El Gobierno “desregula” las pilas: menos controles, más residuos tóxicos

El gobierno nacional anunció la desregulación de la ley que establece estándares obligatorios de calidad y seguridad para pilas y baterías. La medida podría facilitar la importación de productos más contaminantes y profundizar el problema de la gestión de residuos electrónicos.
El último jueves uno de los ñoquis VIP devenido en ministro, Federico Sturzenegger, anunció con bombos y platillos que decidieron "desregular" las funciones del INTI, en particular la Ley 26.184 que establece la obligatoriedad de un certificado de un organismo técnico nacional para toda pila utilizada en el país.

Esta ley exige que las pilas y baterías tengan bajos niveles de metales contaminantes y cumplan ciertos estándares de calidad, tiempos de duración y descarga, además de establecer topes máximos para sus componentes."Yo me pregunto, ¿qué le importa al Estado cuánto dura una pila? En todo caso será un tema de preocupación para quien la compre", escribió Sturzenegger en X.
Una de las grandes alarmas que se encienden con esta decisión es la posibilidad de que ingresen pilas de diferentes orígenes, las cuales aumenten las cantidades de un residuo electrónico tóxico y no controlado.
Estos residuos, como toda la basura en general, son gestionados por los estados municipales. Su destino final depende de la capacidad presupuestaria y la estructura productiva de cada localidad. En municipios donde estas políticas son deficientes, las pilas podrían terminar en un basural a cielo abierto, como terminan otros residuos, generando graves consecuencias ambientales.
Los aparatos eléctricos y electrónicos son una mezcla compleja de cientos de materiales. Contienen metales pesados como plomo, mercurio y cadmio, químicos peligrosos y PVC (policloruro de vinilo), un tipo de plástico muy tóxico.
A pesar de que pueden reemplazarse por pilas recargables, la realidad es que las pilas descartables son utilizadas cotidianamente para el funcionamiento de muchos electrodomésticos y dispositivos como relojes, linternas, juguetes, controles, instrumentos, y un largo etcétera de objetos comunes.
También es muy común que en muchos hogares las pilas ya gastadas se guarden en frascos o bidones viejos, dado que se sabe que es un residuo que debe tener un tratamiento especial. Son fuentes de energía fabricadas con una mezcla compleja de muchos materiales, entre ellos, por ejemplo, metales pesados, como Cadmio, Plomo y Mercurio, tres metales con efectos muy nocivos para el ambiente.
Cuando las pilas se descartan en la basura común, no solo tardan cientos de siglos en degradarse, sino que en el camino liberan sus tóxicos en el suelo, llegando a las napas y contaminando el agua que tomamos. Pero si además, el Estado Nacional no efectúa sus controles correspondientes, la situación empeora.
Sin embargo, el trabajo regulador que realiza el INTI, Instituto Nacional de Tecnología Industrial, es, para el actual gobierno "una barrera de costos innecesarios e inútiles".
"La suma de costos y costitos es lo que encarece los productos y de a poco nos va empobreciendo" señaló Federico Sturzenegger. Quedará entonces en la suerte del consumidor comprar pilas que sean buenas y duren lo que uno paga.
La decisión de desregular el control sobre las pilas no sólo es un guiño al libre mercado, es sobretodo una retirada más del Estado como garante de derechos. En un país donde el destino de los residuos depende de municipios con recursos limitados, dar "libre albedrío" es, como mínimo, riesgoso.
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