Los cafés de especialidad

20.02.2026

La globalización fue capaz de generar nuevas ilusiones donde cualquiera con una buena idea podía saltar fácilmente a la fama y la fortuna. Javier Milei ha relanzado esa fantasía en su versión «capitalismo verdadero» mientras las clases medias orbitan ideológicamente en torno a esas quimeras de éxito individual masivo, surgidas originariamente en los "felices ´90".


Por Ricardo Aronskind - Economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

Prefiero las ciudades donde la gente tiende a verse personalmente, encontrarse en espacios públicos diversos, que en aquellas en las que están aislados, metidos en sus casas u oficinas, y conectados solamente con empresas y mercados.

Aclaro esto porque quiero referirme a un fenómeno llamativo, que se ha acentuado en los últimos años, al menos en la ciudad de Buenos Aires.

Se trata de la aparición de los "cafés de especialidad" en los barrios de clases medias con alguna capacidad de consumo.

Estos establecimientos son todos bastante parecidos, como otros tantos emprendimientos que han surgido en las últimas décadas, refugio para sectores medios que tienen algún excedente económico y deciden iniciar un negocio con un capital modesto.

En general de pequeñas dimensiones, ofrecen una variedad de sub-variantes del café, con algunos otros productos apetitosos para acompañar. Ofrecen un espacio sencillo y amable, con buenos productos.

Mucha de la carta parece tomada de formatos internacionales, ofreciendo productos como "flat-white" y otros similares, diferentes de las categorías tradicionales porteñas.

No me parecen mal las innovaciones gastronómicas, ni conocer productos de otros países, porque nuestra propia cultura está formada de esos intercambios y adaptaciones de legados de muchas otras regiones.

Por lo tanto, digo: en principio, bienvenidas esas propuestas, y otras que puedan aparecer.

El Problema

Conocimos en nuestros años ´90, emprendimientos diversos de los sectores medios: video clubes, parripollos, canchas de paddle, remiserías… que después, por problemas económicos o cambios tecnológicos y en las prácticas de consumo, dejaron de funcionar.

En los últimos años, con el trasfondo económico de la debacle macrista, la pandemia, la sequía de 2013 y las limitaciones del gobierno del Frente de Todos, aparecieron nuevos emprendimientos de clase media, como los almacenes naturistas, los negocios de venta de productos para mascotas, las cervecerías al paso y los cafés de especialidad.

Dado su carácter de pequeños emprendimientos, es evidente que la decisión de crearlos responde a miles de personas sin conexión entre sí, que buscan formas viables de generar ingresos en un contexto cambiante e incierto.

Las ilusiones

La clase media no tiene por qué saber economía. La que se trata de informar sin una orientación, en general accede a alguna terminal del gran aparato comunicacional neoliberal predominante en nuestro país. Quienes caen en esas redes, son educados en que hay una sola forma de pensar la economía, y que es la que le brindan los "expertos" neoliberales que les ofrecen los canales y redes que miran.

Desde ya que esos sectores medios no van a encontrar allí ningún análisis realista de la situación económica y social, sino que recibirán enfoques ideológicos sesgados, destinados a generarle a la gente común expectativas sobre esquemas económicos que favorecen exclusivamente a las grandes corporaciones.

La sociedad argentina ya ha pasado por varios lanzamientos, con bombos y platillos, del "verdadero capitalismo": lo lanzó Martínez de Hoz, proclamando dejar atrás "al estatismo y al populismo"; lo lanzó Menem, con las privatizaciones, la apertura importadora y la fallida convertibilidad; lo lanzó Macri, con su CEOcracia que sabía en serio de economía". En ningún caso se explicó a la gente por qué razón económica cada uno de esos experimentos se fue al demonio. Pero funcionó echarle la culpa a "los políticos".

Y ahora Milei lanzó, para variar, el "verdadero capitalismo", inventando una ficción sorprendente: su gestión sería la ruptura con "100 años de socialismo" que habría gobernado el país por décadas sin solución de continuidad. En ese mundo delirante, están incluidos los socialistas Aramburu, Onganía, Videla y todos los principales actores de la economía socialista planificada que tuvimos hasta 2023: la Patria Contratista y Financiera, la Mesa de Enlace agropecuaria, AEA, AMCHAM, y las empresas multinacionales.

Este nuevo relanzamiento en Argentina de un capitalismo que no funciona para las inmensas mayorías, genera como siempre expectativas tanto en quienes recién se incorporan a la escena económica nacional, como a quienes prefieren reiterar errores por incapacidad de autocrítica, o por una fidelidad ideológica muy arraigada a prueba de hechos.

La globalización, en su fase inicial en los años ´90, introdujo la ficción del emprendedorismo exitoso, personificado por los Bill Gates y otros fundadores de imperios tecnológicos "en los garajes de sus casas", que sirvió como inspiración para toda una generación a nivel internacional. En realidad, esas megaempresas globales son apenas un puñado.

La globalización fue capaz de generar nuevas ilusiones y fantasías, donde cualquiera con una buena idea podía saltar fácilmente a la fama y la fortuna. Esa fantasía se expandió a nivel mundial, mientras el capitalismo global realmente existente seguía en su inexorable proceso de concentración del capital y construcción de un reino reducido de megacorporaciones que condicionan al resto del mundo.

Las clases medias globales orbitan ideológicamente en torno de esas fantasías de éxito individual masivo, surgidas originariamente en los "felices ´90" de los Estados Unidos.

Allí existió históricamente una de las sociedades de consumo más potentes que se han conocido, con vastos sectores dispuestos a gastar en las "novedades" que aparecían en el mercado, producto de las acciones de los innovadores. Sin embargo, las fantasías de éxito generalizado empezaron a enfriarse con la crisis bursátil del año 2000, y con la gran crisis financiera de 2008, que se extendió por buena parte del planeta.

Hoy esas fantasías son crecientemente irreales en el propio territorio norteamericano, donde el 60% de la población vive al día con sus ingresos, a pesar de trabajar muy duramente.

Esas ficciones de innovación-prosperidad, que están metidas en el inconsciente de muchos argentinos, tienen una diferencia enorme con lo que ocurre en Estados Unidos.

En este largo ciclo económico de políticas neoliberales que estamos viviendo desde la dictadura militar, y que no hemos podido revertir, la economía productiva crece muy poco, los grandes negocios son financieros o con favoritismos oficiales -para sectores muy concentrados y muy vinculados al poder-, y se ha achicado mucho la clase trabajadora bien paga, así como los vastos sectores medios que supimos tener antes de que empezaran los experimentos para instaurar "el verdadero capitalismo".

El mercado interno, en cada experimento neoliberal, se contrajo más: se contrajo el empleo, se perdieron cientos de miles consumidores y de pequeños empresarios que quebraron, y el ingreso se concentró en los estratos de más altos ingresos.

Hoy, con el "verdadero capitalismo" de Milei y sus socios corporativos, sólo están subiendo los ingresos del 25% de la población, mientras que el resto tiene cada vez mayores dificultades para sostener los consumos que antes hacía con cierta normalidad.

¿Y dónde está el cliente?

Lamento los bares vacíos. Los negocios vacíos. Los cafés de especialidad vacíos. O con tan pocos clientes que dejan de ser viables como micro proyectos económicos.

Sería injusto responsabilizar a los "bar tenders" de un proyecto económico y social pensado para favorecer a las grandes empresas locales y extranjeras, y avalado por una gran potencia mundial muy agresiva.

Pero sería bueno que al menos quienes emprendieron esa actividad, así como tantos otros, extrajeran una lección -que deberían compartir con contadores, abogados, odontólogos, médicos y demás profesiones liberales de nuestro país-: su bienestar individual, su progreso personal, su avance económico, depende del bienestar y de los ingresos de la mayoría de la población, de la amplia mayoría de la población, y no de las super ganancias de un puñado de super empresas. No va a ser Bill Gates, ni Marcos Galperin, ni los privilegiados de la elite argentina, quienes se vayan a sentar a tomar un cafecito en los miles de cafés de especialidad existentes.

Si la enorme base social de trabajadores -en los más diversos rubros de la economía- está pésimamente paga, si está precarizada, endeudada, reducida económicamente a la penuria, jamás podrá haber una situación de mejora de los sectores medios, que los tienen como clientes principales, como consumidores.

Aquí vale una aclaración fundamental: todos los que vivimos de un trabajo somos trabajadores, no sólo los que hacen un trabajo físico, usan overol o cobran un sueldo magro. El actual modelo de "verdadero capitalismo" degrada en forma masiva a todos los trabajadores, les recorta ingresos y poder adquisitivo sin distinción alguna.

Es una ficción sin sustento pensar que en un país en el que se está hundiendo económica y socialmente el 75% de la población, los pequeños comercios, los pequeños servicios, que son miles y miles de pequeñas empresas dependientes del mercado interno, podrán tener algún futuro y eventualmente expandirse.

Queremos que a todos les vaya bien, que todos tengan clientes, y que nadie tenga que despedir a nadie porque "no pasa nada".

Pero para que eso ocurra no son 30 grandes empresas las que tienen que seguir acumulando ingresos en forma espectacular. Se tiene que revertir, en serio, el proceso de concentración de la riqueza en la cúpula más rica de la sociedad, que, además, en el caso particular argentino, envía al exterior buena parte de esos recursos.

Los cafés de especialidad sólo tendrán viabilidad económica en una sociedad en donde la mayoría de la gente común tenga unos pesos para gastar, tiempo para sentarse a conversar, y una vida cotidiana que no esté marcada por la angustia y la privación.

Fuente:

https://lateclaenerevista.com/los-cafes-de-especialidad-por-ricardo-aronskind/