El verdadero escenario del dólar y la inflación que miran las empresas y que el Gobierno deja correr

31.03.2026

Por Eugenia Muzio   

Un dólar "incómodo", que se queda corto para los negocios en el exterior, y barato para las importaciones que reemplazan la producción argentina. El sector privado exportador proyecta un avance sobre el tipo de cambio que el mercado ve a $1.700 para fin de año y aguarda la promesa de la baja de impuestos para recuperar competitividad. Por ahora, esa compensación no figura en los planes del Gobierno, que observa de cerca el fantasma de una inflación acelerada y avivada por la guerra en Irán. El oficialismo se debate hoy entre acumular reservas o ponerle un freno a los precios, su mayor capital político, que empieza a quedar a la sombra de un desempleo creciente.

Con la moneda estadounidense orbitando los $1.400, el sector privado argentino está al borde de perder competitividad respecto del año pasado y de ampliar la brecha negativa frente a 2024. El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) —el termómetro que mide la relación con los principales socios comerciales— se ubicaba en 80 puntos para marzo de 2025. Hoy marca 86 puntos, pero arrastra una fuerte caída desde los 94 puntos que ostentaba en enero. Un índice más bajo es la confirmación técnica de que los bienes y servicios producidos en el país se han vuelto más caros en dólares.

El segundo trimestre asoma como la ventana más favorable para el Banco Central (BCRA) y su programa de compras, traccionado por la liquidación de una cosecha gruesa récord y la proyección de que el sector energético ganará volumen de exportación ante los precios internacionales en alza por el conflicto bélico. En ese contexto, un billete más barato empeoraría la ecuación de distintas ramas industriales, a las que se les multiplican los problemas por costos crecientes y la dificultad para sostener el empleo.

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La trampa cambiaria y el reclamo empresario

"Es hora de seguir acumulando reservas vía compras del Central para sostener el precio del dólar antes de que se siga derrumbando y nos saque más competitividad. El Estado después tiene que sacar impuestos para compensar", planteó a este medio el CEO de una importante agroexportadora con llegada a la administración libertaria.

La caída del consumo y la competencia directa de las importaciones operan como fuertes detractores de las expectativas empresariales. "Está más fácil ser competitivo por insumos, pero el costo laboral sigue caro y el consumo sigue cayendo. Un dólar a $1.600 nos da mejor ganancia, pero le mete más presión a los precios", explicó en off the record una fuente del sector metalúrgico, advirtiendo sobre el peligro de sostener una oferta que hoy no encuentra demanda.

Proyecciones devaluatorias y fragilidad electoral

La proyección cambiaria de la City porteña, que ubica la divisa en $1.707 para diciembre, está atada al ritmo esperado para el Índice de Precios al Consumidor (IPC); es decir, asume un escenario optimista en términos reales. Según la consultora Outlier, se espera que el tipo de cambio atraviese un proceso de apreciación durante la primera mitad del año, una tendencia que recién se moderaría en el segundo semestre de la mano de una eventual baja en los precios internacionales de la energía. Bajo este esquema, el dólar mayorista nominal cerraría el año apenas por encima de los $1.600.

Esta dinámica implica que la economía real "consumirá" gran parte de la ganancia de competitividad obtenida con la devaluación del año pasado, lo que representa una fragilidad macroeconómica latente de cara al turno electoral de 2027. A su vez, el sistema de bandas cambiarias ajusta por inflación y evita profundizar las apreciaciones reales, pero "introduce cierta inercia inflacionaria y es vulnerable a shocks externos, ya que el techo de la banda hoy es sólo 20% más alto que el tipo de cambio actual", advirtió el grupo de expertos del BBVA en su último informe de research.

"Proyectamos una depreciación gradual acompañando la nominalidad de la economía, dentro de las bandas (1.760 ARS/USD para diciembre 2026 y 2.000 para diciembre 2027), con riesgo de volatilidad especialmente hacia el año electoral", coincidieron los analistas bancarios. En silencio, el Gobierno no cuestiona la visión de una cotización que se ubicaría cerca del techo de la banda para ese entonces, marcando un fuerte contraste con el Presupuesto 2024 que había pregonado un dólar a $1.423 y una inflación anual del 10,1%.

El shock petrolero y el recalentamiento de los precios

En un escenario donde la estacionalidad y el impacto geopolítico empujarían el IPC de marzo por encima del 3%, las consultoras privadas comenzaron a cristalizar una visión mucho más escéptica sobre la velocidad de la desinflación, abriendo una brecha con las metas oficiales. Como referencia, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) preveía en diciembre un 26% de inflación para fines de este año.

Sin embargo, el último informe de Outlier advirtió que el tablero internacional mutó hacia un fenómeno que tiene "mucha más forma de shock petrolero que de ciclo alcista de commodities", lo que ejerce una presión directa e inmediata sobre los costos locales. El reporte sentencia que estas presiones adicionales elevan la proyección del IPC general a la zona del 28% al 29% anual para 2026.

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Esta corrección al alza se explica por un frente externo que combina la contracción de la oferta global con una postura más rígida de los bancos centrales extranjeros. Para los analistas, la dinámica de los precios internos no dará tregua en el corto plazo: proyectan que la inflación mensual se mantendrá por encima del 2% durante todo el primer semestre, logrando perforar ese piso recién en la segunda mitad del año, siempre y cuando el impacto energético global comience a ceder.

Los especialistas subrayan que este shock llega para profundizar el impasse que venía experimentando el proceso desinflacionario local, obligando a recalcular no solo los números de este año, sino también a empeorar las proyecciones para 2027 y 2028.

El peligro inminente que acecha a los precios argentinos se materializa en los surtidores. El precio del barril de Brent impacta de lleno en las naftas locales, las cuales trasladan un 0,3% al IPC general por cada 10 puntos porcentuales de aumento en el crudo. En apenas un mes de conflicto bélico, los combustibles incrementaron más de un 20% en relación a un barril que cotizaba a USD 90. Este lunes, el commodity perforó el techo de los USD 115 y la expectativa sobre el fin de las hostilidades en Medio Oriente aún no tiene fecha en el horizonte.

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