“En las navidades, cuando todos los chicos esperaban regalos, nosotras esperábamos que papá entrara por la puerta»

14.10.2026

Hijos e hijas de los trabajadores desaparecidos de Molinos Río de la Plata declararon en el juicio que se le sigue al ex gerente de la empresa, Emilio Parodi.

El juicio por la responsabilidad de Emilio Parodi en la desaparición de tres trabajadores de Molinos Río de la Plata comenzó a recibir los testimonios de las hijas e hijos de las víctimas, quienes reconstruyeron las historias de sus padres 50 años después y relataron sus infancias difíciles, cruzadas por la ausencia y la persecusión.

Este miércoles, ante el Tribunal Oral Federal 2 de La Plata, fue el turno de Roxana Freitas y Ceferino Metaboni, hija e hijo de Avelino Freitas y de Rubén Metaboni, dos obreros secuestrados en 1976.

"Mi papá militaba en la Juventud Peronista y era delegado del Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria de Aceitera. Trabajaba en Molinos y peleaba por los derechos de sus compañeros", resumió Roxana, quien tenía 9 años cuando su papá fue desaparecido, el 1 de julio de 1976.

La mujer relató que a Freitas lo secuestraron en la parada de colectivos cuando se iba a la planta de Avellaneda de Molinos, propiedad entonces de Bunge & Born. "Lo sabemos por un vecino que también fue detenido ese día y no contó que pasó un camión de militares, lo subieron a la camioneta y le pusieron una capucha. A este vecino lo liberan y vino a cantarle a mi abuelo. Cuando mi abuelo fue a buscarlo a la Comisaría 4 de Avellaneda ya no estaba y le dijeron que no sabían nada. Lo buscaron por todos lados y nunca supimos nada de él", recordó añadió: "La empresa sabía sus movimientos y horarios, por eso creo que ellos fueron los que lo entregaron. Ellos lo venían persiguiendo".

Mientras trataban de juntar información, la familia buscó preservar a las 4 niñas y a su esposa, Francisca Coronel, quienes se fueron a vivir a Paraguay. "Cuando nos fuimos, no sabía nadie a dónde íbamos. Nos cruzaron en un carro, tapadas con paja.. A nosotras nos pareció divertido porque éramos chicas. Habremos estado un año allá con mamá. Cuando volvimos, mamá nos dejó en la casa de mis abuelos paternos. Ella era una mujer sin estudios y el único trabajo que conseguía era cama adentro así que encima de no tener a papá nos criamos sin mamá. Nos criaron nuestros abuelos, también con muchas necesidades pero con mucho amor", destacó, quien por momentos tuvo que cortar su relato por la emoción y la angustia.

Cuando el abogado querellante Pablo Llonto le consultó por las consecuencias que tuvo en ella y su familia todo eso, Roxana contó que estuvo toda la vida esperando a su papá. "En las navidades, cuando todos los chicos esperaban regalos, nosotras esperábamos que papá entrara por la puerta. Así pasamos la vida nosotras, esperando a papá y acompañando a mi abuela, que era madre de Plaza de Mayo", sostuvo.

Ceferino se sentó a declarar con una remera de la causa Molinos, que reúne a familiares y ex obreros para impulsar la causa por crímenes de lesa humanidad. "Soy hijo de Rubén Mataboni, padre de 10 hijos. Yo soy el menor, tenía 5 meses cuando lo secuestraron. Él era un militante político, barrial, social. Su último trabajo fue en Molinos, donde tuvo que renunciar por la situación grave que sucedía en la empresa", señaló y agregó que con su declaración le ponía voz a la figura de su madre, Nélida del Valle Delgado, quien le contó todo a los 12 años.

Rubén Mataboni era trabajador de Molinos y militante de Montoneros. Era conocido como "Verdura". Si bien no integraba la comisión interna, era el responsable político de muchos de sus integrantes por lo que después del golpe de Estado comenzaron las amenazas para que renunciara.

"Mi mamá decía que mi padre era amenazado por Parodi, que era invitado a su oficina, le decía que sabía de sus movimientos en la fábrica. Más allá de que no era delegado, era activista de primera línea, acompañando, haciendo reclamos. En casa de mi papá se hacían reuniones porque no se podían hacer en la fábrica, donde una patota respondía a Parodi. En su locker le dibujaban ataúdes, le dejaban flores o balas", relató ante los jueces Nelson Jarazo y Pablo Wilk y la jueza Yésica Sircovich.

A diferencia de otros ex trabajadores, a Rubén no lo secuestraron en la fábrica sino en un departamento de Palermo, donde hacía trabajos de pintura junto a su hijo mayor, quien tenía 15 años, y dos ex trabajadores de Molinos Carlos Espíndola y José Luis Salazar. El único sobreviviente de ese operativo fue su hermano mayor, liberado después de que capturaron a su padre, quien contó lo que había pasado.

"Compañeros de mi papá decían que Parodi armaba los listados, señalando a los que después eran detenidos desaparecidos. Eso es lo que pude ir investigando de las decisiones que tomó Parodi para que hoy mi papá sea un detenido desaparecido", manifestó Ceferino.

A pesar de integrar la acusación original contra Molinos, los casos de Freitas y Metaboni no integran este debate. Parodi llega acusado como partícipe necesario del secuestro de Francisco Fernández, Roberto José Rivolta Bonino y Santos Ojeda.

El 7 de julio de 1976 por la mañana, los trabajadores fueron secuestrados y todavía permanecen desaparecidos. Ojeda fue el primero, cuando salía de su turno de trabajo, a las 5 de la mañana. A las 6, Fernández fue detenido ilegalmente por dos personas de civil que lo esperaban en el ingreso de la planta. Dos horas después, un grupo de personas se llevó a Rivolta en la entrada de la fábrica.

La hija de Fernández, Adriana, declaró la semana pasada. "Soy la menor de tres hijos y vengo a declarar en nombre de mi papá, a pedirles que se haga justicia por el secuestro y la desaparición de mi papá en la empresa Molinos Río de la Plata. Él era un muchacho de 27 años que creía en los derechos, en la justicia social, militaba en la Juventud Peronista y tenía la convicción de defender los derechos de los trabajadores", dijo al comenzar su testimonio.

Al igual que Roxana Freita, Adriana contó que la desaparición de su padre fue un golpe fuertísimo para la familia. "Mi mamá era una mujer de 26 años con tres chiquitos de 5, 4 y 2 años. Mi mamá se quedó en la calle con nosotros, vivió y sufrió pobreza, tristeza, soledad. Mi abuela, su mamá, la pudo ayudar cuidándonos mientras ella buscaba a mi papá y buscaba trabajo. Y cuando mi mamá encontraba un trabajo y tenía un lugar o podía pagar un lugar para vivir, no nos llevaba a los tres. No podía, no tenía con qué darnos de comer a los tres. Entonces, dos de nosotros siempre nos quedábamos con mi abuela", recordó.

También habló de cómo la marcó la ausencia de su padre durante todos esos años. "Cuando era chiquita pensaba que un día yo iba a abrir la puerta de mi casa y mi papá iba a aparecer con el saco celeste como en la foto, porque yo no lo recuerdo a él, recuerdo las fotos. Y yo me imaginaba que abría la puerta y aparecía. ¿Porque quién hace desaparecer? Un mago. Entonces desaparecen y aparecen las cosas. Mi papá tenía que aparecer", detalló y agregó: "No sé hasta qué edad creí eso, hasta que un día me di cuenta que era imposible que apareciera. Fui creciendo y buscando pistas para armar un rompecabezas sobre mi vida, sobre la historia de mi papá, sobre lo que había pasado".

Fuente:

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/en-las-navidades-cuando-todos-los-chicos-esperaban-regalos-nosotras-esperabamos-que-papa-entrara-por-la-puerta/

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