ENTREVISTA AL HISTORIADOR MEXICANO CHRISTIAN NADER, EXPERTO EN GEOPOLÍTICA

30.05.2026

Un recorrido por Abya Yala y el mundo de la mano de un experto, cuya mirada crítica ayuda a anticipar y comprender los futuros acontecimientos en la región.

























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A — Bienvenido, Christian. Realmente un placer tenerte con nosotros. En primer lugar, quisiera saber cuál es tu mirada, tu sentipensar sobre lo que ocurre en nuestra ABYA YALA, un territorio atravesado por numerosos denominadores comunes.


C N — Lamentablemente no se puede dar un buen diagnóstico ante lo que estamos contemplando en nuestro continente, en mi hemiesferio. Abya Yala, América, Isla Tortuga, -Cemanáhuac- como gustan llamarla.

Lo que estamos viendo es el repliegue por parte del imperio a su centro de expansión primigenio. Nuestra América, ante la imposibilidad de Washington, -Estados Unidos- de dominar hegemónicamente todo el planeta de acuerdo a los estándares que dictaron a partir de 1991, el fin de la Unión Soviética, declarando que había llegado el fin de su historia y que a partir de ese momento la democracia liberal burguesa y el capitalismo centrado en Estados Unidos dominaría todo el planeta. 

Sin embargo, desde hace dos décadas se están viendo en problemas por el resurgimiento de Rusia como una superpotencia al igual que China.  

Entonces, lo que hace el imperio desde la primera administración de Trump y también con Obama, es retroceder y atrincherarse a nuestro continente mientras coloca en distintas regiones del planeta a sus socios, títeres, cipayos, o satélites, a hacer su trabajo sucio.

El sionismo en el oeste de Asia, Francia, en el norte de África, Japón rearmándose en el oriente o en el Pacífico Asiático, y mientras tanto Washington retorna a su centro de expansión primigenio, que es donde amasa el expansionismo del siglo XIX, a través de lo que podría ser un segundo plan Cóndor, aunque con una estrategia distinta, controlando múltiples naciones desde el Cabo de Hornos, hasta prácticamente el Polo Norte.

Bueno, tú lo sabes, tú sufres día a día lo que ocurre en Argentina, pero también en el otro lado andino, con un gobernador literalmente nazi, Antonio Kast, Ecuador con un narco gobierno, Perú sin un gobierno, Bolivia con una dinastía, el Paraguay con el Stroessnerismo, Bukele, en El Salvador con un régimen carcelario, lo mismo que en Honduras. 

EE.UU. intenta someter a los países que no acatan de forma absoluta sus deseos, llegando incluso a secuestrar presidentes y amenazar naciones que llevan más de siete décadas bajo asedio como Cuba. Eso es lo que se observa hoy: 

Washington busca un control hemisférico total y, además, un dominio absoluto sobre las materias primas del continente, desde hidrocarburos, litio, agua —incluida el agua dulce y potable—, tierras raras, plata y, por supuesto, el control estratégico, que es lo más importante, para impedir que otras superpotencias establezcan cualquier tipo de vínculo con las naciones de la región.

De este modo se pretende hacer valer la llamada Doctrina Monroe y el destino manifiesto hoy condensados en ese concepto que aglomera todas las políticas expansionistas, supremacistas y excepcionalistas que ha tenido Estados Unidos desde su fundación, como un imperio-nación desde finales del siglo XVIII sin saber, hasta qué nivel están dispuestos a llegar como lo hemos presenciado, el 3 de enero del presente año en Caracas, o lo que están fraguando en contra de Cuba, o incluso, en contra del Reino de Dinamarca, en Groenlandia, todo para hacerse con el control total de un continente que en este momento, lamentablemente, el 75% está controlado por cipayos estadounidenses.


A — Vos hablabas de un 2026 que comenzó precisamente el 3 de enero, con esta invasión al margen de todo tratado internacional y de cualquier marco legal previsible. Todo esto que estás comentando, que estamos viendo y que muchas veces no se informa en profundidad, evidencia con claridad la vigencia de la doctrina Monroe, quizás ahora con un corolario trumpista que le ha sumado una dinámica más agresiva. A partir de estas amenazas e invasiones, y considerando que ustedes están geográficamente más cerca de Estados Unidos, surge la pregunta: ¿es posible que el imperio esté en decadencia y que, en ese contexto, avance sobre las riquezas de la región impulsando una segunda colonización, como algunos interpretan?


C N —

El imperio está en decadencia, en una fase terminal. Esto no quiere decir que esté completamente derrotado; es precisamente entonces cuando los imperios resultan más peligrosos, cuando están dispuestos a hacer lo imposible por conservar su posición hegemónica.

Y más aún en el caso de Estados Unidos, que a diferencia de otros imperios que se fueron convirtiendo en tales de manera paulatina —como Roma, por ejemplo— nace ya con vocación imperial. Roma surge como una república bastante agresiva, y solo cuatro siglos después, tras haber sido primero una monarquía y luego una república, termina convirtiéndose en un imperio. Estados Unidos, en cambio, a diferencia de lo que fue Roma hace 2.200 años, desde el momento en que el Congreso Continental firma la Declaración de Independencia, nace como un imperio. Pero un imperio que de acuerdo con sus ideas mesiánicas, se concibe a sí mismo como distinto: el "imperio de la libertad", como lo llaman y siguen llamándolo hasta hoy.  

Ese llamado imperio de la libertad tiene la misión, según el pensamiento supremacista y excepcionalista, de conquistar el mundo entero y llevar su democracia a todos los rincones del planeta. Obviamente, no se trata de una democracia entendida como igualdad para todos, sino del control absoluto por parte de Washington sobre el destino de múltiples naciones.

Se trata de un segundo proceso expansionista, mucho más agresivo que el anterior, simplemente porque el nivel de la tecnología actual no es comparable con lo ocurrido en el siglo XIX. México es el primer Estado nacional que va a sufrir este embate; de hecho, en aquel siglo antepasado, en 1847, se produce la primera agresión por parte de Washington, que culmina en 1848 con la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano. Lo que buscaba Washington en ese momento era hacerse paulatinamente con el control de las dos costas de Norteamérica. Venían desde la costa atlántica, la costa oriental, del este, en dirección al oeste. Primero absorben la llamada Nueva Francia, que la Francia napoleónica les vende, y posteriormente se produce el exterminio de las 500 naciones, finalizando con el control de más de la mitad del territorio mexicano, y de este modo controlan y obtienen acceso al Pacífico, lo cual también culmina en 1898 con la guerra en contra de España que ya era un imperio decrépito en ese momento, perdiendo sus últimas colonias, además de tomar el control, por ejemplo, de Filipinas, al otro lado del Pacífico, asegurando también su sistema de repúblicas agrícolas, que, además, llaman repúblicas bananeras en todo el Caribe y en América Central.

En este momento lo que buscan es asegurar de manera concreta una posición estratégica. No se trata de controlar el continente, sino de garantizar el acceso a la mayor cantidad posible de reservas energéticas en toda la región. De ahí la importancia del llamado Triángulo del Litio, del cual ustedes forman parte. Gran parte de estas reservas se encuentran en Bolivia y también del lado de Chile. A esto se suman los hidrocarburos que explican la relevancia de Venezuela, así como cualquier otra materia prima útil para un proceso que se está gestando, aunque de forma muy deficiente. El objetivo de fondo es impulsar un nuevo proceso de reindustrialización de Estados Unidos, con el fin de competir con la República Popular China que es el mayor motor industrial de todo el planeta que, al mismo tiempo, en otros contextos, tiene el control, por ejemplo, de las rutas y de los centros de abastecimiento de tierras raras, además de energéticos por la relación que tiene con Moscú. China no necesita prácticamente de mucho porque tiene el acuerdo energético más importante de la historia. No así Estados Unidos; de ahí, estas ideas de Trump de tratar de amalgamar toda esta cadena de suministros y de yacimientos de todo el continente para poder competir con China.

Estados Unidos está agotando paulatinamente sus reservas de hidrocarburos. Aunque sigue siendo un país productor, sus recursos de petróleo se están reduciendo de forma considerable y buena parte de lo que queda se extrae mediante fracking, un método altamente problemático y contaminante y por eso buscaron quedarse con el crudo pesado venezolano y con todas las riquezas.  

Entonces, sin duda alguna, se trata de un segundo proceso expansionista mucho más agresivo. De hecho, se han escuchado constantes declaraciones de figuras como el secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha afirmado que el orden internacional basado en reglas ya no existe.

Ese orden, establecido por Estados Unidos a partir de 1945, en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, jamás favoreció realmente a los pueblos; no fue un sistema de leyes internacionales que beneficiara al mundo entero, sino todo lo contrario: siempre favoreció a las superpotencias. Ese orden institucionalizado desde entonces ahora, incluso, está siendo desechado por quienes lo crearon.  

Se está entrando en una época extremadamente oscura porque de por sí, la rapiña de los últimos cinco siglos, impulsada primero por europeos y luego por eurodescendientes, ha sido brutal. 

Lo que se avecina es el último atisbo, la última bocanada de ese imperio que no se reduce a Estados Unidos, sino que abarca a todo Occidente y al euro-occidente en su conjunto. De ahí surge, precisamente, la necesidad de sus satélites europeos de que Estados Unidos lleve a cabo este tipo de acciones.

Ese discurso de mostrarse muy inconformes con Trump, que algunos gobiernos expresan públicamente, como suele hacerlo el gobierno de Berlín o el de París, resulta bastante hipócrita, porque, en realidad, Trump es funcional a las necesidades inmediatas que tiene Occidente.  Si Estados Unidos está en crisis, Europa está mucho peor. Europa no tiene realmente ninguna materia prima, a diferencia de Estados Unidos que cuenta con ciertos yacimientos de hidrocarburos. 

Europa no tiene, absolutamente, nada, de ahí, que apoyen, justamente, los planes por parte de Trump para depredar el continente americano, mientras ellos hacen exactamente lo mismo, por ejemplo, el caso francés en el contexto africano, en lo que recientemente está haciendo el gobierno de Macron en la zona del Sahel y también, en el noroeste de África.

Entonces, sí, estamos viendo un proceso expansionista que se va ir agudizando conforme los meses, como lo podemos presenciar en este momento en suelo mexicano, donde la injerencia va aumentando poco a poco. 

Ya se ha pasado de las amenazas verbales a acciones paramilitares y narco-paramilitares por parte de Estados Unidos en puntos estratégicos de México como Jalisco y Chihuahua. Esto también puede observarse en otras regiones más al sur del continente, donde el sionismo tiene presencia en la zona patagónica, incluso del lado chileno, así como en las acciones emprendidas contra Venezuela, país al que Trump prácticamente desearía declarar protectorado, e incluso convertir en el Estado 51.


A — Voy a llevar la conversación a un terreno más sensible. Desde una mirada antropológica, quisiera conocer tu perspectiva sobre esta situación tan compleja que atraviesa la humanidad, a la que ya hacías referencia. Hoy  presenciamos, prácticamente en directo y a través de la televisión, un genocidio, y se percibe que un amplio sector de la población permanece indiferente ante ello. Desde la antropología, y desde tu punto de vista, surge la pregunta sobre qué está ocurriendo con la humanidad para que se esté perdiendo, de manera tan evidente, esa sensibilidad.


C N — Creo que toda la información o el conocimiento se recibe a través de los medios, de los conglomerados mediáticos vinculados muchas veces a los poderes dominantes; una información que llega a un público no necesariamente versado. En el caso de Palestina, no todo el mundo sabe dónde se encuentra, no todo el mundo conoce su historia y, por lo general todo el conocimiento que se recibe sobre ese país y sobre la región levantina o del oeste asiático, pasa por un filtro eurocéntrico y supremacista imperialista y, por ende, también sionista.

Estamos presenciando un genocidio en tiempo real, que por supuesto no es el primero, la lista de genocidios en la modernidad sería interminable. Hace 120 o 130 años, el mundo no podía ver en directo lo que ocurría en el Congo, bajo el imperio colonial belga. Lo mismo sucedió con lo que hicieron los otomanos contra los armenios, y podrían mencionarse muchos otros casos más.  

Por primera vez en la historia, gracias a la capacidad tecnológica y a los dispositivos conectados a Internet, es posible ver todo lo que ocurre en tiempo real. Esto provoca una mayor impotencia entre quienes están medianamente informados sobre lo que sucede en Palestina y saben perfectamente que no se trata de un conflicto como tal, sino de una agresión de carácter genocida y de limpieza étnica contra un pueblo, iniciada hace 78 años. Esta situación incrementa aún más la sensación de impotencia, porque se está presenciando, y las instituciones también lo están presenciando, y aun así no mueven absolutamente un dedo para detenerla. 

Esto revela de manera evidente que a nivel institucional, político y económico, a escala global, todo está subordinado al imperio y, por ende, al sionismo que es también un proyecto colonial orquestado primero por Gran Bretaña, luego con la participación de Francia y, finalmente, a partir de 1948 con Estados Unidos como parte del laboratorio de guerra y a través de su prefectura colonial, que es el sionismo.

Entonces, como humanidad entendida en su conjunto, se ha llegado a un punto en el que se presencia algo que ya se sabía que existía: la barbarie. Se había visto de forma reiterada durante los últimos siglos, pero, por primera vez, la humanidad entera está observando este proceso en tiempo real y, aun así, no hace absolutamente nada. No necesariamente por falta de voluntad, sino porque en muchos casos no existe una vía efectiva para actuar.

¿A qué se refiere esto? Se ejerce presión sobre las autoridades en distintos contextos, sobre los gobiernos para que se posicionen en contra del ente sionista, para que condenen las atrocidades e incluso, podría decirse, para que intervengan de forma directa. Sin embargo, si se observa el contexto de los países islámicos, los vecinos inmediatos de Palestina, la región Máshrek o Máshreq, Asia Occidental y el norte de África, surge una pregunta inevitable: ¿qué han hecho los gobiernos desde Marruecos hasta Omán? Absolutamente nada. La mayoría se encuentra subordinada al sionismo y de hecho, son sus propios pueblos quienes salen a protestar contra esos mismos gobiernos y contra la normalización de lazos con el ente sionista.

En lugar de que se produzca una reflexión por parte de esos gobiernos por el contrario, se despliegan movimientos represivos contra los propios pueblos. Esto evidencia que la totalidad, al menos de esa región, está subordinada a los intereses imperialistas y, por supuesto, sionistas, con algunas honrosas excepciones, como el pueblo yemení, Hezbollah en suelo libanés, el propio pueblo palestino o la República Islámica de Irán.

Más allá de eso, el mundo entero se encuentra maniatado frente a ese poderío que lo abarca todo. Porque tan nociva como la guerra tradicional librada con bombas, es la guerra cognitiva. Los que tienen la capacidad y el privilegio de tener información o fuentes, o narrativas distintas, están incapacitados para hacer algo, lamentablemente, nos falta mucho por hacer.

En el caso de mi país hay gente que no tiene la capacidad de tener acceso a otras narrativas, -muchos por cuestiones monetarias- porque el caso mexicano es muy emblemático. México es un país de 130 millones de personas, donde el 60 - 70% de la población vive en la pobreza y de ese porcentaje una importante parte también en la miseria absoluta.

Hay un desconocimiento absoluto sobre lo que ocurre al otro lado del mundo y no tienen el tiempo ni el capital para adquirir un aparato o Internet para saber lo que pasa. Entonces, creo que en el contexto latinoamericano falta mucho por hacer y más, en gobiernos que teóricamente son antagónicos al poderío imperialista estadounidense, como Colombia, México, Brasil, etc. 


A — Siguiendo el análisis sobre el campo humano, los psicólogos hablan del síndrome de Estocolmo, es decir, del enamoramiento hacia quien causa daño. Desde esta perspectiva, ¿cómo se explica, en tu opinión, el crecimiento de los gobiernos de derecha, aun sabiendo que podrían aplicar políticas similares a las de la época del Plan Cóndor que mencionabas?


C N — Sí, creo que los ejemplos más emblemáticos ocurren en el caso argentino, es indudable. Además, a través de un personaje como Milei, que es una construcción mediática donde interviene el imperialismo y el sionismo. El caso de Bukele es muy, muy parecido, además de ser un traidor de los movimientos, o el caso de Farabundo Martí en el Salvador que también es muy emblemático.

Creo que eso tiene mucho que ver —vuelvo a lo mismo— con la guerra cognitiva y con el poder de ganar las mentes y los corazones de una población que no está informada, y que recibe la información únicamente a través de los tradicionales conglomerados mediáticos, la gran prensa o esta migración que también han hecho hacia las redes sociales y las plataformas de video. Muchos pensábamos hace 15 o 20 años que, con el surgimiento de nuevas tecnologías como los blogs o, más tarde las plataformas de video, los servicios de streaming y demás, se alcanzaría una especie de panacea que permitiría acceder a otros discursos, alternativas y perspectivas. Sin embargo, de pronto los medios tradicionales de prensa, ya sean de radio o de televisión, comienzan a migrar hacia esos mismos espacios. 

Entonces de repente nos encontramos con exactamente los mismos poderes, pero ahora concentrados en las pequeñas pantallas, desde los celulares hasta las computadoras.

Creo que esto también es un error estratégico por parte de los gobiernos que en el momento en que tenían el poder, —me refiero a gobiernos populares— debieron generar alternativas distintas para contrarrestar estos mecanismos de desinformación y de control cognitivo.

Por ejemplo, está el caso del gobierno de México,  cuando ya transcurre el segundo período de la llamada 4T, primero con Andrés Manuel López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum, se sigue careciendo de una infraestructura digital propia. No se cuenta con servidores ni con tecnología satelital actualizada desde hace tres décadas. Tampoco se dispone de medios sólidos como una agencia de noticias propia e independiente. No existen redes sociales articuladas de manera conjunta en América Latina. Medios de alcance continental, como por citar, el caso de Telesur se encuentran cada vez más debilitado.  

Entonces, frente a ese escenario, aparecen esos grandes poderes: los conglomerados mediáticos que concentran el gran capital y que, en última instancia, reproducen el mismo discurso y la misma narrativa de Washington. 

Esa narrativa, que durante un siglo ha aplicado estrategias de demonización y de siembra de terror en la población, se construye a partir de arquetipos como el pánico al comunismo o el pánico al populismo. Ahora, incluso, se le añade el prefijo de narco-populismo o narco-terrorismo.

Lamentablemente, ante la falta de alternativas para ese público, muchas personas terminan cayendo en esa trampa, sin olvidar además las estrategias más tradicionales de la democracia liberal burguesa. El caso hondureño, por ejemplo, en una elección reciente muestra que además de la guerra mediática, la propaganda y la demonización contra la izquierda, contra el proyecto de continuidad de Xiomara Castro y contra Manuel Zelaya, también opera una maquinaria de fraude electoral respaldada por las oligarquías nacionales.

Frente a todo esto, ¿qué pueden hacer los gobiernos que en teoría, están más cercanos al pueblo? Deberían prepararse para lo que se avecina; sin embargo, lo que veo es exactamente lo contrario.

En algunos casos como el mexicano, el colombiano o incluso el brasileño, existe una gran confianza en la continuidad de los proyectos. Pero esos proyectos, ¿de qué sirven si no se le ofrecen al pueblo alternativas para que tarde o temprano, pueda convertirse en la última línea de defensa frente a esa guerra cognitiva que crece paulatinamente? Jamás pensé que Milei pudiera llegar al poder, y sin embargo ahí está. En el caso salvadoreño, una caricatura tan grotesca, un homúnculo de esas características, no creíamos jamás podría alcanzar la presidencia; o en el caso chileno, el de Kast, literalmente un sujeto que colaboró con la Junta de la dictadura pinochetista, que estuvo presente en sesiones de tortura y que desciende directamente de un criminal de guerra nazi refugiado en Chile.  O Novoa, que es un narcotraficante y que de hecho, ni siquiera tiene ciudadanía ecuatoriana: nació en Miami. O el caso de Bolivia, con Rodrigo Paz, que además es el tercero de una dinastía que tampoco tiene ciudadanía boliviana, pues nació en España y aun así se mantiene en el poder. 

Todo esto refleja con claridad las falencias, los errores, las confianzas mal depositadas y las luchas de poder internas en distintos contextos de izquierda o populares a nivel continental.

Lo que ocurre hoy en Bolivia pudo haberse evitado. Las dos corrientes que terminaron enfrentadas, la de Arce y la de Evo, provocaron que la población se alejara de la política, y ese distanciamiento explica en buena medida la situación que se vive actualmente en suelo boliviano.   

Obviamente, el pueblo reacciona y se levanta, pero las cosas podrían ser más sencillas si hubiera preparación y una visión de futuro, tal como la tiene el imperio que no piensa en periodos cortos, el imperio proyecta a 50, incluso a 100 años. 

Estas estratagemas tampoco son tan sofisticadas; son tácticas que se han visto durante 120 años, que se siguen aplicando y en las que se sigue cayendo, ya sea por incompetencia o por la creencia ingenua de que será posible enfrentarlas. Mientras tanto, vemos cómo la ultraderecha y el fascismo avanzan; un fascismo que nunca desapareció, que siempre estuvo presente, al igual que en el caso europeo. 

Obviamente, ya no llega con la figura del Duce en Italia, de Franco en España o de Adolf Hitler, sino, a través de un fascismo encarnado en nuevos personajes que además se articulan en torno a la OTAN, presentada como una organización multinacional de corte rusofobo, entendida como la continuidad del Tercer Reich. Eso es la OTAN y eso fue lo que Washington hizo de manera inteligente en el 45.

La mayoría de los criminales nazis más importantes, estratégicamente hablando, no fueron juzgados en Nüremberg, ellos fueron adaptados a través de la operación Paperclip, directamente a la estrategia anticomunista por parte de Washington, lo mismo hicieron con los japoneses.

El fascismo, nunca se fue, va cambiando de máscaras paulatinamente, pero si algo hay que destacarle -no es un halago- de lo que hace Trump, en su primera y segunda administración es que por fin se quita esa máscara, por fin revela lo que es el imperio históricamente. Prefiero un Trump por encima de un Milei o por encima de un Obama, o de personajes que se ven como salvadores. Trump te dice abiertamente lo asqueroso que va a ser . Eso es históricamente lo que ha sido Estados Unidos.

Estados Unidos es un imperio asqueroso, asesino de masas y de múltiples naciones durante dos siglos y medio, que por cierto, estamos a días para que Estados Unidos cumpla 250 años. Y por primera vez tenemos un Trump que dice las cosas abiertamente tal cual son, ya no se oculta ni está con disfraces como Obama, Biden, o Kennedy.

Él te dice abiertamente voy a ir por tal país, lo voy a bombardear, voy a secuestrar a su presidente, voy a acabar con este otro país, o voy a acabar con una civilización como se atrevió a decir en contra de la República Islámica de Irán.


A — Cristian, muchísimas gracias en mi nombre y en nombre de todo el Movimiento Alternativa de Argentina. Seguramente volveremos a convocarte; para mí fue un placer conocerte y un honor que nos hayas compartido todo tu sentipensar. Te invito a que cierres la nota y dejes una reflexión final para quienes te están viendo o te van a leer. ¿Cómo salimos de esto?


C N — Yo no podría hacer recomendaciones ni consejos a gobiernos como tal, simplemente a la gente que nos está viendo o escuchando. Hacerles notar en el caso argentino que no están solos, a fin de cuentas, los mismos periplos que están viviendo ahorita en suelo argentino, lo están viviendo otra vez en otros contextos compañeros en suelo boliviano, en suelo ecuatoriano, en El Salvador, en suelo mexicano, etc.

Los mismos mexicanos o hispanoparlantes en el contexto estadounidense también lo están viviendo, porque también hay un plan Cóndor interno en contra de los grupos minoritarios en Estados Unidos aprovechando esa coyuntura y las pocas herramientas que tenemos para conocer el mundo y para entenderlo. 

Si ustedes tienen una conexión Internet o una plataforma de video, conéctense con otros para fraguar una resistencia conjunta porque, a fin de cuentas, si algo quedó demostrado es que solos no podemos.

Tenemos que hacerlo en conjunto, no necesariamente a través de gobiernos, sino a través de individuos o grupos en resistencia, que, por supuesto, sé que existen en Argentina como existen en otros contextos del mundo. 

Así tendrá que ser, ya sea desde las redes, las nuevas trincheras o desde los espacios tradicionales: la calle, la fábrica, el campo, la montaña, como siempre ha sido. Al final, los pueblos van a prevalecer sin importar lo que hagan los gobiernos. Los pueblos tienen que prevalecer.

Fue Cristian Nader desde México y quien les habla, Horacio Muñoz de Toro, desde Las Parejas, Santa Fe, para el Movimiento Alternativa de Argentina a través de GB Latam TV.


Colaboración: MÓNICA ZAGERT

Edición de video: FABIÁN RANIERI

Correcciones y edición de contenido web: SILVANA LAZZARÍN 

Link del video: https://youtu.be/jzQ6l5rJ-qo

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