El uso y la tenencia de la tierra, la desigual distribución de la propiedad
Siempre decimos que tenemos que amar a la patria, pero para amarla hay que conocerla. Y del mismo modo, para defenderla, tenemos que saber qué la está acechando.
Para profundizar y analizar estos peligros, hemos invitado a Pedro Segundo Peretti, escritor nacido en Máximo Paz, Santa Fe, militante político y chacarero, miembro fundador del Movimiento Arraigo y del Manifiesto Argentino. Fue Director de la Comisión Directiva de la Federación Agraria Argentina entre 2009 y 2014, secretario adjunto de la Coordinadora de Productores Familiares del Mercosur (COPROFAM), miembro constituyente del Seminario Juvenil de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) e integrante del Comité de la Presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Distrito Santa Fe.

.
A — El año pasado tuve la suerte de conocerte a través de un curso de formación política organizado por el Foro por la Soberanía, y me resultó muy interesante el tema que abordabas sobre el uso y la tenencia de la tierra en la Argentina. Creo que la tierra es uno de los principales factores de producción y un termómetro permanente de la economía. Sería valioso contar con una síntesis sobre este asunto ya que muchas personas aún lo desconocen.
P S P — Creo que la invisibilización del latifundio, el no debate sobre el uso y tenencia de la tierra en la Argentina es el gran triunfo cultural de la oligarquía terrateniente de este país, o sea que han logrado invisibilizar un tema central y que mucha gente niega, algunas de buena fe, otros de muy mala fe y otros sabiendo perfectamente lo que hacen, que el latifundio existe en la Argentina.
Si se analizan los censos, aparecen cifras descabelladas sobre la concentración, el uso y la tenencia de la tierra. En Santa Fe, el 0,06% de la población posee el 60% de la tierra productiva: entre 1.000 y 1.100 personas son dueñas de casi más de la mitad de la provincia que cuenta con aproximadamente 3,5 millones de habitantes.
Entonces, ese debate se debe, entre muchas otras cosas, a que el campo nacional y popular renunció a discutir ese tema y dejó de hincarle el diente en la cuestión del latifundio, de los monopolios y de todos esos asuntos que hoy, en la Argentina actual, están más vigentes, más presentes y más contemporáneos que nunca.
La oligarquía se encuentra hoy más fuerte y rozagante que nunca; el latifundio es más extenso y poderoso que en cualquier otro momento. Lo que ocurre es que en la actualidad no existe un solo movimiento político que lo ponga en la superficie y lo impugne.
Acabamos de terminar un libro que será publicado entre septiembre y octubre, titulado: "El campo de la dictadura, peronismo, latifundio y derechos humanos". En esta obra se realiza un recuento de las principales cuestiones vinculadas con la tenencia de la tierra y un análisis histórico de las políticas anti-latifundio impulsadas por el peronismo.

Fue el único movimiento en la historia argentina en estos 210 años de independencia, que convirtió la lucha contra el latifundio en una política pública y otorgó carácter estatal a estas medidas.
Hizo la reforma agraria, estatizó el comercio exterior, sancionó la Ley 13246 de arrendamientos y aparcerías rurales, la ley de peones rurales y la Ley 13020 sobre trabajo golondrina y trabajo alternativo en las chacras. Nacionalizó los ferrocarriles, reguló las tarifas, promovió la fabricación del tractor Pampa e impulsó la industrialización. Creó la gerencia de crédito agropecuario en el Banco Nación, expropió tierras —incluidas casi un millón ochocientas ochenta mil hectáreas en el norte para los pueblos originarios—, realizó expropiaciones en Tucumán y generó 50 mil nuevos productores agropecuarios que antes eran arrendatarios. Una verdadera revolución ahora invisibilizada que ni los peronistas ni nadie reivindica.
Después de todo el proceso iniciado en el 73, otro proceso extraordinario que se extendió hasta el 75 —hasta la muerte de Perón y el posterior gobierno de Isabelita y la Triple A—, la política agropecuaria se convirtió en el eje central del debate político en la Argentina. Ese debate giró en torno al anteproyecto de Ley Agraria de Giberti y al impuesto a la renta normal potencial de la tierra. Fue un debate riquísimo en la que también apareció otro fenómeno hoy prácticamente olvidado en la historia argentina: el de la liga agraria. Se trató del surgimiento de un movimiento masivo que nucleaba a miles y miles de pequeños y medianos productores agropecuarios que reivindicaban la reforma agraria y luchaban contra la Sociedad Rural Argentina y su política neoliberal.
Todo esto está relacionado con una gran derrota del campo nacional y popular en este aspecto, y con el hecho de que no se ha debatido con la seriedad necesaria la política agraria. La última vez que este tema se discutió en el país fue con el anteproyecto de ley agraria de Horacio Giberti, en el año 1974.
Perón estaba vivo, Gelbard era su ministro de Economía y Giberti su secretario de Agricultura y Ganadería. Desde entonces, una vez derrotado ese proyecto, resulta muy interesante observar cómo actuaron las entidades ruralistas atacándolo y la alianza que establecieron con la derecha peronista y la alianza de la derecha peronista con el ruralismo. López Rega, la embajada, todos estaban para hostigar al gobierno popular, y todo eso terminó en el golpe de Estado.
A — Se está atravesando una etapa política que no solo desconoce el factor humano —Pedro, en eso seguramente habrá coincidencia—, sino que además empuja a una situación límite al borde de convertirse en colonia. La otra vez, Carlos del Frade mencionaba que Santa Fe había exportado más de 14 mil millones de dólares en recursos propios de la provincia y sin embargo, en ese mismo período se generaron 100 mil nuevos pobres. Allí aparece una contradicción profunda: la Argentina prácticamente no exporta nada por sí misma. Hoy todas las exportaciones, sus volúmenes y su gestión están en manos de las corporaciones a través de los puertos privados.
Sé de tu trayectoria de lucha por la soberanía y en ese marco surge una pregunta: ¿cómo puede ser que la Argentina produzca el trigo más barato del mundo mientras se exhiben cifras millonarias de exportación, y según UNICEF, más de un millón y medio de chicos se vayan a dormir sin haber cenado?
P P – Mi opinión la vengo expresando hace bastante tiempo sobre esos temas que mencionabas, existe un libro, disculpen la autorreferencia, titulado "La Chacra Mixta y Otra Hierba", y otro, "Chacarero, Soja y Gobernabilidad". En ellos se explican los errores y la falta de creatividad del campo nacional y popular a la hora de evaluar los modelos económicos, es decir, cómo los medimo.
Desde hace mucho tiempo hay que preguntarse algunas cosas cosas: no es lo mismo un volumen de 120 millones de toneladas producido solo de soja, del cual se exporta el 97%, que un volumen compuesto por una multiplicidad de producciones: carne, miel, leche, trigo, entre otras. No es lo mismo un volumen en el que se exporta lo que sobra sin necesidad de restringir, que un esquema en el que se reduce el consumo interno para generar un mayor saldo exportable. Son dos dimensiones totalmente distintas.
En ese sentido, como hemos dicho y quedó reflejado en el primer documental "CUELLO BLANCO" de Jorge Cedrón, en el año 2022 la Argentina alcanzó un récord histórico de casi 100 mil millones de dólares exportados. Y ese mismo año, en 2022, se sumó un millón de nuevos pobres. ¿Se entiende cómo funciona el proceso?
El volumen importa, pero por sí solo no significa nada hay que medirlo en contexto. El modelo agropecuario no puede evaluarse solo por la cantidad de soja que se carga, sino también por el uso y la tenencia de la tierra, por dónde se siembra, cómo se transporta, cómo se carga en los barcos, cómo se distribuye, cómo se cobra y adónde va la guita. El modelo hay que medirlo en la integridad de una punta hasta la otra, no solamente cómo sembrás y cuánto cargás.
En ese sentido, creo que existe un retraso, porque aún no se ha logrado construir una medida del modelo económico que sea autónoma e independiente, y que represente a nuestros propios intereses. Una medida que integre producción, volumen, medio ambiente, desarrollo científico-técnico, transporte de alimentos y acceso a ellos. Es necesario articular todos estos elementos y elaborar una fórmula que los analice desde esa perspectiva.
Tomando otro tema que también es muy importante y que es lo que nosotros estudiamos: una política pública es todo lo que el Estado hace, todo lo que el Estado no hace y todo lo que el Estado permite que se haga. ¿Se entiende? No es que alguien diga: "Tengo una política pública porque sembré 20 millones de hectáreas de soja y sojicé la Argentina", no. La política pública son esos 20 millones que se sembraron, las razones por las que se permitió que eso ocurriera y qué se dejó de hacer del otro lado, porque para que existan 20 millones de hectáreas de soja tuvieron que desaparecer 100 mil o 200 mil chacras mixtas. Hay que evaluar todo en un modelo agropecuario y no se evalúa.
Cuando un millón y medio de chicos se acuestan mal alimentados, no hay otra forma de describirlo: es una hecatombe social, es un desastre.
Por eso es necesario cambiar la manera en que se evalúan los modelos económicos. Lo primero que debe considerarse y medirse es cómo vive la gente.
A — No creo que sea casual que se ataque a la educación. En alguna entrevista te sentí hablar de un concepto muy interesante: las escuelas han dejado de enseñar el amor a la patria y parece que en cambio, se está cultivando el amor al dinero. También comentaste otra idea muy clara: por qué en un país tan rico que produce alimentos para 400 millones de personas, los argentinos pagamos la comida tan cara y aun así, hay quienes pasan hambre. Te pido que hagas un redondeo del concepto de la logística.
P P — El modelo de monocultivo inducido, basado en la concentración de la tierra y la renta —así es como nosotros definimos al modelo agropecuario argentino a partir de la década del 90— trajo como una de sus consecuencias invisibles, poco analizadas y no cuantificadas, la deslocalización de la producción de alimentos. Hoy, un litro de leche puede recorrer mil kilómetros; el 70% del pimiento se produce en Embarcación, Salta, a 1400 kilómetros de los principales centros de consumo; el consumo de cercanía se eliminó por completo. La carne de cordero viaja como mínimo 500 kilómetros. En El Colorado, Formosa, por ejemplo, salen alrededor de 100 o 150 mil terneros al año, que se envían a la pampa húmeda para engorde y luego la carne vuelve a esos mismos lugares de origen. No hay frigoríficos, no hay sistemas de engorde locales. El 80% de los pollos nacen en Entre Ríos, Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Es una irracionalidad.
La economía agraria argentina tiene una irracionalidad logística que no tiene precedentes.
Entonces, sucede que se deforestan y se ponen en producción entre 7 y 8 millones de hectáreas en el NEA y en el NOA para sembrar maíz, soja y otros commodities. Luego ese maíz viaja a los puertos de Santa Fe, allí se engordan los pollos y ese maíz transformado en carne de pollo vuelve al NEA y al NOA. Es decir, los alimentos recorren miles de kilómetros. Es imprescindible recuperar el concepto de alimentos de cercanía, de producción de cercanía, producción que no se recupera empezando por armar el mercado popular como he visto en la provincia de Buenos Aires. Se crea el mercado popular, pero después no hay productores que lo abastezcan y termina siendo abastecido por La Serenísima o por las grandes empresas alimenticias.
Hay que generar una masa de productores agropecuarios que provean ese consumo de cercanía para lo cual hay que poner en marcha en forma urgente, el tema de la "prohibición de fumigar en los 500 metros peri urbanos" para transformar y reconvertir esa zona en la producción de alimentos de cercanía y en la agricultura agroecológica. Eso sí es muy importante y es urgente porque puede generar miles de puestos de trabajo, abaratar los alimentos, destruir la concentración monopólica que hay en ellos. Es imprescindible una acción muy firme del Estado para apuntalar ese modelo, ya que por sí solo, sin la presencia estatal, no llegará a consolidarse.
A — La situación actual parece ser la antítesis de todo lo que planteas como deseable. El cierre del Canal Magdalena genera un perjuicio enorme. Los países desarrollados del primer mundo han basado gran parte de su crecimiento en la industria naval y en los trenes, mientras que aquí hay rutas destruidas, distancias descomunales y los pocos trenes que funcionan están en manos privadas. A esto se suma la privatización de Belgrano Cargas, una aberración y un nuevo favor a quienes continúan saqueando y llevándose todo.
El Canal Magdalena debería haber sido al menos una vía de salida estratégica para transportar grandes volúmenes directamente desde Argentina, sin depender de los socios de las corporaciones a través del puerto de Montevideo. Esa dimensión del problema revela la pérdida de una oportunidad clave para la soberanía logística y comercial. Qué opinión tenés sobre este tema.
P P — Lo veo igual que vos. No tener el Canal Magdalena demuestra la desidia y el poco apego a la soberanía entendida en términos globales y profundos, no solamente la soberanía ligada la bandera argentina, la gorra, la vincha y la selección..
La soberanía es un concepto esencialmente económico y está directamente vinculado con la calidad de vida de los ciudadanos. No se trata de un concepto de poder que se impone desde arriba; la soberanía tiene que ver con mejorar la calidad de vida en la medida en que se logra recuperar.
Los únicos momentos de la historia argentina en los que los sectores populares alcanzaron o arañaron el 50% del PBI en la distribución de la riqueza fueron durante los tres gobiernos de Perón y los tres gobiernos de los Kirchner. En esos períodos, las cuestiones soberanas estuvieron siempre en el centro del debate y las decisiones se tomaron en función de las necesidades del pueblo argentino, no de las exigencias de las grandes corporaciones internacionales, de los grandes centros de poder mundial ni del imperialismo norteamericano. Las decisiones se tomaban acá.
Cada vez que un ministro de economía argentino pasa por migraciones para ir a Washington va dejando girones del salario de los trabajadores argentinos en migración.
Entonces, es muy importante recuperar el concepto de soberanía. Hubo soberanía cuando tuvimos tres períodos “hambre cero”; también en tres períodos de “endeudamiento cero”. Se canceló la deuda con el Fondo Monetario y en ninguno de esos seis períodos de gobierno hubo intervención del Fondo Monetario Internacional. Por eso es necesario extraer algunas lecciones de la historia para comprender qué es lo que está ocurriendo.
A — Para ir cerrando, comentaste que estabas algo acotado pero que tenías la convicción de ser protagonistas de la historia que se está escribiendo y no un mero espectador. Por eso, quisiera que el cierre de la nota sea un mensaje dirigido, sobre todo, a las y los jóvenes que no conocen en profundidad esta historia que narrabas, una historia hecha de hechos reales que es imprescindible conocer para no repetir los mismos errores.
P P — Es fundamental conocer la historia. En nuestro pueblo existe un bajo conocimiento histórico. Se ha sostenido la memoria por encima de la historia, y son dos cosas distintas. La memoria es un auxiliar de la historia, pero es algo individual, subjetivo, que no necesita pruebas, sino recuerdos y ganas de hablar. La historia, en cambio, es colectiva y científica. Sigue siendo la única validación de cualquier medida que se tome en defensa de los intereses populares, y es muy importante tenerlo en cuenta. No es un problema exclusivo de los jóvenes, hay muchísimos adultos y personas mayores que no conocen absolutamente nada o que han olvidado lo que ha pasado en este país. Por eso es tan importante recordarlo y refrescar la memoria. El conocimiento histórico es esencial.
Hacer política sin conocer historia es como navegar sin una brújula. La historia sigue siendo el faro que va a iluminar lo que va a venir.
Por eso es tan importante conocer la historia y contarla basada en datos, serios y científicos. No alcanza con cualquier botarate que en 120 caracteres dice cualquier cosa, algo imposible de comprobar, que no tiene relación con la realidad y termina siendo un disparate. Es necesario recuperar la militancia de la historia y, al mismo tiempo, mirar hacia adelante, asumir y defender la modernidad, porque defendemos los cambios y las transformaciones con las raíces firmemente ancladas en lo mejor de lo nacional y popular que ofrece el pasado.
Fue Pedro Segundo Peretti desde Máximo Paz y quien les habla, Horacio Muñoz de Toro desde Las Parejas, Santa Fe, para el Movimiento Alternativa de Argentina.

Colaboraron: MÓNICA ZAGERT Y ESTELA CASADO
Edición de video: FABIÁN RANIERI
Correcciones y edición de contenidos Web: SILVANA LAZZARÍN
Link del video: https://youtu.be/DFsyu6klsKU
Foto de Portada: Agustín Lautaro en Unsplash
