Parches de placenta: el increíble descubrimiento argentino que revoluciona la salud

Un apósito de membrana amniótica elaborado a partir de placentas donadas logró cerrar una úlcera grave en un paciente oncológico que no podía recibir transfusiones. No genera rechazo, no necesita frío y ya se distribuye en todo el país.
Cuando una herida crónica no cierra, el quirófano suele aparecer como el último y más temido recurso. Para un paciente oncológico, la situación era límite: una inyección intramuscular mal aplicada derivó en una infección agresiva que destruyó los tejidos y dejó una úlcera de gran tamaño.
El cuadro se complicaba por dos motivos. Por un lado, sus defensas estaban debilitadas por la quimioterapia. Por otro, sus creencias religiosas le impedían recibir transfusiones de sangre, lo que volvía muy riesgosa cualquier cirugía convencional.
Frente a ese escenario, los médicos recurrieron a una alternativa poco conocida: un apósito elaborado con membrana amniótica humana, el tejido de la placenta que rodea al bebé durante la gestación. Según los especialistas, este material reduce la inflamación, no provoca rechazo inmunológico y acelera la regeneración de las células.
"A mí me llegan todos los pacientes que van a amputar y, desde que trabajo con membrana amniótica, no se amputó ni uno", afirmó Jimena María del Pilar Rodrigo, médica especialista en cirugía plástica del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC).
Una herida, dos tratamientos
Dada la gravedad del caso, el equipo propuso incluir al paciente en un protocolo de investigación. La estrategia fue original: dividieron la lesión en dos mitades. En una colocaron una matriz dérmica de origen bovino y en la otra, la membrana humana. Así podían comparar ambos tratamientos en las mismas condiciones.
Los resultados fueron claros. "A los cincuenta días, en la parte donde habíamos puesto el parche amniótico, ya había piel de buena calidad, elástica y sin fibrosis", relató Rodrigo.
En la otra mitad, en cambio, el paciente necesitaba un injerto tradicional, al que se negó por temor al sangrado. Al ver cómo había evolucionado la zona tratada con la membrana, pidió repetir el procedimiento en el resto de la herida. A los dos meses, la lesión cerró por completo.

Por qué el cuerpo no lo rechaza
La clave de esta compatibilidad está en el origen del material: proviene de la misma especie. Para Rodrigo, el parche se comunica con el organismo en su propio idioma.
"El cuerpo ni siquiera lo registra como algo externo porque los factores de crecimiento, el colágeno y la elastina son de lo mismo que estamos hechos", explicó la cirujana.
El desarrollo está a cargo de Amnios BMA, un banco de tejidos habilitado por el INCUCAI que trabaja junto a hospitales, el CUCAIBA e investigadores del CONICET. Su principal aporte es recuperar un órgano que, tras el parto, normalmente se descarta como residuo patogénico.
El desafío es conservar sus propiedades. "Durante su proceso productivo, logramos que los factores biológicos que tiene el tejido, que a las setenta y dos horas después del alumbramiento empiezan a desaparecer, se detengan en el tiempo", explicó Mariano Berra, farmacéutico e integrante de la institución.
Para eso, las placentas donadas reciben un primer procesamiento dentro de las 24 horas. Luego pasan por un proceso de liofilización. "En este proceso, la membrana congelada pasa del estado sólido al vapor directamente, sin pasar por el líquido", detalló Berra.
El procedimiento se realiza al vacío, con temperaturas que van de 60 grados bajo cero a 20 grados, para evitar que el calor dañe los componentes. El resultado es una especie de andamio celular de buen espesor que el cuerpo absorbe de a poco y que permite cubrir estructuras profundas, como huesos o cartílagos, algo difícil de lograr con otras opciones.
Sin cadena de frío y para todo el país
La innovación también resuelve un problema logístico. Como el parche está liofilizado y envasado al vacío, no requiere refrigeración, dura tres años y puede guardarse en cualquier consultorio.
"Esto puede llegar al lugar más recóndito del país", destacó Rodrigo. Berra confirmó que ya se distribuye en toda la Argentina, lo que acerca a pacientes del interior un tratamiento que antes quedaba limitado a los grandes centros urbanos.
Acceso para quienes no tienen cobertura
El costo es otro punto a favor. Amnios BMA funciona como asociación civil: según Berra, solo cobra el procesamiento y tiene convenios con hospitales para entregar el insumo sin cargo a pacientes sin cobertura.
Así se cierra un circuito que empieza con una donación solidaria en el momento del parto y termina en la recuperación de pacientes que, en muchos casos, estaban frente a la posibilidad de perder una extremidad.
Magalí de Diego (Agencia CTyS-UNLaM)
Con información de la Agencia CTyS.
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