NEGLIGENCIA EN CÓRDOBA FRENTE A LA AMENAZA DEL “SUPER NIÑO”
En estos días parece repetirse con frecuencia la aparición de conflictos vinculados al ambiente. Hace poco entrevistábamos a Gabriela Taborda, una profesional comprometida de Traslasierra, criminalizada por realizar reclamos justos en defensa de tierras ancestrales. A esto se suma el proceso de extranjerización de la tierra, y da la sensación de que el ser humano ha ido mercantilizando el medio ambiente y subestimándolo, aun cuando en ello se encierra su propia autodestrucción.
Hoy profundizaremos en temas vinculados al ambiente y su protección. Para ello, contamos con la participación del licenciado Raúl Montenegro, doctor en Biología, ambientalista y activista argentino, distinguido en 1998 con el premio "Un Futuro No Nuclear" en la categoría Educación y en 2004 con el "Nobel Alternativo" en Suecia. Actualmente preside FUNAM, la Fundación para la Defensa del Ambiente, y se desempeña como docente de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba, donde es reconocido como un firme defensor de la vida y la ética.

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A — Córdoba no quiere dejar de ser noticia, porque al igual que en la mayoría de las provincias de la Argentina no están exentos de la expoliación, del deterioro del medio ambiente ni de la falta de protección hacia quienes lo habitan tanto por parte del gobierno nacional como de las autoridades provinciales. ¿Podés describir la situación que se está viviendo?
R M — Tal vez una de las cosas que está pasando, y que ha enrarecido un poco las luchas, es que por primera vez se advierte una cierta complicidad social en muchos de los temas que generan preocupación. En el caso de Córdoba, basta recordar que en las elecciones presidenciales prácticamente 7 de cada 10 personas votaron en su momento a Javier Milei, la misma persona que luego fue demoliendo todo un conjunto de normas clave que habían requerido muchísimo esfuerzo. Y no solo eso, sino que también destruyó instituciones que la mayoría de la población desconocía.
El daño generado a nivel normativo e institucional es enorme. Además, tanto el RIGGI como el Súper RIGGI, por ejemplo, abrieron las puertas a proyectos, corporaciones e ideas que terminaron agravando situaciones que ya venían muy complicadas desde gestiones anteriores.
Lo que más preocupa es que en estas luchas que se dan en distintos lugares del país y según la región de Argentina, existe una cierta complicidad social. Es decir, hay una parte de la sociedad, un porcentaje significativo, que sigue apoyando directamente las barbaridades que se vienen cometiendo a nivel nacional. A esto se suma otro elemento que parece importante —y que se vincula con el tema propuesto— el "fideicomiso" con el cual se financiaba la Ley Nacional de Bosques Nativos.
Había personas que al contar con una propiedad de unas 100 o 200 hectáreas con bosque nativo recibían un aporte económico proveniente de este fideicomiso. Es decir, el fideicomiso de la Ley de Bosques Nativos financiaba de algún modo la propia ley y, al mismo tiempo, protegía el ambiente nativo, algo beneficioso para toda la sociedad. Sin embargo, casi nadie conocía la existencia de este fideicomiso; incluso la palabra resultaba extraña para la mayoría.
Milei lo desbarató, lo eliminó, y, como era de esperar, no hubo manifestaciones porque muy pocas personas sabían que existía. Del mismo modo que desapareció este fideicomiso, han desaparecido numerosas instituciones y a la vez, han sido despedidas de las estructuras públicas federales muchas personas con una experiencia enorme que aun trabajando dentro del Estado, contribuían a que muchísimas cosas funcionaran un poco mejor. Todo lo que se diga al respecto estará profundamente atravesado por este experimento —si puede llamarse experimento social— en el que un sector de la sociedad acompaña esta suerte de "desarmadero legal e institucional" que tanto esfuerzo costó a tantas personas, instituciones, universidades, medios y periodistas para que formaran parte de la vida cotidiana, y que hoy integran la lista de aquello que ha sido destruido.
A — Comparto plenamente lo que estás planteando y además, sumaría algo más —desde un punto de vista personal, en función de las noticias que se ven a diario— más allá de la complicidad de la gente que no se sabe si actúa por acompañar, por desconocimiento o por la desesperación de intentar llegar al plato de comida cada día, muchas cuestiones trascendentes van quedando en el camino. También hablaría, Raúl, de la prostitución de la justicia que favorece la erosión del estado de derecho, la criminalización, las asambleas convocantes que ya no son vinculantes y se han convertido en un mero trámite burocrático complementario que "hay que hacer", pero que, aunque el 97% diga que no, no importa: el Estado dice que sí, y se hace.
El Tratado de Escazú, por ejemplo, que tiene rango constitucional, nadie lo respeta, no sé si por desconocimiento o por conveniencia política. Y en el medio va quedando un pasivo ambiental que, creo —quienes amamos Córdoba, somos vecinos, la conocemos; en mi caso, Santa Rosa de Calamuchita y toda Córdoba que he recorrido y es maravillosa—, no admite término medio: es inundación o sequía. Hay zonas como Capilla del Monte, que de por sí ya es seca; mencionabas la vez pasada —y lo recordé cuando entrevisté a Gabriela Taborda— la locura en San Marcos Sierras de haber hormigonado sobre un cementerio indígena, una muestra de falta de respeto, de contemplación y de factor humano cero que está demostrando este gobierno.
Explicabas que hay situaciones que no se solucionan plantando un arbolito; requieren un complejo proceso de regeneración para poder recuperarse, a lo largo de muchos años, y que si hubiera verdadera conciencia de lo que se está haciendo, lo pensarían dos veces.
¿Cuál es la situación en este momento con respecto a la denuncia que habían presentado y que nos da una luz de esperanza?
Frente a una justicia que la mayoría de las veces mira para otro lado, en muchos casos es necesario insistir y sumarse a la resistencia, que no es más ni menos que defender la vida. No se trata de una postura política obstruccionista, sino de un deber moral compartido y, si no se hace por la generación actual, al menos por quienes vienen detrás.
R M — Justamente hacías referencia a una presentación judicial que se realizó en su momento junto con Susana Rocha, con el abogado Juan Smith y otras personas, por una situación que está ocurriendo en un área que también es un eje turístico: la zona de Sierras Chicas, particularmente el tramo que va desde Río Ceballos hasta Villa Allende. Esta acción viene a complementar una denuncia penal previa presentada con Juan, con la cual esta nueva presentación guarda relación.
En aquel momento, la denuncia penal se basaba en que se había construido toda la cloaca máxima, una colectora cloacal para todas estas localidades, directamente a la vera del río. Una vez que el sistema entre en funcionamiento, si llegara a romperse, contaminaría todo el curso de agua. Esa situación ya se había advertido y motivó una presentación. Pero, al analizar lo que estaba ocurriendo con esa colectora cloacal, resultaba inevitable recordar lo sucedido en 2015: una creciente en la que murieron muchas personas en toda esta misma zona, justamente por la falta de prevención, una falta que persiste hasta hoy.
En este caso ya no se trata de una acción penal, sino de una acción de amparo, requiriendo a la justicia que adopte una serie de medidas. Estas medidas se vinculan directamente con lo ocurrido en 2015, cuando hubo una precipitación muy intensa en la cuenca alta y en consecuencia, una creciente atroz.
Hoy existen alarmas instaladas, pero la población no sabe dónde están ubicadas. Las personas escuchan el sonido de las alarmas, pero no saben qué significan.
No hay carteles que indiquen, por ejemplo en Río Ceballos o en Unquillo que en caso de que se aproxime una creciente y suene una alarma se debe evacuar en determinada dirección.
La preocupación es profunda. Juan, Susana y otras personas que acompañan esta acción colectiva advirtieron que ni las instituciones ni la población están preparadas para enfrentar una creciente muy fuerte. A esto se suma el contexto actual de cambio climático global. Paralelamente, se viene observando un fenómeno que no necesariamente está asociado al cambio climático global: el fenómeno de El Niño, una oscilación que implica cambios en la temperatura superficial del océano Pacífico y que impacta en regiones tan distantes como Europa, el Sahara o el centro de Argentina.
El fenómeno de El Niño, asociado a abundantes precipitaciones y lluvias intensas se potencia con los efectos del cambio climático en la región, como un mayor contenido de humedad en la atmósfera. La combinación de El Niño con este escenario climático hace que no se trate de un "Niño común". Cuando la temperatura promedio de tres meses supera en 1,5 grados el valor normal, se habla de un "Niño fuerte", lo que ya representa un problema. Cuando la anomalía térmica supera los 2 grados, se configura un "Niño muy fuerte", que es la denominación técnica, y que a nivel mediático se ha bautizado como "súper Niño".
Esto implica que, hasta fin de año, existe una amenaza elevada de lluvias intensas en períodos cortos, con un riesgo que podría extenderse a los primeros meses de 2027.
Estas precipitaciones más intensas pueden traducirse en inundaciones, fenómenos no solo destructivos sino en muchos casos, letales, como ya ocurrió en Córdoba. Aunque la presentación se centra en este eje entre Río Ceballos y Villa Allende, la problemática es válida para el resto de las cuencas.
Se observa así la coincidencia de varios factores: una cloaca máxima instalada en ese eje, el cambio climático global, cuencas degradadas —porque el gobierno actual de Llaryora y los gobiernos anteriores, más allá de la "pintura verde", nunca entendieron o no quisieron entender qué son y cómo funcionan las cuencas hídricas— y, además, la presencia del "súper Niño". Es decir:
Cambio climático global, súper Niño, cuencas altas destruidas y poblaciones no preparadas para estas emergencias.
Frente a este escenario, lo más lógico fue recurrir a la justicia para advertir que todo esto está ocurriendo, que no se observan decisiones a la altura de los riesgos y que los peligros son enormes. Se trae a colación lo sucedido hace poco en Nepal, un caso sin relación directa con esta situación, ya que allí se produjo el colapso de una gran estructura glaciar que impactó, generó algo similar a un sismo y dio lugar a una gran crecida que causó numerosas muertes y dejó imágenes atroces.
Aun sin ser Nepal, las amenazas en la región son reales y están presentes, mientras la población desconoce cómo actuar ante el sonido de una alarma y no existen carteles indicadores. Por eso se plantea ante la justicia que la situación es muy grave y que debería requerirse al gobierno provincial y a los municipios que tomen verdadera conciencia y preparen a la población para estos escenarios que ya se han vivido.
Tal vez el aspecto positivo sea que, a diferencia de otras ocasiones en las que las acciones eran desestimadas, en esta oportunidad la justicia convocó a una audiencia de partes para el día 23. A esa audiencia concurrirán tanto representantes del gobierno como las organizaciones, y quedará en manos de la justicia decidir finalmente qué medidas se adoptan.
A — Como técnico, entiendo que no existe una única forma de atacar el problema ni una sola línea de defensa. Pienso, por ejemplo, en los pluviales y en la necesidad de redimensionarlos para descongestionar una posible crisis. También en la canalización de ríos, en función de las escorrentías y del comportamiento natural del agua, analizando qué sectores o zonas conviene canalizar para que el agua fluya, no quede estancada y no provoque desastres. Por otro lado, mi experiencia en la función pública aplicada con sentido común, nos obliga a considerar que ante una situación de crisis las autoridades provinciales y municipales deben contar con un operativo de emergencia junto a defensa civil: saber qué acciones tomar, adónde trasladar a las personas y cómo asistirlas. Es una logística que resulta fundamental planificar y establecer para evitar tantas muertes como las que mencionabas.
R M — Justamente se trata de eso que decís. Al revisar estas localidades —por ejemplo, Río Ceballos, Unquillo, Villa Allende—, todas turísticas, se observa que si bien existe algo de turismo invernal, la mayor concentración se da en verano. Y el problema más serio asociado al "súper niño" también se manifiesta en verano.
Se analizaron las ubicaciones de las alarmas en Unquillo y en Villa Allende, pero al observar, entrevistar e interactuar con la población, adviertimos que la gente no sabe dónde están. Todo indicaría que en algún momento después de la tragedia se hicieron convocatorias, hubo licitaciones, alguien las ganó, se instalaron las alarmas y, como decía Juan Smith, muchas veces terminan siendo pequeños negocios, se instala algo sin verdadera convicción, algo que es necesario pero que finalmente deja de funcionar o no se integra a la vida cotidiana de las personas. Porque, ¿de qué sirve que suene una alarma si nadie sabe para qué sirve?
En el caso de La Serena, Chile, toda la zona costera cuenta con cartelería en cada una de las calles que son perpendiculares a la costa, con grandes letreros que dicen "En caso de tsunami" y una flecha que indica "siga por aquí", es decir, hacia arriba, alejándose de la costa. En contraste, no hay ningún cartel en Villa Allende, ninguno en Unquillo, ninguno en Río Ceballos, y allí murió gente por una crecida. Incluso se llegó a dar una charla en un espacio verde con luminarias y demás que luego fue arrasado por esa crecida.
En Córdoba ha habido muchas personas que han trabajado y elaborado mapas de riesgo de inundación. No es que no exista información: la información está. Y no solo para fenómenos de lluvias intensas, sino también para otros casos, como el del lago San Roque, donde hay un dique. Se ha estudiado cuál sería la zona de inundación en caso de ruptura de ese dique. Es decir, la información existe; lo que falta es que a partir de esa información disponible, el Estado trabaje con la población y con las organizaciones, y haga algo para que la sociedad esté mejor preparada.
Ojalá no ocurra ni una súper creciente por rotura del dique ni por lluvias extremas, pero es necesario estar preparados. Y eso, en este momento —en prácticamente la mayoría de los temas— no se está haciendo. No hay preparación, ni en el campo nuclear ni en ámbitos como el de las inundaciones.
Uno de los motivos, además de la ineptitud de los funcionarios de turno, es algo que quedó muy visible con el caso de las Torres Gemelas en Estados Unidos. Allí, el intendente de la ciudad de Nueva York abrió todos los archivos sobre la contaminación producida después de que los aviones impactaran contra las torres, y se pudo ver cómo la contaminación del aire enfermó a muchísima gente. Algo similar ocurre muchas veces: los funcionarios, no todos pero sí una buena parte, tienen miedo de que si la población conoce los riesgos —de un reactor nuclear, de una creciente o de la ruptura de un dique—, entonces tenga miedo. Y, según esa lógica, la gente "no debe tener miedo".
En la práctica, se terminan ocultando cuestiones que deberían formar parte de la vida cotidiana: contar con información clara, asumir los riesgos existentes y estar preparados para lo que pueda suceder.
A — Fundamentalmente quería resaltar algo: vos mencionaste la palabra miedo, y coincido en que una de las políticas, la única forma, —como dice Juan Alberto Rambaldo—, de sostener el fascismo como el que se está viendo, es infundiendo miedo en la gente, reprimiendo y haciendo exactamente lo que están haciendo.
Aun cuando estemos en trincheras distintas, tratamos de sembrar conciencia entre todos, defendiendo la vida que es profundamente valiosa. Es muy loable la decisión de no invitar a la gente al amedrentamiento, sino de mostrar un caso que se convierte en un antecedente y nos da una luz de esperanza. Más que nunca hay que resistir para dignificar este pequeño tramo del camino de aprendizaje que se llama vida.
Son un ejemplo a seguir, y por eso mi interés en que dejes un mensaje final a la gente, a esos ambientalistas presentes en las provincias que te van a escuchar y que sienten ese resquemor de salir a la calle, de ser criminalizados pero, en la medida en que seamos muchos, tendrán que entender que con la vida no se juega y que esta defensa no es patrimonio de ningún partido político ni de ningún gobierno, sino de la humanidad.
R M — Pediría un poco el auxilio de Sandro Pertini por un lado y de Atahualpa Yupanqui que decía:
Una gota de agua (lluvia) no es menos por ser poca, puede traerse un aguacero"
Esa es una parte de la respuesta, creo que el hecho de unirse, aunque no seamos multitudes, enhorabuena si lo somos, el hecho de unirse, da muchísima fuerza. Unirse para defender las cosas que nos afecten a todos creo que es una muy buena estrategia.
Sandro Pertini que peleó muy duramente contra el fascismo en Italia, él decía:
"A veces hay que luchar no solamente sin miedo, sino también sin esperanza"
Entonces, creo que eso está muy conectado con lo que vos decías. Es también un aprendizaje: primero, aprender a unirse, y luego aprender a luchar sin miedo, aunque no se sepa si se va a ganar. Fijate que en el caso de Córdoba, vos hablabas justamente de la gente que está sufriendo la criminalización. Lo que pretende el gobierno nacional, y me temo que también muchos gobiernos provinciales y municipios, es sembrar miedo para que las gotitas de agua no se unan, y para que las personas que están luchando sientan más miedo que esa llamita de resistencia.
Estoy convencido de que cuanto más unión haya y, al mismo tiempo, cuanto más gente pelee, mayor será la protección.
Esto es muy importante. De alguna forma, con tu programa no solo se busca unir las partes, sino también generar una especie de escudos, porque cuanto más gente luche mejores serán esos escudos para acompañar y protegerse mutuamente. Eso es fundamental.
Como decía antes, bienvenidas las multitudes que pelean por una ley como la de bosques. Pero aun cuando no haya multitudes, con que se pueda lograr la unión, aunque sea entre minorías, ya es valioso. Hoy el gran problema son esas minorías poderosas que desde una corporación o un gobierno terminan arruinándole la vida a un país. Ojalá seamos multitudes; mientras tanto, estas minorías de gente que se la juega, que no tiene miedo y que, en última instancia, siente como algo muy positivo y necesario mejorar el ambiente para las generaciones actuales y futuras, son las que nos alimentan. Y, afortunadamente, de eso hay mucho.
Finalmente, personajes siniestros como Milei, porque lo son para el país, terminan cayendo. Pero las sociedades no caen: ellos sí caen, las sociedades no. Eso a mí me genera una alegría enorme. No solo caen, sino que en muchos casos quedan marcados por lo que han sido:
Inútiles, egoístas, dañinos y olvidables. Ese es el otro ingrediente clave: caen y terminan siendo olvidados.
Fue Raúl Montenegro desde Córdoba y quien les habla, Horacio Muñoz de Toro, desde Las Parejas, Santa Fe para el Movimiento Alternativa de Argentina.

Colaboración: MÓNICA ZAGERT y ESTELA CASADO
Correcciones y edición de contenidos web: SILVANA LAZZARÍN
Edición de video: FABIÁN RANIERI
Link del video: https://www.youtube.com/watch?v=q5e0-gOUnp8
