La canastas se pusieron pesadas

14.01.2026

La aceleración de precios de los alimentos impacta en sectores vulnerables. Una familia necesita más de 1,3 millones de pesos para no ser pobre.

Por Juan Garriga

La suba de las canastas básicas volvió a correr por delante de la inflación general y dejó una señal clara sobre quiénes cargan con el mayor peso del ajuste. En diciembre, tanto la canasta básica alimentaria como la canasta básica total aumentaron 4,1 por ciento, muy por encima del 2,8 por ciento que marcó el índice de precios al consumidor en el mismo mes, profundizando el deterioro del poder adquisitivo de los sectores más vulnerables.

El dato no es menor: mientras el Gobierno insiste en mostrar una desaceleración inflacionaria como principal logro de su programa económico, los números oficiales del Indec reflejan que el costo de cubrir las necesidades mínimas crece a un ritmo sensiblemente mayor. La canasta básica alimentaria, que define la línea de indigencia, y la canasta básica total, que marca el umbral de pobreza, se encarecieron en diciembre casi un punto y medio por encima de la inflación promedio, un desfasaje que golpea con más fuerza a los hogares de menores ingresos, donde el peso de los alimentos en el gasto total es determinante.

Según el informe, la canasta básica alimentaria para un adulto equivalente se ubicó en 190.780 pesos en diciembre, mientras que la canasta básica total alcanzó los 423.532 pesos. En términos interanuales, la CBA acumuló un incremento del 31,2 por ciento y la CBT del 27,7, cifras que vuelven a mostrar que la dinámica de los precios esenciales no logra alinearse con la desaceleración que exhiben otros rubros del índice general. La brecha entre inflación y canastas no es un fenómeno aislado de un mes, sino una tendencia que se viene consolidando hacia el cierre del año.

La situación se vuelve aún más delicada cuando se observan los valores necesarios para sostener hogares completos. En el Gran Buenos Aires, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó en diciembre 589.510 pesos para no caer en la indigencia y 1.308.713 pesos para no ser considerada pobre. En el caso de un hogar de cinco integrantes, esos montos ascendieron a 620.035 y 1.376.478 pesos, respectivamente. Son cifras que contrastan con la evolución de salarios, jubilaciones y programas sociales, que en la mayoría de los casos crecieron por debajo de estos niveles.

El trasfondo de estos números remite a la composición misma de las canastas. La canasta básica alimentaria se construye a partir de un conjunto de bienes que cubren requerimientos nutricionales mínimos y se valoriza con los precios relevados por el IPC del Gran Buenos Aires. En un contexto de alta inercia inflacionaria en alimentos y bebidas, cualquier movimiento en precios regulados, combustibles o tipo de cambio tiende a trasladarse rápidamente a este componente. Por eso, cuando los alimentos suben más que el promedio, el impacto distributivo es inmediato y regresivo.

El informe del Indec deja así al descubierto una de las principales contradicciones del actual programa económico. La obsesión por mostrar una inflación en baja convive con una realidad donde los precios que más importan para los sectores populares no solo no aflojan, sino que avanzan más rápido.

En los próximos meses, con un esquema cambiario más laxo y un frente de ingresos que sigue sin mostrar una recuperación sólida, el riesgo es que esta dinámica se consolide. Más inflación en alimentos implica más presión sobre las canastas y, en consecuencia, un aumento de la población que queda por debajo de los umbrales de pobreza e indigencia. Los datos de diciembre no solo describen el cierre de 2025, sino que anticipan un comienzo de año complejo, donde el costo de subsistir puede volver a crecer más rápido que cualquier indicador que el Gobierno elija para mostrar éxito macroeconómico.

Fuente:

https://www.pagina12.com.ar/2026/01/13/la-canastas-se-pusieron-pesadas/