Sin crisis externa ni devaluación, la recesión expone las fragilidades del programa económico

Por EUGENIA RODRÍGUEZ
Sin una crisis internacional ni una devaluación que funcionen como detonantes, la economía argentina vuelve a encaminarse hacia una recesión. Al respecto, la caída de la actividad expone los límites del programa de Javier Milei: ingresos golpeados, inversión deprimida y el recorte del gasto público configuran un escenario en el que ni el consumo ni la producción encuentran un motor para salir del estancamiento.
El problema, a su vez, es que el freno ya no se limita a los sectores más rezagados. Las actividades que habían sostenido el crecimiento, como el agro, la minería y la intermediación financiera, también comenzaron a perder dinamismo, mientras la contracción se extiende a buena parte del entramado productivo.
Así, el crecimiento desigual de los primeros meses de gestión amenaza con convertirse en un estancamiento generalizado, con cada vez menos sectores capaces de traccionar al conjunto de la economía. Mientras tanto, el Gobierno sigue sin poder explicar de dónde puede salir cualquier posible recuperación.
¿Por qué la economía de Javier Milei entra en su segunda recesión técnica?
El nivel de actividad se encamina a una nueva recesión y la crisis profundiza las diferencias entre sectores. La economía no rebotó en agosto (EMAE-INDEC: +0,1%, serie desestacionalizada) y se ubicó 3,8% por debajo del cierre de 2025. De esa forma, la caída de la actividad en lo que va de 2026 se transformó en la tercera más alta desde 1993 (excluyendo la pandemia). Solo quedó detrás de 2001 y 1995, pero es peor que lo sucedido en el 2000, el 2002 y el 2018.
Por su lado, la consultora Equilibra anticipó que, en septiembre, la serie desestacionalizada habría subido solo 0,5%, quedando todavía 2,2% por debajo de junio y 3,9% del máximo histórico de marzo. De confirmarse ese dato mensual (la cifra oficial se conocerá el próximo 24 de noviembre), la actividad del tercer trimestre del año caería más de 2% frente al trimestre previo y la economía argentina acumularía dos trimestres consecutivos de contracción, es decir, entraría en recesión técnica. En este esquema, la consultora redujo su proyección de crecimiento para 2026 a 1,0%.
Ahora bien, esta contracción de la economía ocurre sin una crisis internacional ni una devaluación que funcionen como detonantes inmediatos. La explicación, entonces, hay que buscarla en la propia dinámica del programa económico: ingresos laborales deteriorados, crédito caro, inversión débil, gasto público en mínimos y un tipo de cambio que resta competitividad a la producción local.
Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP UBA-CONICET) analizó las crisis recesivas de nuestro país en perspectiva histórica. Según se destacó, la actual crisis sería la undécima recesión desde 1993. Al analizar los motivos detrás de las diez recesiones previas, precisaron dos elementos como causas más comunes. Tres de ellas ocurrieron luego de una importante devaluación (2013-14, 2015-16 y 2018) y otras tres son atribuibles a eventos internacionales (1995, 1998-2000 y 2008-09). Por último, la crisis de 2019-20 combinó ambos factores: la caída de la actividad originada en un salto del dólar se vio agravada luego por la pandemia.

Ni shock externo ni devaluación: las coincidencias de esta crisis con el colapso de 2001
En los tres eventos restantes, la actividad se contrajo sin que haya una devaluación ni un shock externo, lo que, consideran los especialistas, son referencia para entender el momento que atraviesa actualmente el modelo económico de Milei. Estas recesiones ocurrieron en 2001-02, en 2011-12 y entre 2022-24. Un punto en común es que tuvieron un derrumbe de la inversión, sobre todo, reduciendo la demanda de maquinaria y equipo. Por otra parte, comenzaron con tipos de cambio reales muy bajos, lo que disminuyó la competitividad, desincentivando la producción transable (la industria cayó 22% en la recesión 2001-02 y 18% en la de 2022-24). A su vez, la apreciación redujo la demanda de no transables, afectando gravemente a la construcción.
Un tercer factor común en las tres crisis es que el consumo privado se redujo. En particular, la de 2001-02 mostró un derrumbe de 17% en esta variable, debido al deterioro de los ingresos laborales que no se suavizó mediante el crédito, por las altas tasas de interés. Por último, en dos de estas recesiones (2001-02 y 2022-24) puede identificarse un recorte del gasto público que ralentizó la reactivación.

¿Cuáles son las cuatro causas de la recesión según el IIEP UBA-CONICET?
De acuerdo con el informe de UBA-CONICET, esos cuatro elementos en las recesiones pasadas se replican en el momento actual. En primer lugar, el esquema cambiario genera un Tipo de Cambio Real (TCR) deliberadamente bajo, lo que afecta la competitividad de las actividades transables (producen bienes o servicios que pueden intercambiarse a nivel internacional) y encarece las no transables.
Otro punto tiene que ver con que los ingresos laborales se encuentran muy golpeados. A diferencia del 2001-02, no se tradujo aún en una elevada tasa de desempleo, sino en una creciente informalidad, con salarios reales muy por debajo de los formales. Y todo esto quita dinamismo al consumo privado.

En tercer lugar, destacaron que la volatilidad de tasas interbancarias y la alta morosidad hacen que los préstamos sean caros, impidiendo una reactivación por la vía del crédito. Por último, tanto el consumo como la inversión pública son muy bajos, impidiendo que el Estado lidere la reactivación. En definitiva, "ni las familias, ni las empresas, ni el gobierno son candidatos naturales para resolver la recesión", alertaron los especialistas. Y consideraron que esto genera una "demanda anémica, compatible con una producción estancada".
¿Por qué el agro, la minería y los bancos ya no alcanzan para frenar el estancamiento?
El crecimiento concentrado en el agro, la minería y las actividades financieras no alcanza para sostener al conjunto de la economía. De hecho, incluso ese grupo empieza a perder dinamismo.
Las actividades que lideraron el crecimiento aumentaron 24,1% entre noviembre de 2023 y el primer trimestre de 2026, pero desde entonces retrocedieron 2,6%. El resto de la economía apenas creció 1,1% desde el inicio del Gobierno hasta el primer trimestre de 2026 y cayó 2,9% en los últimos cuatro meses. "Tras una etapa de crecimiento heterogéneo, el estancamiento es parejo", señalaron los economistas.
Si se mira la situación de la actividad por provincia, sólo siete de ellas se encuentran mejor que en junio de 2022 (pico del EMAE previo a la crisis). Este valor se redujo con la caída reciente, ya que había alcanzado a 20 provincias en marzo.

Recesión técnica y proyecciones a la baja hacia el cierre de 2026
Por último, destacaron que, dado que la caída trimestral actual se encadenaría con la disminución de la actividad en el segundo cuarto del año, "la economía habría entrado en recesión técnica, poniendo fin a la recuperación previa". Y, a su vez, las proyecciones diagnosticaron "un desempeño peor al observado tras otros planes de estabilización, y en constante revisión a la baja".
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