LA DERROTA DE LA SOCIEDAD HUMANA
En estos últimos días de julio del año 2026 en los atribulados arrabales del mundo que es la provincia de Santa Fe, tuvimos la oportunidad de recorrer los dos penales más grandes en cantidad de personas presas que tiene la provincia.

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Por Carlos del Frade
Por un lado, el penal histórico de Coronda en el centro de la provincia, y el penal de Piñero que se comenzó a construir en el año 2006 y que tiene generalmente como población a los integrantes de las bandas narcopoliciales barriales, como nosotros las venimos definiendo desde hace casi un cuarto de siglo en la ciudad de Rosario.
Las dos poblaciones suman más de 6000 personas sobre una población carcelaria de prácticamente 13000, con lo cual el 50% de las personas presas en la provincia están en estos penales que visitamos. Lo más impactante de esa población es la edad.
Mayoritariamente casi un 80% son muchachos menores de 30 años, casi la edad que tiene la mayoría del personal penitenciario. Por otra parte, los datos, —algunos de los datos son oficiales y otros extraoficiales,— marcan el nivel educativo de la gente que está presa y que apenas ha terminado la escuela primaria, con lo cual queda demostrado una vez más en esta recorrida, que la población que ocupa los espacios carcelarios en la provincia de Santa Fe son sectores empobrecidos y prácticamente sin nivel educativo, sin escuela secundaria terminada, lo que está marcando que siempre son los pobres los que terminan en la cárcel llenándolas.
Como siempre, la gran deuda de la justicia y de la construcción de una sociedad diferente no es solo condenar a quienes cometen delitos menores, sino que alguna vez, habrá que condenar a los delincuentes de guante blanco que generalmente no aparecen en estos penales tan desbordados, con un 38% de promedio de hacinamiento de superpoblación carcelaria.
En forma simultánea el gobierno de la provincia de Santa Fe nos llevó como legisladores a visitar la obra en construcción de la Unidad Penitenciaria N° 8 que ellos han bautizado emblemáticamente, con el increíble nombre que parece ser una apología del delito: "El Infierno".
Casi 500 millones de dólares que marcarán un volumen de inversión del gobierno de Pullaro, y que será el factor que lo diferenciará claramente de otros gobiernos como el de Hermes Binner —2007/2011— por ejemplo, que se caracterizó por fundar escuelas y hospitales. El gobierno de Pullaro se va a definir por esta cárcel de extrema seguridad, "El Infierno", marcando también la lectura política de la idea de la mano dura a la hora de presentar su ADN como gobernante.
Mano dura contra los sectores excluidos, mano dura contra quienes ya tienen una vida dura porque justamente, en el afuera no encuentran otra forma de vivir. Estas visitas también nos mostraron lo que significan las cárceles como respuesta de una sociedad que reclama castigo —muchas veces, creo— más que justicia, lo que se demanda es venganza.
Pero, fundamentalmente, la pregunta que queda resonando en voz alta es cómo semejante inversión de 500 millones de dólares está marcando la presencia de 2.000 personas trabajando. Eso, en sí mismo, es un pueblo en movimiento, prácticamente la construcción de una ciudad que es lo que hoy se observa en Piñero, en la zona donde se construirá "El Infierno".
La pregunta que debe hacerse es por qué invertir tanto en una cárcel y no en escuelas, hospitales o en un barrio entero. En realidad, lo que se ve es la construcción de un barrio completo, y la gran duda es: ¿la sociedad, los valores humanos y las relaciones humanas en la provincia de Santa Fe, especialmente en la zona sur de Rosario, van a mejorar con la construcción de El Infierno?
Lo cierto es que cada vez que se visita una cárcel, la sensación que queda es la de estar frente a la confirmación de la derrota de una sociedad humana profundamente atravesada por un capitalismo que ha generado cada vez más violencia y cada vez menos humanismo.
Colaboración: Cecilia Trelini
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Foto de Portada: Denny Müller en Unsplash
