El silencio era la clave del círculo más cercano de Jeffrey Epstein

19.02.2026

Había numerosas señales de que algo no iba bien con Jeffrey Epstein. ¿Por qué nadie dijo nada? 

Por Lisa Miller

Cuando Jeffrey Epstein decía "masaje" en los años posteriores a su salida de la cárcel en 2009, sus amigos y socios, ¿a qué pensaban que se refería? Epstein fue condenado en un tribunal de Florida por delitos sexuales contra menores en 2008. Su método, según informó entonces The New York Times, consistía en reclutar a niñas de 14 años en adelante para que fueran a su casa y convencerlas de que se desnudaran y le dieran un masaje. Luego las obligaba a tener relaciones sexuales y les pagaba en efectivo.

En 2019 volvió a ser acusado de delitos sexuales, esta vez por el gobierno federal de Estados Unidos, que lo acusó de traficar con niñas menores de edad a principios de la década del 2000. Si cometió delitos entre 2009 y su muerte, ocurrida en una celda de Manhattan mientras esperaba el juicio federal en 2019, no se le acusó de ellos. Pero los archivos de Epstein muestran que, durante esa década, estuvo reconstruyendo y gestionando su vasta red social de élite, al tiempo que estudiaba los planos de una nueva sala de masajes en su isla privada de Little St. James y escogía mármol para su sala de masajes de Nueva York.

Al mismo tiempo, analizaba el atractivo sexual de mujeres jóvenes de todo el mundo, clasificaba sus atributos, solicitaba sexo y las reclutaba para sus servicios. "Muy guapa, fresca", le escribió un reclutador a Epstein en 2011 sobre una mujer de 21 años y 1,70 m de estatura. "Buena chica, pero casi no habla inglés", escribió el mismo reclutador sobre otra mujer que tenía 22 años. 

Que Epstein era un delincuente sexual registrado en Nueva York y Florida era un hecho. Que solía viajar con un séquito de "chicas" —en su correspondencia también las llamaba "asistentes" o "estudiantes"— era de conocimiento público. Richard Branson calificó a ese séquito como el "harén" de Epstein. "¡Siempre que traigas tu harén!", le escribió Branson en 2013. (Un representante de Branson ha dicho que solo se reunió con Epstein unas pocas veces, en entornos de negocios, y que solo lo vio con mujeres adultas. Branson considera que las acciones de Epstein son "aborrecibles", dijo el representante).

Al menos algunos amigos de Epstein sabían de qué hablaba cuando decía "masaje". En 2010, en un correo electrónico dirigido a Boris Nikolic, que en ese entonces era el asesor científico de la Fundación Gates, Epstein le dijo que estaba recibiendo un masaje.

"Con final feliz, espero", respondió Nikolic, puntuando su nota con un emoji guiñando un ojo. (Nikolic no respondió a la solicitud de comentarios).

"Soy demasiado impaciente, feliz comienzo", respondió Epstein, con una puntuación característicamente desordenada.

Los correos electrónicos también muestran a Epstein organizando masajes para amigos y poniendo en contacto a sus conocidos con mujeres como favores o regalos. Cuando en 2017 Deepak Chopra se quejó de un día "loco", Epstein respondió: "Estoy en Florida, pero me gustaría enviar a dos chicas". ("Me entristece profundamente el sufrimiento de las víctimas de este caso", escribió Chopra en una declaración a principios de este mes).

Kathryn Ruemmler, exasesora de la Casa Blanca durante el gobierno de Barack Obama, reconoció implícitamente que conocía la diferencia entre un masaje y lo que hacía Epstein, refiriéndose a eso en un correo electrónico como "su tipo de masaje". También conocía el historial de Epstein. A veces le pedía consejo legal, y en 2015 ella le señaló, claramente, que un menor "no podía consentir legalmente ejercer la prostitución". Pero, en 2017, Epstein la acompañó a buscar apartamentos.

El 3 de febrero, dijo a través de un representante: "No tenía conocimiento de ninguna conducta delictiva en curso por su parte, y no lo conocía como el monstruo que se ha revelado que es". El jueves dimitió de Goldman Sachs, donde era la principal abogada de la empresa.

Incluso en un mundo en el que un presidente puede recibir sexo oral de una becaria, mentir sobre eso, ser procesado y seguir en el cargo; en el que se puede oír a un candidato a la presidencia diciendo que puede agarrar a las mujeres "por la vagina" sin temor a represalias y ser elegido, dos veces, la prominencia social de Epstein es asombrosa. Demuestra cómo un grupo puede confabularse con secretos oscuros si son suficientemente ambiguos y sirven a sus intereses. Al menos un amigo le advirtió a Epstein sobre el posible daño a su reputación por su comportamiento con las mujeres. Al fin y al cabo, su condena había sido pública y "podía interpretarse —de hecho así fue— como un hombre poderoso aprovechándose de mujeres jóvenes sin poder", escribió el amigo. (El nombre de la persona fue tachado).

Lo más impactante es que nadie dijo nada.

¿Cómo es posible que "las chicas", como las llamaba Epstein —su presencia, su procedencia, su papel— no suscitaran recelos más allá de los susurros silenciosos entre los hombres y mujeres superpoderosas que cenaban en la mesa de Epstein? La lista de nombres prestigiosos que disfrutaron la hospitalidad de Epstein ya es conocida. Elon Musk, Steve Bannon, Peter Attia. Invitados como estos existen dentro de sus propias galaxias de asistentes, asesores y aduladores. ¿Es posible que nadie planteara cuestiones sobre la manera en que Epstein trataba a las mujeres, más allá de cierta admiración tímida o codificada por lo que consideraban su gusto extravagante?

"Su estilo de vida es muy diferente y algo intrigante, aunque no funcionaría conmigo", escribió Bill Gates a sus colegas en 2011, tras una visita a Epstein. (Gates ha calificado su relación con Epstein de "gran error" y ha negado la afirmación hecha por Epstein en un borrador de correo electrónico de que Gates tenía relaciones sexuales extramatrimoniales).

En una entrevista concedida a Die Zeit el 12 de febrero, el científico cognitivo Joscha Bach reconoció que "la relación de Epstein con las mujeres de su entorno, especialmente con algunas de sus empleadas, parecía a veces poco amistosa e irrespetuosa". En otro correo electrónico enviado a The New York Times, Bach añadió que "tuvo algunas conversaciones" con las asistentes de Epstein "en las que pregunté por su bienestar". Y añadió: "Nada de lo que me dijeron ni de lo que observé me dio motivos para preocuparme de que pudiera estar ocurriendo algo coercitivo o ilegal".

Tessa West, profesora de Psicología Social en la Universidad de Nueva York, describe el silencio colectivo en torno a Epstein y sus "chicas" como "inacción deliberada". Aunque los invitados a la mesa de Epstein no tuvieran un comportamiento ilegal o perjudicial, algunos tuvieron que haber visto señales de alarma, y "no hacen nada al respecto. No dicen nada. No lo disuaden", dijo West. Teniendo en cuenta lo que sabe sobre la dinámica de género en su profesión, el mundo académico, "nada de esto me sorprende", dijo. Científicos como West ofrecen pistas sobre por qué y cómo funcionaba el mundo de Epstein para protegerlo.

Los psicólogos sociales describen el mundo de Epstein como un "grupo interno" reforzado por un "carácter distintivo óptimo". El carácter distintivo transmite exclusividad, y Epstein era el hombre de la cuerda de terciopelo que elegía a quien estaba "dentro". Los invitados a su mesa tenían que ser interesantes, estar de moda, ser poderosos o lo bastante útiles. "Las chicas" se clasificaban en una escala. "Trasero de 10", dijo sobre una mujer a la que vinculó con Steve Tisch, presidente de los Gigantes de Nueva York. (Tisch ha dicho que lamentaba lo que, según él, fue su breve relación con Epstein y que las mujeres de las que habían hablado eran adultas).

La exclusividad tenía un efecto multiplicador. Cuanto más prestigiosa era la empresa, más gente quería entrar. Y Epstein tenía mucho que ofrecer, señaló West. "Poder blando, oportunidad, oportunidad financiera, conexión social", dijo, y, sobre todo, para los profesores y rectores de universidad que llamaban a su puerta, "dinero en un mundo en el que los académicos no lo tienen". Algunas de "las chicas" también vieron una oportunidad en Epstein. Las enviaba a Frédéric Fekkai para que les cortara el pelo y las remitía a cirujanos plásticos. "Te enviará con su socio que te quita grasa del trasero y te la pone en los pechos", escribió a una. Las enviaba al médico y parece que les pagaba la educación, incluidas, al parecer, clases de masaje.

Las reuniones, las propiedades, las comodidades… todo estaba diseñado para seducir y asombrar. En el complejo de Little St. James, la comida era "mejor que cualquiera que hayamos probado en el Ritz", escribió Ellis Rubenstein, entonces presidente de la Academia de Ciencias de Nueva York, a un amigo. Fue allí con sus hijos. (Rubenstein no respondió a las solicitudes de comentarios).

El director de orquesta francés Frederic Chaslin quedó extasiado con una visita al rancho de Epstein en Santa Fe. "Hay algo totalmente voluptuoso en todo lo que vi, me sentí ebrio de principio a fin sin una gota de alcohol. Como estar dentro de una obra de arte", escribió a Epstein en una nota de agradecimiento.

A principios de este mes, Chaslin emitió un comunicado. Cualquier insinuación de que hizo algo malo está "basada en frases aisladas, fuera de contexto y cargadas de intenciones que nunca tuvieron", dijo. "Refuto formalmente estas insinuaciones".

"Las chicas" estaban presentes en las cenas y en el avión. Lesley Groff, asistente ejecutiva de Epstein, reservaba varias habitaciones de hotel cuando Epstein viajaba. "Sobre la suite de 2 habitaciones… ¿las dos tienen cama king size?", preguntó a la asistente de Thomas Pritzker. Pritzker es el presidente ejecutivo de Hyatt Hotels Corporation, y al parecer ayudaba a Epstein con las habitaciones. "¿Dos camas dobles?", preguntó Groff. "¿O qué arreglo hay ahí?" (El martes, Pritzker dimitió como presidente ejecutivo de Hyatt, afirmando que "tomó una decisión terrible" al mantenerse en contacto con Epstein y Ghislaine Maxwell).

El interés propio habría impulsado a sus huéspedes y visitantes a mirar hacia otro lado, dijo West. Y el lenguaje codificado y eufemístico de Epstein les daba cobertura. A menos que las pruebas incontrovertibles de una nueva operación de tráfico sexual estuvieran "literalmente en tu cara", la procedencia de "las chicas" y su papel podrían haberse rebajado a una sensación incómoda o a un rumor, explicó West.

"Cada vez que hay suficiente ambigüedad en el comportamiento de una persona, nos sentimos motivados para verlo de un modo que nos beneficie", explicó.

Quizá por eso el paleontólogo Jack Horner, ganador de la beca de "genios" de la Fundación MacArthur, pudo afirmar en su disculpa de principios de mes que cuando visitó a Epstein en su rancho de Santa Fe en 2012 y le presentaron a cuatro "estudiantes universitarias, dos de las cuales afirmaban ser expertas en genética", no vio "nada raro, inapropiado o fuera de lo normal". Y añadió: "Ahora comprendo que las estudiantes podían haber sido víctimas de Epstein, y lamento profundamente no haberme dado cuenta de eso".

En su nota de agradecimiento de entonces, Horner escribió: "Me la pasé muy bien, sobre todo pasando tiempo contigo y las chicas, y viendo tus sedimentos cretácicos y el antiguo ferrocarril". Y remataba: "Por favor, dales a todas las chicas mis mejores deseos, y a ti, a quien envidio".

En 2012, unos experimentos del psicólogo social neerlandés Gerben van Kleef demostraron cómo los infractores de las normas acumulan poder. Los científicos ya habían demostrado que las personas poderosas son más propensas que otras a infringir las normas, como escribió en su artículo: a interrumpir, a comer con la boca abierta, a engañar, a mentir en las negociaciones, a infringir las leyes de tráfico, a carecer de empatía, a tratar a los demás como objetos, a ignorar el sufrimiento y a acosar sexualmente a mujeres de estatus inferior. Las personas que dejan caer la ceniza de los cigarros al suelo o ponen los pies sobre el escritorio son percibidas por los demás como poderosas porque sus acciones desafiantes señalan que parece que pueden hacer lo que quieren, a pesar de las limitaciones.

Van Kleef planteó la hipótesis de que los grupos sociales ceden poder a los transgresores solo cuando la transgresión les beneficia. En sus experimentos, descubrió que quien se sirve sin ser invitado del termo de café de un desconocido acumula poder cuando comparte el café robado con los demás. Si roba el café y se lo queda para él, no lo hace. Los científicos no pueden estudiar las violaciones de normas perjudiciales, como la agresión sexual, escribió Van Kleef.

Está claro que Epstein disfrutaba con su papel de transgresor. Le encantaba adoptar posturas extremas e impopulares sobre temas políticos y culturales. Argumentaba sobre los roles de género, la belleza física y la inteligencia desde un punto de vista darwinista social, haciendo comentarios como "lo feo suele ser insalubre, las deformidades señalan enfermedad". Sus amigos parecían atribuirle honestidad intelectual.

"Eres un genio", escribió en varias ocasiones Martin Nowak, matemático de Harvard. (Nowak no respondió a una solicitud de comentarios). En un intercambio de correos electrónicos con Bach, el científico cognitivo, Epstein reflexiona, de forma inescrutable, sobre la eugenesia —cuestiones sobre las capacidades innatas de las mujeres y los negros— y parece proponer la eutanasia de los ancianos.

"Tu 'incorrección política' me parece muy fascinante", respondió Bach. "Al principio, pensé que era una forma de señalización costosa, pero ahora creo que simplemente eres totalmente libre en tus pensamientos. ¿Cómo te las arreglabas en tu juventud?". (En su entrevista en Die Zeit, le preguntaron a Bach si tenía dudas sobre Epstein, debido a sus delitos previos. Bach dijo que sí, y que consultó con "un importante círculo de eminentes científicos". Dijo: "Todas las personas con las que hablé insistieron en que Epstein había cambiado de actitud tras su condena y que ya no infringía ninguna ley. Y que había prestado grandes servicios a la ciencia, a pesar de su irrecuperable reputación pública").

La abierta misoginia de Epstein parecía dar vía libre a otros. Los archivos lo muestran discutiendo sobre el tamaño y la forma de los pechos de las mujeres con Tancredi Marchiolo, gestor de fondos de cobertura con sede en Londres. En un momento dado, se puso en contacto con Epstein para hablar de una mujer. "Un poco mayor, de 25 años, las tetas parecen las de una mujer de 70 años que se las hubiera reducido", escribió Marchiolo. Además, se quejó Marchiolo, tenía un hijo. Una vez que una mujer ha dado a luz, "se acabó la fiesta", escribió, en italiano. (Marchiolo no respondió a la solicitud de comentarios).

El secretismo rodeaba todas estas conversaciones, una dinámica que Peter Attia, el influente de la longevidad, describió en su reciente disculpa por unirse a las charlas misóginas de Epstein. En 2016, Attia le escribió un correo electrónico adulador a Epstein. "La vida que llevas es tan escandalosa y, sin embargo, no puedo decírselo a nadie", escribió, al tiempo que bromeaba diciendo que "la vagina es, de hecho, baja en carbohidratos". Ahora califica aquel mensaje de "juvenil", y se defiende por haber sido ingenuo y haber sido absorbido por un mundo que le parecía extraño y excitante.

"Vivía en la casa más grande de todo Manhattan, tenía un Boeing 727", escribió Attia. "Trataba ese acceso como algo sobre lo que había que guardar silencio en vez de hablarlo libremente con los demás".

El secretismo funcionó como un pegamento, uniendo a los asociados de Epstein más estrechamente a él, y el propio Epstein lo hacía cumplir. En los correos electrónicos enviados a sus amigos poderosos, que tenían un trasfondo amenazador, aludía a las confidencias compartidas y se refería a ellas como una deuda mutua.

Reprendía a las mujeres que dejaban juguetes sexuales a la vista y a los conocidos por violar su código de decoro. Cuando, al parecer, el comercializador mundial Ian Osborne cometió el error de dirigirse directamente a la oficina del alcalde Michael Bloomberg para invitarlo a un acto organizado por Epstein, este lo reprendió. "A menos que sea necesario, siempre prefiero que lo sepa cuanta menos gente mejor, así que tu correo electrónico a la gente de su oficina fue preocupante", escribió. "Si Michael se siente incómodo de algún modo, dímelo". ("Lamento de todo corazón haber conocido o haber tenido relación alguna con Epstein", dijo Osborne a principios de este mes).

Los secretos "crean una frontera entre quien está dentro y quien está fuera", dijo Michael Slepian, psicólogo social de la Universidad de Columbia, y aumentan la sensación de los iniciados de ser elegidos. Un secreto compartido, continuó Slepian, tiene un efecto paradójico. "En realidad, hace más difícil ocultarlo. Pero hace que sea más fácil vivir con él".

La banalidad de muchos de los correos electrónicos es sorprendente. Si no puedes a la 1:00 p. m., ¿qué tal a la 1:30? Al final no estaré en la ciudad. Vuelo a París, al Caribe, a Palm Beach. Aquí están los manifiestos de vuelo, los billetes a Davos, la proyección, el beneficio. Aquí está la lista de invitados, el menú. Mort Zuckerman es vegano. Soon-Yi Previn va de camino al Pilates. Siento cancelarlo. ¿Podemos aplazarlo?

Kurt Gray, filósofo moral de la Universidad Estatal de Ohio, describió cómo la gente puede terminar siendo cómplice de un daño inimaginable y del silencio colectivo. Enfocarse en los detalles cotidianos puede servir para distanciar a la gente de lo que tienen delante. "Creo que dicen: 'Sí, voy a hacer un poco de logística. Voy a llegar hasta allí. Necesito apoyo para mi investigación; pasar un rato con este tipo divertido que dice cosas interesantes'".

Entonces la gente se encuentra en la mesa de Epstein, "y quieres formar parte de este grupo, y ser este tipo relajado en esta isla. Quieres que te incluyan. No quieres que te rechacen". Gray continúa: "Y no piensas en esas mujeres ni en cómo han llegado hasta ahí, ni en su difícil situación, ni en su humanidad. Es una especie de miopía".

Lisa Miller es una reportera del Times que escribe sobre las dificultades personales y culturales.

Fuente:

https://www.nytimes.com/es/2026/02/18/espanol/jeffrey-epstein-archivos.html