Las industrias mueren por la pandemia ideológica

17.03.2026

La ideología liberal y luego neoliberal atraviesa a los industriales argentinos y al empresariado en general y entronca con su antiperonismo histórico. Los grandes empresarios carecen de un proyecto de país y son capitalistas, pero no burgueses porque la evasión y la fuga son su programa práctico. La industria argentina debe ser defendida y protegida con un plan de apertura racional y planificada a través del tiempo, porque la industria argentina es más importante que sus dueños.

Por Hugo Presman - Periodista

El presidente de la Cámara de Comercio Mario Grinman, un gerente que responde a defensores del gobierno que integran la comisión directiva de la Cámara, como Eduardo Eurnekian, Bettina Bulgheroni, Guillermo Dietrich, Alberto Grimoldi, declaró: "Nosotros somos conscientes, es duro reconocerlo, que algunos vamos a quedar en el camino, pero ese es el precio que hay que pagar para que nuestros nietos, nuestros hijos, tengan una Argentina normal, un país que progrese, con futuro, yo creo que vale la pena". Su razonamiento no superaría un examen simple de consistencia: para que los hijos y nietos tengan futuro habrá que cerrar la mayor cantidad de empresas. El presidente Gustavo Weiss de la Cámara Argentina de la Construcción, a la que Milei descalifica como Cámara de la Corrupción, aseguró que "el sector apoya la reforma laboral como una herramienta clave para combatir el mercado informal y facilitar la creación de puestos de trabajo genuinos…. Estamos totalmente de acuerdo en que el rumbo es el adecuado, en que la macroeconomía debe estar ordenada, en que no puede haber emisión y en que tenemos que recuperar la moneda…. Y también es cierto que todos debemos acostumbrarnos a un nuevo sistema económico, que ya no es el inflacionario. El esquema inflacionario nos llevaba a trabajar de una determinada manera; este nos obliga a hacerlo de otra forma. Claramente, algunos se adaptarán con mayor facilidad y rapidez, y otros no tanto". Y a continuación agrega: "Nosotros perdimos 120.000 puestos de trabajo entre mediados del 2023 y mediados del 2024. Desde ese entonces estamos amesetados y solo hemos recuperado una muy pequeñísima parte de esa pérdida" Hay empresarios aquejados de masoquismo y encuentran la salida en el suicidio.

La Unión Industrial Argentina y su grupo concentrado de los más poderosos reunidos en AEA (Asociación Empresaria Argentina) donde Arcor, Techint, Clarín, La Anónima, Mercado Libre, Globant, Santander, Pan American Energy, etc.) han apoyado entusiastamente a Javier Milei. Al asumir la Presidencia, AEA sacó un comunicado con el título: "Una oportunidad histórica" donde escribieron: "Valoramos muy especialmente que el gobierno se disponga a tomar medidas que permitan el más pleno desarrollo del sector privado sometido a años de injerencias estatales indebidas, a controles de precios, a una elevadísima presión tributaria, a restricciones arbitrarias en materia de comercio exterior, y a amenazas como la Ley de Abastecimiento."

¿Hay burguesía nacional?

La Argentina es un país subdesarrollado por la debilidad, en la mayoría de los casos pusilanimidad de sus empresarios industriales. Mariano Moreno tenía un plan revolucionario, pero carecía de burguesía. Algún marxismo mal digerido encontró en los comerciantes del puerto de Buenos Aires a un símil de la que en Francia hizo la revolución. Era la antítesis. En estas tierras hubo 60 años de guerras civiles, con un norte artesanal intentando nacionalizar la aduana del puerto de Buenos Aires, de cuyos ingresos disfrutaban la ciudad y la provincia bonaerense. La puja finalizó en la batalla de Pavón, en 1861, en la que Urquiza desertó y le dejó la posibilidad para que Mitre ganara un enfrentamiento militar inexistente. Los 19 años posteriores fueron una cacería que concluyó con la muerte del Chacho Peñaloza y de Felipe Varela.

Triunfante el proyecto agropecuario, se inició el modelo de economía primaria exportadora que tuvo fue herido por la crisis de 1929. Por las fisuras de ese modelo, la primera guerra mundial y la crisis económica mundial de 1929/1930, nació el modelo de sustitución de importaciones, la industria liviana argentina, y en sus fábricas se insertaron los descendientes de los derrotados de las guerras civiles del siglo XIX. Eran los cabecitas negras que iban a ser representados por el peronismo. Ante la debilidad de esa burguesía nacional incipiente, es el Estado peronista el que implementó lo que debió ser su programa histórico. La última expresión consciente de los intereses de esa clase social fue la CGE de Gelbard y Broner en el tercer gobierno de Perón.

Es decir que en la Argentina, el peronismo es el actor histórico equivalente, aunque mucho más débil, de las burguesías francesas, inglesas o norteamericanas, con la diferencia sustancial que ellas tomaron el poder e implementaron las medidas tales en las que sus intereses coincidían con el desarrollo del país. Lo notable es que la burguesía industrial argentina, en general, se enfrenta al peronismo y suscribe las políticas librecambistas del sector agropecuario muy competitivo por contar con las tierras extraordinarias de la pampa húmeda, potenciados por los avances tecnológicos incorporados en las últimas cinco décadas.

Los empresarios industriales apoyaron políticas que terminaron liquidando sus empresas o no dando batalla y muchos casos vendiéndolas.

Cuando los Estados Unidos se independizaron de Inglaterra, lo primero que hicieron fue prohibir la libertad de comercio; y las telas norteamericanas, más caras y de menor calidad que las telas inglesas, desde el pañal del bebé hasta la mortaja del muerto debían ser de producción nacional.

El proteccionismo en Inglaterra fue clave para su industrialización, especialmente entre los siglos XVII y XVIII, utilizando altos aranceles, prohibiciones de importación (telas de lana) y subsidios para fomentar la industria nacional. Esta estrategia permitió transformar al país en una potencia manufacturera antes de adoptar el libre comercio.

Terminada la Guerra de Secesión, unos años después, Ulises Grant, el jefe del Ejército del Norte triunfante, fue elegido Presidente. Invitado a conocer la Madre Patria, fue llevado a Manchester, donde se había radicado la poderosa industria textil. Miles y miles de telares trajinaban día y noche. Las autoridades inglesas le dijeron: "Esto fue posible gracias al libre cambio". Grant reflexionó un momento y respondió: "Dentro de cien o doscientos años, cuando nosotros tengamos una industria textil semejante, también seremos librecambistas. Hasta entonces seremos proteccionistas."

Sigamos con el ejemplo de EE. UU. El Norte quería un arancel sobre las importaciones. El general Grant, el conductor del ejército norteño, cuando fue presidente sostuvo: "Prefiero un traje de mala calidad nuestro, que uno de buena calidad de alpaca inglesa". El Norte prefería un presente con esos parámetros para tener un futuro diferente. El Sur quería el traje de alpaca inglesa ahora.

Este conflicto de intereses no se resolvió en una mesa de diálogo, sino con una guerra civil que duró cuatro años y costó un millón de muertos.

Los industriales deberían aprender historia en defensa propia.

La cobardía empresarial

Es el hombre más rico de la Argentina. Según la Revista Forbes de este año, Paolo Rocca, líder del grupo Techint, posee un patrimonio de 7.300 millones de dólares. Según Horacio Verbitsky en el Portal Cohete a la Luna del 1-02-2026, "las ventas reales del grupo Techint rondan los 30/35.000 millones de dólares según los años. Sólo Tenaris factura de 12.000 a 15.000 millones, y Tecpetrol varios miles de millones en gas." Una curiosidad de la misma nota es cuando dice: "Hijo y nieto de convencidos fascistas, pero heredero de una de las familias más acomodadas de Europa, (Paolo Rocca) en la adolescencia militó en una organización radical de izquierda, Lotta Continua, que incluía a intelectuales, universitarios y obreros industriales, que reprochaban la pasividad del Partido Comunista. Cuando esos fogonazos revolucionarios se apagaron, la familia lo convenció de anotarse en la universidad estadounidense de Harvard. Como saldo de aquellos años queda un libro de investigación que Paolo escribió sobre las fuerzas armadas italianas, del que sólo ha prestado un ejemplar a un amigo argentino, que honró su confianza." A este empresario, el presidente Milei lo llamó ladrón, coimero y delincuente.

Javier Madanes Quintanilla es uno de los empresarios más ricos, con un patrimonio familiar de USD 590 millones de dólares. Controla uno de los grupos económicos más importantes del país, conformado principalmente por dos empresas relevantes: FATE SAIC, fabricación de neumáticos y Aluar Aluminio, fabricación monopólica del aluminio. A este empresario, Milei lo calificó de ladrón, delincuente, prebendario y extorsionador.

Héctor Magnetto, cabeza del diversificado grupo Clarín, de la que es conocida la anécdota que cuenta Graciela Mochkofsky en su libro "Pecado Original. Clarín, los Kirchner, y la lucha por el Poder") página 142: "El dueño del Banco Mariva, Chicho Pardo, le había preguntado a Magnetto en el 2003 por qué no se presentaba él como candidato a presidente, y que éste le había contestado: ¿Por qué querés que pierda poder?" O lo que cuenta Eduardo Blaustein en "Años de Rabia. El periodismo, los medios y las batallas del kirchnerismo" página 106: "El día en que Rodolfo Terragno viajó a la Rioja para comunicarle a Carlos Menem la renuncia de Alfonsín, encontró al candidato peronista bien acompañado: era Héctor Magnetto." No es de extrañar que la primera privatización de Menem fue la de canal 13 al grupo Clarín.

O el periodista Jorge Fontevecchia, que escribió en el diario Perfil 28-08-2013 que Ruckauf decía: "Antes de tomar ninguna decisión importante yo consulto a Magnetto".

Es el Magnetto que libró una lucha encarnizada y aún la mantiene contra el kirchnerismo y no deja de ensañarse con Cristina Fernández presa, que permanece impasible ante los ataques de Milei quien en su cuenta de Twitter tiene fijada la leyenda "Clarín: la gran estafa argentina"

Un documento de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA nos informa una fuerte reducción del peso de la industria dentro del PBI: su participación pasó de 16,5% en 2023 a 13,7% en el 2025, un nivel que se asemeja al que tenía la Argentina antes de la segunda guerra mundial, hace más de 80 años. Además 22 de los 24 sectores industriales registraron decremento en su valor agregado.

La caída de la actividad, del 8,3% en dos años tiene su correlato en un crecimiento de la capacidad instalada ociosa que ya supera el 40%, lo que se traduce a la vez en un ritmo acelerado de despidos en el sector industrial que, desde noviembre de 2023, afectó a 100 mil puestos de trabajo, 160 empleos menos por día. La industria argentina, comparando 2025 con 2023, tiene una caída es del 7,9% sólo superado a nivel mundial por la Hungría presidida por el ultraderechista Víctor Orbán, amigo de Milei, que cayó 8,2%. La capacidad instalada es usada en un 57,9%, apenas por encima de la pandemia que fue del 55,7%. Frente a esta situación, toda la reacción de la UIA y AEA fue exigir «respeto» y un diálogo constructivo tras las descalificaciones de Javier Milei en el Congreso donde acudiendo al bullying que lo caracteriza denominó "Don Chatarrín de los Tubitos Caros" a Paolo Rocca y "Don Gomita Alumínica" a Madanes Quintanilla.

Esta clase empresarial, lejos de ser una clase dirigente, se reduce a ser una clase dominante que actúa temerosamente, a pesar que la industria argentina llegó a producir 19% del PBI y aportar el 27% de la recaudación fiscal nacional. Además, llegó a generar el 19% del empleo formal del país, aproximadamente 1.200.000 trabajadores y movilizar otros 2.400.000 empleos formales indirectos. Según un diagnóstico de la Unión Industrial Argentina (UIA) el 45,6% de las empresas industriales ya reporta dificultades para afrontar pagos básicos como salarios, proveedores, compromisos financieros o impuestos.

Las reuniones en la UIA empiezan a tornarse tumultuosas entre los empresarios que se ahogan y patalean cuando la situación se vuelve insostenible, contrastando con la posición pasiva de otros que se desplazan hacia rubros rentables reducidos a la minería, el petróleo, y la especulación financiera. Lo cuenta el periodista Pablo Ibáñez en Cenital del 8 de marzo:

' – En cuatro meses vamos y hacemos una reunión en el norte –prometió Martín Rappallini, titular de la UIA.
– No, no vamos a estar…
– Busquemos otra fecha en la que puedan.
– No… no vamos a estar porque ya no vamos a ser socios de la UIA porque vamos a estar todos en quiebra."

No hay peor ciego que el que no quiere ver

Los industriales en función de haber obtenido una ley hipócritamente llamada de modernización laboral que barre con la inmensa mayoría de los derechos laborales, de haber sido homenajeados como héroes, como benefactores sociales, apoyan entusiastamente un plan que los aniquila. Se parecen a los gladiadores del imperio romano que antes del combate se acercaban al emperador y les decían: "Los que van a morir te saludan". Milei no tiene a la industria como preocupación o interés, ni antes de ser Presidente ni ahora como propulsor de su modelo. Y los industriales simulan ignorar que el 2 de septiembre del 2024, en el Día de la Industria, les dijo brutalmente: "Tal – como ya he dicho en otra oportunidad – durante 100 años, la política nos vendió el cuento de que, para tener una economía pujante, el desarrollo industrial debía darse pisoteando los sectores dinámicos y exportadores, en especial al campo….. Lo mismo ocurrió – en la década del 30 – cuando el mercado argentino – naturalmente – desarrolló para abastecer la demanda que no podía abastecer Europa destrozada y descapitalizada, tras el crac del 29, pero – en algún momento – promediando la mitad del siglo pasado, la política decidió que para que el país se desarrollara se tenía que producir todo acá y empezó a arbitrar, con mano férrea, la relación entre los distintos sectores de la economía robándole a uno para darles a otros, la justicia social. La industria quedó subordinada a la sobreprotección, del Estado, en formas de crédito, subsidios, exenciones tributarias, barreras aduaneras y aranceles de todos los colores para competir, en el mercado local. Dijeron que era para industrializar el país, que había que ayudar a los sectores industriales a competir con las manufacturas importadas. Prometieron que, con el tiempo, lograrían competir de forma genuina, de igual a igual, y que así habría más y mejor trabajo. Pero – paradójicamente – se volvieron cada vez más dependientes del Estado, que – a su vez – dependía de las exportaciones agropecuarias para financiar todos esos beneficios. Se generó así, una relación de tutela viciosa, con el Estado, que arrastramos hasta el día dehoy. La consecuencia es que – para proteger a la industria – se le robó al campo, y esa protección lo único que generó es un sector industrial, adicto al Estado. Esta es una de las raíces de las crisis económicas estructurales que padecemos, desde hace tantas décadas.Cien años de insistir con estas ideas terminaron – en primer lugar – arruinando nuestro potencial exportador; castigando al campo con trabas e impuestos y directamente impidiendo el desarrollo, de otros sectores exportadores, en los que deberíamos ser protagonistas globales, como es la industria del cobre. En segundo lugar, perjudicaron a todos los argentinos porque nos obligaron a pagar más caro por productos de peor calidad, aumentando el costo de vida y reduciendo la capacidad de ahorro y – en consecuencia- la capacidad de inversión de todos."

Si aún los industriales alientan alguna expectativa, bastaría que reflexionen sobre lo que dijo Milei antes inversores norteamericanos, enla sede del JP Morgan, en Nueva York: "El principio de revelación dice que aquellos que defienden la industria nacional son unos chorros"

Ante semejante diatriba, la Unión Industrial levantó un poquito los decibeles de su protesta para sostener: " ….expresamos nuestro profundo malestar y preocupación por las declaraciones del presidente Javier Milei en los que calificó a ""aquellos que defienden la industria nacional""- es decir también a los industriales argentinos – con expresiones que creemos injustas e infundadas porque distorsionan el rol que ha tenido y tiene la industria en la historia económica y social del país. A lo largo y ancho de la Argentina existen miles de empresas industriales-grandes, medianas y pequeñas -que todos los días abren sus puertas y hoy están atravesando un momento muy difícil por la caída de las ventas y la actividad. Detrás de cada una de ellas hay empresarios, trabajadores y familias que sostienen el entramado productivo nacional….."

La UIA parece no entender que la tibieza es una condena de muerte. Macedonio Fernández con su humor metafísico, del cual Jorge Luis Borges es tributario, concibió una frase que puede aplicarse al futuro de la industria, sino resiste: "Fue un desastre tan completo, que hasta los sobrevivientes perecieron"

La razón del ataque a empresarios poderosos que lo apoyan

¿Como puede explicarse que un hijo del poder económico, bancado y financiado por los dueños de la Argentina, haya enfrentado, burlado y ridiculizado a dos de los empresarios más poderosos vinculados a sectores vitales como el acero y el aluminio? En principio porque a Milei no le interesa la industrial en general y en particular las estratégicas como son las del aluminio y del acero. En segundo lugar, porque le importa ejercer una función disciplinadora sobre los empresarios en su conjunto. El miedo que circula por las arterias del poder económico ante la posibilidad de ser escrachados públicamente por todos los medios y denostados en las redes por el ejército de troll rentados de la Casa Rosada, lleva a que sólo balbuceen sus temores en off de récord. En tercer lugar, porque ante un plan económico averiado en casi todas sus variables y manifestándose ya insuficiente levantar el fantasma de riesgo kuka, apunta a un grupo de empresarios como justificador del fracaso de un plan demencial. Pero posiblemente este enfrentamiento no se hubiera dado antes de obtener el apoyo amplísimo de Donald Trump. Empleado acostumbrado a la obediencia, seducido a nivel de fans de los poderosos, su admiración incondicional al presidente norteamericano y su enorme poder que supera largamente a los de Rocca y Madanes Quintanilla, lo lleva a considerarse empoderado para burlarse y acusar a dos de los empresarios más poderosos de la Argentina.

Las industrias mueren por la pandemia ideológica

La ideología liberal y luego neoliberal atraviesa a los industriales argentinos y al empresariado en general y entronca con su antiperonismo histórico. Los grandes empresarios carecen de un proyecto de país y son capitalistas, pero no burgueses porque la evasión y la fuga son su programa práctico. Su oposición ideológica al programa y gobierno que los representa, demuestra que su notable capacidad para enriquecerse es inversamente proporcional a su lucidez política. Los tiros en los pies en que incurrió el peronismo en los diferentes períodos en que fue gobierno, obnubilaron la visión empresarial y torpemente no vieron las enormes ventajas y la promoción y defensa realizada de la industria nacional. Es cierto que las alternativas entre dos modelos en pugna y los bruscos cambios que ello implica en la economía argentina, hacen que ser empresario en nuestro país sea una tarea harto complicada. Pero tanto Rocca como Madanes Quintanilla no hubieran podido ser referentes del acero y el aluminio sin el apoyo estatal, sin los subsidios, y en situaciones límites, que el pueblo argentino se hiciera cargo de las deudas privadas de los empresarios más poderosos. En el caso del aluminio, además, fue posible sólo con una enorme inversión estatal. La existencia de un PBI permanente refugiado en guaridas fiscales revela la falsedad de muchos de los argumentos utilizados desde las leyes laborales a la presión impositiva. Lo que caracteriza al sistema impositivo es su carácter profundamente regresivo que el gobierno de Milei acentúa permanentemente.

Más allá de esta descripción del escenario, e incluso con la cobardía de los empresarios más poderosos, la industria argentina debe ser defendida y protegida con un plan de apertura racional realizada planificadamente a través del tiempo. Empresas estatales y mixtas son fundamentales en explotaciones estratégicas.

Hay miles de empresas industriales PYMES, en riesgo de existencia, donde encuentran trabajo muchísimos habitantes. Sin industria y con la demolición del Estado no hay movilidad social ascendente y sobran más de veinte millones de argentinos.

El periodista Alejandro Bercovich en su libro "El país que quieren los dueños", Página 19 escribió: "Los dueños de la Argentina tomaron una decisión histórica: renunciaron a encabezar un proceso de desarrollo autónomo del país donde nacieron, que casi todos siguen habitando y en el que amasaron sus fortunas. Su apuesta política por el anarcocapitalismo de Javier Milei -tímida en campaña, pero desembozada y casi unánime durante su primer año de gestión- es el reflejo de su resignación a que el país termine de desmantelar su entramado industrial, abandone sus ambiciones científico-tecnológicas, contraiga su mercado interno y se limite a proveer energía, minerales y proteína vegetal a las grandes potencias"

La industria argentina es más importante que sus dueños.

La Argentina necesita tener industria. El industricidio es la consecuencia de una pandemia ideológica trasnochada.

El presidente que prometió en tres décadas ser EE. UU o Alemania, nos lleva a un destino peruano o paraguayo. Por eso su referencia histórica es la Argentina de fines del siglo XIX. Por eso el desmantelamiento de las escuelas técnicas, del INTI, del Conicet, del estrangulamiento financiero de las Universidades, del INVAP, de la Comisión de Energía Atómica. La hipócrita ley de modernización laboral quiere volver a la Argentina en materia laboral a "Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República" (1904), elaborado por Juan Bialet Massé para Joaquín V. González, Ministro del Interior del Presidente Julio Argentino Roca. Y para los obreros que resistan en el Gran Buenos Aires, al preperonismo.

Entender la magnitud de lo que está en juego es fundamental. Las décadas futuras se juegan en la capacidad de la resistencia y en el surgimiento de una alternativa que como decía el luchador de los derechos humanos y ex presidente de Checoslovaquia Vaclav Havel: "La política es el arte de despertar esperanza".

Fuente:

https://lateclaenerevista.com/las-industrias-mueren-por-la-pandemia-ideologica-por-hugo-presman/

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