GOBIERNOS CÓMPLICES
Existen dos procesos de privatización impulsados por el gobierno de Javier Milei vinculados con la extranjerización de la Argentina que impactan de manera directa y concreta en la vida cotidiana del pueblo de la provincia de Santa Fe y de varias otras provincias del país.

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Por Carlos del Frade
Por un lado, la privatización de Belgrano Cargas, donde aparecen dos grupos interesados, uno de origen mexicano y otro vinculado a la multinacional Cargill que hoy representa los intereses de la potencia dominante en Argentina, Estados Unidos. Sin embargo, en esa privatización surge la idea de resignarse a la recuperación del tren para todos.
En la provincia de Santa Fe, 365 localidades —la mayoría de ellas, alrededor de 290— se forjaron gracias al tren. Resignarse a que el ferrocarril solo transporte mercaderías para las multinacionales exportadoras es una grosería hacia la historia de nuestro pueblo y, fundamentalmente, hacia la idea de que el tren existe únicamente para servir las necesidades de las grandes corporaciones.
En realidad el tren debería ser un medio de transporte seguro, eficiente, rápido y ecológico para la gente. Resignarse a abandonar la idea de un tren para todos es una resignación política que no solo encarna el gobierno nacional, sino también el gobierno de la provincia de Santa Fe.
El segundo tema vinculado al Belgrano Cargas y a la provincia de Santa Fe es que este proceso licitatorio prohíbe la participación de una empresa china. Esto demuestra claramente que el pliego está redactado en función de los intereses de EE. UU. y no de los intereses argentinos, y mucho menos de los de la provincia de Santa Fe, donde hoy la principal empresa exportadora es Cofco, de origen chino. Excluir a los intereses chinos en este contexto no solo es una decisión absurda que remite casi a los tiempos de la Guerra Fría, sino que implica que cualquier actor interesado en realizar supuestas inversiones extranjeras que puedan aportar recursos al pueblo de la provincia y a la Argentina será rechazado únicamente por su origen. Esto es una verdadera barbaridad y, además, evidencia que la medida está claramente vinculada con los intereses de una minoría que se aprovecha de una manera tremenda del actual proceso de extranjerización de las riquezas de la Argentina.
El tercer elemento que resulta fundamental es lo que significa que todo se hace de acuerdo a lo que piden las multinacionales, ante el silencio cómplice no solamente del gobierno nacional, sino fundamentalmente de los gobiernos de la provincia de Santa Fe y de los gobiernos de las municipalidades más importantes de la provincia, como son Rosario y Santa Fe.
Este triple silencio que existe sobre la apropiación del Belgrano Cargas marca la subordinación de la política a los intereses norteamericanos y marca también la subordinación de la política de lo que significa la resignación histórica frente a lo que fueron los trenes como factor de desarrollo humano y social, no solamente económico para unos pocos, tal como se expresa hoy en el proceso de privatización.
El otro proceso de privatización se vincula con el futuro de la Fábrica Militar de Fray Luis Beltrán, ubicada en el trayecto que va desde Beltrán hasta la ciudad de San Lorenzo. Según un documento elaborado por las y los trabajadores de la fábrica, los contratos podrían extenderse hasta 35 años. El concurso prevé contratos con plazos de entre 10 y 35 años, y esta duración merece una evaluación particularmente cuidadosa tratándose de una instalación estratégica como Fray Luis Beltrán. Una decisión adoptada en estas condiciones podría determinar el modelo de gestión, producción e inversión de la planta durante varias décadas, condicionando las posibilidades de redefinir posteriormente su orientación industrial.
Por eso resulta razonable que Santa Fe conozca cuáles son los proyectos previstos para la fábrica, qué inversiones se comprometerán y qué garantías existirán respecto a la continuidad y ampliación de las capacidades productivas.
Por otro lado, este contrato de privatización de la Fábrica Militar de Fray Luis Beltrán contempla la posible participación de operadores extranjeros. El concurso tiene carácter nacional, pero admite la intervención de sociedades constituidas en el exterior que cumplan con los requisitos establecidos. Se trata nada más y nada menos que de las fabricaciones militares, una producción vinculada de manera directa con la defensa y la seguridad, por lo que resulta imprescindible evaluar qué mecanismos garantizarán que esta asociación fortalezca las capacidades nacionales existentes y no genere una dependencia tecnológica, productiva o comercial a largo plazo.
Estas privatizaciones tanto del Belgrano Cargas como de la fábrica militar de Fray Luis Beltrán marcan la dependencia no solamente del gobierno nacional sino del acompañamiento cómplice del gobierno provincial como en este caso el gobierno de Pullaro.
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