La meta fiscal en jaque: caen los ingresos y sube el gasto indexado

La dinámica fiscal empezó a mostrar señales de tensión en el inicio de 2026. Con una caída real de los ingresos tributarios cercana al 10% en febrero y un gasto público que creció 2,8% por efecto de la indexación automática, la meta de superávit primario asumida por el Gobierno ante el Fondo Monetario Internacional quedó bajo presión.
Juan Manuel Villarreal
La administración de Javier Milei había convertido el superávit en su principal carta de presentación económica. Sin embargo, la combinación de menor actividad interna y actualización automática del gasto social empezó a complicar el equilibrio.
El impacto de la inflación sobre el gasto
El incremento del 2,8% en el gasto de febrero responde, en buena medida, a la aplicación de la inflación de diciembre sobre jubilaciones y asignaciones como la AUH. En los próximos meses el efecto podría intensificarse, ya que las prestaciones ajustarán por la inflación de enero (2,9%) y la de febrero, estimada entre 2,7% y 3%, según distintas consultoras.
El problema estructural es que cerca del 45% del gasto primario está vinculado a jubilaciones y programas sociales con indexación automática. Eso limita el margen de ajuste discrecional en un contexto de caída de recursos.
El compromiso con el FMI establece una meta de superávit primario del 2,2% del PBI. Con ingresos en retroceso, la corrección debería recaer sobre la porción no indexada del gasto, lo que implicaría recortes de magnitud significativa.
Siete meses de caída en la recaudación
La recaudación tributaria acumula siete meses consecutivos de retroceso real interanual. La secuencia muestra caídas de 2,2% en agosto; 8,7% en septiembre; 3,7% en octubre; 8,8% en noviembre; 3,5% en diciembre y 7,9% en enero.
En febrero, los números preliminares oscilan entre 9,1% y 9,7% de caída real interanual, dependiendo de la estimación de inflación utilizada. Con una contracción acumulada del 8% en el primer bimestre, el ajuste sobre la mitad no indexada del gasto debería superar el 20% para compensar la pérdida de recursos.

El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), que conduce Nadin Argañaraz, estimó que la recaudación nacional cayó 9,7% real interanual en febrero y 7,8% si se excluyen tributos vinculados al comercio exterior. Según el economista, se trata de la séptima caída consecutiva.
Los impuestos más golpeados
El deterioro se concentra en los tributos ligados a la actividad y al consumo interno. El IVA-DGI mostró una caída del 14,5% frente a igual período de 2025, reflejando la retracción del consumo.
También registraron bajas el impuesto al cheque, los tributos internos, los derechos de exportación y los aranceles a la importación. En términos reales, solo el Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y al Dióxido de Carbono (ITC) logró mejorar su desempeño interanual.
La recaudación vinculada al empleo formal —aportes personales y contribuciones patronales— también evidenció retrocesos, en un contexto de menor actividad y cambios normativos derivados de la reforma laboral.
El economista Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier, calificó el resultado de febrero como "una lágrima" y advirtió que los peores desempeños se observaron en retenciones y aranceles, afectando la porción de ingresos tributarios nacionales.
No obstante, señaló que la recaudación no es un proxy perfecto de la actividad económica, ya que las alícuotas y las bases imponibles cambian con frecuencia y parte de los impuestos recaudados corresponden a períodos anteriores.
La estrategia oficial para sostener recursos
El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que la continuidad de la baja de impuestos depende de una recuperación de los recursos tributarios.
Según explicó, el Gobierno apuesta a que el incremento de ingresos provenga de una mayor formalización, en línea con la denominada Ley de Inocencia Fiscal y la Reforma Laboral. "La forma en que los recursos van a subir es logrando más formalización de empleo y de ahorros", sostuvo.
Sin embargo, en el corto plazo la dinámica fiscal refleja un escenario exigente: ingresos en retroceso, consumo debilitado y gasto social indexado por inflación. Con el superávit como ancla del programa económico, la evolución de la recaudación en los próximos meses será determinante para sostener el equilibrio comprometido ante el organismo internacional.
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