La desinflación ya no avanza

07.01.2026

Por María Pedrazzoli  

El proceso de desinflación, principal carta de presentación del Gobierno para justificar el ajuste fiscal, mostró señales de agotamiento en el tramo final de 2025. Estimaciones privadas ubican a la inflación de diciembre en torno al 2,5 por ciento, un nivel que revierte la tendencia descendente observada hasta mediados de año y erosiona el principal activo político de la gestión libertaria. El Indec difundirá el martes próximo el dato oficial de inflación para el cierre de 2025.

Luego de marcar 2,1 por ciento en septiembre, caer a 2,3 por ciento en octubre y volver a subir a 2,5 por ciento en noviembre, diciembre se perfila como un nuevo escalón ascendente para la inflación doméstica. De confirmarse estos números, el sendero hacia una desinflación o desaceleración inflacionaria sostenida —promesa central del oficialismo— quedaría, al menos por ahora, en suspenso. De hecho, la mayoría de los analistas, provenientes de distintos enfoques ideológicos, advierten el fenómeno inverso: desde mayo se observa una inflación que deja de desacelerar y combina episodios de aceleración y de estancamiento.

Según el último informe de Analytica, durante la quinta semana de diciembre los precios de alimentos y bebidas en el Gran Buenos Aires aumentaron 0,6 por ciento. Con ese registro, el promedio de las últimas cuatro semanas alcanzó el 3,3 por ciento, lo que marcó una clara aceleración respecto del registro del mes previo: en noviembre, según los datos de Indec, este sensible rubro para el consumo hogareño marcó un alza del 2,8 por ciento. Siguiendo las proyecciones de Analytica, para diciembre se espera que la inflación minorista promedio anote una suba del 2,6 por ciento.

Estimaciones similares difundieron las consultoras C&T (2,6 por ciento), Libertad y Progreso (2,5 por ciento) y Eco Go (2,5 por ciento), consolidando la idea de que la desaceleración inflacionaria perdió fuerza en el cierre del año. Puntualmente sobre diciembre, si bien la dinámica de precios suele estar atravesada por factores estacionales asociados a las fiestas, en 2025 este fenómeno se vio amplificado por el fuerte aumento en el precio de la carne, un componente clave en el gasto de los hogares.

Esta dinámica se combina, además, con un marcado estancamiento de la actividad económica, que perdió dinamismo con mayor nitidez a fines de 2025. De acuerdo con el último dato del Indec, en octubre la producción industrial manufacturera cayó 2,9 por ciento interanual, su cuarta baja consecutiva en esa comparación. El resultado es un cuadro típico de "estanflación", es decir, precios que se aceleran en una economía que no logra reactivarse.

Pese a este escenario, el presidente Javier Milei y su equipo económico insisten en que a mediados de 2026 la inflación comenzará con "cero". Esa promesa constituye el núcleo del programa libertario, que defiende el ajuste fiscal como la herramienta excluyente para estabilizar los precios.

Con una mirada crítica, economistas advierten que el freno inflacionario se apoya en una profunda recesión, con caída de la producción, el consumo y el empleo, un costo social que pone en cuestión la sustentabilidad del modelo y sus resultados reales sobre la economía cotidiana. Al tiempo que apuntan a la estabilidad cambiaria como garante de una dinámica de precios que se acelera pero a un menor ritmo que años anteriores.

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