Colonos y voto musulmán, las razones del giro del laborismo británico contra Netanyahu

El primer ministro Burnham encontró en el desplazamiento de palestinos de Cisjordiana, la excusa para avanzar contra Netanyahu, muy impopular entre los laboristas británicos.
Por Patricio Porta
El posteo en castellano que subió el controvertido ministro de Seguridad de Israel, Itamar Ben Gvir, en defensa de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas busca devolverle el golpe al gobierno laborista del Reino Unido, que decidió imponer sanciones a los productos que provienen de las colonias israelíes en Cisjordania, en un gesto de apoyo a Palestina.
Ben Gvir, líder del partido extremista Poder Judío, se ha convertido en vocero y promotor de los colonos asentados en tierras palestinas, incluso de aquellos que levantan sus propias comunidades en los denominados outposts, como se conocen los asentamientos sin autorización oficial del gobierno israelí.
El primer ministro laborista Andy Burnham decidió cruzar los planes de expansión de Israel con una batería de sanciones y una posición sin precedentes históricos: su canciller, Ed Miliband, acusó directamente a los colonos de llevar a cabo una limpieza étnica en Cisjordania con el aval de Benjamin Netanyahu.
Ahora, la pregunta importante es: ¿Por qué el Reino Unido decidió avanzar contra el gobierno de Benjamin Netanyahu y por qué ahora?
Si bien Londres siempre objetó la legalidad de los asentamientos, la calamidad humanitaria en la Franja de Gaza y la virulencia de los colonos en Cisjordania, alimentada por las declaraciones de altos funcionarios israelíes -como Ben Gvir y el ministro de Economía, Bezalel Smotrich-, empujó al Ejecutivo laborista a endurecer su postura.
Según una encuesta de YouGov de julio, el 50% de los británicos considera que Israel está cometiendo genocidio en Gaza, pero el número trepa al 67% entre los votantes del Partido Laborista, por lo que Burnham y Miliband buscaron la forma de desafiar a Netanyahu en un aspecto que apenas encuentra oposición: la construcción de nuevos asentamientos en Cisjordania y la espiral de violencia de los colonos, acusados de ser responsables de los ataques sobre propiedades e infraestructura palestinas.
Según una encuesta de YouGov de julio, el 50% de los británicos considera que Israel está cometiendo genocidio en Gaza, pero el número trepa al 67% entre los votantes del Partido Laborista, por lo que Burnham y Miliband buscaron la forma de desafiar a Netanyahu y utilizaron un aspecto que apenas encuentra oposición: la construcción de nuevos asentamientos en Cisjordania.
Reino Unido se unió a otros países como Canadá, Francia, España y Noruega, que desde hace décadas vienen alertando que las políticas expansivas de Israel en Cisjordania hacen prácticamente inviable la creación de un futuro estado palestino con contigüidad territorial. La región que va desde el río Jordán hasta el Mar Muerto es un archipiélago de ciudades palestinas rodeadas por asentamientos israelíes, puestos militares y una red de caminos exclusivos para los colonos.
"El gobierno británico coincide en que se está produciendo una limpieza étnica de palestinos en zonas de Cisjordania perpetrada por terroristas colonos", aseguró Miliband este martes en la Cámara de los Comunes. El canciller no se refirió al saldo de la incursión israelí en Gaza como genocidio, pero fue una de las declaraciones más duras de Londres en relación al conflicto desde el fin del mandato británico en Palestina en 1948.
Miliband se describió como un "judío británico orgulloso" para despejar cualquier acusación de antisemitismo, pero fue más allá al catalogar de ilegal no solo la construcción de colonias en Cisjordania, sino la ocupación de Palestina en sí.

El año pasado, el ministro de Defensa de Netanyahu, Israel Katz, anunció la aprobación de 22 nuevos asentamientos en Cisjordania para evitar "el establecimiento de un Estado palestino que pondría en peligro a Israel". En agosto, el gobierno de Netanyahu dio luz verde a la construcción de más de 1200 casas en un bloque de asentamientos al Este de Jerusalén, luego de que los planes fueran pausados en 2009 por el rechazo internacional.
El gobierno laborista teme que las construcciones terminen por frustrar cualquier intento de fundar un estado palestino, lo que implicaría un punto de no retorno y una escalada del conflicto con consecuencias impredecibles para toda la región. Lo cierto es que el avance israelí hace cada vez más difícil la solución de dos estados, en Londres creen que Netanyahu camina hacia una anexión de facto de Cisjordania.
Burnham es consciente de la presión de las bases laboristas, que no le perdonan al antiguo premier Keir Starmer su posición ambivalente respecto a la guerra en Gaza y la crisis humanitaria. Su sucesor no quiere perder el voto progresista ni el favor de las comunidades musulmanas. Las sanciones comerciales y el embargo de armamento también son una demanda de la militancia y los sindicatos, algo que Burnham no puede ignorar en su afán por impedir el regreso del Partido Conservador al poder, en las próximas elecciones.
