Un grito por la supervivencia

La crisis empuja reclamos en distintos puntos del país. El modelo económico golpea a las economías regionales y a la industria.
La crisis de la producción nacional muestra imágenes similares que se repiten a kilómetros de distancia. En Formosa, pequeños productores regalaron 3.000 kilos de bananas para denunciar que ya no pueden sostener sus explotaciones. En la Ciudad de Buenos Aires, fabricantes de calzado realizaron una protesta similar, con la entrega de 1.000 pares de zapatos en Plaza de Mayo. Aunque pertenecen a actividades diferentes, ambos sectores comparten un escenario de deterioro económico, caída de la rentabilidad y dificultades para mantener los puestos de trabajo. La crisis golpea tanto a las economías regionales como a las industrias del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y de todo el país.
Agricultores bananeros se apostaron en la intersección de la Ruta Nacional 86 y la avenida San Martín, en Laguna Naineck, una de las principales localidades productoras de esta fruta en Formosa, donde distribuyeron gratuitamente su cosecha entre quienes circulaban por la zona. La decisión buscó exponer una situación que amenaza directamente la continuidad de la actividad.
El dirigente de la Federación Agraria Argentina (FAA) en Formosa, Pánfilo Ayala, explicó que los ingresos obtenidos por la comercialización resultan insuficientes para afrontar los gastos. De acuerdo con su denuncia, el precio que reciben los representa menos del 25 por ciento de lo que necesitan para cubrir costos. La diferencia implica que cada nueva cosecha profundiza las pérdidas económicas. En esas condiciones, continuar trabajando se convierte en una fuente permanente de descapitalización.
Ayala advirtió además que las dificultades económicas tienen consecuencias sociales: se ve comprometida la permanencia de las familias en sus lugares de origen y amenaza la continuidad de pequeñas localidades cuya actividad depende de la producción agrícola.
La situación de Formosa encuentra un paralelo en la industria del calzado, donde fabricantes y trabajadores denuncian que el retroceso de las ventas y el ingreso de productos importados están poniendo en riesgo la supervivencia de numerosas empresas. Para visibilizar el problema, la agrupación Zapateros Unidos entregó 1.000 pares de zapatos en la Plaza de Mayo, este martes por la tarde.
La iniciativa tuvo un componente solidario, pero su principal objetivo fue reclamar medidas para preservar la producción nacional. Parte del calzado fue destinado a jubilados que participan habitualmente en las manifestaciones frente al Congreso.
El deterioro de la actividad ya se traduce en cierres de establecimientos. Según las entidades representativas del sector, más de 200 fábricas dejaron de funcionar en un contexto caracterizado por la retracción del consumo, el crecimiento de las importaciones y las denuncias de competencia desleal vinculadas al contrabando.
Leonardo Hammoud, propietario de la firma Nazaria, describió la actualidad como uno de los momentos más difíciles que atravesó la fabricación nacional de calzado. La preocupación de los empresarios no se limita a una reducción transitoria de las ventas, sino que alcanza a la posibilidad de que desaparezca una parte significativa de la estructura productiva.
La Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA) y las cámaras empresariales decidieron actuar conjuntamente ante el agravamiento de la situación.
En un comunicado reclamaron reglas comerciales que permitan sostener la fabricación local y cuestionaron la falta de intervención de la Secretaría de Industria y Comercio. Al mismo tiempo, solicitaron la participación del Congreso y del Ministerio de Economía en la elaboración de medidas destinadas a evitar nuevos cierres.
Los reclamos muestran que la crisis productiva excede las particularidades de cada actividad. En Formosa, los agricultores denuncian que los precios recibidos no alcanzan para financiar una nueva cosecha. En Buenos Aires, las fábricas enfrentan una demanda debilitada y mayores dificultades para competir con los productos provenientes del exterior.
En ambos casos, regalar la producción aparece como una medida extrema para conseguir visibilidad. Detrás de las bananas distribuidas sobre una ruta y los zapatos en Plaza de Mayo se encuentra un mismo problema: la pérdida de capacidad para sostener el trabajo nacional.
Mientras las pequeñas explotaciones agrícolas advierten sobre el desarraigo de las familias rurales, los fabricantes industriales alertan sobre la destrucción de establecimientos y empleos. Dos expresiones territoriales de una crisis que amenaza con dejar menos productores en el interior y menos fábricas en los grandes centros urbanos.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/10/27/un-grito-por-la-supervivencia/
