MÁS SOLOS Y TONTOS

16.09.2026

En la última semana de septiembre de este año, el presidente de los EE. UU. Donal Trump y varias figuras de su partido expresaron su oposición a enlentecer, a disminuir, a aminorar el desarrollo de la inteligencia artificial.

























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Por Carlos del Frade

Un tema clave según la información que estoy leyendo en campaña para las elecciones legislativas de mitad del mandato ahora en los EE. UU. El director ejecutivo de Anthropic, Darío Amodei, una de las principales empresas que vende y diseña el servicio de la inteligencia artificial —IA— abogó por su ralentización hasta evaluar mejor los riesgos derivados de sus nuevas capacidades. Amodei recibió el apoyo público inmediato de su par de Open AI, Sam Altman, así como de otro magnate del sector como es Elon Musk.

Trump criticó a estas fuerzas negativas que operan en contra de la IA acusándolas de cosas que no sucederán. Amodei se refirió específicamente a una IA capaz de controlar toda internet en un plazo de 6 a 12 meses. "Creemos sinceramente que la IA podría acabar con la humanidad", escribió en X el día martes, Evan Hubinger, uno de los jefes de seguridad de Anthropic, replicando una advertencia emitida por Jacob Coxon, un experto que renunció a Anthropic, empresa a la que considera al igual que Open IA demasiado permisiva en este tema.

Si el Congreso se apresura para convocar una sesión extraordinaria para intentar regular la IA perdemos la carrera con China, declaró James Michael Johnson, presidente de la Cámara de Representantes de EE.UU. Por un lado, está esta cuestión política de fondo que es la pelea entre China y EE.UU. pero por el otro, está lo que significa la IA en nuestras vidas cotidianas aquí en el sur del mundo.

Hace poco un economista servio, Branko Milanović estuvo presente en la Argentina, él es un referente mundial en el análisis de la desigualdad social dejando una serie de conceptos resonantes. Entre otras cuestiones cuando le preguntaron qué pasaba con la IA, sobre si agravaría las tensiones sociales dijo:

Nadie sabe qué pasará con la IA pero hay algo que es claro, significa un aumento del capital y un declive del trabajo porque la IA en verdad es capital, un capital que no se ve, que no es como una máquina en una fábrica pero es capital. 

Ese capital es propiedad de gente rica que tiene los medios para invertir y para apropiarse de esa tecnología, eso hará que aumente la desigualdad social a escala global.

Lo primero que hará falta —dice este economista que sabe— serán políticas sociales más intensas para contener el aumento de la desigualdad, esto es prioritario. En segundo lugar hay que ampliar el acceso a ese capital que significa la IA, permitir que haya un desarrollo diversificado en el que puedan entrar muchos más jugadores, sería una forma de redistribuir ese capital. La tercera posibilidad es la nacionalización de la IA, no creo probable que ocurra pero sí habría que hacerlo y creo que es probable que eso nos vaya sonando más lógico a medida que pase el tiempo que el estado regule y nacionalice la IA.

Por el otro lado, una filósofa y teóloga, Carmody Grey hizo una serie de reflexiones luego de haber rechazado un ofrecimiento justamente en esta empresa Anthropic, sobre lo que significa hoy la IA y sostuvo entre otras cuestiones:

Es imperioso que pensemos alrededor de la IA y sobre sus efectos. Concentra el poder, difumina la responsabilidad, esquilma la naturaleza, expropia culturas y lenguas con ánimo de lucro y probablemente nos haga más solos y tontos. La vida humana está hecha de relaciones y la IA las pone en peligro.

Una imprescindible reflexión sobre algo que está en la vida cotidiana de cada uno de ustedes, de cada uno de nosotros a través del teléfono celular y que posiblemente, esté reconfigurando nuestra vida de acuerdo a intereses de minoría y muy lejos de nuestras necesidades.


Colaboración: Cecilia Trelini

Edición de contenidos web y correcciones: Silvana Lazzarín

Foto de Portada: Gabriella Clare Marino en Unsplash 

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