EL AMBIENTE SUBORDINADO A LOS INTERESES PRODUCTIVOS
Mientras los ríos crecen y empiezan a aparecer los primeros evacuados, el fenómeno del Niño demuestra las consecuencias de una explotación irracional de los bienes comunes y, hasta la increíble Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina condena las fumigaciones por sus efectos sobre la salud humana y del ambiente.

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Por Carlos del Frade
Las noticias hablan de otra cosa
El ambiente, la naturaleza y la salud siguen perdiendo por goleada en la crepuscular Argentina de Milei y asociados. El diario La Nación del sábado 17 de octubre de 2026 publicó en su suplemento campo que en octubre explotó la demanda de herbicidas, fertilizantes y semillas.
A envenenar que se termina el mundo parece ser la connotación de semejante información. La noticia explica que la demanda de insumos para siembra de granos gruesos funcionaba a ritmo de vals y desde fines de septiembre bailan a ritmo de rock. Las últimas cuatro semanas los pedidos explotaron y se concretan ventas por un volumen 50% superior a lo que correspondería en esta época. Hablan de los valores constantes del glifosato: 4,4 dólares como si se tratara de una cuestión de negocios y nada más que de negocios.
En un instituto terciario de la ciudad de Rosario, en la misma semana que surgió esta información, estudiantes nos preguntaban de qué manera se cuida a la salud humana y al ambiente en relación justamente, a los pesticidas y qué se hace con los envases de agroquímicos cuando se desechan.
En la provincia de Santa Fe más allá de la última resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que habla de la necesidad de prohibir la fumigación a menos de 1000 metros de los cascos urbanos, pero la ley vigente en Santa Fe es de 1995 y sostiene a 500 metros de distancia. Difícilmente se cumpla porque se prioriza como en la noticia, el interés económico por encima de la cuestiones ecológicas y sanitarias.
Las chicas y los chicos del terciario no terminan de comprender por qué razón el veneno tiene tanta libertad de acción y las leyes que están hechas para cuidar la vida parecen tener una existencia virtual.
La democracia del veneno continúa vigente y goza de buena salud al mismo tiempo que las urgencias y sus consecuencias no acostumbran a aparecer en los grandes medios de comunicación como tampoco en los principales proyectos políticos de los gobiernos nacionales, provinciales o municipales.
La Ley Nacional 27279 que habla de la necesidad de cuidar lo que se hace con los envases fitosanitarios tiene su correlato en la Ley 13842 de Santa Fe sancionada en el año 2018 y depende del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático cuyo presupuesto como tantas veces dijimos en esta columna es de apenas el 0,13% es decir, 13 centavos cada 100 pesos.
La verdadera importancia que la política otorga a los temas se refleja en el tamaño de la partida presupuestaria; es allí donde terminan las bellas palabras.
Los estudiantes del terciario también querían saber sobre la Ley Nacional de Sanidad Animal y Vegetal, Ley 27233, en ese sentido, aparece la Ley 12923 de la provincia de Santa Fe de protección vegetal del año 2008 pero ahí la autoridad de aplicación no es el Ministerio de Ambiente sino el Ministerio de Desarrollo Productivo.
Que quede claro, esta es una señal inequívoca de lo que realmente importa ese tema. Por eso en relación de la otra Ley Nacional 27262 vinculada a las fumigaciones, Santa Fe tiene aquellas que son de 1995, la Ley 11273 que depende del Ministerio de Desarrollo Productivo.
Una definición política y filosófica clara y categórica:
Lo ambiental queda subordinado a los intereses productivos; por eso las noticias se centran en la rentabilidad del glifosato y en la creciente demanda de herbicidas, fertilizantes y semillas. Importa más el dinero que la salud y la naturaleza, aunque resulte difícil de creer para las chicas y los chicos que cursan estudios de nivel terciario.
Colaboración: Cecilia Trelini
Corrección y edición de contenidos web: Silvana Lazzarín
