En 2019, dos hermanas en Bolivia hicieron flotar plantas acuáticas con botellas desechadas en un lago: acabaron con el agua contaminada

Dayana y Tatiana Blanco fueron las responsables del equipo Uru Uru, encargado de experimentar con estas especies
La presencia de los seres humanos ha supuesto un cambio radical en los hábitats de algunas especies. La contaminación y la explotación están a la orden del día, así que los más damnificados son la fauna y la vegetación. El lago Uru Uru, de Bolivia, se convirtió en imprescindible para los indígenas que vivían cerca de esta zona. Pesca, riego, ganadería… Todo estaba bajo la influencia del agua de este lago.
La explotación llevada a cabo de forma consecutiva durante años, sumada a la contaminación minera, desechos de plástico y basura, provocó que el lago Uru Uru dejara de ser fuente de vida para los habitantes de la región. Dos hermanas en Bolivia, Dayana y Tatiana Blanco, conformaron el equipo Uru Uru para poner solución a este contratiempo.
La idea que salvó al lago Uru Uru de la contaminación
Para encontrar respuestas se ayudaron de la ciencia y de las propias especies que habitaban en el lago. Para ello, también sirvió de inspiración la historia, ya que se ayudaron de una planta acuática que su pueblo había usado durante generaciones. La totora tiene la capacidad de sobrevivir a ambientes muy húmedos y se usa para tratar aguas residuales, ya que puede absorber estos minerales.
Construyeron una estructura de palos y unas balsas flotantes con botellas desechadas, colocaron 600 plantas de totora en el lago Uru Uru y dejaron que la ciencia hiciera el resto. Las rejillas de los palos ayudaban al crecimiento de la plata, que poco a poco fue dando una segunda vida al lago. La principal duda era si la totora sería capaz de sobrevivir con los niveles de contaminación tan altos… Y lo hizo.
Eso sí, no hubiera sido posible sin la ayuda de toda la comunidad. Los ancianos de la zona aportaron su sabiduría y nuevas ideas para preservar las totoras. Otros levantaron cercas para proteger las plantas del ganado. Por último, se confeccionaron grupos encargados de proteger las balsas flotantes frente a las personas que intentaban instalarse alrededor del cuerpo de agua. Finalmente, la contaminación del lago Uru Uru se redujo en un 30%.
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