¿Bajó la pobreza?: Las inconsistencias del Indec

Por Mariano Kestelboim
La disociación entre las estimaciones del INDEC y los registros de los rubros de consumo masivo es alarmante. Entre ambas mediciones debería haber alguna correlación. Lo llamativo y sospechoso es que los resultados son contradictorios.
Las nuevas evaluaciones del organismo oficial que tuvieron lugar hace pocos días con la publicación de sus cotejos de pobreza e indigencia del segundo semestre de 2025 y de consumo privado de ese año amplificaron el relato de fantasía libertario.
Supuestamente, el guarismo de las personas en situación de pobreza bajó hasta el 28,2% de la población y las afectadas por la indigencia al 6,3%, el menor registro desde el primer semestre de 2018. Y el consumo privado fue récord histórico con una tasa china de crecimiento (7,9%). De esta forma, en términos per cápita, la variable habría llegado a un escalón casi idéntico (solo 0,1% inferior) al del promedio del segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2012/2015).
Sin embargo, los cómputos reales y específicos de consumos masivos e indispensables de los hogares fueron muy inferiores en 2025 respecto a los registros observados durante la administración de CFK o del segundo año de gobierno de Mauricio Macri (2017). De hecho, las bajas llegaron hasta umbrales críticos como si el país hubiera padecido una guerra.
Si realmente el consumo fuera récord, sería relativamente sencillo encontrar ejemplos de cantidades consumidas en niveles máximos o, al menos, sin caídas tan significativas. Pero eso no sucede. Y no es cierto, como dicen los defensores del relato libertario, que el e-commerce no se computa. Las estadísticas de ventas de las consultoras, como Scentia que suele publicar sus informes, incluyen esos canales y revelan, a nivel agregado, una contracción del consumo masivo. En su último informe público, indica que entre noviembre de 2023 y febrero de 2026 fue 14,4% menor.
Un caso emblemático de un rubro que contrasta de lleno con las estimaciones del INDEC es el de la leche fluida. En 2015, primer registro de la serie histórica disponible en la web de la Secretaría de Agricultura de la Nación, se consumieron 1,428 billones de litros y, en 2025, apenas 1,084 billones de litros. Así, el consumo anual por habitante bajó de 32,8 litros a 23,7 litros entre ambos años (-28%), a pesar de que teóricamente la pobreza en 2015 se mantenía en un rango similar al de 2025, según las consultoras privadas. Es particularmente extraño porque el consumo de este tipo de bienes suele aumentar en línea con el crecimiento de la población.
Que sea un alimento insustituible en la dieta infantil implica que las familias de ingresos medios y altos poseen un consumo estable, independientemente de las variaciones de su ingreso. Por lo tanto, la baja debió ser sufrida por el universo de pobres e indigentes, lo cual permite entrever que ese segmento social tuvo que ser considerablemente superior en 2025 que en 2015.
El único reemplazo cercano que tiene la leche fluida es la leche en polvo, más asociada a una demanda de sectores de menores ingresos. El hundimiento de las ventas fue levemente inferior lo que da cuenta de que hubo un proceso de sustitución relacionado también con el empeoramiento de las condiciones de vida de la última década. En 2015 se consumían 1,83 kilos de leche en polvo por habitante y el año pasado se consumieron 1,34 kilos (-26,6%).
El dato de consumo privado récord también parece formar parte de la contabilidad creativa del INDEC. El consumo per cápita del resto de los lácteos básicos cayó aún más en la comparación entre 2015 y 2015. La venta de yogures y otras leches fermentadas se redujo de 9,9 litros a 7 litros (-29%), de manteca de 738 gramos a 516 gramos (-30,1%) y la peor parte se la llevaron los productos de mayor precio unitario y menos indispensables, como los postres lácteos y los flanes. En 2015 se consumían por año 1.040 gramos por habitante y en el último año apenas 256 gramos.
Otro ejemplo importante que revela el deterioro real y que pone un manto de duda sobre las estimaciones oficiales se aprecia en la evolución del consumo de carne vacuna, producto insignia de la mesa de los argentinos. Mientras que promediando el segundo gobierno de CFK (2013) llegaron a consumirse 62,1 kilos por habitante, esa ingesta durante el año pasado descendió a 49,9 kilos y fue remplazada por carnes de menor valor como el pollo y el cerdo.
La mayor desigualdad distributiva que imprime el modelo de Milei tampoco explica el supuesto récord de consumo privado. Otro sector que presenta registros fiables de sus ventas y es significativo en el presupuesto de los hogares de ingresos medios y altos, como el automotriz, agrega más desconcierto. Las ventas de autos nuevos en 2025 alcanzaron las 612.178 unidades, según la Asociación de Concesionarios de Automotores. Ese dato, comparado con un año de la presidencia de CFK (2013), marca una caída del 35,9% (se habían comercializado 955.023 vehículos). En términos per cápita, la merma fue del 40,5%.
Tampoco la venta de electrodomésticos fue mayor en 2025 respecto a los años anteriores a pesar de la apertura comercial. Las estadísticas en cantidades del INDEC (en este caso no son estimaciones) se comenzaron a contabilizar a partir de 2017. El descenso en rubros centrales del comercio de electrodomésticos fue significativo. En televisores bajaron de 2.029.713 unidades a 1.515.117, en heladeras de 1.107.912 a 774.058, en calefactores y estufas a gas de 581.574 a 301.093, en calefones y termotanques de 758.632 a 578.650, en computadoras y notebooks de 758.632 a 578.650, en impresoras y scaners de 1.080.591 a 164.916. Los derrumbes, en términos per cápita, son aún peores, obviamente.
El ahogamiento económico de las familias que intentan conservar en alguna medida y de forma desesperada su capacidad adquisitiva provocó que la demanda de préstamos haya roto los récords de morosidad históricos
Desde ya, estos son algunos ejemplos ilustrativos de rubros de consumo masivo. Se podría seguir ampliando con datos de gastronomía, de ventas en shoppings y otros comercios, de la industria, de la construcción, del turismo, de salud y del sector inmobiliario pero la generalidad es de caída de las ventas. Más allá de algunos cambios de hábitos de consumo, como el auge en las suscripciones a plataformas de streaming o los paquetes comprados en agencias de turismo locales para viajar al exterior, a nivel macro no deberían ser tan significativos como para modificar la tendencia observada en casi todos los sectores que cuentan con registros estadísticos controlables.
El único rubro relevante macroeconómicamente de consumo privado que incrementó fuertemente su actividad en el último año fue el financiero. El ahogamiento económico de las familias que intentan conservar en alguna medida y de forma desesperada su capacidad adquisitiva provocó que la demanda de préstamos haya roto los récords de morosidad históricos.
Esta dinámica real de deterioro de los ingresos se relaciona, por ejemplo, con que el desempleo haya trepado del 5,7% en el cuarto trimestre de 2023 al 7,5% en el mismo trimestre de 2025 o con que se haya perdido medio millón de puestos de trabajo registrados entre noviembre de 2023 y diciembre de 2015, con 200.941 empleados privados menos en relación de dependencia. En cambio, que el consumo no crezca es mucho más compatible con la crisis de las jubilaciones, la quita de ingresos de los empleados públicos, la baja de la AUH (según Chequeado.com, se registró una caída real del 2,5% de ese ingreso también en 2025) y la suba de la informalidad, entre otros pesares.
En los últimos días, algunos medios de comunicación contrariados por el fenómeno de "consumo récord" con ventas en picada encontraron analistas que salieron a justificarlo, advirtiendo maravillosamente que el aumento del consumo privado no implica una mejor calidad de vida. La versión que circuló es que el mayor gasto en servicios por el ascenso de las tarifas explica el boom de consumo. Pero un aumento de precios no conlleva a un incremento de cantidades consumidas. El crecimiento se mide en la evolución de las cantidades, neteando el efecto de las variaciones de precios. Por el contrario, las mayores tarifas tienen el efecto inverso: comprimen el ingreso disponible para la adquisición de más bienes y servicios.
Lo más burdo de las estimaciones del INDEC es su seguimiento de los salarios informales. En base a su Encuesta Permanente a Hogares, el INDEC dice que esos ingresos crecieron 6,3 veces entre noviembre de 2023 y enero de 2026, cuando en el mismo período reportó que los precios minoristas aumentaron 3,7 veces. O sea, de las estadísticas del INDEC podría concluirse que, en términos reales y luego de la mega devaluación de diciembre de 2023, el sector social que tiene menor capacidad de negociación estuvo cerca de duplicar su capacidad adquisitiva. Un delirio usado por Milei para decir que sacó a 15 millones de personas de la pobreza en menos de dos años y medio de gobierno.
El "truco" metodológico más importante del INDEC en este caso fue agregar ingresos antes no contabilizados (sumaron ítems como la tarjeta alimentar, pensiones y programas sociales) y los compararon con años sin esos ingresos. Como habitualmente los consultados tienden a subdeclarar ingresos, el peso de los conceptos agregados desde mediados de 2024 fue relevante.
En efecto, las estimaciones del INDEC parecen conformar más un narcótico para el relato libertario que datos reales que permitan hacer diagnósticos precisos. Este intento de tapar el sol con la mano solo puede sostenerse con el apoyo de sectores de poder que operan en la comunicación y no profundizan sobre estas alevosas inconsistencias.
Además, si fuera cierta la falacia del consumo privado récord, también chocaría de frente con el discurso de austeridad, sacrificio y de apuesta al futuro, siendo que el consumo opera en detrimento del ahorro y la inversión, según la visión ortodoxa. El consumo privado concentró el 74,4% del PBI en 2025, máximo absoluto de la serie histórica. Supera incluso al promedio de los años de gobiernos de CFK (2008/2015) y de Alberto Fernández (2020/2023), acusados de llevar adelante políticas de sobre estimular el gasto por encima de las posibilidades reales de la economía. El consumo privado durante la gestión de CFK alcanzó el 70,4% del PBI y en la de AF totalizó el 70,7%, con niveles de inversión en ambos gobiernos superiores a los registros de la administración libertaria.
El expresidente del Banco Nación, Javier Gonzalez Fraga, llegó a denunciar en 2016 que en el kirchnerismo se había alentado el sobreconsumo, con su ya célebre frase: "le hiciste creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior". Paradójicamente, pese a que para el INDEC haya un consumo privado récord, nadie recordará al gasto de 2025 con una frase de un tenor similar. ¿O Milei sería capaz?
Fuente:
LaPoliticaOnline
