La NASA detecta olas gigantes de agua cálida llegando a Sudamérica que indican la llegada de El Niño

Cuando el agua del océano se calienta más de lo normal, se desencadena una reacción en cadena que altera la atmósfera global
Por Sandra Chuvieco
Recientemente, la NASA, a través de sus sistemas de monitoreo satelital, ha detectado un desplazamiento masivo de agua cálida que se dirige hacia las costas de Sudamérica. Este movimiento no es un evento aislado, sino un indicador crítico de que el fenómeno de El Niño podría estar desarrollándose con fuerza este año.
La detección temprana de estos cambios térmicos es fundamental para que los gobiernos y las comunidades se preparen ante los cambios climáticos extremos. Cuando el agua del océano se calienta más de lo normal, se desencadena una reacción en cadena que altera la atmósfera global, transformando patrones de lluvia y temperatura en continentes enteros.
Además, conviene recordar que El Niño es uno de los patrones climáticos más poderosos e influyentes de la Tierra. Su llegada no es un acontecimiento local: afecta a los sistemas meteorológicos de prácticamente todo el globo, provocando sequías devastadoras en unas regiones, lluvias torrenciales en otras y alteraciones en las temperaturas que repercuten directamente en la agricultura, la economía y la salud pública a escala mundial.
Qué son exactamente las ondas Kelvin que ha detectado la NASA
Las ondas Kelvin oceánicas no son olas en el sentido convencional que cualquier persona asociaría con el mar. No rompen en la orilla ni son visibles a simple vista, sino que en realidad, son gigantescas perturbaciones de calor que se desplazan bajo la superficie del océano, a lo largo del ecuador, empujadas por cambios en los patrones del viento. La clave reside en su escala: pueden extenderse por cientos de kilómetros de anchura y transportar enormes volúmenes de agua más cálida de lo habitual hacia el este del Pacífico.
La NASA las ha detectado gracias al satélite Sentinel-6 Michael Freilich, una misión conjunta con la Agencia Espacial Europea (ESA) que mide con extraordinaria precisión la altura de la superficie del mar. Esto último significa que cuando el agua cálida se acumula en una región, el nivel del mar sube ligeramente en ese punto, y esa elevación es la que el satélite registra desde el espacio. Es, en esencia, un termómetro oceánico visto desde la órbita terrestre.
Los datos recopilados recientemente son reveladores. Según los informes del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, se observó una onda de Kelvin formándose en marzo que se desplazó la costa sudamericana. Para mediados de mayo, los niveles del mar cerca de Perú se situaban más de 15 centímetros por encima del promedio histórico.
Este calentamiento del océano Pacífico no es uniforme ni ocurre de la noche a la mañana. Se requiere la acumulación de varias de estas olas de Kelvin durante meses para que el fenómeno se consolide. En el caso actual, aunque el inicio fue más tardío que en los eventos históricos de 1997 o 2015, la intensidad con la que el agua cálida está llegando a las costas de Colombia, Ecuador y Perú sugiere un evento significativo. Por todo esto, entre las señales que los científicos vigilan con mayor atención, es posible enumerar las siguientes:
- El aumento de la temperatura superficial del mar en la zona central y oriental del Pacífico ecuatorial.
- La debilitación de los vientos alisios, que normalmente empujan el agua cálida hacia el oeste.
- La elevación del nivel del mar en la costa occidental de Sudamérica como consecuencia de la llegada de esas masas de agua caliente.
- Los cambios en los patrones de lluvia sobre el Pacífico tropical.
Cuando todas estas señales confluyen, los meteorólogos pueden declarar formalmente el inicio de un episodio de El Niño. La importancia radica en que cuanto antes se detecte, más tiempo tienen los gobiernos, los agricultores y los gestores de emergencias para prepararse.
Consecuencias y efectos de El Niño en el mundo
El Niño no afecta a todos los lugares de la misma manera ni con la misma intensidad. Sus efectos dependen de la magnitud del episodio y de las características de cada región. Sin embargo, la comunidad científica ha documentado con suficiente rigor los patrones más habituales asociados a este fenómeno:
- En Sudamérica, especialmente en Perú y Ecuador, las lluvias pueden intensificarse de forma extrema, provocando inundaciones y deslizamientos de tierra.
- En Australia, el sur de África y el sureste asiático, El Niño tiende a asociarse con condiciones de sequía severa, mayor riesgo de incendios forestales y pérdidas agrícolas cuantiosas.
- En Norteamérica, el invierno suele ser más cálido y seco en el norte, mientras que el sur registra más precipitaciones de lo habitual.
- A escala global, los episodios de El Niño contribuyen a elevar las temperaturas medias del planeta durante el año en que se producen, lo que los convierte en un factor relevante en los registros de calor global.
A diferencia de los eventos moderados de 2018 o 2023, un El Niño fuerte puede alterar la economía global al encarecer los precios de los alimentos debido a la pérdida de cosechas en regiones agrícolas clave. Por ello, el monitoreo constante de la NASA es la primera línea de defensa para la mitigación de desastres.

Para comprender esto en su justa dimensión, hay que tener en cuenta que la capacidad actual de monitorización oceánica es radicalmente distinta a la que existía hace apenas tres décadas. Las misiones satelitales de la NASA y sus socios internacionales han transformado la forma en que la ciencia observa los océanos.
Esta mejora tecnológica tiene consecuencias muy concretas. Así, ahora es posible detectar las ondas Kelvin oceánicas en sus etapas más tempranas, cuando todavía están formándose en el Pacífico occidental, lo que amplía significativamente la ventana de tiempo disponible para emitir alertas y planificar respuestas. Organismos como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) utilizan estos datos para actualizar sus modelos de predicción climática y emitir perspectivas estacionales que llegan a millones de usuarios en todo el mundo.
Los investigadores advierten, además, de que el contexto del cambio climático añade una capa adicional de incertidumbre. Algunos estudios recientes sugieren que el calentamiento global podría estar modificando la frecuencia e intensidad de los episodios de El Niño, aunque la comunidad científica todavía debate los detalles de esa relación. Lo que sí resulta evidente, a la luz de los últimos datos de la NASA, es que la vigilancia oceánica continuada es una herramienta esencial para la gestión del riesgo climático en el siglo XXI.
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