El calor mató a más de 50.000 personas en Europa en 2026

El calor extremo causó más de 50.000 muertes en Europa en 2026, dos tercios por el cambio climático
El calor extremo causó más de 50.000 muertes en Europa en 2026, dos tercios por el cambio climático
Dos estudios del Imperial College London y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres estiman que el último verano fue el de mayor mortalidad por calor desde el año 2000 en las ciudades europeas.
El calor extremo del último verano europeo provocó más de 50.000 muertes en las ciudades del continente. Unas dos terceras partes no habrían ocurrido sin el cambio climático causado por la actividad humana. Así lo estiman dos estudios del Imperial College London y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, publicados en la revista Nature Health. Según esos trabajos, la temporada de junio a agosto de 2026 fue la de mayor mortalidad por calor desde el año 2000.
La cifra estimada, 50.391 muertes, casi duplica las de los veranos de 2022 (unas 29.500) y de 2003 (unas 28.500), dos temporadas que quedaron en la memoria europea por sus olas de calor. Según los investigadores, cerca de 32.000 de esas muertes, el 65%, son atribuibles al calentamiento global de origen humano.
Cómo se hizo el cálculo
El análisis abarcó 854 áreas urbanas de 30 países: los 27 de la Unión Europea, el Reino Unido, Noruega y Suiza. En esas ciudades vive alrededor del 40% de la población de esos países. Los científicos compararon las temperaturas diarias del verano con las de un clima hipotético sin calentamiento humano. Luego combinaron ambos escenarios con relaciones ya conocidas entre temperatura y mortalidad. La diferencia entre los dos resultados representa las muertes atribuibles al cambio climático.
Son estimaciones basadas en modelos, no un recuento de certificados de defunción, donde el calor rara vez figura como causa. Los autores señalan que en el pasado sus cálculos coincidieron con las cifras que después difundieron las autoridades sanitarias nacionales.
"La relación entre temperaturas más altas y más muertes por calor está bien establecida", afirmó Garyfallos Konstantinoudis, profesor del Instituto Grantham del Imperial College London.
Dos semanas críticas
Casi un tercio de las muertes se concentró entre el 17 de junio y el 1 de julio. En esos días, las temperaturas medias diarias superaron en más de 5 grados el promedio de 1991-2020. Europa occidental registró la mayor anomalía de la temporada, unos 2,9 grados por encima de lo normal, con días que superaron en 12 grados los valores habituales. Según el servicio europeo Copernicus, la región tuvo el verano más cálido de su historia, con una temperatura media de 21,7 grados.
Muertes estimadas en las ciudades de los países más afectados:
- Italia: más de 13.000.
- Francia: unas 7.000.
- España: 6.824, en 90 grandes poblaciones.
- Reino Unido: unas 4.500.
Las personas de 85 años o más fueron cerca de la mitad de las víctimas. Aun así, el estudio calcula unas 6.000 muertes de personas menores de 65 años.
Una tendencia que se acelera
El segundo estudio reconstruye la serie desde el año 2000 y estima más de 430.000 muertes por calor en esas mismas ciudades hasta 2025. La proporción atribuible al cambio climático creció de forma sostenida: rondaba el 40% a comienzos de siglo y superó las dos terceras partes en 2025.
Para la autora principal, Clair Barnes, investigadora del Imperial College London, los resultados son un duro recordatorio: los veranos más cálidos y extremos tienen un impacto creciente en la salud pública. Barnes advirtió además que los modelos climáticos tienden a subestimar el ritmo de calentamiento en Europa.
"Nuestras ciudades están mal adaptadas al aumento del calor", sostuvo Pierre Masselot, epidemiólogo de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.
Un asesino silencioso
Los especialistas describen al calor como un "asesino silencioso". La verdadera dimensión de la mortalidad no se mide de forma directa, y los registros dispares entre países dificultan las comparaciones. En el Reino Unido, legisladores pidieron proteger a los más expuestos: las personas mayores, los enfermos y los sectores de menores ingresos.
Los investigadores coinciden en que la respuesta tiene dos caminos. Por un lado, reducir rápido las emisiones de gases de efecto invernadero y abandonar de a poco los combustibles fósiles para limitar el calentamiento. Por otro, adaptar las ciudades y los sistemas de salud a temperaturas cada vez más altas.
La advertencia va más allá de Europa. Con el verano austral por delante y un fenómeno de El Niño de fuerte intensidad en curso, los datos europeos muestran que el calor extremo ya no es solo un problema climático: es una emergencia sanitaria que exige preparación.
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