Caputo refuerza su plan para llegar a octubre con el dólar controlado: qué riesgos advierte la City

27.08.2025

El dólar comienza a recalentarse, pese a las tasas récord, en un contexto marcado por el ruido político y la turbulencia financiera. Qué alerta la City 

La economía argentina atraviesa momentos de extrema tensión en un escenario marcado por la inminencia de las elecciones generales. Con apenas dos meses por delante, la política monetaria ocupa el centro de la escena, mientras la incertidumbre política agrega combustible a la volatilidad. Según analistas relevados por iProfesional, el Gobierno prioriza la desinflación y el control del dólar, incluso al costo de sostener tasas de interés en niveles récord y de una actividad que ya empieza a retroceder.

El Banco Central consolidó un esquema de liquidez altamente discrecional, basado en encajes, pases y simultáneas. A esto se suma un manejo errático de tasas que en operaciones de un día llegaron a superar el 140%, un nivel que revela la fragilidad del sistema financiero. La falta de criterios claros en las intervenciones oficiales profundiza la volatilidad y transmite la sensación de que el único objetivo es resistir hasta octubre con el dólar planchado.

Ese plan no es gratis. La economía ya refleja señales concretas de retroceso: en junio se registró una caída mensual de 0,7% y el nivel de actividad quedó por debajo de diciembre de 2024. A esto se suma un derrumbe de casi 14% en la confianza del consumidor en agosto, reflejo del impacto de tasas crediticias que superan el 90% y de una iliquidez que golpea tanto a empresas como a hogares.

Para los especialistas, el oficialismo apuesta a que los votantes valoren más la baja de la inflación que la dinámica de la actividad. Sin embargo, el riesgo es que la presión de los mercados escale en la previa electoral y las tasas deban subir aún más, intensificando el freno económico. Tras los comicios, el camino podría abrirse hacia un reacomodamiento cambiario, una acumulación de reservas y una baja del riesgo país, pero hasta entonces la tensión seguirá siendo la norma.

Un Congreso adverso y un Gobierno debilitado

En paralelo, el frente político agrega más incertidumbre al escenario económico. El oficialismo logró evitar un golpe mayor en el Congreso al sostener el veto al aumento de las jubilaciones, una medida que habría tenido un costo fiscal superior al 1% del PBI y comprometido la meta de déficit cero. Pero el alivio duró poco: la oposición avanzó con otras iniciativas de alto impacto fiscal.

Entre ellas se destaca la aprobación de la ley de emergencia en discapacidad, que implica un gasto adicional de 0,3% del PBI. A su vez, los gobernadores se aseguraron el reparto automático de un 1% de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), y cinco decretos de desregulación impulsados por el Ejecutivo quedaron sin efecto. Cada uno de estos reveses debilitó aún más la agenda oficial.

A esta dinámica legislativa adversa se sumó un escándalo de corrupción que salpicó a funcionarios cercanos a la Secretaría General de la Presidencia. Según el análisis de la consultora económica Econviews, el saldo es un Gobierno cada vez más aislado políticamente, con una oposición decidida a erosionar el equilibrio fiscal y con un deterioro de la credibilidad que condiciona la gestión.

En este marco, la política y la economía se retroalimentan en un círculo de tensiones crecientes. Mientras la oposición erosiona el margen fiscal y las encuestas reflejan el descontento social, el Ejecutivo se aferra a la estrategia de sostener la estabilidad nominal como carta principal para atravesar las elecciones.

Inflación baja a cualquier costo

Desde el plano económico, el diagnóstico es contundente: la prioridad sigue siendo desinflar la economía, sin importar los costos colaterales. Tal como señala Econviews, el ministro Caputo ratificó la continuidad de una política monetaria extremadamente restrictiva hasta las elecciones, lo que significa sostener tasas de interés elevadísimas y un dólar controlado.

La lógica de esta estrategia se apoya en la lectura de que el electorado valora más una inflación en descenso y un tipo de cambio estable que una economía pujante. De hecho, las encuestas parecen convalidar ese razonamiento. Pero el margen de maniobra se achica y los efectos colaterales ya son palpables: empresas con costos financieros impagables y hogares golpeados por la falta de crédito.

Las tasas de adelantos en cuenta corriente superan el 90% y afectan de lleno a la actividad, en un contexto donde muchas compañías operaban con flujos ajustados tras la recesión del año pasado. La contracción crediticia se suma a un clima de desconfianza reflejado en la caída de casi 14% en el índice de confianza del consumidor en agosto.

Los analistas coinciden en que un esquema tan restrictivo es difícil de sostener en el tiempo. Sin embargo, la decisión oficial es clara: llegar a las elecciones con estabilidad nominal, aunque eso implique convivir con recesión y un mercado financiero al borde del colapso.

Actividad en retroceso y metas cada vez más lejanas

Los datos de actividad confirman que la economía no sólo se desacelera, sino que retrocede. En junio, la caída mensual de 0,7% dejó al nivel de actividad 0,6% por debajo de diciembre de 2024. En este contexto, las proyecciones oficiales y del FMI de un crecimiento del PBI del 5,5% para 2025 lucen cada vez menos realistas.

Según el cálculo de Econviews, el avance final rondaría el 4%, explicado casi en su totalidad por el rebote técnico de la segunda mitad del año pasado. Pero más allá de las estadísticas, la señal es clara: la contracción monetaria ya impacta en la economía real y pone en duda la sostenibilidad del esquema actual.

Algunos economistas sugieren que una combinación distinta de tipo de cambio y tasas podría aliviar la presión. Sin embargo, esa alternativa no forma parte del menú oficial antes de las elecciones. El Gobierno, insisten, seguirá priorizando la estabilidad nominal por encima de la actividad.

El problema es que esta estrategia deja como herencia una economía más frágil, con menor dinamismo y con un clima de desconfianza que se profundiza a medida que se acerca octubre.

Resistir hasta las elecciones

La hoja de ruta es clara: resistir hasta octubre. El Gobierno busca llegar a las urnas con inflación en baja y un dólar contenido, confiando en que esa combinación funcione como ancla electoral. Luego de los comicios, la expectativa es abrir la puerta a una corrección cambiaria, acumular reservas y reducir el riesgo país para habilitar inversiones.

El riesgo, sin embargo, es que los mercados se adelanten a ese escenario y tensionen aún más la previa. Una expectativa de cambio de rumbo tras las elecciones podría llevar las tasas a niveles incluso más extremos, aumentando la presión financiera sobre el sistema.

Con fragilidad política, aislamiento legislativo y recesión económica, la apuesta de resistir se convierte en un desafío de alta tensión. Cada día hasta octubre es una pulseada entre estabilidad nominal y desgaste económico, donde el margen de error se reduce al mínimo.

En este contexto, tanto los mercados como los votantes permanecen atentos a los próximos movimientos, sabiendo que cada decisión puede alterar la dinámica de un tablero extremadamente sensible.

La nueva ancla monetaria

La política monetaria también muestra un giro estratégico. Desde abril, el Banco Central pasó a guiarse por el M2 privado transaccional con metas trimestrales de liquidez. Sin embargo, el análisis de la consultora 1816 señala que en la práctica el verdadero objetivo es mantener estable la Base Monetaria Amplia, integrada por la base monetaria y los depósitos del Gobierno en el BCRA.

Esa definición implica que la economía solo se remonetiza cuando el financiamiento neto de las licitaciones del Tesoro resulta negativo, lo que se interpreta como mayor demanda de dinero o crédito. Ese punto, denominado "Punto Anker" por la consultora, se convirtió en el nuevo eje de la estrategia monetaria.

Cuando no queda claro el motivo de un financiamiento neto negativo, el Central responde restringiendo liquidez, ya sea con absorción de pesos mediante pases y simultáneas o con subas de encajes. Así lo hizo en julio, cuando el dólar se acercó al techo de la banda cambiaria y decidió endurecer la liquidez para contener la presión.

Este esquema muestra un control discrecional difícil de sostener en el tiempo. Incluso el propio ministro admite que después de las elecciones el panorama será distinto.

Fuente:

https://www.iprofesional.com/finanzas/435967-el-plan-secreto-de-caputo-para-llegar-a-las-elecciones-que-riesgos-alertan-para-el-dolar