Bienvenidos a la resistencia

05.03.2026

Por Ernesto Resnik

"ICE, get "To get to any of us, you will have to get through all of us"

Bienvenidos a la resistencia.

Pablo llegó a casa con una pizza de Wrecktangle Pizza, en el barrio de South Minneapolis. Una pizza y dos silbatos. Ese día, todas las ganancias de la pizzería iban destinadas a la solidaridad con grupos de apoyo a inmigrantes, y con cada pizza regalaban silbatos hechos con impresora 3D.

Los silbatos son el distintivo de Minneapolis en 2026. Y la banda de sonido de la ciudad ocupada.

En todos los barrios se escuchan cuando alguien identifica una camioneta de ICE o de Border Patrol, los grupos de tareas del gobierno de Trump que desde comienzos del año aterrorizan a los vecinos de Minneapolis.

"To get to any of us, you will have to get through all of us", Para llegar a cualquiera de nosotros, van a tener que pasar por todos nosotros",dijo Zohran Mamdani el 1º de enero de 2026, el día en que asumió como alcalde de New York. Dos días después, una patrulla de ICE asesinaba a Renee Good. Y Minneapolis, en ese mismo instante, hizo suya la frase.

Minneapolis, a comienzos de 2026, es una ciudad ocupada.

Camionetas con militares encapuchados recorren las calles en cacería. Cazan personas.Ahí ven a uno con "cara de mexicano" —aunque seguramente sea ecuatoriano— en la parada del colectivo de Hennepin Ave en Downtown. Lo levantan.Ahí están en Columbia Heights, en la esquina de la escuela de Liam Conejo Ramos, agazapados a la hora de salida, escondidos entre los autos que esperan recoger a los chicos. Esperan a ver si aparece el padre de Liam, Adrián. Vino a buscarlo. Se la jugó. Le salió mal.

Por eso la mayoría de los padres latinos ya no salen de sus casas.A Adrián lo siguieron hasta la puerta. Liam, de cinco años, probablemente esperaba un vaso de leche y un pancito. No llegaron a entrar. Padre e hijo fueron detenidos y 'desterrados' a una prisión en Texas. No quisieron dejarlo con la madre en Minneapolis porque ella se rehusó a ser presa de caza también y había que hacer del castigo una forma del terror que se extendiera en la comunidad.

En Frogtown, el barrio hmong, irrumpen en una casa para buscar —dicen— a un vietnamita narco. No está. Quizás no vive ahí. Quizás no existe. Pero no se van con las manos vacías: se llevan a un anciano desnudo, lo arrastran sobre la nieve a -20ºC. Lo devuelven horas después, sin disculpas. Los hmong son todos ciudadanos norteamericanos, llegaron después de la guerra de Vietnam como refugiados por haber colaborado con las tropas norteamericanas. Qué paradoja del destino ser victimizado 50 años más tarde por el gobierno del país al cual sirvieron.

Un viernes de enero un auto se detiene frente a la casa de un ecuatoriano. Dos mujeres bajan y levantan el capó: el vehículo parece tener un problema. Una de ellas se acerca a pedir ayuda. Sale un hombre. ¿Cómo no va a ayudar? Es un tipo bueno, un laburante que vive hace décadas aquí y siempre da una mano. Se acerca al auto. Las mujeres —agentes de ICE pero él no lo sospecha— lo rodean mientras él mira el motor. Pasa un auto. Sigue de largo. Llegan otros dos a toda velocidad. Ya son cinco agentes. Lo apresan. Vinieron a llevarse a "los peores de los peores", "violadores, narcos y asesinos". Se llevan a un hombre cuya única "culpa" fue ser lo suficientemente decente como para ayudar a dos vecinas en problemas. No eran vecinas. Probablemente eran dos trumpistas llegadas de Texas u Oklahoma.

Minneapolis, en enero de 2026, es una ciudad ocupada y aterrorizada.Y es también la ciudad de la resistencia.

A la mañana siguiente de que un agente de ICE terminara con la vida de Renee Good en South Minneapolis, en el trabajo hablamos del tema. Una chica me miraba casi llorando. Le hice una seña para ir a otro lugar. Entramos en una de las sala de reuniones.

En voz baja me dijo:—Yo hago con mi auto lo que hizo Renee Good.

Y se puso a llorar.

Más tarde, casi en secreto, se acercó y me indicó que mirara en el bolsillo de su saco. Había un silbato.

Los secretos en Minneapolis duraron poco. Rápidamente entendimos que todos estábamos en el mismo juego de bronca y silbatos.

El sábado 24, Pablo sube desde su cuarto en el subsuelo.—Mataron a otro.—Sí, estoy mirando las noticias.

Pasamos el día viendo videos desde distintos ángulos hasta confirmar, colectivamente, que Alex Pretti fue ejecutado en Nicollet Avenue.

Ya no hubo incredulidad. Solo bronca.

Debe haber video de la tipa que está filmando atrás—dice Pablo, refiriéndose a la que después algunos llamarían The Pink lady.—Sí, acá lo veo —dice su novia.

Es el video concluyente: a Pretti lo ejecutaron. A mansalva.

Pablo y su novia salieron al mediodía a una protesta. Volvieron. Volvieron a salir. Ya de noche, fueron a una de las decenas de vigilias en los parques, con nieve y -20ºC. Con Vero nos abrigamos y fuimos a la del parque del barrio.

No había incredulidad.Solo bronca.Y determinación.

Desde el fusilamiento de Pretti en Nicollet Ave no hubo un solo día sin una concentración, una marcha, una protesta o una vigilia. Casi no hubo diálogo de trabajo que no incluyera la situación.

Las escuelas volvieron al online para los hijos de inmigrantes con miedo de salir de sus casas, y también para sus amigos, para quienes la escena —amigos encerrados, hombres enmascarados con armas largas en la puerta— había convertido la escuela en un lugar de miedo y ansiedad.

Si vinieron a hacer un ejemplo de Minneapolis, Minneapolis aceptó el desafío.Pero no como ellos pensaron.

Se multiplicaron los silbatos.Se multiplicaron los grupos en Signal.Se multiplicaron los voluntarios.

Se crearon redes formidables para proteger a chicos y padres inmigrantes: al pibe que juega al fútbol con tu hijo, a la mamá que limpia casas, al padre que hace veinte años trabaja en el restaurante de Central Ave.

Los chicos organizan marchas en las escuelas. En algunas se enfrentaron a ICE con silbatos, determinación y bolas de nieve.

Lola volvió de la escuela con un prendedor en la mochila: el Revel Loon, el ave rebelde símbolo de Minnesota.

El 26 de enero salí de casa rumbo al trabajo. Para dejar a Pablo en la universidad salgo hacia el otro lado del usual, hacia el parque donde está la escuela del barrio. Son las 7:30, hora de entrada.

Apenas cruzando la primera esquina —a cien metros de la escuela— vimos al primer chaleco amarillo: un voluntario, "guardián" y "veedor", con silbato y celular listo para alertar si aparece una camioneta de ICE. Era joven, quizá maestro o padre.

Cincuenta metros más adelante, otra voluntaria. Una mujer de unos cincuenta años. Nos saludamos con la mano. El saludo y la sonrisa compartida son un código silencioso: estamos todos en esto.

En la siguiente esquina, otra mujer más. Una chica que vive enfrente de casa y que usa un arito en la nariz. Luego, al doblar, una señora mayor. Seguramente voluntaria también.

—Boludo, esto es conmovedor —dije.—Están siempre, pa.

Ya lo sé. Eso es lo conmovedor.

No sé el nombre de la chica con el arito en la nariz, pero es la que me unió al grupo de Signal para colaborar como guardián de la escuela.

En Minneapolis muchos chicos no van a la escuela. A los más pequeños los llevan los padres, y salir a la calle es un riesgo. Así se llevaron a Liam y a su padre. Liam es el chico del gorro de conejo que se hizo noticia por el mundo y que fue apresado y llevado a Texas. Eventualmente fue devuelto, pero aún hoy ni Liam ni sus padres sale de su casa, cuentan con el apoyo de la gente y la escuela que organizan la distribución de comida para las familias de inmigrantes que no pueden pisar la calle por temor a ser secuestrados por ICE.

Armados con una app que integra bases de datos públicas y oficiales, creada por la empresa Palantir, ICE tiene información de millones de inmigrantes: quiénes son, su estatus legal, dónde viven, qué autos usan, a qué escuela van sus hijos y a qué hora entran y salen.

Una mañana, paseando a Kun, vi una camioneta con gente adentro. Enseguida se acercó un voluntario y comenzó a sacar fotos.

They are scouting—me dijo—. Seguramente están vigilando para ver si aparece alguien que buscan.

La organización alrededor de las escuelas es el más fenomenal y emocionante de los muchos actos de resistencia. Proteger a los chicos del barrio y a sus familias es un acto de amor al prójimo, a la escuela, al barrio y a la comunidad. De base. Organizado, pero no dirigido. Con héroes, pero sin líderes. Lo entendió Bruce Springsteen cuya canción "Las calles de Minneapolis" estuvo Nro 1 en Spotify en varios países, lo entendió Billy Bragg que escribió y lanzó una canción apenas horas después de ver las imágenes del fusilamiento de Alex Pretti, lo entendió U2 y hasta Bad Bunny: lo que ocurrió en Minneapolis es un fenómeno de autoorganización y resistencia poderoso e inédito en los EEUU.

Los que siempre la quisimos, ahora somos fundamentalistas de Minneapolis.

"Hay algo en el agua en Minnesota", dijo Donald Trump.

Aquí brindamos con agua. 

Fuente:

https://www.pagina12.com.ar/