LA ARGENTINA ENTRE LA MEMORIA Y LA HISTORIA

Lo que muchos olvidan y debieran recordar
Después del triunfo en el Mundial por parte de la selección española, desde distintos sectores surgieron críticas y descalificaciones hacia la Argentina y nuestro pueblo. En muchos casos se trató de feroces invectivas producto más que nada del resentimiento y la desvalorización de lo que somos, y en países europeos esto fue notorio. También cabe recordar que cuando el mundial del 2022 algunos comentaristas latinoamericanos se unieron al coro del desprecio y los comentarios despectivos nutridos de acusaciones sobre supuestas compra de jugadores y arbitrajes cuestionables.
Cada país tiene derecho a opinar sobre un acontecimiento deportivo, pero la historia invita a ejercer esa crítica con un mínimo de memoria, y no dejarse llevar por extravíos momentáneos que ponen en evidencia la peculiar moral de algunos críticos que parecen haber olvidado la actuación de sus países en muchos momentos de su pasado.
No deja de llamar la atención que algunas de las voces más severas provengan de naciones que, durante siglos, construyeron vastos imperios coloniales, sometieron y masacraron a pueblos enteros, explotaron recursos ajenos y participaron en guerras de conquista que dejaron millones de víctimas. Además, se mataron unos a otros durante décadas y hoy pretenden venirnos a dar lecciones de como deberíamos ser cuando ellos no son un ejemplo que pueda seguirse.
Ese conjunto de periodistas y opinadores varios debería sumergirse en la historia y aprender algo de lo que hicieron sus países, quizás aprenderían un poco y los harían abstenerse de tanto comentario infamante.
La Argentina, en cambio, nació de una lucha por su independencia y su historia está estrechamente ligada a la emancipación de América del Sur y a la búsqueda de la libertad frente al dominio colonial. Lejos de expandir un imperio, y en medios de grandes dificultades internas por enfrentamientos sectoriales aportó hombres, recursos y sacrificios para liberar a otros pueblos. La gesta del general San Martín no se limitó al territorio argentino: el Cruce de los Andes hizo posible la independencia de Chile, y la Expedición Libertadora consolidó el proceso emancipador del Perú, contribuyendo decisivamente al fin del poder colonial español en esa región.
Si bien en 1865 fuimos arrastrados a la guerra por el imperio de Brasil para supuestamente liberar al Paraguay, lo cual no es nada de lo que podamos estar orgullosos, cuando el saqueo de Asunción, el ejército argentino se retiro y no quiso participar como si lo hicieron con notable ferocidad las fuerzas imperiales, que años antes habían destruido Paysandú. Pero además cuando comenzaron las tratativas para el establecimiento de nuevo limites, y ante las pretensiones ejercidas por el Emperador Pedro II, el ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento, Mariano Varela se opuso, manifestando que "La victoria no da derechos a las naciones aliadas para declarar por sí límites suyos los que el tratado señaló."
Muchas décadas más tarde, finalizada la Segunda Guerra Mundial, cuando España atravesaba uno de los períodos más difíciles de su historia y sufría aislamiento internacional, la Argentina le extendió su mano, para evitar los sufrimientos del pueblo devastado por una guerra civil que eliminó cientos de miles de personas, y esto los españoles que piensan lo recuerdan con agradecimiento.
Habria que recordar que Francia: cerró la frontera con España entre 1946 y 1948 y fue uno de los gobiernos más activos en promover el aislamiento del franquismo. El Reino Unido: mantuvo relaciones diplomáticas, pero evitó brindar un programa importante de ayuda económica en la inmediata posguerra. Estados Unidos: inicialmente apoyó el aislamiento del régimen de Franco y España quedó excluida del Plan Marshall. Recién con el inicio de la Guerra Fría, Washington modificó su postura y en 1953 firmó acuerdos militares y económicos con Madrid. Hasta la ONU aprobó en 1946 una resolución recomendando a sus miembros retirar a sus embajadores de Madrid y excluir a España de organismos internacionales, lo que reforzó su aislamiento.
En ese contexto, Argentina desempeñó un papel excepcional. El gobierno de Juan Domingo Perón decidió mantener una relación estrecha con España y brindar asistencia cuando pocos países estaban dispuestos a hacerlo. Fue así que envió de cientos de miles de toneladas de trigo, maíz, carne y otros alimentos. Hubo otorgamiento de créditos a largo plazo y facilidades de pago. Firma del Protocolo Franco-Perón de 1948, que fortaleció el intercambio comercial y financiero entre ambos países. Los historiadores españoles coinciden en que esa ayuda fue significativa para aliviar la escasez de alimentos de los años 1946-1948, conocidos como los "años del hambre"
Nada de esto convierte a la Argentina en un país perfecto. Como toda nación, hemos tenido conflictos, errores y capítulos dolorosos que forman parte de su propia historia. Pero existe una diferencia entre reconocer las propias imperfecciones y aceptar descalificaciones simplistas provenientes de quienes, en muchos casos, aún conviven con las consecuencias de pasados coloniales mucho más extensos y violentos.
La historia no debería utilizarse como un arma para alimentar prejuicios, sino como una invitación a la reflexión. Antes de juzgar a un pueblo por la pasión que despierta un partido de fútbol, conviene recordar qué valores ha defendido a lo largo de su historia. Argentina ha sido, en numerosas ocasiones, una nación que luchó por la libertad de los pueblos hermanos, que tendió la mano en momentos difíciles y que hizo de la solidaridad un principio de su política exterior.
Quizá por eso, cuando hoy arrecian las críticas desmedidas, las descalificaciones y los comentarios insolentes, la respuesta más firme no sea el agravio, sino la memoria. Porque la memoria histórica tiene una virtud irrefutable: pone cada hecho en su verdadera dimensión. Nos recuerda quiénes fuimos cuando otros sometían pueblos, quiénes fuimos cuando otros levantaban imperios y quiénes fuimos cuando un país hermano necesitó ayuda y Argentina tendió la mano. La historia, cuando se la conoce y se la respeta, desarma los prejuicios y devuelve a cada nación el lugar que realmente le corresponde.
Alejandro Olmos Gaona
