Cumbre Xi-Trump: el día que China dictó las condiciones

14.05.2026

Los CEOS de las principales empresas del mundo fueron para pedir a China que abra sus mercados para el ingreso de sus productos. La protocolar ceremonio de recibimiento y el distante mensaje en los medios chinos. 

Por NICOLÁS LANTOS

Donald Trump llegó a Beijing encabezando una caravana imperial. A bordo del avión presidencial viajaron una quincena de empresarios que representan capitales cuyo valor, acumulado, supera el PBI de todos los países del mundo excepto Estados Unidos y China, protagonistas por estas horas de acontecimientos que esta vez sí merecen el calificativo de históricos.

Fueron parte del pasaje Elon Musk, el hombre más rico de la historia y dueño de Tesla, y también los CEOs de Nvidia (responsable de fabricar el hardware sobre el que corre buena parte del software de punta), Blackrock, Apple, Boeing, Cargill, Visa, Mastercard, Citi, Goldman Sachs, Meta, entre otros. Los ejecutivos número uno de cada empresa. No es que fueran a negociar, su presencia era el hecho en sí.

¿Qué fueron a buscar? La apertura del mercado chino para sus empresas, más que nada. Lo dijo Trump en un posteo que hizo desde el Air Force One: "Le pediré al presidente Xi que "abra" China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia". A un año del "día de la Liberación" y el comienzo a la guerra de aranceles, la oligarquía norteamericana cruzó medio planeta para enmendar ese error.

El contraste entre el alto perfil de los visitantes y la actitud del anfitrión es notorio y habla de un nuevo orden mundial que ya no es un pronóstico sino una realidad. Cuando llegaron, al pie del avión, en la alfombra roja, no estaba Xi sino su vice, Han Zheng, en estricto cumplimiento del protocolo chino. Fue el número dos a recibir a los número uno. El mensaje: esta no es una visita excepcional.

En la mañana de Beijing, horas antes de que llegara la comitiva norteamericana, la portada del China Daily, el diario en idioma inglés más importante allí, ponía como título principal una bilateral entre Xi y el presidente de Tajikistán y sólo reservaba una columna lateral a la noticia de que "Xi navega las relaciones entre China y Estados Unidos en un marco de incerteza global".

Ya desde antes de que despegara el avión, China había marcado el tono del encuentro con posteos en X desde la cuenta de su embajada en Washington advirtiendo que Estados Unidos debe decidir si "conciliar o enfrentar" a Beijing y trazando cuatro "líneas rojas" que no están dispuestos a negociar, incluyendo Taiwan y el derecho de China a decidir su sistema de gobierno y a desarrollarse.

Tal contraste sólo tiene una lectura posible: Estados Unidos perdió la guerra contra Irán y las consecuencias de esa derrota son estructurales en el escenario global. Es algo que en Washington ya dicen en voz alta no solamente los "realistas", que fueron críticos de la intervención en Medio Oriente, sino los halcones que pasaron toda su vida haciendo lobby para que una guerra contra Irán tuviera lugar.

Foreign Affairs, la publicación sobre política internacional más importante de Estados Unidos, publicó ayer mismo un artículo de Henrietta Levin, exdirectora para China del Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Joe Biden, titulado "Estados Unidos ha perdido su influencia sobre China" que advierte que "la ventaja de Beijing puede consolidarse con los años".

Con el paso en falso de la guerra de aranceles, Trump cedió palancas estratégicas y eso deja a China con ventaja duradera en los planos económico, tecnológico y diplomático. Para Levin, Beijing demostró poder de veto sobre el comercio exterior norteamericano, sabe canjear gestos simbólicos por concesiones de primera línea y debilitó la confianza de los aliados de la Casa Blanca en la región.

Por su parte, Robert Kagan, un verdadero peso pesado neoconservador, publicó en The Atlantic, la más beligerante de las grandes publicaciones de política norteamericana, una columna titulada "Jaque Mate en Irán" donde escribe que Estados Unidos "sufrió una derrota total" que no tiene precedentes en la historia y cuyas consecuencias no pueden "ser reparadas ni ignoradas".

Para Kagan, "las derrotas en Vietnam y Afganistán fueron costosas pero no hicieron un daño duradero a la posición global de Estados Unidos en el mundo", mientras que "la derrota en la actual confrontación con Irán va a tener un carácter completamente distinto". Al haberse puesto en evidencia como un "tigre de papel" sus aliados, no sólo en Medio Oriente, van a revaluar su vínculo con Washington.

Una tercera entrevista, publicada en el Washington Post, entre Max Boot, otro lobbista neoconservador, y John Culver, ex analista de la CIA que es uno de los mayores expertos en asuntos militares chinos, deja otra advertencia: el Pentágono "no tiene ni de lejos el inventario necesario para una pelea en China" y que si hubiera guerra en Taiwan, Estados Unidos "se va a retirar del escenario".

"China puede atacar a las fuerzas norteamericanas desplegadas en Japón, Australia o Corea del Sur de formas en las que Irán no puede", y visto que Irán "impactó al menos 228 blancos entre las bases de Estados Unidos en Medio Oriente, forzando la evacuación de la mayoría" permanecer en el teatro de operaciones durante un conflicto abierto en el Pacífico sería suicida.

Pero lo más sorprendente es lo que Culver explica después: "Es difícil no ser exagerado" dice, respecto a la ventaja logística que tiene China sobre Estados Unidos. En algunos casos, como en las municiones más avanzadas, esa diferencia es del orden de "magnitudes", en una guerra en la que "el lado que se quede sin balas primero va a ser el perdedor".

En materia naval el panorama es aún más desequilibrado. Culver advierte que un sólo astillero chino, el de Jiangnan, tiene más capacidad que todos los astilleros de Estados Unidos combinados. En total China puede fabricar barcos a un ritmo 232 veces más alto que sus adversarios y tiene la capacidad de poner en el mar el equivalente a "la armada francesa completa una vez por año".

La diplomacia es un arte que superpone capas y sentidos. La visita terminará, como suele suceder, con una foto que permita a los dos bandos dar a su público una buena noticia. La nota de fondo, sin embargo, ya está escrita. La disyuntiva, como planteó el gobierno chino, es "conciliar o enfrentar". Por las buenas o por las malas. Hoy, las condiciones las pone Beijing.

El propio Xi lo dijo de frente a Trump y las cámaras: "Estados Unidos y China tienen mucho para ganar de la cooperación y mucho para perder en la confrontación. Debemos ser socios, no rivales. Debemos ayudarnos mutuamente a tener éxito y prosperar juntos". La única forma de evitar la confrontación es que Estados Unidos acepte pacíficamente su declive hegemónico. Difícil que el chancho chifle.

Fuente:
https://www.eldestapeweb.com/politica/cumbre-xi-trump-dia-china-dicto-condiciones-202651485742

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