Las vaquitas son ajenas

14.02.2026

Hablar de consumo interno y exportación de carne nunca es neutro. No es una discusión ideológica, es una ecuación productiva concreta, con límites físicos, biológicos y logísticos que, cuando se ignoran, la perjudicada es la mesa argentina.

Por Matías Jauregui - Ingeniero Agrónomo y productor Agropecuario

Hay un dato que el discurso dominante no cuenta: el mercado interno argentino no sólo es socialmente estratégico, también puede ser económicamente competitivo frente a la exportación. Sobre todo, cuando se incorpora una variable sistemáticamente invisibilizada, el costo real de la distancia.

La dieta cambió, pero no por elección. En 2025, el consumo total de carnes alcanzó los 116,4 kg por habitante, el nivel más alto de los últimos cinco años. La diferencia con una década atrás no es cuánto se consume, sino qué se consume. La carne vacuna pasó de representar más del 50% del total del consumo a alrededor del 43%, mientras que pollo y cerdo explican hoy el 57%. Argentina no abandonó las proteínas animales, cambió su matriz cárnica por caída del poder adquisitivo.

En paralelo, el stock bovino cayó por debajo de los 50 millones de cabezas, afectado por sequías, pero también por decisiones políticas que el propio sector agropecuario prefiere no nombrar por antiperonismo militante, echándole la culpa sólo a las políticas de Guillermo Moreno. La eliminación total de retenciones a la exportación de carne de vaca, medida adoptada por el gobierno de Milei, incentiva fuertemente la salida de vacas madres. Con esta medida hoy se está rematando la "fábrica" más antigua del país, las vacas que producen terneros todos los años. El resultado es una liquidación de vientres que compromete el stock futuro.

La ganadería responde a ciclos biológicos de mediano plazo. Ignorar esos tiempos es repetir un error histórico; pan para hoy, hambre para mañana.

Otro punto incómodo es el logístico. Exportar carne desde la Argentina no es neutro. Entre flete interno (10–15%), empaque y frío (5–8%), costos portuarios, seguros y financiamiento (10–15%) y flete marítimo refrigerado (USD 0,50 a 0,80 por kilo), el costo logístico total representa entre 35 y 45% del valor en puerto. Ese margen no vuelve al productor, se lo apropia la logística global.

Por eso, para muchos cortes tradicionales, como asado, vacío, falda, matambre, el mercado interno resulta más rentable que la exportación. La distancia geográfica funciona como una barrera natural de protección del consumo interno, algo que ningún país con política alimentaria seria desconoce.

En 2025/26, el asado se vendió en Argentina entre USD 6 y 8/kg, mientras que cortes equivalentes en Estados Unidos o Europa alcanzaron valores de USD 18 a 30/kg. Esa brecha no mejora el ingreso del productor, quien recibe apenas 55–60% del valor final, porcentaje que no aumenta, y muchas veces empeora en el esquema exportador.

No todos los cortes compiten igual. Los populares tienen mercado natural interno; los exportables sin conflicto son Hilton, kosher, enfriados premium y vaca de descarte para China.

China absorbió cerca del 70% del volumen exportado en 2025. Estados Unidos amplió su cupo a 100.000 toneladas, pero de manera excepcional y con vencimiento en diciembre de 2026. Construir una estrategia ganadera nacional sobre decisiones externas y transitorias es renunciar a la soberanía productiva.

La discusión no es exportar o no exportar, sino para quién produce la Argentina y con qué modelo.

Porque la soberanía no se mide en contenedores que salen del puerto, sino en cuántas mesas siguen teniendo carne en la mesa.

Fuente:

https://lateclaenerevista.com/las-vaquitas-son-ajenas-por-matias-jauregui/