, como puestos de trabajo, plazas escolares y viviendas sociales; una competencia que el capitalismo fomenta activamente al utilizar la migración como mecanismo para abaratar costes laborales y disciplinar a la clase trabajadora en su conjunto. Una competencia que, en buena medida, es, además, ilusoria: les migrantes no ocupan mayoritariamente los mismos puestos que las y los trabajadores nativos, sino que son canalizados hacia los nichos laborales que las y los nacionales rechazan por sus duras condiciones, o hacia los sectores esenciales, que son los más castigados por los recortes. La narrativa del robo oculta así que la función real de la migración no es sustituir a los trabajadores y trabajadoras autóctonos, sino ocupar los espacios que el capital necesita cubrir a bajo coste.

Sin embargo, lo que la ultraderecha y los partidos establecidos hacen al seguir esta deriva no es tanto tomarse en serio el miedo de las y los ciudadanos preocupados, sino instrumentalizar ese malestar para imponer una agenda que, bajo la apariencia de combatir la inmigración, busca en realidad controlarla y disciplinar a les trabajadores migrantes en función de las necesidades del mercado laboral. Sobre estas bases materiales reales, la ultraderecha construye una explicación engañosa pero coherente: no son el sistema económico ni la lógica de acumulación los responsables de la precariedad, sino la presencia del otro, cuya diferencia cultural y racial lo convierte en el responsable único de todos los males, a fin de canalizar el descontento hacia un enemigo exterior y desviar así el foco de las verdaderas dinámicas de explotación y desigualdad. Pero la instrumentalización del o la migrante como chivo expiatorio no es el único uso que realiza el sistema: al mismo tiempo que se le señala como amenaza, se le integra en el mercado laboral en condiciones de precariedad extrema. Chivo expiatorio y fuerza de trabajo barata son dos funciones complementarias de un mismo dispositivo. Pero, ¿cómo opera exactamente este mecanismo de precarización y disciplinamiento?

Los mecanismos de la dominación. Bases materiales del antagonismo

Esta narrativa de la derecha y las clases dominantes es nada más y nada menos que lucha de clases desde arriba. En este sentido, el odio propagado es el reflejo ideológico de un interés de las clases dominantes. Este interés consiste en bajar el precio de la fuerza de trabajo, y controlar la migración y a les migrantes les permite hacerlo. Creando situaciones de precarización y vulnerabilidad, obligan a este sector de la clase trabajadora a aceptar condiciones de trabajo mucho peores que el sector nativo de la clase[5]. Así, involuntariamente, por la amenaza de reemplazar a les trabajadores no-migrantes, el sector migrante ejerce presión sobre el resto de la clase para que también venda su fuerza de trabajo a precios más bajos.

Es importante reconocer que esta competencia entre trabajadores en un contexto de deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares en general, constituye una base real sobre la cual la derecha y las clases dominantes construyen su relato de odio. Si no existiera esta base real, no sería posible su éxito. Gracias a que existe esta base real les es posible crear un efecto, desde su perspectiva, de realimentación positiva; la competencia entre trabajadores les permite reprimir el precio de la fuerza de trabajo. Esto permite crear y profundizar el antagonismo entre sectores de la clase trabajadora, lo que a la vez impide la unión entre trabajadores imponiéndoles serias limitaciones para la lucha de clase, lo cual permite reprimir el precio de la fuerza de trabajo aún más.

Dividir a la clase trabajadora para bajar el costo de la fuerza de trabajo y romper su capacidad combativa no es ninguna estrategia nueva de las clases dominantes. Ya Karl Marx reconocía en la división de la clase trabajadora entre ingleses e irlandeses "el secreto por el cual la clase capitalista mantiene su poder". En una carta de 1870 resume la cuestión:

El trabajador inglés común odia al trabajador irlandés como competidor que reduce el nivel de vida. Se siente hacia él como un miembro de la nación dominante y por lo tanto se convierte a sí mismo en la herramienta de sus aristócratas y capitalistas contra Irlanda, y fortalece así el dominio de aquellos sobre él[6].

Consecuentemente, una forma de trabajo internacionalista de la Asociación Internacional de Trabajadores, que comúnmente conocemos como Primera Internacional, fue evitar que los capitalistas pudieran romper huelgas de sus trabajadores o forzarles a aceptar peores condiciones de trabajo amenazando con reemplazarles mediante la "importación de extranjeros"[7].  

También Clara Zetkin, a fines del siglo XIX, reconoció el problema que por competencia de sectores precarizados los capitalistas lograban romper huelgas y reprimir sueldos. Ella, refiriéndose sin embargo a las mujeres que se iban integrando al mercado laboral progresivamente, formulaba el problema con igual precisión que Marx:

El trabajo femenino barato desplaza al trabajo de los hombres, y si estos quieren seguir ganándose el sustento, también deben conformarse con salarios bajos. Así, la mano de obra femenina no es solo mano de obra barata, sino que también abarata el trabajo de los hombres y, por esta característica, resulta doblemente valiosa para los capitalistas ávidos de plusvalía[8].

Vemos entonces que el mismo mecanismo existe no solo acerca de les migrantes, sino también de otros sectores de la clase trabajadora. Para que funcione este mecanismo y se pueda convertir en el círculo vicioso descrito arriba, sin embargo, es importante que no se trate simplemente de la competencia entre trabajadores individuales, sino entre sectores a los que se adscriben identidades colectivas diferentes; que la competencia no se perciba por les mismes trabajadores como competencia entre trabajadores, es decir, entre iguales, sino entre migrantes y no-migrantes, entre blancos y no-blancos, entre hombres y mujeres etc.

Es importante reconocer que la discriminación y opresión que sufren estos sectores diferenciados de la norma hombre-hetero-cis-blanco no se puede reducir solamente a que su diferenciación le permite al capitalista reprimir los sueldos, y también que su constitución como sectores diferenciados dentro de la clase trabajadora se da por mecanismos diferentes. Dicho esto, la posibilidad de usar la diferenciación para reprimir sueldos sí constituye una base económica que hace que sea funcional para el capitalismo mantener estas divisiones, la opresión y discriminación.

Un desarrollo en la teoría marxista, que tiene sus orígenes en los debates de marxistas feministas en los años ochenta, pero que tomó más vigor en la década pasada, hoy en día se nos presenta con una herramienta para analizar más en profundidad este instrumento aparentemente tan poderoso de la clase capitalista. La teoría de la reproducción social (TRS) parte de la observación que la reproducción social es una condición necesaria para la reproducción del capital e indaga cómo la segunda estructura la primera. Sin explotación no existe el plusvalor que es la base de la acumulación del capital, por ello el capital necesita de trabajadores y trabajadoras vivos que puedan y necesiten vender su fuerza de trabajo en el mercado, y, como con todas las mercancías, su valor depende del tiempo de trabajo social promedio que se necesita para su producción. Esta producción y reproducción de la fuerza de trabajo no se puede pensar solamente a nivel del individuo, sino se tiene que pensar a nivel de toda la clase ya que les trabajadores se gastan y tienen que ser reemplazados en algún momento. Típicamente la TRS parte de tres formas necesarias para la reproducción de la clase trabajadora:

  • la producción de los productos para el consumo de les trabajadores,
  • el mantenimiento, la crianza y el cuidado de quienes (aún) no están
    involucrades en el proceso productivo, y
  • la reproducción generativa[9].

La última no solo incluye la natalidad en un país, sino también la migración, ya que ella toma parte en el recambio y la ampliación de la disponibilidad de la fuerza de trabajo. Así, el control sobre la migración es una herramienta importante para el Estado como capitalista colectivo ideal para regular la oferta de fuerza de trabajo en el mercado y su precio. El Estado puede facilitar el ingreso de trabajadoras y trabajadores extranjeros e incluso firmar acuerdos de contratación con otros países para organizar su traslado sistemático mientras dispone de la nacionalidad y los derechos civiles como instrumentos que otorga, o no, para influir las posibilidades de organización y lucha y, debilitando ambas, crear el sector migrante precarizado con sueldos muy por debajo del promedio que, como descrito arriba, es la base material para las narrativas de odio de la derecha[10]. 

Ahora que a grandes rasgos vimos cómo la existencia de un sector migrante precarizado dentro de la clase trabajadora cumple una función vital para el capital y cómo es que se constituye este sector migrante precarizado en términos generales, veamos algunas de las expresiones concretas que aportan a su constitución.

La maquinaria de la precariedad

La precariedad en la que se mantiene a la población migrante no es un fallo del sistema, sino un mecanismo funcional a las necesidades del capital: el abaratamiento de la fuerza de trabajo se logra a través de una serie de mecanismos concretos. Una burocracia asfixiante que dificulta el acceso al aprendizaje del idioma, la homologación de títulos académicos y profesionales y la obtención de permisos de residencia estables, manteniendo a les migrantes en un estado de vulnerabilidad legal que les obliga a aceptar cualquier empleo en cualquier condición. A ello se suman figuras legales que no reconocen el trabajo como tal, como los programas de Au Pair o los voluntariados, que encubren relaciones laborales bajo etiquetas formativas o solidarias y que, al quedar al margen del derecho laboral, permiten salarios de miseria y jornadas sin límite. El visado Working Holiday, enmarcado como un intercambio cultural, funciona, en la práctica, como un canal de inserción temporal y precaria en sectores de alta demanda estacional.

Pero quizás el dispositivo más sofisticado es aquel que opera psicológicamente, creando una jerarquización internalizada en la propia migración, que distingue entre personas migrantes buenas y malas, deseables e indeseables, en función de su origen, su nivel de cualificación o su disposición a someterse a las condiciones del mercado laboral. Esta segmentación no solo fractura la solidaridad entre los propios trabajadores y trabajadoras migrantes, sino que genera una división más amplia dentro de la clase trabajadora en su conjunto, al crear una suerte de escalera de derechos en la que la población nativa y las población migrante integrada son tentados a mirar con recelo a quienes están por debajo, reforzando así la lógica competitiva que el capital necesita para mantener los salarios a la baja y debilitar la capacidad de organización colectiva.

Todo este entramado de control y precarización se despliega, además, en un contexto de profunda contradicción: la Unión Europea va a seguir necesitando migración de forma estructural, ya que los sectores esenciales para el mantenimiento de la vida, como los cuidados de personas mayores y dependientes, educación, salud, agricultura y logística, sufren una escasez crónica de mano de obra que ninguna política de remigración podría resolver sin colapsar el propio sistema productivo y reproductivo[11]. Y sin embargo, mientras se recortan sistemáticamente los presupuestos de estos sectores –precarizando aún más las condiciones de quienes trabajan en ellos, sean migrantes o no–, los Estados europeos destinan enormes cantidades de dinero a la militarización: tanto a la guerra convencional, con el incremento del gasto armamentístico, como a la militarización de las fronteras, con fondos millonarios para vallas, sistemas de vigilancia[12] y acuerdos con terceros países que externalizan el control migratorio[13].

El avance militarista, sumado a la creación del enemigo interno, da como resultado una profundización represiva que, si bien inicialmente se dirige a les migrantes, eventualmente irá hacia cualquiera que exprese descontento.

Esta contradicción entre necesitar la mano de obra migrante, pero mantenerla en la precariedad, entre recortar los servicios que esa mano de obra sostiene y destinar los recursos a la represión, no es un desajuste del sistema, sino su lógica misma: la migración es funcional al capital en la medida en que su fuerza de trabajo es barata, flexible y desechable, y el régimen fronterizo, con su burocracia, sus categorías jerárquicas y su violencia institucional, se encarga de garantizar que así sea.

Hasta aquí, nos hemos centrado en los mecanismos mediante los cuales el capitalismo utiliza la migración para dividir y debilitar a la clase trabajadora. Pero el diagnóstico no es el destino final, ni el relato de la derecha es el único posible. Frente a la narrativa hegemónica que presenta al migrante como amenaza, es urgente construir contranarrativas capaz de articular los intereses del sector migrante con los del conjunto de la clase trabajadora. En la sección que sigue, ensayaremos una respuesta política: ¿cómo construir, desde la precariedad del sector migrante, un proyecto emancipador que pueda articular los intereses de toda la clase y aspirar a la hegemonía?

El interés migrante como interés de clase

Las condiciones materiales solo crean, y al mismo tiempo limitan, las posibilidades de desarrollo de la historia. Quienes definimos cuál de los posibles rumbos toma, de hecho, somos los sujetos mediante la acción. Y la competencia entre trabajadores no solo es base material para las narrativas de odio de la derecha, sino también para narrativas y una praxis (!) unificadoras. No somos les migrantes les que ejercemos presión sobre los sueldos del resto de la clase; ¡es nuestra precarización! No somos quienes amenazamos a les trabajadores no-migrantes con echarles si no aceptan peores condiciones de trabajo; ¡son los patrones, es la clase capitalista!, la misma clase, poseedora del Estado burgués, que, conscientemente, estructura a través de él las condiciones de migración para crear un sector migrante precarizado.

Si la competencia del sector migrante precarizado es la base para extorsionar a otros sectores de la clase, está en el interés propio de estos otros sectores combatir la precariedad del sector migrante para deshacerse de la presión sobre el precio de su fuerza de trabajo.

Más allá de nuestra posición ética, que nos impide oponernos a la migración, esta no va a parar. Tal como Clara Zetkin se opuso a las demandas de excluir a las mujeres del mercado laboral porque entendía que su progresiva incorporación al mercado laboral constituía, en términos gramscianos, un movimiento orgánico, las actuales demandas contra la migración están lejos de tener alguna posibilidad real de pararla. Y las clases dominantes tampoco buscan eso, buscan controlar la migración y precarizar a les migrantes.

Entonces, la lucha contra la precariedad de les migrantes se convierte en una condición necesaria para luchar para mejorar las condiciones de vida de toda la clase trabajadora, es decir, el interés migrante se vuelve interés del conjunto de la clase trabajadora.

Siempre que una clase puede formular y organizar sus intereses particulares como intereses generales de la sociedad, esa clase se vuelve hegemónica, y lo mismo se aplica en el seno de una clase. Justamente porque existe la base material para ello, el interés del sector migrante tiene el potencial de convertirse en interés de toda la clase que, en pos de su realización, articula y une a las minorías en las cuales fuimos fragmentadas como clase.

Pero eso solo es una posibilidad. Para que se vuelva realidad es indispensable formular y organizar el interés migrante de tal manera que se reconozca como interés general de la clase, y eso es una tarea que quienes militamos tenemos que asumir. Gramsci, al analizar la correlación de fuerzas políticas, es decir, el grado de homogeneidad, autoconciencia y organización alcanzado por los diferentes grupos sociales, reconoce tres momentos diferentes: un momento inicial de solidaridad económica-corporativa que no implica una unidad de clase ni una acción política concreta, un segundo momento donde se logra "la conciencia de la solidaridad de intereses de todos los miembros del grupo social, pero todavía en el terreno meramente económico" y un tercer momento donde se logra la conciencia "de que los intereses corporativos propios, en su desarrollo actual y futuro, superan el ambiente corporativo, de grupo meramente económico, y pueden y deben convertirse en los intereses de otros grupos subordinados", que es "la fase más estrictamente política" 14.

Como ya vimos, la categoría migrante precarizado no se puede entender como una categoría meramente identitaria, es una intersección de la identidad diferenciada con una posición económica particular. Entonces, estos momentos, que Gramsci aplica a grupos sociales definidos por su posición económica, nos pueden ayudar a pensar una praxis orientada a la construcción de un sujeto migrante cuya lucha se vuelve hegemónica para la clase entera. Queda muy claro que, como primer paso, ello va a necesitar de la construcción de un sujeto migrante consciente de sí mismo que, en un segundo momento, puede entender que su propia situación es parecida a la de otros sectores de la clase, por ejemplo, en los trabajos feminizados precarizados, construyendo "la solidaridad de intereses de todos los miembros del grupo social". Queda mucho por decir sobre el paso de este segundo al tercer momento que ahora no podemos indagar más y que, por el momento en que nos encontramos como clase y como sector migrante, tampoco es tan urgente para pensar nuestras próximas tareas.

Conclusión

Hemos visto que la narrativa antimigratoria, impulsada por un amplio espectro de la política alemana, es funcional a los intereses del capital: divide a la clase trabajadora y sirve para abaratar la fuerza de trabajo. No podemos ser ingenuos ante las paradojas que se nos presentan: mientras avanzan los discursos antimigrantes, Europa necesita –y seguirá necesitando– migración para sostener su economía. Esta supuesta contradicción responde a la necesidad de precarizar a les trabajadores migrantes y, así, presionar a les propios trabajadores alemanes para que acepten condiciones cada vez más indignas. No es un fallo del sistema, sino la lógica misma de un capitalismo que atraviesa crisis cíclicas. Consideramos que la lucha contra la precarización migrante responde al interés de toda la clase trabajadora, y que para ello es clave que la lucha del sujeto migrante construya hegemonía. No hay pasos definidos a seguir, pero la tarea está en nuestras manos, como organizaciones políticas de izquierda, migrantes e internacionalistas: desmontar el relato del odio, construir solidaridad de clase y recordarle al país que habitamos que el 26 % de la población somos parte activa de la clase trabajadora, y tenemos el poder de transformar la correlación de fuerzas.


1 - https://www.dw.com/en/germany-1-in-4-residents-has-immigration-history/a-76764004 

2 - https://www.destatis.de/EN/Press/2021/10/PE21_463_125.html

3 - https://www.eldiario.es/desalambre/plan-maestro-deportaciones-masivas-reunion-secreta-ultras-causado-revuelo-alemania_1_10838729.html

4 - https://www.izquierdadiario.es/Josep-Borrell-compara-Europa-con-un-jardin-y-al-resto-del-mundo-con-la-jungla

5 - Aquí es importante resaltar que quién cuenta como nativo y quién no, no es simplemente una cuestión de quiénes nacieron en el Estado nación en cuestión, sino se entremezcla con marcadores racistas e idiomáticos.

6 - https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870/abril/09.htm

 7- https://www.marxists.org/history/international/iwma/documents/1867/annual-report.htm 

8 - https://www.marxists.org/deutsch/archiv/zetkin/1893/11/gewerk.htm, traducido con DeepL 

9- Cf. Streichhahn, V., "Kapital gegen Leben: Eine Einführung in die Soziale Reproduktionstheorie", en: Ronda, K. & Streichhahn, V. (eds.), Kapital gegen Leben. Beiträge zu Theorie der Sozialen Reproduktion im Kapitalismus, Berlin, 2019, pp. 18-41 

10 - Cf. Koch, J. & Nguyen, N., "Reproduktionspolitik als Reproduktionsstrategie: Die Herstellung einer prekär-migrantischen Arbeitskraft", en: Ronda, K. & Streichhahn, V. (eds.), Kapital gegen Leben. Beiträge zu Theorie der Sozialen Reproduktion im Kapitalismus, Berlin, 2019, pp. 78-97. 

11 - https://bloquelatinoamericanoberlin.org/2026/04/16/situacion-del-trabajo-de-cuidados-en-alemania/

12 - https://vientosur.info/el-pacto-europeo-de-migracion-y-asilo-cuando-la-perdida-del-relato-sobre-las-migraciones-se-traduce-en-la-perdida-de-derechos-para-todas/

13 - https://www.eltiempo.com/mundo/europa/centros-de-retorno-arrestos-y-expulsion-a-terceros-paises-asi-sera-la-nueva-politica-migratoria-que-cierra-aun-mas-el-acceso-a-europa-3564931

14 - Gramsci, Antonio "Análisis de las situaciones. Correlación de fuerzas.", en: Sacristán, Manuel (eds.), Gramsci: Antología II. – 1926-1937, Buenos Aires, 2017, pp. 414-415.

Fuente:

https://vientosur.info/dividir-para-explotar-migracion-y-lucha-de-clases-en-la-alemania-actual/

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