UNA LUCHA POR LA DIGNIDAD

06.06.2026

La Argentina se encuentra sin ninguna duda atravesando políticas, que si hay algo que dejan del lado es el factor humano. Santa Fe es una de las provincias de mayor producción en lo que respecta a aceites y por eso decidimos hablar con los protagonistas de la verdad, de lo que está pasando y lo que vive un segmento tan importante de gente, y para ello lo hemos convocado a Marco Pozzi que es el Secretario General de Aceiteros de Rosario y también, es Secretario de Salud Laboral de la Federación de Aceiteros. 
















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A — Quisiera que nos cuentes desde tu óptica, cómo es verdaderamente la situación que está viviendo hoy la gente del gremio de aceiteros que supongo que no es ajena a lo que vivimos el resto de los argentinos.


M P — ¿Qué se está viviendo hoy en las líneas aceiteras dentro de la fábrica? Mucho enojo, porque empezamos en una etapa de paritarias y a nuestro pedido inicial del salario mínimo vital y móvil nos respondieron con una propuesta de cero.  Nosotros tenemos una forma de discutir el salario con las empresas que es el salario mínimo vital y móvil como dice la Constitución, cubriendo las necesidades que le dan dignidad a la familia de un trabajador. No es nada más para los trabajadores del sistema, como dice la Constitución es para todo trabajador del país. En este caso nosotros, a ese salario mínimo vital y móvil lo hacemos conformar por un grupo de estudio y de economía como es el MATE de acá de Rosario, que encabeza Sergio Arelovich y que a mayo, nos daba que un trabajador de la República Argentina para vivir dignamente necesitaba un salario de dos millones ochocientos mil pesos.

Entonces recogimos el guante, se lo llevamos a la empresa y le dijimos a partir de mayo tenemos que empezar a cobrar eso. La contrapropuesta de la empresa fue cero, por supuesto que a partir de eso nos levantamos, nos fuimos e hicimos asamblea en la fábrica. En el transcurso de las asambleas fuimos a la huelga que no duró más de 4 horas porque nos dictaron la conciliación que acatamos. Ahora estamos en un proceso de 15 días donde vamos a seguir discutiendo con las empresas, esperemos que vengan con otra disponibilidad de negociar porque nosotros sabemos cuál es el camino que tenemos que recorrer para llegar a lograr los objetivos como aceiteros y que es el camino de la huelga. Así que si no logramos conseguir ese salario seguramente, de acá 15 días estaríamos de huelga nuevamente.


A - Parecería como que falta una conducción a nivel nacional. Se sancionó esta reciente nefasta reforma laboral, -que de modernismo no tiene nada, creo que retrocedimos 150 años- y mientras esto acontecía, salvo el sindicato combativo, la CGT estuvo ausente con aviso sin convocar a un paro mientras se estaba tratando algo tan trascendente, ¿Qué es lo que está pasando? Lo pregunto porque la historia cambia, el mundo cambia, pero el 29 y 30 de mayo conmemoramos el CORDOBAZO, que tuvo como protagonistas a Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López. Sin embargo, hoy se ve cómo prácticamente se le está pisando la cabeza a la gente, y la CGT, que fue siempre el principal interruptor que saltaba en defensa del pueblo y de los trabajadores, aparece hoy ausente.


M P - Desde mi lugar yo lo que entiendo y veo es que Milei no es una casualidad, Milei es el resultado de un montón de políticas malas y en lo que concierne a nosotros, la política sindical desapareció en los últimos 20 años. Podés contar con los dedos de la mano los sindicatos que tienen objetivos claros como puede ser el de aceiteros, y voy a ser autoreferencial porque conozco las políticas de los aceiteros, pero inicialmente, cualquier política que se construye dentro de un sindicato tiene que ser autónoma y eso, se perdió en los sindicatos. 

Que no haya una huelga, que haya un salario que esté por debajo la línea de la pobreza no es solo por la política de Milei, es por la falta de política sindical.


Mencionaste el Cordobazo, que aparece como la referencia del punto más alto de conciencia de clase que se alcanzó por cómo se lo enfrentó y se lo sostuvo. Como consecuencia de eso, luego llegó la dictadura que tuvo que matar, detener y hacer desaparecer a esos dirigentes. 

Esto produjo una desarticulación que después durante el Menemismo y con una ruptura del tejido social llevó a que los trabajadores nos desclasemos un poco, haciendo que hoy tengamos un gobierno como el que tenemos, con Centrales, -yo no le caería solamente la CGT- que se ocuparon más de ver cómo resolvían sus cuestiones partidariamente que por resolver verdaderamente la necesidad de los laburantes, y no estoy hablando con esto de la presión sobre la generación de empleo, porque también hay otra cuestión tramposa, la clase obrera hoy no tiene un pensamiento sobre el desarrollo de la industria, sobre la soberanía, sobre el desarrollo del salario, o sobre en qué condiciones deberían ir a trabajar.

A la clase obrera le faltan objetivos y eso sí es culpa de las Centrales y eso sí provoca resultados, como por ejemplo, pensar que gobierne quien gobierne es lo mismo.

Me parece que eso habla peor de una decisión desde la Central y desde los sindicatos de no discutir la política real, esa política que entusiasma. Cuando voy a una asamblea de aceiteros y planteo que tenemos que ganar dos millones ochocientos mil pesos y que vamos a luchar hasta las últimas consecuencias por eso, todos los aceiteros quieren pelear por eso; ahora si voy y les propongo discutir las políticas partidarias que andan dando vuelta o las líneas partidarias que se entre mezclan con las líneas sindicales, no me van a dar pelota. El verdadero sujeto político de transformación es el obrero, el trabajador. Nos desclasaron y esto no se plantea desde un lugar de victimización. El proceso que atravesó el país en los últimos 20 y tantos años, incluso un poco más de 30, produjo una desclasación: nos convirtió en otra cosa. Ya no somos obreros, no somos clase obrera. Podemos ser ciudadanos de consumo, podemos ser peronistas, podemos ser de derecha, podemos ser más de izquierda, pero clase obrera no somos. Eso se perdió: la capacidad que tenía el obrero de pensarse y entenderse como sujeto de transformación. Y la responsabilidad de que hoy no haya lucha ni un país en ebullición frente al ataque del poder real no recae únicamente en las centrales.


A — Se está llevando adelante una gesta por parte del Foro por la Recuperación del Paraná que no solo busca recuperar la mal llamada "hidrovía"... de la cocaína, sino también reivindicarla como lo que siempre fue: el río Paraná, donde crecieron generaciones enteras. Al mismo tiempo, más allá del río en sí y del ecocidio que se pretende consumar con el aumento del calado a 44 pies, surge la problemática de los puertos: no existe gestión pública de los mismos, casi todo el comercio sale por puertos privados, sin intervención efectiva del Estado ni una adecuada cuantificación de lo que allí sucede. Hace un par de años denunciamos en el programa un artículo escrito por Mempo Giardinelli, que relataba cómo un barco encalló en Ramallo porque las cantidades no coincidían con las registradas en las planillas. Nos están saqueando.

Ante esta situación, ustedes, como un gremio tan relevante, resultan fundamentales, ya que gran parte de lo que se exporta, especialmente el recurso propio de Santa Fe, pasa por la organización que representan. ¿Qué tipo de medidas se pueden impulsar para revertir este escenario? Porque, en definitiva, como señalaba Carlos del Frade, la provincia exporta 10.400 millones de dólares y, sin embargo, tiene 100.000 personas pobres más que el año anterior. Hay algo que entra en contradicción con la realidad y da la impresión de que nadie puede modificarlo.  


M P — Desde los sindicatos, en esos términos, lo que se puede hacer, más allá de debatir la política de soberanía, —que es muy distinta de la lógica partidaria que suele escucharse— es reconocer que resulta difícil que una persona trabajadora tenga la misma soberanía que un patrón. Sobre todo porque los patrones pueden despedirte y dejarte sin trabajo, mientras ellos continúan trabajando, y en ese contexto la clase trabajadora necesita plantear y construir otro tipo de soberanía, me parece.

En esos puertos, tan claramente descritos en el libro de Luciano Orellano, "Argentina Sangra por las Barrancas del Río Paraná", y más recientemente en la presentación de la película de Andrés Cedrón, se muestra cómo la súper explotación del suelo atraviesa las villas miserias que se forman junto a estos monstruos, estos puertos. Hace ya más de 20 años que continúa la lucha contra la explotación ejercida por estas patronales multinacionales. 

Insisto en lo mismo: es posible resistir desde adentro y lograr que el empleo que generan estas empresas sea genuino, que los compañeros tengan un salario digno y que no se mueran trabajando, porque a estas empresas sino se les da una disputa real dentro de la fábrica con los delegados y con las herramientas de organización que existen adentro, son empresas peligrosas.

En estas últimas dos semanas se vio con claridad: en la Terminal 6 murió un compañero que manejaba un camión, atropellado por otro camión; en el Puerto de la Unidad 6, en Rosario, se cayó un operario que estaba realizando tareas de limpieza y también murió. Son crímenes patronales.  

Nosotros dentro de los puertos y de las fábricas podemos dar la pelea y enfrentar ese tipo de explotación. Pero afuera hacen falta herramientas más vinculadas a las necesidades de los pueblos que atraviesa este transporte de riqueza. Es una realidad que alrededor de esos pueblos se forman villas y donde grupos de personas logran organizar un centro médico o sacar pibes de la calle, pero el Estado, en sí no está presente en esos lugares, y tampoco lo están las bocas de expendio del grano.  


A — Vuelvo a sincronizar dos palabras que mencionaste: soberanía, por un lado, y Estado, por el otro. Frente a esta reducción del Estado, que a mi juicio es otra de las armas peligrosas para facilitar la entrega, se han cerrado muchos entes de control. Contanos si en el caso de las certificaciones de calidad, los controles de sanidad y demás, se ven afectados por estas medidas en lo que respecta a las exportaciones de oleaginosas a otros países. Te invito a que cierres vos la nota. 


M P — En el área de producción no se ve afectada la calidad. En el último tiempo, con la cantidad de puertos disponibles, se ha exportado mucho grano. Han llegado granos de Paraguay y de Brasil desde hace bastante tiempo se procesan aquí, se muelen aquí, y en ese sentido la calidad no se ve comprometida. 

Retomando lo que decías recién sobre el Estado chico: un Estado "chico" para unos pocos que además profundiza la brecha entre la clase obrera y los grandes ganadores de este tipo de gobierno. Porque también aparece otra discusión, el Estado no desaparece, el Estado se corre de lugar. El Estado permite que estas empresas que prestan a sus asesores, puedan diseñar una reforma laboral que acorrale a quienes queremos pelear. El Estado hace posible, y ya está ocurriendo, que se le condone la deuda a EDESUR y a EDENORTE, mientras más del 50% de los laburantes estamos enterrados en cuentas hasta la cabeza en deudas con tarjetas de crédito.

Y no solo se trata de que ese Estado sea pequeño, sino de que ese Estado chico está para apoyar a unos pocos.

Insisto: es necesario volver a debatir sobre la soberanía. La clase obrera tiene que construir una mirada propia sobre la soberanía. ¿Qué entendemos por soberanía? La soberanía de los compañeros que hacemos Asamblea, la soberanía de la propia Asamblea, el salario como una forma de soberanía para quienes trabajamos son cuestiones que si pudiéramos discutir y fortalecer colectivamente, sin duda nos encaminarían a que vuelvan a surgir esos dirigentes gremiales que mencionabas al principio, dirigentes que enfrentaban la realidad y buscaban transformarla más allá de intereses individuales o partidarios. Es imprescindible dar una vuelta de rosca a la dirigencia sindical y a la clase obrera, porque de lo contrario se vuelve cada vez más fácil avasallarnos.  

En estos días se vio a muchos dirigentes reclamar que en Argentina ocurra algo similar a lo que pasa en Bolivia. Sin embargo creo que son ellos mismos los que hicieron que eso no sucedira. No existe la conformación de un frente que más allá de quién lo encabece, defienda realmente los intereses de los laburantes.

La política de los sindicatos para nosotros tiene que tener dos o tres ejes claros, no más que eso y que son los salarios, condiciones y luchar contra la tercerización, y a partir de ahí elaborar la política de los sindicatos. 

Yo hablaba de cómo nos desarmaron como clase; eso está directamente relacionado con esa debilidad, con tener sindicatos sin objetivos claros, que ya no levantan ni defienden banderas, porque sienten que no hay banderas que defender.  


Fue Marco Pozzi desde la ciudad de Rosario, y quien les habla, Horacio Muñoz de Toro, desde Las Parejas, Santa Fe, para el Movimiento Alternativa de Argentina. 


Edición de video: FABIÁN RANIERI

Correcciones y edición de contenido web: SILVANA LAZZARÍN

Link del video: https://youtu.be/GNI3I6QiZ5A

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