Encuesta: cinco consultoras analizan cómo cambió la relación entre Javier Milei y la opinión pública durante 2026

Perfil tomó las principales encuestas publicadas entre marzo y julio para reconstruir la evolución del vínculo entre el Presidente y la sociedad. La responsabilidad por la economía, la percepción sobre el rumbo del país, el desgaste de la gestión y la persistencia de un núcleo de apoyo muestran que el oficialismo atraviesa una nueva etapa política.
Durante una campaña electoral, las encuestas suelen utilizarse para medir quién gana y quién pierde. Sin embargo, cuando se las observa de manera conjunta también permiten reconstruir cómo evoluciona la relación entre un gobierno y la sociedad. Más que una sucesión de fotografías, ofrecen una secuencia que ayuda a entender los cambios en el humor social.
El análisis de los estudios publicados por este medio entre marzo y julio muestra que el principal cambio registrado durante 2026 no fue solamente una variación en la imagen de Javier Milei, sino la forma en que la ciudadanía comenzó a evaluar su gestión.

Para este análisis, PERFIL tomó en cuenta distintas mediciones de opinión pública realizadas durante el primer semestre del año y observó la evolución de tres variables centrales: la evaluación de la gestión, la percepción sobre la economía y las expectativas electorales. El recorrido permite identificar no solo cuándo comenzaron a aparecer señales de desgaste, sino también por qué ese deterioro todavía no se tradujo en una pérdida definitiva de competitividad para el oficialismo.
Del crédito político a la exigencia de resultados
La primera señal apareció en marzo. Una encuesta de Pulso Research mostró que, por primera vez desde el inicio de la gestión, quienes responsabilizaban al Gobierno por la situación económica de Argentina superaban a quienes seguían atribuyéndola principalmente a la administración anterior. El 46,9% de los consultados señaló a la gestión de Milei como principal responsable del escenario económico, frente al 41,6% que continuó apuntando al gobierno precedente.
Ese dato fue acompañado por otro indicador igualmente significativo. La gestión de Javier Milei alcanzó un 54,8% de evaluación negativa y un 37,2% de imagen positiva, el nivel más bajo de aprobación registrado por la consultora desde el comienzo de la serie. Más allá del porcentaje, el estudio reflejaba un cambio de lógica en la evaluación pública. La sociedad comenzaba a juzgar al Gobierno menos por sus promesas y más por los resultados que percibía en la vida cotidiana.
El propio director de Pulso Research, Juan Adaro, explicó entonces que la caída respondía a una combinación de factores. Por un lado, la recuperación de las variables macroeconómicas todavía no encontraba un correlato en el bolsillo de los ciudadanos. Por otro, la reforma laboral aprobada por el Congreso el 27 de febrero no había logrado instalarse como un triunfo político para el oficialismo y terminó siendo leída por una parte importante de la población como una medida favorable a los empleadores y perjudicial para los trabajadores.
La encuesta también dejaba otra advertencia para el oficialismo. Más de la mitad de los consultados consideraba que Argentina iba por un camino incorrecto. Aunque la oposición todavía no lograba consolidar un liderazgo capaz de capitalizar ese descontento, comenzaban a aparecer señales de que la denominada "luna de miel" posterior a las elecciones se estaba agotando.

Un mes después, otro estudio profundizó esa tendencia. La consultora Zuban Córdoba & Asociados registró que el 63,6% de los consultados consideraba que el país iba por el camino equivocado y apenas el 28,3% opinaba lo contrario. La diferencia con otras mediciones radicaba en el tipo de indicador utilizado. Mientras la aprobación de gestión refleja una evaluación del presente, la percepción sobre el rumbo del país funciona como una medida de las expectativas futuras.
El relevamiento también mostraba un deterioro persistente en la situación económica personal de los argentinos. Más de la mitad de los encuestados aseguraba que su economía había empeorado durante el último año y los principales problemas seguían vinculados con la inflación, el salario y la dificultad para llegar a fin de mes. La coincidencia entre un presente percibido como negativo y un futuro observado con pesimismo suele representar un desafío mayor para cualquier administración porque reduce el margen que ofrecen las expectativas.
El desgaste no alcanzó para modificar el escenario político
Las mediciones posteriores agregaron nuevos matices. En mayo, un informe de Monitor Digital confirmó que Javier Milei seguía siendo el dirigente que dominaba la conversación política en redes sociales, con casi 33 millones de menciones durante el último año. Sin embargo, esa centralidad ya no representaba únicamente una ventaja. El estudio advertía que la conversación digital se encontraba crecientemente atravesada por críticas, conflictos y un clima de negatividad que comenzaba a afectar al oficialismo.
El informe mostraba además que dirigentes como Mauricio Macri y Patricia Bullrich mejoraban su posicionamiento relativo dentro del electorado de centroderecha. No porque hubieran experimentado un crecimiento extraordinario, sino porque el desgaste del oficialismo reducía parcialmente la distancia que los separaba del Presidente. Aun así, la conclusión era clara. Milei continuaba organizando la conversación pública y la oposición todavía no lograba convertir el malestar con el Gobierno en una alternativa política consolidada.

Ese fenómeno volvió a aparecer en junio. Una encuesta de Proyección mostró que Milei y Axel Kicillof aparecían prácticamente empatados en un eventual balotaje presidencial para 2027. En un escenario de primera vuelta, el Presidente incluso conservaba una ventaja sobre el gobernador bonaerense.
El mismo estudio registró elevados niveles de imagen negativa de los principales dirigentes políticos argentinos. Milei, Kicillof y Patricia Bullrich acumulaban más rechazos que apoyos, mientras que dirigentes como Sergio Massa y Máximo Kirchner presentaban indicadores todavía más desfavorables. La conclusión era que el desgaste del oficialismo convivía con una oposición que tampoco conseguía construir un liderazgo ampliamente competitivo.

En julio, una nueva encuesta de Social Monitor terminó de completar el recorrido sobre el vínculo entre Milei y la sociedad. El estudio mostró un escenario de fuerte paridad entre La Libertad Avanza y el peronismo, ambos con 25% de intención de voto como espacio político, acompañado por un elevado nivel de indecisos y de votantes dispuestos a modificar su elección durante la campaña.
Sin embargo, el dato más relevante no estuvo en la intención de voto sino en la evaluación de las políticas públicas del Gobierno de Milei. Pese al desgaste registrado en la gestión, una mayoría relativa de los consultados consideró que el próximo gobierno debería mantener total o parcialmente las medidas impulsadas por la administración libertaria. Esa respuesta sugiere que una parte del electorado diferencia cada vez más entre la evaluación del Presidente y la valoración de algunas de sus reformas.

La encuesta también mostró que Javier Milei mantiene un techo electoral competitivo hacia 2027 y continúa siendo uno de los dirigentes con mayor volumen de apoyo potencial, aunque con fluctuaciones respecto de mediciones anteriores. Del otro lado, Axel Kicillof aparecía consolidando su crecimiento hasta alcanzar niveles de competitividad similares en algunos escenarios.
La comparación entre las distintas encuestas permite identificar un proceso más complejo que una simple caída de imagen. Entre marzo y julio cambió la forma en que la ciudadanía evaluó al Gobierno. La explicación de la herencia recibida dejó de ser suficiente para una parte importante de la sociedad, crecieron las demandas por resultados concretos y aumentó el peso que los ciudadanos asignan a las decisiones del propio oficialismo. Al mismo tiempo, ese desgaste todavía no se tradujo en una transferencia automática de apoyo hacia la oposición.
Las mediciones muestran, en definitiva, que el Gobierno ingresó en una nueva etapa. El desafío ya no parece ser convencer a una sociedad que apostó por un cambio, sino sostener ese respaldo en un contexto donde las expectativas comenzaron a transformarse en exigencias. Esa transición explica buena parte de la evolución de la opinión pública durante 2026 y ayuda a entender por qué, aun con señales de desgaste, el escenario político continúa abierto de cara a las próximas elecciones.
RG/fl
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