El Golfo e Israel: guerra, normalización y la economía mundial

16.08.2026

EL NUEVO ORDEN IMPERIAL EN ORIENTE MEDIO 

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano, así como el genocidio que se sigue cometiendo en Palestina, están reconfigurando el panorama político de la región. Las alianzas se están recalibrando y las viejas hipótesis sobre el poder de Estados Unidos se están poniendo a prueba. Asimismo, la guerra ha puesto en evidencia hasta qué punto la economía mundial sigue ligada a los combustibles fósiles y a la importancia estratégica del Golfo dentro de las redes internacionales de energía y comercio. 

Entrevista a:

Diana Buttu, palestina, es abogada. Fue asesora jurídica del equipo negociador palestino y miembro del equipo legal en el litigio sobre el Muro ante la Corte Internacional de Justicia. Colabora habitualmente como comentarista sobre Palestina en medios de comunicación internacionales como la CNN y la BBC; es analista política de Al Jazeera International y colabora regularmente con la revista The Middle East. Ejerce la abogacía en Palestina, centrándose en el derecho internacional y los derechos humanos. 

Adam Hanieh, palestino, es economista y profesor de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres. Su investigación se centra en el capitalismo global y la economía política del petróleo. Su último libro se titula Crude Capitalism: Oil, Corporate Power, and the Making of the World Market (2024). 


Estas crisis demuestran igualmente que lo que ocurre en Palestina no se queda en Palestina. Más bien, el imperialismo y la explotación se han extendido por toda la región y sus repercusiones se están sintiendo intensamente por todo el Sur Global en el aumento de los precios de la energía, en la inseguridad alimentaria y en las interrupciones de las cadenas de suministro, todo lo cual intensifica la precariedad económica. Por lo tanto, comprender Palestina es comprender el sistema que produce estas crisis.

En esta mesa redonda[1], los analistas palestinos Diana Buttu y Adam Hanieh examinan lo que evidencia esta coyuntura sobre la arquitectura cambiante del poder imperial estadounidense, el orden regional que se está gestando y las implicaciones para la lucha por la liberación palestina.

¿Cómo está remodelando la actual guerra regional la relación entre Estados Unidos, Israel y los Estados árabes del Golfo?
Adam Hanieh: Lo que hemos visto en las últimas dos décadas es un intento por parte de Estados Unidos de normalizar las relaciones entre los Estados árabes del Golfo y el régimen israelí, que son, de hecho, los dos pilares de su proyecto imperial en Oriente Próximo. Ello es claramente anterior al genocidio en Gaza y a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano.

Comprender esta trayectoria requiere situarla en un contexto geopolítico más amplio. En respuesta al declive relativo del poder global estadounidense, Washington ha intentado reafirmar su supremacía en regiones como Oriente Próximo. Una de las formas en que lo ha hecho es uniendo esos dos pilares bajo un paraguas estadounidense más extenso.

El auge de China y el papel del Golfo en la economía energética mundial son elementos centrales de esta estrategia. China depende en un 60 % aproximadamente de Oriente Próximo para sus importaciones de petróleo y, en buena parte, de su gas natural licuado (GNL); a su vez, el Golfo se ha convertido igualmente en un centro logístico clave para las aspiraciones comerciales internacionales de Pekín. Al mismo tiempo, a pesar del aumento de la inversión en energías renovables, no estamos asistiendo a una verdadera transición que abandone los combustibles fósiles. De hecho, la producción mundial de petróleo, carbón y gas alcanzó niveles récord el año pasado. Por el contrario, lo que estamos viendo es un proceso acumulativo por el que las energías renovables se superponen a una base de combustibles fósiles en expansión.

Las monarquías del Golfo ejemplifican esta dinámica: lideran la expansión de las energías renovables en toda la región al mismo tiempo que aumentan la producción de petróleo y gas, sobretodo para reducir el consumo doméstico de combustibles fósiles para generar electricidad y para exportar más petróleo y gas al extranjero. Por estas razones el Golfo sigue siendo estratégico para este orden mundial dominado por los combustibles fósiles, no solo para Estados Unidos, sino también para China y para la economía global en general.

Por lo tanto, un componente general de la estrategia estadounidense radica en contrarrestar la creciente influencia de China en la región a través del proyecto de normalización, al tiempo que se asegura el control permanente de las redes energéticas y comerciales que sustentan la economía global.

Diana Buttu: Tras los acontecimientos de octubre de 2023, a la opinión pública israelí dejó de interesarle la normalización. Dejó de ser una prioridad en la agenda y así sigue. En su lugar, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, puso su foco en debilitar a los Estados árabes y mermar su influencia política y económica. Es por eso que a lo largo de los últimos meses de guerra –una guerra impulsada por Israel–, uno de los objetivos del régimen israelí ha sido fomentar una quiebra entre los propios Estados árabes. En cierta medida, esa quiebra ya se ha materializado.

Al mismo tiempo, el régimen israelí ha intentado debilitar económicamente a los Estados árabes con el objetivo de consolidarse como potencia regional dominante. La cuestión ya no es la normalización sino crear un orden regional que obligue a esos países a tratar con el Estado sionista y que la única forma de llegar a Estados Unidos sea a través de Israel.

Lo que Netanyahu, su Gobierno y gran parte de la opinión pública israelí priorizan ahora es la dominación regional. No solo la dominación militar y política que Israel ya viene imponiendo desde hace mucho tiempo gracias a su relación con Estados Unidos, sino una forma más amplia de supremacía que no permita que aparezca en la región ninguna otra potencia competidora. Eso incluye debilitar la influencia económica de los Estados del Golfo.

Desde esta perspectiva, acciones como el ataque de Israel contra Qatar en septiembre de 2025 y la constante presión por la confrontación con Irán reflejan una lógica estratégica más amplia. Hasta los ataques de represalia contra Israel se consideran un coste aceptable si propician objetivos de mayor calado como la expansión territorial en lugares como Líbano, Siria y Gaza, y el debilitamiento de centros alternativos de poder económico y político árabes.

Aun así, dentro del Golfo están emergiendo diferentes sectores. Algunos actores se cuestionan por qué han invertido tanto en Estados Unidos –y, en el caso de los EÁU, en acuerdos con Israel– si ninguno de los dos ha sido capaz de ofrecer una protección o asistencias reales.

Otros, sin embargo, doblan la apuesta y sostienen que el único camino viable para avanzar sigue siendo un alineamiento más profundo. Lo relevante es que ya no parece haber un enfoque regional unitario y unificado como sucedía en el pasado.

¿Supone la decisión de los Emiratos Árabes Unidos de abandonar la OPEP una consolidación más profunda de su alianza con el régimen israelí?
Adam Hanieh: Parte de la decisión de los EÁU de retirarse de la OPEP tiene que ver con la situación actual del mercado mundial del petróleo. El papel principal de la OPEP ha sido tradicionalmente moderar la oferta de petróleo en el mercado internacional, pero en un contexto en el que los precios del petróleo son elevados –y siendo probable que se mantengan así en un futuro próximo–, los EÁU busca mayor libertad para aumentar la producción y las exportaciones sin esas restricciones. Este movimiento refleja asimismo tensiones más profundas entre los EÁU y Arabia Saudí, que sigue siendo la fuerza dominante dentro de la OPEP.

Igualmente, la economía de los EÁU se ha diversificado más en los últimos años. El petróleo sigue siendo esencial, pero sectores como la logística, las finanzas, los productos petroquímicos, la inteligencia artificial, los centros de datos y las energías renovables han crecido de manera considerable, lo que significa que el petróleo ocupa ahora un papel algo menos dominante que antes.

Dicho esto, está claro que los EÁU en particular ha profundizado recientemente su relación tanto con Israel como con Estados Unidos movido por su determinación estratégica general de fortalecer los lazos con Israel a través del proyecto de normalización que surgió de los Acuerdos de Abraham.

Así se aprecia en los informes sobre el suministro de sistemas de armas por parte de Israel a los EÁU durante la guerra en curso, y en las especulaciones de la prensa israelí en torno a la visita de Netanyahu a loa EÁU hace unos meses. De manera que, al menos en el caso de loa EÁU, la normalización parece estar intensificándose. Aun así, no sorprendería que hubiera debates entre la élite política emiratí sobre si ésta es la estrategia adecuada a seguir.

En el caso de Arabia Saudí, por su parte, la situación sigue siendo más complicada y refleja en parte la fractura entre este país y los EÁU. Queda por ver si Arabia Saudí seguirá finalmente el mismo camino.

El enfoque del régimen israelí sobre la normalización con los Estados árabes, ¿qué revela respecto a cómo ve su lugar en la región?
Diana Buttu: Antes de octubre de 2023 existía un gran impulso en Israel para avanzar en el proyecto de normalización con los Estados árabes. Ese proyecto se basaba sobre todo en marginar a los palestinos y enviar un mensaje a la opinión pública israelí de que el régimen nunca había necesitado realmente abordar la cuestión palestina. Que, en cambio, podía mantener la paz y los lazos económicos con el mundo árabe sin poner fin a la ocupación, sin desmantelar el proyecto colonial y, por supuesto, sin abordar los derechos fundamentales de los y las palestinas y, lo que es más importante, el Derecho al Retorno.

El régimen israelí viene afirmando desde hace mucho que quiere "paz con sus vecinos" pero a pesar de contar con un acuerdo de paz con Egipto desde 1979 nunca ha tenido lo que pudiera describirse ciertamente como una paz cordial con Egipto. Lo mismo ocurre con Jordania, a pesar del acuerdo de 1994. Y aunque el régimen israelí nunca ha estado en guerra con los EÁU, la relación con este país también ha sido muy asimétrica. Es verdad que hay israelíes que viajan a los EÁU, pero no se observa el mismo flujo en la otra dirección.

Sin embargo, desde octubre de 2023, incluso el debate sobre la normalización ha desaparecido casi por completo del discurso público israelí. De hecho, me sorprendería que la mayoría de las y los israelíes pudieran nombrar cinco países árabes además de los cuatro que acabamos de mencionar. En parte eso es debido a que Israel se considera a sí mismo separado de la región. Las y los israelíes no suelen aprender árabe e históricamente Israel se ha imaginado a sí mismo alineado con Europa más que integrado en Oriente Próximo.

Por esa razón, la normalización nunca tuvo que ver realmente con la integración en la región. Desde octubre de 2023 el discurso político israelí se ha polarizado aún más. Como resultado, la normalización ya no parece ser el objetivo central.

En términos generales, actualmente a las y los israelíes no les preocupa la normalización. Puede decirse que nunca les ha preocupado. La retórica siempre se ha expresado en torno a la paz, pero la trayectoria política se ha focalizado cada vez más en la dominación y no en la coexistencia.

¿Qué papel juega China ante el relativo debilitamiento de la dominación estadounidense en la región?
Adam Hanieh:
Aunque Estados Unidos sigue dominando desde el punto de vista militar y financiero, creo que estamos asistiendo a un debilitamiento relativo de su poder a nivel internacional. Su posición ya no es tan indiscutible como lo era antes. Al mismo tiempo, creo que en el interior de China hay un debate en curso acera de hasta qué punto debe desempeñar un papel activo en Oriente Próximo, o si les interesa más permitir que Estados Unidos siga enfrentándose a dificultades en medio del debilitamiento de su dominación regional.

Volviendo a mi intervención anterior, ese debate viene determinado por el reconocimiento por parte de China de la importancia de la región, dada su dependencia de las importaciones de energía proximooriental, en particular de los Estados del Golfo. Existe además un vínculo más fuerte entre el comercio petrolero y la dominación del dólar estadounidense a escala global, lo cual es importante porque asegura la capacidad de Washington para imponer sanciones a Estados y empresas de China y de otros lugares.

En los últimos años, China ha llevado a cabo un esfuerzo decisivo tanto por aumentar sus reservas de petróleo como por diversificar sus importaciones energéticas, alejándolas de Oriente Próximo y dirigiéndolas hacia socios como Rusia. En estos momentos, China y Rusia mantienen intensas conversaciones sobre nuevos proyectos de gasoductos que conecten ambos países.

Pero más allá de la energía, la región ha adquirido una importancia cada vez mayor para la estrategia global de China. La Iniciativa de la Franja y la Ruta[2], por ejemplo, depende en gran medida del Golfo como centro logístico fundamental: alrededor del 60 % del comercio de China con Europa y África pasa por Dubái. La región reviste, por tanto, una enorme relevancia estratégica para las aspiraciones comerciales internacionales de China.

Por todas estas razones, creo que los responsables políticos chinos son muy conscientes de lo que está sucediendo en Oriente Próximo y, de manera general, de la cuestión relativa al futuro del poderío estadounidense en la región.

Sin embargo, resulta difícil imaginar que China vaya a asumir el mismo papel en materia de seguridad que Estados Unidos ha desempeñado históricamente en la zona. China no cuenta con la misma red de bases militares ni con la misma capacidad de proyección militar.

Diana Buttu: En lo que respecta a Palestina más concretamente, China ha mantenido históricamente una posición bastante coherente: se opone a la ocupación y respalda una solución de dos Estados, al igual que muchos otros países. Pero, más allá de eso, por lo general ha evitado involucrarse profundamente en la lucha palestina.

Quizá haya una excepción notoria: que China acogiera las conversaciones de reconciliación entre las facciones políticas palestinas durante el genocidio. El objetivo declarado era fomentar algún tipo de unidad palestina para que, al menos, pudiera existir una estrategia política unificada con la que hacer frente al régimen israelí.

Pero, más allá de eso, el papel de China parece bastante limitado. En mis conversaciones con personas de China, la opinión reiterada es que, aunque Pekín apoya a Palestina, su política exterior no se basa fundamentalmente en la intervención directa ni en una implicación política más profunda.

Dicho esto, esta posición se distingue de la de Estados Unidos, que nunca ha defendido realmente que haya que liberar ninguna parte de Palestina.

¿Cómo está afectando a las comunidades vulnerables, especialmente en el Sur Global, la actual crisis económica mundial provocada por la guerra?
Adam Hanieh: Tenemos que dejar de ver la región como un gigantesco grifo de petróleo. El Golfo está profundamente integrado en las cadenas de suministro mundiales, y eso significa que las guerras en las que se ven implicados Irán o Líbano tienen repercusiones mucho más allá de Oriente Próximo, especialmente en los países vulnerables del resto del Sur Global.

Uno de los avances determinantes de los últimos años es que las economías del Golfo se han diversificado más allá de la mera exportación de petróleo crudo y gas. Ahora son importantes exportadores de productos químicos, fertilizantes y otros productos petroquímicos. Aproximadamente un tercio de los envíos mundiales de fertilizantes pasan por el Estrecho de Ormuz, junto con exportaciones de azufre y helio.

El impacto del aumento de los precios de estos productos, así como la posibilidad de interrupciones en el suministro, implica que los países del Sur Global se enfrentan al riesgo de perturbaciones mucho más amplias en sus sistemas alimentarios. El aumento de los precios del gas encarece el coste de la maquinaria, el riego y el transporte marítimo. Los precios de los fertilizantes también están subiendo. Incluso los plásticos utilizados para envasar alimentos dependen en gran medida de las exportaciones petroquímicas del Golfo.

Muchos países que dependían de las importaciones del Golfo ya se enfrentaban a graves crisis antes de que comenzara la guerra. Sudán es un claro ejemplo. El país lleva años devastado por la guerra civil y ya hacía frente a una grave inseguridad alimentaria, al tiempo que dependía en gran medida de las importaciones de fertilizantes del Golfo. Yemen y Líbano se enfrentan a vulnerabilidades similares.

Así pues, las perturbaciones procedentes del Golfo se amplifican por estas crisis preexistentes. En ese sentido, es probable que los países del Sur Global se vean afectados mucho más profundamente que países como el Reino Unido u otros Estados europeos.

¿Cómo está afectando todo esto a la lucha por la liberación palestina?
Diana Buttu: No hace falta mucho para que el mundo deje de prestar atención a Palestina. Los dos primeros años del genocidio obligaron a la gente a fijarse en Gaza por la enorme dimensión de la destrucción: ciudades enteras arrasadas, decenas de miles de niños y niñas asesinadas y cerca de 100 000 muertos según algunas estimaciones.

Pero incluso entonces, la mayor parte de las acciones que el régimen israelí estaba llevando a cabo en otras partes seguía pasando desapercibido: en Cisjordania, en Jerusalén, en los territorios ocupados en 1948 y en Líbano. Y ahora, con la guerra regional expandiéndose y con el genocidio mantenido, al mundo le resulta muy fácil volver a lo que la gente llama "la rutina de siempre", lo que, en la práctica, significa volver a ignorar a Palestina.

Centrarse de verdad en Palestina requeriría plantar cara al régimen israelí, pero Estados Unidos, Canadá y los Estados de Europa Occidental, sencillamente, no quieren hacerlo. Así que la atención se ha desplazado lejos de Gaza hacia Irán, que es precisamente lo que quería Netanyahu.

Mientras tanto, desde el alto el fuego de octubre de 2025, las fuerzas de ocupación israelíes han seguido bombardeando Gaza a diario. Cientos de palestinos y palestinas han sido asesinados y miles han resultado heridos desde entonces pero muy pocos actores internacionales hablan de ello.

No ha habido ninguna reconstrucción significativa, ni una entrada importante de alimentos o material de reconstrucción, e Israel ha seguido extendiendo su control sobre Gaza. El propio Netanyahu alardeó recientemente de que las fuerzas israelíes controlan ahora el 60 % del territorio y pretenden apoderarse de más.

Los palestinos y palestinas han vuelto a ser abandonados ahora que la atención internacional se ha desviado hacia otros lugares. Un desenlace que, lamentablemente, era totalmente previsible.

AL SHABAKA

Traducción para viento sur de Loles Oliván Hijós

Notas:

[1] Esta mesa redonda es una adaptación de una conversación grabada el 19 de mayo de 2026 para un episodio de podcast Rethinking Palestine. Ha sido editada para su publicación.

[2] La Iniciativa de la Franja y la Ruta o abreviadamente Franja y Ruta, es una estrategia de desarrollo de infraestructura global y cooperación internacional impulsada por la República Popular China lanzada en 2013. Se considera una pieza central de la política exterior del gobierno de Xi Jinping.

Fuente y foto:

https://vientosur.info/el-golfo-e-israel-guerra-normalizacion-y-la-economia-mundial/

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