Washington manda señales de que no habrá nuevos paquetes de rescate para Argentina

Gita Gopinath, ex número 2 del FMI, recomendó no esperar más préstamos oficiales. Se sumó a lo que había dicho Kristalina Georgieva. Presión al gobierno para que se financie con bonos.
Por Marcelo Di Bari
El frente externo sigue siendo uno de los obstáculos que el gobierno encuentra en su camino hacia 2027, lanzado como está hacia su objetivo de ser reelecto. A pesar de los anuncios optimistas del equipo económico y de la política de acumulación de reservas que el Banco Central decidió implementar este año (después de haber dejado pasar 25 meses por pruritos ideológicos), las luces amarillas todavía siguen prendidas.
La montaña de compromisos en dólares a cumplir hasta fines del año que viene fue calculada por la Secretaría de Finanzas en U$S 44.100 millones. Desde que se presentó el programa financiero con las fuentes de recursos para alcanzar ese monto, en julio pasado, hubo pagos a bonistas y al Fondo Monetario Internacional que redujeron el total a unos U$S 39.000 millones.
El ajustado cálculo que elaboraron las autoridades para enfrentar ese cronograma incluye, entre otros conceptos, compras de dólares del Banco Central, privatizaciones, préstamos de bancos internacionales, desembolsos del FMI y de organismos internacionales. Con estas herramientas, presentadas en julio pasado, en el gobierno aseguran que podrán cumplir todos los compromisos hasta fines del año que viene.
Sin embargo, el propio FMI está dando señales a la administración libertaria de que no confíe demasiado en el apoyo internacional y que se arregle por sus propios medios. La advertencia, que ya había sido formulada por su directora, Kristalina Georgieva, ahora fue reiterada por quien hasta hace poco fue la número 2 del organismo, Gita Gopinath.
«No planeen acumular reservas con más préstamos oficiales de organismos multilaterales, sino haciéndolo ustedes mismos. Eso es crítico», dijo Gopinath en una entrevista con La Nación. Si bien el año pasado dejó la subdirección del Fondo para retomar sus clases en Harvard, las opiniones de Gopinath siguen siendo fieles al punto de vista de la entidad donde trabajó por seis años.
El mensaje, además, sirvió para descartar cualquier nuevo pedido de auxilio del gobierno, que ya acudió a Washington para salir de la encrucijada a comienzos de 2025, cuando se dio cuenta de que su programa económico iba rumbo al naufragio.
Las palabras de Gopinath adquirieron el mismo tono que las de Georgieva hace pocas semanas, cuando vino al país. La búlgara estuvo en Buenos Aires y luego viajó a Vaca Muerta, en una inequívoca señal de que el gobierno deberá aprovechar las divisas que genera ese yacimiento para pagar sus deudas.
Sigan comprando
"No vemos la necesidad de que la Argentina tenga que volver a solicitar un financiamiento adicional del Fondo», dijo Georgieva en esa ocasión. Y se refirió a las divisas que sumó el Banco Central en los últimos meses: «Sigan comprando», insistió.
En ese proceso, el BCRA ya sumó alrededor de U$S 14.000 millones que adquirió en el mercado oficial desde enero último. Pero el ritmo al que lo hace depende también de la oferta de los exportadores. Desde que terminó la liquidación de la cosecha gruesa, las cantidades mermaron drásticamente. En agosto la entidad sumó U$S 768 millones, un tercio de lo que había adquirido el mes anterior.
A la menor oferta se sumó otro hecho: el dólar llegó a los $ 1500 y el gobierno quiere que se mantenga en esa línea, para evitar cualquier impacto en los precios domésticos. Por eso prefiere que el Banco Central (que se mueve de manera mucho menos autónoma de la que proclaman los manuales republicanos) evite compras fuertes que muevan la cotización.
Gopinath no solo recomendó continuar con la compra de divisas, aun a riesgo de que el dólar aumente su precio, sino que fue más allá: sugirió emitir bonos de largo plazo en el mercado internacional. «Creo que hay alrededor de U$S 25.000 millones para refinanciar en 2027. Es una suma considerable, y poder postergarlo, extendiendo el vencimiento, lo vería como una prioridad», dijo.
El programa oficial
La alternativa no seduce al gobierno porque la coyuntura actual, decididamente, no lo favorece. La tasa de los bonos estadounidenses, que en la práctica establecen un piso para el resto, oscila entre 4,8 y 5,2% anual. Y al riesgo país, más allá de alguna baja circunstancial, le cuesta bajar de los 500 puntos. Con esos parámetros, una nueva serie de bonos argentinos tendría que ofrecer una tasa del 10% anual para ser aceptada por los inversores globales.
Por eso el secretario de Finanzas, Federico Furiase, dijo en su momento que «el programa financiero 2026 y 2027 ya está cerrado con estrategias que permiten un costo financiero más bajo del que implicaría salir a la banca internacional en este contexto". Ese programa incluye desembolsos del FMI ya pactados por U$S 2600 millones y otros aportes de organismos internacionales por alrededor de U$S 7000 millones.
La reticencia de los organismos oficiales a seguir prestando también se vincula a la autopreservación. El Fondo reconoce en sus estadísticas que tiene enterrado el 45% de su cartera de préstamos en Argentina y quiere evitarse nuevos dolores de cabeza. «

