El verdadero “milagro económico” de Milei

25.10.2026

El programa liberal-libertario conduce la economía hacia la recesión pese al respaldo político del poder económico local e internacional y el apoyo financiero extraordinario del FMI y Estados Unidos. Cuenta, además, con una generación fabulosa de dólares del comercio exterior. Milei logró lo imposible: tener todo a favor y fracasar. 

Cuando Javier Milei, en un reportaje del 14 de abril del 2025, insistía ante Alejandro Fantino en que "esto no se vio nunca", en referencia a su plan económico, tenía razón.

Con un superávit comercial extraordinario, una disponibilidad de dólares que otros gobiernos hubieran envidiado, el respaldo del poder económico local e internacional, el acompañamiento de los principales medios de comunicación, sectores de la oposición que facilitaron la aprobación de reformas regresivas, una Corte Suprema que evita pronunciarse sobre la constitucionalidad del principal instrumento de su programa (el DNU 70) y con el apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional y Estados Unidos, la economía está a las puertas de una recesión.

"No se vio nunca", como dijo Milei, semejante mala praxis económica para conducir al país a una recesión pese a contar con tantas condiciones favorables.

El experimento liberal-libertario goza de ventajas cuya ausencia contribuyó, en otras experiencias políticas, a desencadenar crisis. Ahora hay crisis pese a esas ventajas. Es verdad, como reitera Milei, "no se vio nunca": recesión + riesgo país arriba de 700 puntos pese a tener todo a favor.

El fracaso se debe al diseño del propio programa económico de Milei. Una política que debilita el mercado interno, ajusta el gasto público en forma draconiano, desalienta la inversión productiva, reduce salarios y jubilaciones en términos reales, privilegia la valorización financiera y utiliza el endeudamiento para sostener la estabilidad cambiaria no tiene otro destino que la contracción económica. A esos factores se suma la apertura importadora, que profundiza el deterioro de la producción local. Al mismo tiempo, una parte de los dólares que ingresan por las exportaciones termina destinada a financiar la fuga de capitales y otros pagos al exterior. O sea, la austeridad fiscal es una trampa recesiva y, otra vez, la experiencia libertaria argentina vuelve a demostrarlo.

La confusión en el debate público sobre lo que está pasando es todavía mayor porque los economistas de la ortodoxia, que coinciden con los lineamientos generales del plan de Milei, proponen correcciones sin abandonar las mismas ideas que condujeron a estos resultados.

La recesión mileísta

En agosto, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una caída interanual del 1,7% y permaneció prácticamente estancado respecto de julio, con una variación desestacionalizada de apenas 0,1%. Estas cifras son pésimas porque julio había registrado una contracción mensual cercana al 2,8%. Después de semejante caída, agosto no mostró la recuperación que había anticipado la mayoría de los economistas de la city.

El último informe de C-P Consultora El EMAE no rebota. Nueva etapa recesiva para la economía estima que septiembre podría registrar un aumento mensual del 1,5%, pero, incluso con ese repunte, el tercer trimestre cerraría con una caída del 2,3% respecto del anterior. Sería el segundo trimestre consecutivo de contracción, luego del retroceso del 0,6% registrado entre abril y junio. Este recorrido consagrará la recesión mileísta. La proyección de crecimiento para todo 2026 de C-P se redujo a apenas 0,6%.

El reciente informe de coyuntura de CIFRA, elaborado por Pablo Manzanelli y Leandro Amoretti, señala que la actividad económica acumuló una contracción del 4,1% entre diciembre de 2025 y julio de 2026, y se ubica en un nivel casi igual al de ese mismo mes de 2023. Con todo a favor, la economía mileísta no creció, retrocedió.

https://www.eldestapeweb.com/opinion/crisis-movilidad-social-20261021232255

Los dólares que otros gobiernos no tuvieron

Uno de los aspectos más extravagantes de la experiencia de Milei es que la economía está en recesión en medio de una generación extraordinaria de divisas por el comercio exterior. Entre enero y septiembre de este año, las exportaciones alcanzaron 77.267 millones de dólares y las importaciones sumaron 56.069 millones, con el consiguiente superávit comercial de 21.198 millones de dólares, según el INDEC.

Las exportaciones crecieron 21,6% respecto del mismo período de 2025, mientras que las importaciones disminuyeron 2,5%. El superávit comercial de los primeros nueve meses del año pasado había sido de 6.046 millones de dólares. En un año se multiplicó por tres veces y media.

A este resultado contribuyeron el dinamismo de las exportaciones agropecuarias, el aumento de las ventas de hidrocarburos y minerales, y la contracción de importaciones asociada al debilitamiento de la actividad.

Durante décadas, la restricción externa fue una de las principales limitaciones para el crecimiento. La escasez de divisas interrumpió experiencias expansivas, provocó devaluaciones y facilitó programas de ajuste. Milei cuenta con una generación extraordinaria de dólares del comercio exterior, pero su programa económico conduce al país hacia una nueva recesión. Es algo insólito.

La paradoja es todavía mayor porque ese excedente comercial no se traduce en una acumulación importante de reservas. Los dólares que genera la economía se utilizan para atender pagos al exterior y la salida de capitales. Según CIFRA, la formación de activos externos superó los 18.700 millones de dólares en los primeros ocho meses de 2026. La abundancia de divisas comerciales convive así con una salida considerable de capitales. 

Un poder político que otros gobiernos no tuvieron

La falta de respaldo parlamentario, la resistencia social y las presiones de las principales organizaciones empresariales y de los grandes medios de comunicación fueron factores importantes en la desestabilización de diferentes gobiernos. No todos los fracasos pueden atribuirse a esos obstáculos porque hubo errores de gestión y contradicciones internas de cada programa, pero desconocer la incidencia de las relaciones de poder sería una ingenuidad.

Milei dispone de una situación particularmente favorable. Aun sin contar inicialmente con mayorías parlamentarias propias, consiguió que sectores de la oposición acompañaran reformas decisivas para su proyecto. La aprobación de la reforma laboral, sancionada en febrero de 2026, es un ejemplo relevante.

La denominada gobernabilidad funcionó como una herramienta para facilitar el ajuste económico y las reformas estructurales. A este acompañamiento se suma el respaldo de sectores importantes del poder económico y mediático. Las principales entidades empresariales han defendido la liberalización, la flexibilización laboral y la reducción de la intervención estatal.

El Gobierno también dispone de una Corte Suprema que todavía no resolvió el fondo de los principales cuestionamientos constitucionales al Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023, columna vertebral de su programa económico y social.

La comparación con las experiencias políticas que encontraron una resistencia sistemática de los principales factores de poder permite apreciar la excepcionalidad del escenario actual. Milei tiene buena parte del poder económico, político e institucional a su favor. Y, pese a todo, la economía cae en recesión.

El FMI y Estados Unidos, socios del experimento

Milei cuenta también con un respaldo externo extraordinario. En abril de 2025, el FMI aprobó un acuerdo de Facilidades Extendidas por 20.000 millones de dólares. El organismo mantuvo su respaldo al programa incluso cuando los resultados en materia de acumulación de reservas y actividad productiva mostraban dificultades.

A ese apoyo se agregó la intervención de Estados Unidos. El gobierno de Donald Trump, a través de su secretario del Tesoro, Scott Bessent, desplegó durante 2025 una asistencia financiera excepcional para sostener la estabilidad cambiaria en un momento de tensión electoral.

La línea de swap de 20.000 millones de dólares, junto con las operaciones efectivamente realizadas, constituyó una demostración de respaldo político y financiero.

El FMI y el Tesoro estadounidense contribuyeron a neutralizar episodios de inestabilidad que, en otras circunstancias, podrían haber precipitado una crisis cambiaria profunda. Ni siquiera con semejantes respaldos externos Milei consiguió reactivar la economía.

El ajuste que no termina nunca

La otra condición favorable para Milei es la posibilidad política de sostener un ajuste violento sobre sectores vulnerables. Esto no significa que exista aceptación social mayoritaria de cada medida, porque hubo movilizaciones, huelgas y protestas por salarios, jubilaciones, educación, salud, empleo y castigo presupuestario a científicos y a personas con discapacidad. La cuestión es que esas resistencias no consiguieron revertir las decisiones centrales del Gobierno.

Los ingresos de trabajadores y jubilados fueron utilizados como una de las principales variables del ajuste fiscal y como anclas de la inflación. CIFRA calcula que, entre noviembre de 2023 y julio de 2026, el empleo asalariado disminuyó en 370.343 trabajadores. El salario real de los trabajadores registrados, calculado con una reponderación del índice de precios al consumidor, cayó 12,6% en ese período. El deterioro de los ingresos impulsó primero el endeudamiento familiar y, posteriormente, el crecimiento de la morosidad.

La consecuencia se observa en la actividad productiva. La inversión bruta fija acumuló una caída del 12,4% entre el primer trimestre de 2025 y el segundo de 2026. Las empresas no amplían su capacidad productiva porque un Gobierno reduzca regulaciones o impuestos. Necesitan perspectivas de ventas, financiamiento y condiciones razonables de rentabilidad. Es una relación económica elemental que el pensamiento ortodoxo subestima cuando propone la austeridad como camino hacia el crecimiento.

La ortodoxia está encerrada en su propia trampa

A esta altura ya no es solo el desvarío económico de Milei, sino también el aval explícito de la mayoría de los economistas del establishment a un plan que muestra malos resultados. Estos economistas señalan algunos aspectos que deberían revisarse, pero evitan reconocer que el fiasco no está en los detalles, sino en el diseño mismo del programa.

Uno de los casos emblemáticos es el economista Ricardo Arriazu, que apoya a Milei y es defensor de las políticas de estabilización ortodoxas. En la 3ª Cumbre Aseguradora Argentina, que se realizó la última semana en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Arriazu cuestionó la política monetaria restrictiva del Banco Central y señaló sus efectos negativos en el crédito y la actividad.

Arriazu afirmó que la apertura destruye y crea actividades, pero que la destrucción es mucho más rápida que la creación. La restricción monetaria, el encarecimiento del financiamiento y la apertura importadora en un escenario de demanda debilitada contribuyen al deterioro productivo. Sin embargo, la crítica queda encerrada en los límites del mismo enfoque económico.

Arriazu no advierte que, en realidad, la política monetaria restrictiva es apenas una de las piezas de un programa cuyo núcleo es el ajuste fiscal y la caída del ingreso disponible de la mayoría de la población. La contracción del crédito agrava la crisis, pero el derrumbe de la demanda y de la producción no se explica solamente por las decisiones del Banco Central.

La ficción del bienestar, según Ades

Otra expresión de las limitaciones conceptuales de la ortodoxia aparece en las opiniones de Alberto Ades, economista de Wall Street que recientemente fue invitado por Milei a exponer ante el gabinete, en una reunión que provocó una controversia por la ausencia de Luis Caputo.

Ades difundió un extenso mensaje en la red social X con una explicación sobre el bienestar que una parte de la sociedad recuerda de los años del kirchnerismo y las dificultades actuales de las familias para llegar a fin de mes.

Su conclusión exhibe sus limitaciones conceptuales acerca de la dinámica de la economía argentina. Dice que aquella prosperidad era insostenible porque los subsidios a los servicios públicos, la ampliación de la cobertura previsional y las transferencias estatales permitieron un consumo superior al que la economía podía financiar. No indica que, en realidad, uno de los principales límites que encontró aquella experiencia fue la escasez de dólares, una restricción que Milei enfrenta en condiciones del sector externo mucho más favorables.

Ades afirma que la prosperidad anterior habría sido una ficción financiada con recursos que no podían sostenerse. No explica por qué ahora, con un superávit comercial extraordinario y respaldo financiero internacional, la prosperidad no aparece. Tampoco explica por qué las mejoras efectivas de los ingresos, el consumo y la cobertura previsional deberían considerarse una ficción por el hecho de que existieran desequilibrios económicos que debían resolverse.

La debilidad del análisis de Ades aparece cuando presenta la pérdida de bienestar actual como un sinceramiento inevitable de los excesos anteriores. La interpretación ortodoxa termina encerrada en una contradicción. Cuando la sociedad mejora sus ingresos y aumenta el consumo, advierte que puede estar viviendo por encima de sus posibilidades. Cuando los ingresos retroceden y la actividad cae, explica ese deterioro como una corrección necesaria. De esta manera, el ajuste deja de ser una herramienta transitoria para convertirse en una condición permanente del funcionamiento económico.

El verdadero "milagro económico"

Durante décadas, economistas y representantes del poder económico explicaron las crisis argentinas por la ausencia de determinadas condiciones. Faltaban dólares, disciplina fiscal, reformas laborales, apoyo parlamentario, confianza empresarial, respaldo financiero internacional, seguridad jurídica para los inversores.

El experimento liberal-libertario consiguió reunir cada uno de esos elementos y, además, cuenta con un escenario de disponibilidad de dólares comerciales extraordinario. Y, pese a todo, la economía está a las puertas de otra recesión.

Milei tenía condiciones excepcionales para que la Argentina pudiera crecer, y está consiguiendo que la economía ingrese a una recesión. Este es el verdadero "milagro económico" de Milei.

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