El trabajo que enferma: síntomas de una época bajo presión

Estrés, agotamiento extremo y pérdida de sentido son algunas de las formas en que este padecimiento se manifiesta hoy. Una mirada desde el psicoanálisis para pensar qué está en juego y cómo abordarlo.
Durante mucho tiempo, el trabajo fue pensado como un organizador central de la vida: fuente de identidad, de ingresos y también de inscripción en lo colectivo. Sin embargo, en los últimos años esa función aparece cada vez más tensionada: jornadas extensas, incertidumbre laboral, hiperconectividad y exigencias de productividad configuran un escenario en el que el malestar psíquico deja de ser una excepción para volverse una experiencia extendida. Lejos de reducirse a un problema individual, el estrés laboral y el llamado síndrome de burnout invitan a ser leídos como síntomas de una época. En un contexto donde el rendimiento se vuelve mandato y el descanso casi una culpa, la dificultad para poner límites y sostener condiciones de trabajo saludables se vuelve una marca contemporánea. ¿Qué lugar ocupa el deseo en estas dinámicas? ¿Qué responsabilidad tienen las condiciones laborales en estos padecimientos? ¿Cómo se articulan las exigencias del mercado con la subjetividad?
Para abordar estas preguntas, Página/12 consultó a Mariel Demianiuk. Licenciada en Psicología, Demianiuk tiene una formación integral que articula el enfoque clínico, educativo y corporal desde una perspectiva psicoanalítica. Se desempeña como docente universitaria en Cámara Gesell en las prácticas profesionales de la Institución Fernando Ulloa, además de coordinar cursos y talleres sobre problemáticas contemporáneas como la autoexigencia, el estrés laboral y los procesos de subjetivación en contextos mediados por la tecnología. También es docente en la Universidad de la Mariana Mercante. Su práctica se distingue por la escucha activa, la adaptabilidad, el trabajo en equipo y un sólido compromiso ético con los procesos terapéuticos y humanos.
--En los últimos años se habla cada vez más de malestar en el trabajo. ¿Qué es lo que está pasando hoy con la salud psíquica en el ámbito laboral?
--Lo que está sucediendo hoy en día es una autoexigencia importante, muy importante, de la cual la persona no llega a recomponerse, a tener un equilibrio emocional y sigue agregando autoexigencia. El filósofo coreano Byung-Chul Han establece esto de la autoexigencia, de estar constantemente conectado, de exigirse a sí mismo, cuando antes quizá la exigencia venía de afuera y ahora es interna. Lo que también pasa es que estar conectado, estar trabajando, estar a full, hoy en día está bien visto. Y, a veces, uno lo ve hasta en las películas. Hay films en los que se ve la sobreexigencia laboral como algo positivo, como algo que te lleva al éxito.
--¿El trabajo se volvió más exigente o cambió nuestra forma de relacionarnos con él?
--Yo creo que cambió la forma en que nos relacionamos con el trabajo. Y creo que mucho también tiene que ver lo que beneficia y, por otro lado, los avances tecnológicos. Esto de estar hiperconectado 24-7, que quizá hasta las 2 de la mañana te acordaste que no mandaste un mail y levantarte y hacerlo, eso era impensado antes. Salías del trabajo y ya estaba. No había posibilidades ni siquiera de comunicarte telefónicamente si no tenías teléfono en tu casa.
--El estrés aparece muchas veces como parte "normal" del trabajo. ¿Cómo se puede pensar ese límite entre lo tolerable y lo patológico?
--Cuando comienza a extenderse en el tiempo. Si bien estrés tenemos todos y hay un cierto estrés que es saludable y necesario, porque si no, no tendríamos toda esta activación orgánica ante situaciones nuevas, ante situaciones que puedan llegar a ser peligrosas o que te genere mucha exigencia. Eso es lo que sería el estrés normal, el estrés bueno o positivo que te ayuda a alcanzar algunas metas o enfrentar situaciones nuevas. Cuando esto se empieza a ir de las manos, cuando llega un punto donde la desconexión con el trabajo, la desconexión con las situaciones que pasan en el trabajo, se vuelve crónico, ya empezamos a hablar de un estrés que tiene que ver con lo laboral crónico. De ahí pasaríamos después a un burnout si esto se extiende en el tiempo.
--¿Cuáles son las señales tempranas de que el trabajo está afectando la salud mental?
--Una de las señales que quizá la persona pueda llegar a tener es un agotamiento mental y emocional: esto de no poder dar más. Como es el mismo nombre del burnout, esto de sentirse "quemado", agotado, no poder avanzar. Dentro del burnout, en particular, uno de los síntomas es la despersonalización, esto de que no te interesa, cierto cinismo incluso con las personas que están como compañeros laborales, con los clientes, pacientes o según cuál es el desarrollo que se haga en el trabajo. Y creo que esta cosa de sentir que nunca el descanso es merecido. Las primeras señales: se siente irritable, siente que no quiere estar en contacto con las personas. Es bastante común el aislamiento como primera señal. Y, además, situaciones quizás explosivas como que, de golpe, se pone a llorar, actúa con violencia, con agresión, porque está ya siendo superado. Si esto no tiene un tratamiento puede llegar a un punto de trastorno depresivo.
--¿Hay perfiles o profesiones que son más propensos a desarrollar burnout?
--Se comenzó estudiando el burnout por la doctora Christina Maslach, en lo que tiene que ver con la atención en salud, sobre todo los médicos, esto de tener el contacto con personas en estado de gravedad o de urgencia. Pero creo que todo lo que tenga que ver con las relaciones interpersonales hoy en día facilita bastante esta sensación incómoda o que pueda llegar a un estrés laboral crónico. Quizás no están los roles claros, no sabés cuál es el límite, en qué te tenés que ocupar o tener un jefe difícil, o trabajar en zonas en donde quizás haya quejas, reclamos. Y esto va inoculando progresivamente cada vez mayor cantidad de cortisol, de estrés.
--¿Se puede prevenir o es una consecuencia inevitable de ciertas condiciones laborales?
--Se puede prevenir. Llegar a un punto de estrés crónico tiene que ver también con la subjetividad de la persona. Ante una misma situación quizás a una persona no le afecta y a la otra sí. Hay métodos para prevenirlo. Hay algunos que tienen que ver con la persona, o sea, son individuales y los tiene que llevar adelante el sujeto. Y hay otros que tienen que ver con el entorno donde trabaja porque si está colapsado de trabajo, no tiene un rol claro, no sabe a quién tiene que responder, puede ser que a nivel laboral haya que cambiar ciertas reglas, ciertas normas. Pero dentro de lo que es personal, hay puntos que me parecen superinteresantes y que tienen que ver con la alimentación en primer lugar. Lo primero y fundamental es empezar a reconocer que hay cierta sintomatología que me está haciendo sentir mal, que ya empiezo a sentirme más estresada, más irritable, como que no llego a descansar lo suficiente, problemas con el sueño, pesadillas, en las que quizás te encontrás soñando con algo laboral, o quizás no poder disfrutar el tiempo en familia. Y cosas que antes te gustaban, como practicar algún deporte o pasarte el fin de semana entre la naturaleza, de golpe no las soportás o no te causa placer. Esos serían los primeros alertas a nivel individual. Hay que tener en cuenta esto de poder autoobservarse también. Me gusta un término que tiene que ver con la autocompasión, pero la autocompasión como ser amoroso con uno mismo, que a veces eso uno lo deja para el resto y no para sí mismo.
--¿Hay una dificultad actual para poner límites en el ámbito laboral?
--Una de las dificultades tiene que ver con la precarización del trabajo: que se trabaja por contrato, por obra, por algo chiquito y vos tenés que volver a buscar trabajo y estar constantemente activo para no perder algún tipo de oportunidad que se te pueda brindar en la vida porque si fallaste en algo, ya no conseguís el trabajo o no lo podés seguir manteniendo. Me parece que eso es un punto que hace que el trabajo hoy en día no dé la tranquilidad de tener una estabilidad, una obra social, como era antes. Sin decir que antes era maravilloso, pero generaba una mayor estabilidad en la persona. También, a veces, la dificultad como para conseguir ser reconocido, ser valorado o tener alguna posibilidad de ascenso, de crecimiento dentro del puesto laboral. Eso también, a veces, perjudica.
--¿El trabajo remoto alivió o intensificó el malestar psíquico?
--Por un lado, beneficia porque la persona no sale de su casa, se queda tranquila, piensa "Bueno, estoy todo el día en casa". Pero es como que se pierde la línea entre lo personal y lo laboral. Entonces, quizás, en horario laboral me pongo a ver una película, y en horario de descanso, en vez de descansar me pongo a trabajar. O contesto mails cuando no los tendría que contestar y tendría que estar disfrutando en familia, con amigos o de algo que tenga que ver con lo personal. Entonces, es como que se desdibujó esa línea entre cuándo estoy trabajando y cuándo no. Y yo creo que genera menos productividad si se quiere, hablando de la productividad. Genera un estado de mayor distracción.
--¿Y qué lugar ocupa el deseo en el trabajo hoy? ¿Se puede trabajar sin deseo?
--Yo creo que no se debería trabajar sin deseo, pero me parece que esto mismo que genera el burnout tiene que ver con que el deseo se apaga. Solamente queda esto del padecimiento, del sufrimiento y de la autoobligación: no encuentro una salida. La única salida es volver a levantarme y hacer lo mismo que no quiero hacer. Con lo cual el deseo queda como bloqueado.
--¿El sufrimiento en el trabajo puede ser leído también como un indicador que "dice algo" sobre la posición subjetiva?
--Sí, claro. El sufrimiento laboral indica muchísimas cosas. Y una es no tener las herramientas suficientes como para ver qué hago.Por eso cuando uno se encuentra en estas situaciones, es interesante poder realizar algún tipo de tratamiento psicológico, que le permita tomar cierta distancia de esto que está sucediendo quizás a su alrededor.
--¿Y cuándo es momento de pedir ayuda profesional?
--Ir a terapia nos hace bien. Esto de poder validar muchas veces las emociones, ordenar un poco qué nos está pasando, poder descubrir, si se quiere, algunas salidas que no se nos habían ocurrido para la vida. Pero creo que cuando ya la persona siente que no puede despegarse del trabajo, que no puede dejar de pensar en el trabajo y esto le genera angustia, insomnio, mucha irritabilidad, antes de eso está bueno que se pueda acceder a un tratamiento psicológico. Y también todo lo que tiene que ver con los cambios de hábitos, porque a veces los propios hábitos generan mayor producción de cortisol. Y pasa a ser algo completamente orgánico este tipo de estrés.
--¿Qué pasa cuando alguien siente que su trabajo perdió sentido, por ejemplo?
--Estamos ahí en un burnout. Esto de no sentir que tenga utilidad es como quedar muy en el límite. Muchas veces uno podría, a grandes rasgos, decir "No, tendrías que cambiar de trabajo". Pero no es lo que la persona puede hacer. A veces, queda dando vueltas en círculos en esta misma situación: la pérdida de interés, la pérdida de sentir que hay una realización personal, pero a su vez siente la imposibilidad de salir de esta espiral.
--¿Y qué responsabilidad tienen las empresas en el cuidado de la salud mental?
--Yo creo que hay un 50 y un 50, para algunas será menos, para algunas será más, pero me parece que está compartido. No es algo que sea exclusivo de la empresa o de la organización, ni tampoco de la persona. Sí me parece que hay puntos en los cuales se puede trabajar en conjunto. Uno de los puntos tiene que ver con escuchar al empleado, escuchar qué le está pasando, validar estas emociones, poder ubicar un espacio donde esta persona pueda conectarse con la empresa y saber qué le está sucediendo. A veces, hay cosas puntuales. Nosotros estamos hablando de un burnout que tiene que ver con algo que se extiende en el tiempo, pero a veces también se atraviesan situaciones familiares o personales o situaciones de duelo, en las cuales la empresa tiene que tener algún tipo de acompañamiento para esto. A veces, puede ser el sector de Recursos Humanos o un jefe que tenga quizás también algún tipo de taller, curso o algo, que tenga una escucha activa, que pueda entender qué le está pasando a su empleado y no que haya quizás un feedback solamente negativo para cuestionar ciertos comportamientos.
-¿Qué cambios culturales cree que son necesarios para mejorar toda esta situación que fue describiendo?
-Primero, establecer la importancia de la familia, de los amigos, del tiempo de ocio, el tiempo de la lectura. Creo que lo que está faltando quizás son intereses propios y como interés propio está el trabajo o el mantenimiento económico y no permite muchas veces esto de conectarse con lo espiritual, con lo relacional. Y cada vez se va tomando más distancia de lo relacional. Uno ve que quizás hay una persona que está sentada frente a la otra y cada uno está con su celular. Entonces, va generando, a mi entender, cada vez más distanciamiento. Es como que estamos cada vez más solos. Estamos conectados pero solos.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/04/19/el-trabajo-que-enferma-sintomas-de-una-epoca-bajo-presion/
