El ajuste que fabrica deuda

20.10.2026

La pregunta ya no es solamente cuánto debe la Argentina, sino qué estructura económica quedará después del experimento libertario. 

Por P.Tigani y L.Glezer

La deuda pública bruta* aumentó 116 mil millones de dólares desde diciembre de 2023. El atraso cambiario multiplicó las ganancias financieras y encareció la economía argentina en dólares. El ajuste de las cuentas públicas convive con un endeudamiento que no encuentra respaldo en el crecimiento. La deuda se disparó en esa periodización, a un ritmo que alcanza alrededor de 6 veces el crecimiento del PBI. Así las cosas, la relacion deuda/PBI ha elevado forzosamente el riesgo de insolvencia fiscal intertemporal que comenzó a reflejarse en la escalada del riesgo pais (J.P.Morgan) que salto más de 50%.

El gobierno de Javier Milei construyó buena parte de su relato económico alrededor de una promesa: terminar con la emisión, ordenar las cuentas públicas y reducir el endeudamiento. Casi tres años después, la paradoja libertaria ofrece un resultado bastante menos heroico. La deuda pública creció 116 mil millones de dólares, los precios internos se dispararon medidos en moneda extranjera y la bicicleta financiera volvió a convertirse en uno de los negocios más rentables de la economía argentina.

Las estadísticas de la Secretaría de Finanzas permiten dimensionar esa contradicción. La deuda bruta pasó de 368 mil millones de dólares en diciembre de 2023 a 484 mil millones en septiembre de 2026. Un incremento del 31,52%. La magnitud del salto resulta especialmente incómoda para una administración que convirtió el superávit fiscal en una suerte de certificado de virtud económica.

La elección de diciembre de 2023 como punto de partida no es inocente. En noviembre de aquel año, la deuda alcanzaba los 423 mil millones de dólares. La devaluación del 12 de diciembre, cuando el dólar oficial saltó de 366 a 800 pesos, provocó una fuerte reducción de la valuación en dólares de los compromisos denominados en moneda local. La deuda registrada cayó hasta los 368 mil millones. Una licuación contable de aproximadamente 55 mil millones de dólares que no equivale a una cancelación efectiva de obligaciones.

Ese movimiento inicial permitió mejorar la fotografía de las cuentas públicas sin que necesariamente mejorara su estructura. El ajuste cambiario hizo buena parte del trabajo. Después vino el endeudamiento progresivo. La deuda que se había achicado por efecto de la devaluación volvió a crecer, mientras el Gobierno sostenía que la disciplina fiscal había terminado con los desequilibrios históricos de la Argentina.

Sin embargo, hay una distinción indispensable. La deuda bruta expresada en dólares no equivale automáticamente a la deuda neta ni permite, por sí sola, determinar cuánto endeudamiento nuevo tomó el Estado. Parte de las variaciones responde a movimientos cambiarios, ajustes de valuación, y operaciones entre organismos públicos. Pero esa salvedad metodológica no elimina el problema de fondo: la deuda continúa siendo una carga considerable para una economía cuya capacidad de generar divisas sigue siendo insuficiente.

El segundo dato es todavía más revelador. Entre diciembre de 2023 y septiembre de 2026, la inflación acumulada alcanzó el 254,12%. En ese período, el dólar oficial y el paralelo aumentaron bastante menos que los precios. El resultado fue un formidable encarecimiento de la economía argentina medida en dólares.

Durante el gobierno de Milei, la inflación acumulada en dólares alcanza el 168,74% utilizando el tipo de cambio oficial y el 203,19% tomando el dólar blue. La dirección del fenómeno es inequívoca: los precios internos avanzaron mucho más rápido que el dólar.

Esta dinámica ayuda a explicar por qué una economía puede exhibir una desaceleración de la inflación en pesos y, al mismo tiempo, volverse extraordinariamente cara en moneda extranjera. La estabilidad cambiaria funciona como ancla nominal, pero también modifica los precios relativos. Los salarios pierden poder adquisitivo frente a muchos bienes y servicios, mientras los costos de producción medidos en dólares deterioran la competitividad de sectores que deben enfrentar la competencia internacional.

La contracara es el negocio financiero. Con tasas de interés en pesos elevadas y un tipo de cambio administrado, los inversores que consiguen anticipar los movimientos del dólar pueden obtener rendimientos extraordinarios en moneda extranjera. Es la vieja bicicleta financiera, ahora presentada como una sofisticación del programa de estabilización.

Determinadas colocaciones en instrumentos ajustados por inflación o con capitalización de intereses pudieron acumular rendimientos superiores al 200% en dólares durante el período, lo que expone la asimetría central del modelo: mientras la economía productiva enfrenta crédito caro, demanda debilitada y costos crecientes, la valorización financiera ofrece oportunidades de ganancias excepcionales.

El mecanismo encierra otra contradicción. Para sostener el atractivo de los instrumentos en pesos, el Tesoro necesita ofrecer rendimientos que convenzan a los inversores de renovar sus posiciones. Pero esas tasas encarecen el financiamiento del Estado y restringen las posibilidades de recuperación del crédito privado. La estabilidad cambiaria depende, en parte, de mantener dentro del circuito financiero los pesos que podrían buscar cobertura en dólares. La deuda nominada en pesos, equivale a 238.000 millones de dolares.

Así, el superávit fiscal deja de ser una respuesta suficiente para explicar la sostenibilidad del programa. El equilibrio primario no garantiza por sí mismo que el Estado pueda afrontar los intereses, refinanciar vencimientos y conseguir las divisas necesarias para cumplir sus compromisos. Menos todavía cuando una porción importante del financiamiento depende de la disposición de los acreedores a seguir renovando sus apuestas.

Milei prometió terminar con los privilegios de la política y las distorsiones del Estado. Sin embargo, el esquema económico conserva una de las características más persistentes de la historia argentina: la posibilidad de obtener ganancias extraordinarias a partir de decisiones públicas sobre tasas de interés y tipo de cambio.

La pregunta ya no es solamente cuánto debe la Argentina, sino qué capacidad tendrá para pagar y qué estructura económica quedará después de sostener este experimento. Porque el endeudamiento no desaparece por declarar el equilibrio fiscal, ni la riqueza se multiplica porque los activos financieros rindan más en dólares.

Al final, la alquimia libertaria amenaza con repetir una vieja costumbre nacional: privatizar las ganancias de la bicicleta y socializar la cuenta cuando se termina la música.

* Nota metodológica

Por recomendaciones de manuales estadísticos y a partir de definiciones internacionales, se utiliza el dólar como unidad de cuenta para dar comparabilidad y estandarizar las estadísticas. De esta forma, todas las cifras se expresan en su equivalente en dólares aplicando el tipo de cambio del último día hábil del período para convertir a dicha moneda las restantes deudas emitidas y pagaderas en: pesos, derechos especiales de giro (DEG), euro, yen, etc. (Fuente: Ministerio de Economía, Secretaria de Finanzas, página 1, Boletín Mensual de Deuda Septiembre de 2026)

Fuente:

https://www.lapoliticaonline.com/p-tigani-y-l-glezer/el-ajuste-que-fabrica-deuda-tigani-glezer/

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