IA: ¿BENEFICIA NUESTRA EXISTENCIA O PRECARIZA NUESTRAS VIDAS? 

13.08.2026

Hoy vamos a abordar un tema tan relevante como actual: la inteligencia artificial y sus principales aspectos. Para ello, contamos con la participación de Jerónimo Guerrero Iraóla, abogado, magíster en Derechos Humanos, doctor en Ciencias de la Educación y autor del manifiesto "Por una inteligencia artificial soberana y humanista". 














                  .

A — ¿Qué es la inteligencia artificial?

J L — La idea de inteligencia artificial no es nueva, más allá de que el impacto a nivel global tenga un par de años. Cuando Sam Altman se paró frente al mundo y dijo que estaba disponible la herramienta que hemos acuñado ya en nuestras vidas que es Chat-GPT. Pero en verdad, como concepto, como criterio, se remonta incluso a la época de Alan Turing padre de la computación, allá por mediados del siglo XX. Hay una película que yo siempre recomiendo en las charlas que damos, "Código Enigma", que un poco sienta las bases de los principios elementales de la computación.

Código Enigma es una máquina diseñada por los aliados para justamente desencriptar un mensaje, que utilizaba el eje de la Alemania nazi para comunicarse entre sí durante la Segunda Guerra Mundial. Allí los aliados convocan a un grupo de especialistas en lo que era la protocomputación y ellos advierten que había una complicación muy grande para poder justamente desencriptar el número, que es factorizar un número primo, una operación matemática bastante compleja porque el Código Enigma cambiaba todas las noches a las cero horas, cambiaba la llave, el código llave que permitía justamente desencriptar el mensaje. Entonces diseñan el primer esbozo de una computadora y Alan Turing que participó de ese grupo, de esos equipos, fue uno de los artífices de la computación, de hecho, hoy el test que se utiliza para saber si estamos dialogando con una computadora o con una persona humana, se llama test de Turing.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, en una conferencia de gran relevancia se acuñó el término inteligencia artificial. Desde aquel momento a mediados del siglo XX, ha habido veranos e inviernos relacionados con la inteligencia artificial, y muchos de los momentos de enfriamiento del desarrollo tuvieron que ver con imposibilidades técnicas. 

Ya adentrados en los 2000 cuando Steve Jobs anuncia que el ser humano tenía cinco punteros y presenta al mundo el iPhone, que como dispositivo permitió la convergencia de muchísimos aspectos de la vida a través de la mediación de una interfaz, en este caso el iPhone, se empieza a dar un fenómeno que es el de la enorme recopilación de datos. El hecho de que estemos conectados a internet todo el tiempo realizando acciones, permite a quienes proveen los servicios una recopilación de datos que es fastuosa, y podemos decir que ese momento de ubicuidad de los datos, de presencia de los datos a esa escala permitieron desarrollar los enormes modelos de lenguaje extendido que son los que hoy entendemos como inteligencia artificial. 

¿Qué es básicamente la inteligencia artificial?

Es un proceso por el cual a través de los modelos de lenguaje extendido, uno le da a la herramienta una instrucción que se llama PROMPT, a la tecnología, en lenguaje natural y ella lo decodifica y lo pasa por un TAMIS que está parametrizado, tiene muchísimos parámetros, y a partir de eso predice cuál es el resultado más acertado. 

¿Cómo hace para predecir?

Ha sido entrenada, por eso la idea del pre-entrenamiento central sobre la base de gigantescas e inimaginables cantidades de datos. Las predicciones se basan sobre la posibilidad de coincidencia. Si yo le pregunto: de qué color va a ser la casa, lo que nos otorga hoy la herramienta no es una creación desde la nada, es una predicción en torno a cuál es el color que suele seguir a la expresión, la frase o la oración, de qué color es la casa.

De hecho, siempre en las charlas hacemos algunos ejercicios, uno que es muy interesante y que yo siempre insto sin importar cuál sea la herramienta que utilicen que pueden ser Gemini de Google, Cloud de Antronixx, GPT de OpenAI, o cualquier otra. Digo al PROMPT que arroje un número al azar entre 1 y 10, la respuesta, — no voy a decir cuál es —, es siempre la misma, siempre arroja el mismo número y eso obedece a este orden de predicción. Eso es básicamente lo que conocemos como inteligencia artificial.

¿Por qué se ha puesto tanto de moda? 

Primero porque permite una interacción a través de una interfaz en lenguaje natural,  y segundo, es el gran desarrollo de este tiempo. En este primer desarrollo que se anunció hace un poco más de 2 años, Sam Altman, ahora permite un salto de calidad hacia la inteligencia artificial, Agentic AI, —ésto se escucha mucho— que son agentes de inteligencia artificial realizando tareas que podrían ser rutinarias y repetitivas, lo que ha permitido que muchos aspectos de la vida cotidiana se automaticen y se roboticen a un costo que podría decir, relativamente barato aunque esto está en discusión. La verdad es que cualquier persona que realice la actividad con el grado de preparación que tenga con unos 20-22 dólares al mes, puede estar realizando tareas en términos de automatización que antes hubiesen requerido de muchísimos recursos, por ejemplo, un staff de programadores justamente codificando ese aspecto. Eso ha sido un salto cuántico y por eso nosotros sostenemos que la inteligencia artificial tiene mucho que ver con el desarrollo de la Cuarta Revolución Industrial.


A — En varias oportunidades  hemos presentado algunos artículos vinculantes elaborados por otros periodistas. Un ejemplo es el de Carlos Del Frade que hace algunos programas comentaba una nota publicada en el diario La Nación sobre una entrevista al filósofo israelí Yuval Noah Harari donde plantea cuestiones inquietantes. Surge entonces la pregunta sobre quién está realmente detrás de la inteligencia artificial.

Una de las primeras cosas que la gente empezó a hacer con herramientas como ChatGPT, por ejemplo, fue usarlas como si fueran psicólogos; las personas se desnudan emocionalmente frente a alguien que está detrás de esa tecnología. Harari señalaba algo más, del mismo modo que los seres humanos entran a un bosque, lo talan y matan a los animales para construir una ciudad, a medida que la energía requerida por la inteligencia artificial sea mayor, no dudará en dejar sin suministro a hospitales o servicios esenciales, no por maldad, sino porque lo necesita para funcionar.

En el manifiesto se menciona "la soberanía", una nueva rama de soberanía que se pierde entre tantas otras: la instalación de la inteligencia artificial en Argentina con varios módulos y supuestos personajes importantes detrás. La gran pregunta es: ¿a dónde van todos esos algoritmos y a qué tipo de exposición someten a la sociedad?


J G I — La pregunta es amplia, pero la soberanía sin duda es un vector principal para pensar el desarrollo de la inteligencia artificial por varias cuestiones. Uno podría ir descomponiendo el sintagma de soberanía e IA como una construcción en concreto en varios aspectos; uno de ellos podría ser el tema del manejo de los datos. La primera pregunta central que surge es quién los maneja y cuál es el costo de intercambio de esos datos.

Uno de los elementos de pérdida de soberanía flagrante en torno a la inteligencia artificial tiene que ver con que gran parte del entrenamiento de esos modelos de lenguaje extendidos sobre los que hablábamos recién, se dieron sin respetar derechos de autor, sobre la base de datos que fueron extraídos no voluntariamente en términos necesarios. Uno podría decir, bueno, pero vos aceptaste los términos y condiciones de Facebook, aceptaste los términos y condiciones de la aplicación, aceptaste, uno podría discutir qué tanta voluntariedad hay en ese proceso, pero lo cierto es que ha sido entrenada sobre los datos de todos nosotros.

El segundo aspecto es dónde esos datos están alojados, cuál es la disponibilidad de los mismos y quién es el dueño de los algoritmos que trabajan sobre la base de esos datos. Allí hay un gran problema de soberanía. El segundo nivel tiene que ver con la soberanía entendida como la posibilidad de hacer que los modelos de lenguaje extendido se basen sobre estructuras gramaticales parecidas a como nosotros construimos nuestras estructuras gramaticales. 

A lo largo de mis años de estudio, —he estudiado semiología, lingüística—, uno puede ver que estructura el pensamiento. Los pueblos estructuran el pensamiento en función de las reglas gramaticales que son las primeras normas que uno incorpora, las normas del lenguaje, "nosotros decimos la casa azul, no decimos la azul casa, parece una pavada, pero la forma en que uno estructura los enunciados va realizando o generando las condiciones de posibilidades de la irrupción del pensamiento.

De hecho cuando pensamos, medio que hablamos con nosotros mismos, porque uno piensa instancias de esa estructura gramatical. Estos modelos han sido entrenados en inglés y bajo una estructura gramatical que no necesariamente tiene que ver con nuestra idiosincrasia, entonces hay que entender que en ese intercambio hay algún tipo de despojo de elementos culturales que son constitutivos e instituyentes de todo grupo o de todo pueblo.

Allí hay también una cuestión relacionada con la soberanía y el pluralismo cultural y sobre todo aquí me quiero detener, uno de los aspectos centrales que tienen que ver con inteligencia artificial y soberanía, consiste en pensar que la inteligencia artificial no es etérea, no es algo que sucede en una nube, no es inmaterial. La inteligencia artificial es profundamente material, como todo lo que hacemos en el campo de la digitalidad.

Esta conversación que nosotros la estamos haciendo en términos remotos, que parece algo fantástico y que detrás de la pantalla del dispositivo que está grabando mi cara y mi voz, hay nada, hay muchísimo. Aquí hay un montón de datos que viajan a través del espacio radioeléctrico, que impactan en una antena de un servicio, que esa antena justamente también impacta sobre un tendido de fibra óptica que va hacia Las Toninas, que viaja a través del océano y llega a un Data Center, es procesado y me devuelve a mí tu reacción. Esta comunicación que estamos haciendo, que parece en tiempo casi real porque tiene un micro lag, que son los milisegundos que hay entre que yo estoy diciendo esto y vos lo recibís de aquel lado y la interacción que ello permite, está anclada sobre una enorme base material. 

La inteligencia artificial no es inmaterial, y la materialidad de la misma es el gran elemento que compone la discusión por la soberanía. Porque para que haya inteligencia artificial o para que haya digitalidad, para que estemos hoy hablando acá, tiene que haber "agua dulce, energía eléctrica en enormes cantidades, minerales críticos como el oro, el cobre, el silicio, litio y tierras raras".

Todos los dispositivos que estamos utilizando ahora, la cámara del teléfono con el que yo estoy transmitiendo, el procesador, tiene todos estos elementos y componentes, y sin ellos es imposible pensar en una industria relacionada con la inteligencia artificial.

Quien domine esa cadena de suministros y quien tenga soberanía sobre esa cadena de suministros va a tener amplio dominio sobre el desarrollo y consolidación de la inteligencia artificial.

La soberanía es el gran vector que cruza la discusión de este tiempo. No en vano, Alexander Karp que es el número dos de Palantir la empresa que hoy lidera Peter Thiel, ha dicho que la inteligencia artificial es el proyecto Manhattan del siglo XXI.

Proyecto Manhattan, Oppenheimer, bomba atómica. Alexander Karp lo tiene escrito, no estamos interpretando nada. Ha dicho que la bomba atómica fue el gran elemento de disuasión que utilizó Estados Unidos para dominar de punta a punta desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.

El próximo elemento de disuasión va a ser la inteligencia artificial, va a ser, quien la domine de punta a punta. Para dominar la inteligencia artificial y liderar el mundo en el siglo XXI, inexorablemente van a tener que contar quienes deseen hacerlo con acceso a esa cadena de suministros.

Repitamos, agua, minerales críticos y energía. Entonces, bajo esa premisa es que hay que entender los desafíos de este siglo.


A — Provengo de una escuela industrial donde en aquella época, no existía internet pero sí había una fuerte vocación pedagógica por despertar y ejercitar el poder de razonamiento del ser humano.

Existe un libro muy interesante, "Soberanía de la cabeza y humanismo beligerante", escrito por Carlos Del Frade en donde en uno de sus capítulos aborda el tema del lenguaje que se utiliza, entendido también como una forma de soberanía. Esa idea aparece parcialmente en la explicación anterior, donde la amplías y ramificas en otros aspectos, pero la mencionaste. La UNESCO realizó un relevamiento en Argentina antes de la aparición del teléfono celular:

En un idioma tan rico como el español con más de 200000 palabras, se utilizaban alrededor de 8000. Años después, tras la masificación del celular y las pantallas se repitió el relevamiento y el resultado fue de unas 800 palabras en uso habitual, se redujo diez veces.

Hago esta introducción para plantearte una paradoja que atraviesa a los seres humanos. Por un lado, la inteligencia artificial está reemplazando el trabajo de muchas personas que se han quedado sin empleo; por otro lado, existe una especie de marketing a través de reels u otras formas de publicidad, donde se muestra a alguien que después de 20 años en una empresa pierde su puesto porque llega una persona que con solo 6 meses y utilizando inteligencia artificial resuelve todo en una cuarta parte del tiempo, como si se tratara de una colonización de una necesidad inmediata que existe en el ser humano.

Te pregunto en primer lugar, si esto representa un adelanto o un atraso; y en segundo lugar, por qué existe tanto interés por parte de quienes promueven o están detrás de la inteligencia artificial en que se genere una dependencia cada vez mayor de estas herramientas dejando de lado los mecanismos de pensamiento y razonamiento que se necesitan aplicar en la vida y que se intentan desarrollar a lo largo del camino. 


J G I — La pregunta toca varios aspectos y no necesariamente tengo todas las respuestas. Yo no sabría decir si es adelanto o atraso, no me animaría a esbozar una respuesta. Sí, lo que me preocupa, es la incorporación de todas estas tecnologías que no necesariamente son una herramienta.

Acá quiero poner un énfasis porque también está el discurso de que la inteligencia artificial es una herramienta, es como un martillo, puede ser un arma homicida, o puede permitirnos construir el arca. Las herramientas no piensan, o al menos no pueden emular el pensamiento.

El martillo requiere de la consolidación de un proceso cognitivo elementalmente humano y luego quien imprime el curso de esa acción, quien realiza la acción sobre la base de determinada proyección y representación de los resultados, o no, siempre es un ser humano. 

Aquí estamos frente a un caso que —tratando de ir bordeando los contornos de tu pregunta—, pone por primera vez en tensión la idea misma del humano. Hay un documental, un corto, que se llama "La isla de las flores", es brasileño que tiene ya varios años, pero yo lo recomiendo, está en YouTube, es alucinante, te parte la cabeza porque reflexiona sobre el concepto y el criterio de libertad y cómo el ser humano utiliza esa libertad, sobre todo en este tiempo en que está tan en boga la idea de libertad, —pero vaya a saber, o a veces utilizada o malversada por los sectores dominantes—, ese documental comienza diciendo que lo que distingue al ser humano de otras especies es la posibilidad de tener pulgar oponible, y dice tener un encéfalo altamente desarrollado, tener el cerebro altamente desarrollado. Estas dos cuestiones nos han permitido hacer de todo, lo más excelso y lo más trágico y también lo pone en tensión.

A mí me gusta mucho la escuela de Frankfurt y sus pensadores, Adorno llegó a decir que escribir poesía después de Auschwitz era barbarie, entonces la idea de la razón humana como única fuente de atribución del bien también hay que ponerla en tensión, porque sino uno comete una simplificación. Nuestra razón nos ha llevado a ver los frescos de Soldi, la capilla Sixtina pintada, o el David de Miguel Ángel, y obras hermosas de la literatura, cuestiones que nos arrancan lágrimas de júbilo, pero también nos ha llevado a la solución final; el ser humano no necesariamente ha puesto el pensamiento y el desarrollo de sus ideas al servicio del bien, y ahí es que la escuela de Frankfurt asume esta construcción de la razón instrumental, como uno puede poner también la razón al servicio de la muerte, el exterminio; yo no sé si esto en términos de punto de partida implica en sí mismo un avance o un retroceso, lo que sí digo es que pareciera estar imponiéndose con prescindencia de preguntas políticas, de preguntas éticas, y de preguntas en torno a los valores que se están jugando en la incorporación de la inteligencia artificial. 

Tomemos a Marx por un momento, yo me animaría a decir si el trabajo de las máquinas libera al hombre del yugo del trabajo, de la explotación del trabajo y el reparto de los dividendos, del aumento de la productividad se pone al servicio de las masas para construir las artes, la cultura y la vida en comunidad, digo tal vez sea algo interesante para explorar.

si va a implicar que nosotros seamos reducidos a un humano cada vez más animalizado que luche por la subsistencia, y hay cinco vivos que se llevan la enorme hiper productividad que esto produce, sin generar las condiciones redistributivas que permitan al hombre vivir despojado del yugo del trabajo, no es un modelo deseable a priori, por lo menos para mí.

Entonces me parece que la atención es como nunca o como siempre profundamente política, que la discusión sobre esto amerita un trabajo a partir de las dirigencias para ordenar qué es lo que está en juego cuando hablamos de inteligencia artificial.

Yo me niego a pensar que en sí misma es mala la tecnología, de hecho la uso en mi vida cotidiana me parece que resuelve un montón de aspectos que me liberan del yugo, de algunas tareas odiosas, tediosas, que no me gusta hacer y no me gustaría volver a hacer, pero reconozco que el impacto en términos ambientales, en términos humanos, pareciera ir más orientado a animalizarnos, a ir por la subsistencia más elemental, por la pesca del día, por agarrar el garrote y matar al de al lado en pos de conseguir un pedazo de comida.

Entonces me parece que en esa tensión política se juega el desarrollo de esto y a mí me encanta Harari, Yul Chul Han, y me encantan quienes nos invitan a pensar cómo nosotros podemos construir una alternativa en torno a esto.

Si los robots quieren trabajar por nosotros, buenísimo. Ahora hay que pensar cómo vivimos, cómo redistribuimos, cómo garantizamos lo que se produce, si podría generar condiciones de subsistencia para toda la especie y sea justamente distribuido. 

Cómo podemos pensar eventualmente el acceso a una medicina mejor, pero no una medicina privativa para las grandes mayorías y mejor para un puñado de personas. A tratamientos que nos prevengan del dolor, del sufrimiento. Hay un montón de cuestiones que cruzan hasta la bioética, me parece que este momento de la historia es un momento bisagra.

Obviamente, sí me animaría a pensar que venimos perdiendo por goleada la discusión, pero no sé si porque del otro lado, —que sí los hay— hay intelectuales orgánicos en defensa de lo contrario.

Me parece que hay un vaciamiento por parte de las elites dirigentes en torno a que este tema esté presente en los debates públicos y qué en ese abandono, en esa vacancia, en esa ausencia, en ese vacío, se van construyendo las condiciones para que la cosa avance un poco desmadrada.

Cuando digo desmadrada, no es en forma anárquica, es un desmadre que es bastante beneficioso a los 5 o 6 dueños de la pelota. Entonces me parece que ahí está el gran desafío y por eso está buenísima esta conversación, porque creo que el trabajo de quienes pensamos este fenómeno desde este lugar de la vida, desde este lado de la mecha, dirían los redondos, es empezar a ver esto para plantear estas discusiones.


A — Mientras te escuchaba pensaba que si hace 60 años se hubiera hablado de los dos pasos que mencionaste —primero, el científico capaz de resolverlo todo y después el tema distributivo— quizá en aquel momento habría sido posible decir: "dejate de joder, ¿cómo vamos a inventar algo científico que lo resuelva todo?". Sin embargo, la inteligencia ha ido permitiendo que eso empiece a suceder y curiosamente, también va dejando al desnudo la miseria humana de este capitalismo absurdo. Como bien señalaste en la segunda parte de tu explicación, la de la distribución, si todo esto sirviera para optimizar la vida de la especie y redistribuir la riqueza, sería fantástico. Pero siempre ocurre que en estos arrabales saqueados, aparecen los mismos cinco o seis vivos de siempre, los que están detrás, los dueños de la pelota que no la comparten, que acumulan en sí todo lo que pueden y más todavía a costa del dolor de muchísima gente.

Para ir llegando al epílogo de esta entrevista, quiero retomar una pregunta que en realidad, debería haber planteado al principio, a la luz de todo lo que hemos conversado: ¿qué te llevó a elaborar "un manifiesto por una inteligencia artificial soberana y humanista"?  


J G I — Soy un militante político y creo que la discusión es política, no es técnica, —la parte técnica hay que explicarla del derecho al revés— tampoco es tan compleja, nos es exhibida como si fuese una discusión, un debate profundamente técnico, y la verdad yo soy abogado, vos has contado el recorrido que tengo, no vengo del campo de la ciencia de la computación, pero sí soy un aficionado que hace muchos años que estudia todo esto, alimentado por la neurosis principalmente, y desde allí advierto que la discusión siempre es política, y cuando digo política no digo de partidos políticos, me parece que la política es la discusión en torno a cómo se instituyen los valores y cómo se ordenan los fines perseguidos en función de los valores a lo largo de una sociedad, se puede estar más acá, más allá, pero me parece que hay preguntas que son existenciales que tienen que ver con la germinalidad de lo político.

No puede haber un proyecto político en el siglo XXI que no discuta cuál es el emergente del sujeto del siglo XXI; yo milito en el peronismo, soy peronista, y a mí a veces me da bronca cuando en las discusiones que tenemos con algunos compañeros muy valiosos, me dicen que hay que volver al modelo del trabajador "fordista", el modelo sobre el cual Juan Domingo Perón que es nuestro conductor político, más allá de los tiempos, pensó y edificó su proyecto y su modelo político en el emergente subjetivo del siglo XX, pensó en un modelo de trabajador que era posible en las condiciones materiales y existenciales de su tiempo, y sobre eso edificó todo su modelo de justicia social y de propiedad social.

Hoy eso es imposible no solo porque ya pasó el tiempo, porque tampoco me gusta esa idea de que es antiguo, no es antiguo, es imposible porque implica no entender o no comprender estructuralmente cómo hoy se compone la matriz productiva global. Asistimos en el mundo, —no en la República Argentina—, a un escenario en el que las empresas producen cada vez más riqueza, pero ese impacto de la riqueza que en el siglo XX venía acompañado de un crecimiento geométrico y directamente proporcional del empleo, esto se quebró, —digamos—, hoy la hiper riqueza que generan algunas empresas no viene acompañada de una proliferación geométrica y directamente proporcional del empleo. 

Entonces asistimos a empresarios multimillonarios producto de la automatización y a cada vez menos fuentes de trabajo formal. Debajo de esa premisa, cualquier persona que piense un proyecto político en el siglo XXI tiene que entender que el emergente subjetivo, —cuando digo el emergente subjetivo parece complejo—, que nosotros construimos para hablarle, para interpelar y para justamente hacer política, que es distinto.

Yo tendería a pensar que el emergente subjetivo del siglo XXI es el precariado, somos vidas precarias. Nos atraviesa transversalmente la precariedad de la existencia, por qué, porque si no somos parte del 1% que acapara el 75% de la riqueza global, está claro que no tenemos casi nada de resguardo y podemos estar muy bien hoy, pero mañana podemos estar bastante mal y con un nivel de velocidad que no tiene precedentes.

Yo vengo de una familia, —lo decía el otro día en una entrevista que me hacían—, que es un caso raro porque yo soy cuarta generación de universitarios, por ejemplo. Mi familia es un caso anómalo, raro, soy consciente de dónde vengo y por eso no creo en la meritocracia. Fueron un montón de cosas que fueron dadas y mi familia estaba completamente consolidada o cristalizada en la idea de que, si uno atravesaba una carrera universitaria, un poquito más acá, un poquito más allá, un poquito mejor, un poquito peor, pero la vida iba a tener paredes, piso y techo, la vida iba a estar ordenada. 

Yo hoy tengo dos hijos, no sé si puedo decirlo con el nivel de certeza que me lo dijeron mis padres, que a su vez me lo habían dicho mis abuelos y me habían dicho los tíos de mis abuelos que fueron la primera generación de universitarios en mi familia.  

Ese quiebre en las expectativas sociales en nuestras vidas es un factor que sí es novedoso y bajo esa premisa, construir la idea de una precariedad como algo que nos hermana a todos nos tiene preocupados, hiper neuróticos. Nos tiene a todos muy ansiosos, me parece que es un elemento central. 

La inteligencia artificial viene a acelerar este proceso producto de que no hay una discusión política y pareciera ser que su irrupción no viene a mejorarnos la vida, a eliminar el yugo del trabajo, sino que viene a justamente precarizar más aún nuestra existencia.

Entonces, me parece que ahí hay un elemento que, —como creo y amo la política, lo que hago desde que tengo uso de razón—, creo que había que aportar algo y el aporte fue este disparador que nos permite, por ejemplo, estar teniendo esta charla ahora. 


A — Estoy totalmente de acuerdo, aunque en algunos puntos mantengo mi propio discernimiento. No hacemos partidismo pero es inevitable, como decís, que todo termine desembocando en alguna definición política o que quizás, detrás del micrófono la ejerzamos. Una política orientada al bien común. Puedo coincidir con vos, aun sin ser peronista en que las metodologías deberían adaptarse; sin embargo, en parte me aferro a El Eternauta cuando dice que "lo viejo funciona".

Más allá de la ideología de cada uno, no dejar de ser humanos y comprender que no se trata de una cuestión partidista, sino de una realidad humana, donde hay una necesidad debemos reconocer que hay un derecho. Por más inteligencia artificial que exista y por más años que pasen estas son cuestiones fundamentales; si nos alejamos de ellas seguimos perdiendo por goleada. Más allá de todos los automatismos y las nuevas tecnologías existe una invitación a un desafío cotidiano, dignificar el camino con tecnología o sin ella, rescatando los valores humanos y sin permitir que hagan lo que quieran con las personas buenas que son mayoría, pero que son muy silenciosas.

En algún momento, con tecnología o sin ella, es necesario decir basta y buscar que todas las personas tengan una vida digna, porque mientras no podamos ser felices todos no podrenos ser verdaderamente felices.


J G I — Totalmente de acuerdo, le pongo un moño y coincido, firmo al pie.


Fue Jerónimo Guerrero Iraola desde La Plata, y quien les habla, Horacio Muñoz de Toro desde Las Parejas, para el Movimiento Alternativa de Argentina. 

Colaboraron: MÓNICA ZAGERT y ESTELA CASADO

Edición de video: FABIÁN RANIERI

Correcciones y edición de contenidos Web: SILVANA LAZZARÍN

Link del video: https://www.youtube.com/watch?v=71NBksYHCdw

Share