MAS DEPENDIENTES QUE INDEPENDIENTES
Hasta hace pocos años atrás, la casita de Tucumán estaba en el dorso de la moneda de 50 centavos. Hoy a desaparecido la moneda y prácticamente ha desaparecido el recuerdo de lo que pasó en la Casa de Tucumán el 9 de julio de 1816, doscientos diez años atrás en donde las Provincias Unidas en Sudamérica, como decía el Acta de Declaración, le anunciaba al mundo que nacía una nación independiente aunque un año antes, ya lo había dicho ya la Liga de los Pueblos Libres que tenía como líder a José Gervasio Artigas.

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Por Carlos del Frade
Lo cierto es que aquel Congreso de Tucumán, ideado, pensado e impulsado por Buenos Aires declaró en relación directa con los pueblos de sudamérica una declaración de independencia que era chiquita, amarreta, tacaña, porque decía solamente que iba a ser independiente de España, del rey de España, sus sucesores y metrópolis.
Diez días después un diputado, Medrano, dijo que era inconcebible solamente dictar la independencia de España y puso el 19 de Julio de 1816:
"Independiente de cualquier otra nación del planeta".
Una declaración que hasta el día de hoy suena fuerte pero también hoy parece sonar a poco, porque si hay algo que caracteriza el presente de la Argentina 210 años después de esa declaración de Tucumán es que hoy somos más dependientes que independientes.
Es algo fundamental pensar que aquello era un sueño colectivo inconcluso que no tenía que ver con el momento anclado en el pasado sino, que era un proceso que hasta el día de hoy nos apunta directamente al corazón y a la cabeza para decir qué sentimos hoy los que crecemos como podemos, empatándole a la necesidad como podemos en este presente de los Argentinos.
¿Qué tiene que ser la Argentina para nosotros?
A mi entender siempre sueño la política como el suelo que quiero que habite la gente que amo, fundamentalmente mis hijas. En ese sentido, cuando siento que las riquezas del pueblo argentino están en manos extranjeras no dejo de sentir que el 9 de julio de 1816 todavía está totalmente inconcluso.
Habrá que decir que aquel Congreso tenía actas secretas como la del 1 de agosto de 1816, cuando decía taxativamente en una de esas actas secretas: "Fin de la revolución, principio del orden". Y al principio del orden lo pusieron los grandes propietarios, los grandes hacendados de la provincia y dejaron de lado por supuesto la profundización de una revolución que no solamente quería ser independiente de España sino que también, le diera felicidad a los que no sabían leer ni escribir, que eran las mujeres y los gauchos, los que realmente le pusieron el cuerpo y sangraron por la idea de un país independiente cuando ni siquiera sabían que significaba el país.
Fin de la revolución principio del orden
La otra acta secreta que siempre tuvo el Congreso de Tucumán, fue atentar contra el activismo, contra aquellos que eran la Liga de los Pueblos Libres, porque Artigas, Güemes, Belgrano y San Martín tenían la idea de que no solamente había que liberarse de España sino también, repartir la tierra y educar a cada persona para que pudiera considerarse ciudadana.
Por eso después Belgrano y Güemes iban a ser perseguidos porque ellos iban a declarar el foro gaucho donde le daban igualdad de derechos a los gauchos y sus mujeres y no solamente a los propietarios como iba a ser la primera Constitución, dice la historia oficial -que fue la rivadaviana- sobre mediados de la década del siglo XIX. Lo cierto es que 210 años después más allá de la suerte de los congresales que fue muy dura ya que fueron perseguidos, torturados algunos, el propio presidente del Congreso, Francisco Narciso Laprida terminó muy mal en un poema recordado y maravillosamente escrito por Jorge Luis Borges, hablando del destino sudamericano, aquellos que intentan hacer la revolución y la independencia en estas tierras estragadas justamente por su enorme riqueza.
Doscientos diez años después, qué significa la palabra independencia para los que habitamos la Argentina de Milei, la Argentina que se abre a los capitales internacionales para que ellos se lleven absolutamente todo y no dejen absolutamente nada.
Qué nivel de protagonismo tenemos para recuperar aquello que alguna vez nos emocionaba en la escuela cuando nos enseñaban a hacer las columnas de la Casita de Tucumán con plastilina.
¿Qué quedó en nosotros de la palabra:
I N D E P E N D E N C I A?
Particularmente creo que es necesario seguir el camino, construir de nuevo la independencia para recuperar la Argentina, para recuperar la unidad con los Pueblos Unidos de Sudamérica como decía aquel acta original del 9 de julio de 1816.
POEMA CONJETURAL
Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyó hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.
Jorge Luis Borges, 1943
Colaboración: Cecilia Trelini
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