FONO SAPIENS

17.10.2026

La dependencia no se limita a la entrega de bienes materiales; también implica la explotación de la conciencia crítica, la eliminación del pensamiento propio, la búsqueda deliberada de una atención dispersa y la construcción de soledades como dramática consecuencia de los principales ejes del capitalismo: un consumismo exacerbado y un individualismo extremo que terminan pariendo pueblos cada vez más ignorantes y más dóciles. 
















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Por Carlos del Frade

En esta Argentina colonial del tercer milenio, un reciente informe de la Universidad Austral, demuestra que las chicas y los chicos muestran un 3,6% de coeficiente intelectual y un 8,4% de deterioro en sus habilidades verbales.

Las investigadoras de la Universidad Austral que analizaron a 849 alumnos de 20 escuelas de entre 8 y 15 años, compararon cohortes evaluadas en 2013, 2019 y 2023 cruzaron esos resultados con las pruebas PISA 25 y APRENDER 25 para ponerlos en contexto.  En este sentido PISA 2025 demostró que el 55,4% de los estudiantes argentinos afirman que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias, casi el doble del promedio de la organización común del desarrollo económico europeo.

Cuando una herramienta como el celular le quita al cerebro el esfuerzo de producir la huella de memoria necesaria para aprender de verdad, esa huella no llega a formarse, sostuvo el neurólogo Conrado Estol, quien hizo una reflexión y una referencia muy valiosas, agregando:

La educación construye lo que llamamos reserva cognitiva, un capital que protege al cerebro décadas después, incluso, frente al envejecimiento y la neurodegeneración. Lo que no se estimula en la infancia y en la adolescencia deja una huella que aparece recién 40 años más tarde.

De tal forma, el capitalismo planifica la ignorancia, la ansiedad, el individualismo y el consumismo. En su momento el periodista y sociólogo mejicano Juan Villoro, advirtió que el umbral de atención ha bajado, somos una especie que no puede concentrarse más de 5 minutos. 

James Robert Flynn, estudio como cambiaba a lo largo del siglo XX el coeficiente intelectual de la población, advirtió que había subido 30 puntos en el siglo XX pero a partir de la década del 90, advirtió que este coeficiente disminuía 2 puntos por década. 

Nos estamos volviendo más tontos por la sencilla razón de que nuestras tareas mentales ahora son hechas por aparatos, por ejemplo, las agendas telefónicas están en el propio teléfono.

Sin embargo, apuesta a la esperanza como una razón ética. 

No quisiera que mi libro fuera visto como un canto del cine apocalíptico del mundo que se fue, sino como un intento de seguir resistiendo como siempre lo hemos hecho desde nuestra humanidad, la lectura desempeña un papel clave.

Villoro remarcó: creo que la esperanza es una obligación ética, no es algo que requiera de estímulos para conseguirse, es parte de la condición humana de estar esperanzado, se le puede llamar milagro, prodigio o suerte. Mi libro busca concebir una solución posible aunque la adversidad sea obvia y eso es solo propio de la naturaleza de lo humano y no de las máquinas. 

Hay que tomar conciencia del permanente progreso de secuestros de cabezas en los últimos 20 años, no solamente en la Argentina sino en todo el planeta. Es por esto que cuestionamos y pregonamos al mismo tiempo con humildad pero también con firmeza:

La necesidad de parir un humanismo beligerante que incluya la necesidad de recuperar la soberanía de la cabeza, que promueva la revolución de los mutantes, es decir, la liberación de los Fonosapien y seres humanos sentipensantes protagonistas, y no consumidores consumidos.

Para ello, igualmente, habrá que recuperar las palabras. Tarea ineludible de maestras, maestros, trabajadores, trabajadoras de prensa y militantes varios. 


Colaboración: Cecilia Trelini

Corrección y edición de contenidos: Silvana Lazzarín

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