Con Milei, la realidad arruina los pronósticos de la city

20.09.2026
Imagen ChatGPT.
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El Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA comenzó el año con una proyección de crecimiento de 3,5% que en agosto bajó a 2,1%. La inflación acumulada ya superó la prevista para todo 2026. El retroceso de la actividad se produce pese a las condiciones comerciales externas favorables. Los errores de las consultoras abren una discusión sobre las ideas que sostienen sus proyecciones y las políticas que recomiendan.  

La caída de 0,6% de la economía en el segundo trimestre de este año es un dato demoledor para la narrativa del especialista en temas de crecimiento económico con o sin dinero. Los resultados del programa económico de Milei son malos en cualquier evaluación rigurosa, pero la calificación baja a muy malos porque se dan en un escenario comercial externo excepcional, con términos del intercambio en récord histórico y elevado superávit de la balanza comercial.

Como se sabe, el sector externo ha sido el talón de Aquiles de los planes económicos, tanto de los expansionistas como de los conservadores. Milei tiene la fortuna de contar con condiciones externas favorables y, aun así, su plan económico tambalea.

La información del INDEC sobre el retroceso del Producto Interno Bruto también es demoledora para la mayoría de los economistas dedicados a realizar pronósticos. No voy a esperar a fin de año cuando, como parte de una tradición periodística, hago la comparación entre los pronósticos y la realidad. Ya existe suficiente material para exponer la distancia entre unos y otra.

La economía que iba a crecer 5,0%, según el Presupuesto 2026, o 3,5%, de acuerdo con el consenso de la city, terminó el segundo trimestre con una caída de 0,6% respecto del anterior. Y, si la contracción se profundiza en la segunda mitad del año, el crecimiento anual podría acercarse a cero. A la vez, la inflación que debía cerrar 2026 en 20,1% ya acumuló 21,3% hasta agosto.

Como es habitual, los economistas de la city fueron corrigiendo sus estimaciones mes a mes y, en el caso del crecimiento del PIB, a la baja. La facilidad para reemplazar un pronóstico fallido contrasta con la resistencia a revisar las ideas que lo sostuvieron.  

Los maestros del error

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de diciembre de 2025 ofrece una fotografía de los maestros del error. Consultoras y bancos esperaban una expansión anual de 3,5% y en agosto habían reducido la estimación a 2,1%. Esto implica que recortaron un 40% el crecimiento previsto en apenas ocho meses.

El error, aunque difícilmente lo reconozcan, tiene un sesgo político-ideológico. ¿Qué sucede cuando los pronósticos favorables a los gobiernos de derecha no se cumplen? ¿Y cuando las economías administradas por gobiernos peronistas crecen bastante más de lo que esos mismos analistas habían calculado?

El archivo permite comprobar que esta controversia no comenzó con Milei. En diciembre de 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, el REM esperaba para el año siguiente un crecimiento de 3,2% y una inflación de 17,4%. El escenario expresaba confianza en la continuidad de la expansión. La crisis de 2018 dejó esas previsiones muy lejos de la realidad. La afinidad con el rumbo económico no había mejorado la capacidad de anticipar sus debilidades. Durante la presidencia de Alberto Fernández hubo errores de signo opuesto en la estimación de la actividad. En diciembre de 2020, el REM pronosticaba un crecimiento de 5,5% para 2021. Al cierre de aquel año, la expansión fue de 10,3%.

Prever la evolución de una economía no es sencillo, puesto que intervienen decisiones políticas y acontecimientos que no pueden anticiparse. Esa incertidumbre debería moderar el deporte de los pronósticos, aunque no es lo que sucede. En un primer momento, aparecen economistas del establishment para explicar que el ajuste abrirá las puertas de la prosperidad. Cuando la bonanza no se concreta, vuelven a aparecer para explicar por qué no se concretó. Esto es lo que ha sucedido con el plan de Milei, presentado al inicio como el correcto. Ahora, frente a los malos resultados, sus promotores plantean objeciones sin cuestionar la base estructural del fracaso.

El error, aunque difícilmente lo reconozcan, tiene un sesgo político-ideológico. ¿Qué sucede cuando los pronósticos favorables a los gobiernos de derecha no se cumplen?

El desvío es político e ideológico

No resulta indiferente el cuadro conceptual e ideológica con la que interpretan la realidad. La afinidad política con un programa económico los lleva a sobrevalorar sus promesas y a minimizar sus costos.

En el universo de la ortodoxia, el ingreso de los trabajadores aparece como un costo que hay que reducir para recuperar competitividad. Su papel como sostén de la demanda queda relegado y la confianza de los inversores, en cambio, adquiere poderes extraordinarios. Se supone que la baja del gasto público y las reformas crearán las condiciones para que el capital privado invierta. No es lo que sucede en la práctica.

El dato del PIB difundido por el Indec permite confrontar esa explicación con la realidad. El crecimiento interanual del primer semestre quedó en 2,2%. En esa misma compración, el consumo privado cayó 2,4% frente al anterior, en la medida desestacionalizada; el consumo público retrocedió 2,3%; y la inversión, 0,8%.

En diciembre, los participantes del REM esperaban que el PIB creciera 1,0% en el segundo trimestre de 2026 respecto del primero, pero cayó 0,6%. Habían anticipado una economía en expansión para el mismo período en que terminó contrayéndose.

Vale, entonces, preguntarse por qué el escenario inicial concedía capacidad expansiva al programa de ajuste y cuánto de esa explicación sobrevive después de la corrección. 

El proyecto de Presupuesto 2027 es un dibujo optimista

El dato de la inflación también ofrece un contraste incómodo para el Gobierno y para los economistas de la city. El REM esperaba 20,1% para todo el año y hasta agosto el aumento acumulado de los precios llegó a 21,3%.

En materia laboral también se desarmó parte del escenario optimista del proyecto liberal-libertario. En diciembre, el REM proyectaba una desocupación de 6,9% para el cuarto trimestre, en agosto la elevó a 7,5% y el dato del INDEC para el segundo trimestre fue 7,9%. 

La balanza comercial aporta otra diferencia respecto de las previsiones iniciales. El REM calculaba un superávit de 10.965 millones de dólares para todo 2026. Hasta agosto, el saldo acumulado alcanzó 18.249 millones. El frente comercial externo resultó más favorable de lo esperado. Ese alivio, sin embargo, no evitó el retroceso de la actividad.

El proyecto de Presupuesto 2027 agrega una nueva promesa: un crecimiento de 4,0%. Un adelanto del informe semanal de la consultora Vectorial al que tuvo acceso El Destape recuerda que el Presupuesto presentado el año pasado proyectaba un crecimiento del PIB del 5% para 2026 y se estima ahora una expansión de apenas el 2%. El nuevo presupuesto proyecta un 3% para este año —reconociendo así el error anterior— y un 4% para 2027. Pero los datos más recientes hacen que incluso esas metas corregidas luzcan optimistas.

Vectorial señala que el segundo trimestre de 2026 arrojó una caída del 0,6% respecto del primero, dejando el crecimiento del primer semestre en 2,2%. Los datos adelantados de julio de industria y construcción —que en conjunto representan cerca de un cuarto del PIB— registraron caídas que bordean el 5% mensual, lo que anticipa un tercer trimestre difícil.

"La pregunta ya no es solo si el PIB alcanzará el 3% que pauta el presupuesto para 2026, sino si la economía no registrará una recesión técnica —dos trimestres consecutivos de caída— antes de que termine el año", indica.

Cómo cambiar el mal humor socioeconómico

La expectativa favorable que acompaña a programas de derecha y la desconfianza hacia políticas de expansión de la demanda merecen el mismo escrutinio. Pero eso no sucede.

El sesgo se instala antes de cargar el primer dato y aparece al decidir que una reducción del gasto público tendrá un efecto expansivo porque mejorará la confianza, mientras se le asigna poca importancia a la demanda que desaparece con ese recorte.

El Presupuesto 2027 de Milei busca intervenir en las expectativas económicas que, en la mayoría de la población, hoy son negativas. Un pronóstico contribuye a definir qué futuro se considera probable y qué políticas aparecen como razonables. Por eso importa conservar la memoria de las proyecciones y de los argumentos que las acompañaron.

No se trata de exigir infalibilidad, sino de advertir a quienes recomiendan un rumbo económico tengan la honestidad de revisar sus argumentos cuando los resultados los contradicen. Si el ajuste iba a traer crecimiento y termina contrayendo la actividad, no alcanza con corregir el porcentaje. Es necesario discutir la orientación y los costos del ajuste.

El mal humor socioeconómico no se revierte anunciando otro año de prosperidad, como el prometido en el Presupuesto 2027. Para quienes perdieron ingresos o tuvieron que cerrar una empresa, el futuro prometido ya tiene un costo dramático en el presente. 

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