Gaza: duros testimonios de cómo el alto el fuego perdió todo su significado

16.08.2026
Foto: Xinhua
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Persiste la violencia del ejército israelí: desde el 11 de octubre provocó la muerte de mil palestinos. El relato de un auxiliar de Médicos Sin Fronteras.

Más de 1100 palestinos murieron y 3500 han resultado heridos en la Franja de Gaza, desde el 11 de octubre cuando se anunció el alto el fuego. Sólo en junio, 121 personas perdieron la vida. Lo dice Médicos Sin Fronteras con total actualidad: el concepto de "alto el fuego' ha perdido todo su significado.

Es que el personal de MSF en Gaza tampoco se libra de la violencia. Recibieron todo tipo de agresiones, incluidos disparos en sus tiendas de campaña, así como "han sido testigos de cómo mataban a familiares, han huido de sus hogares presas del pánico o han visto cómo estos quedaban destruidos por los ataques aéreos. En marzo, una enfermera de MSF presenció cómo su primo de cuatro años perdía la vida en un ataque aéreo. En junio, un compañero de MSF quedó atrapado junto a su mujer y su hija en un vehículo que fue blanco de disparos de las fuerzas israelíes".

De este modo, Ashraf Afifi, operador de radio de MSF, relata cómo resultó herido por un cuadricóptero de Israel:

"Estaba sentado en mi tienda, como cualquier viernes normal, si es que existe algo así como un día normal durante el genocidio. Mi hijo Adam estaba fuera jugando con una cometa. De repente, me dijo: 'Papá, están cayendo balas a nuestro lado'. No le creí. Salí, pero no vi nada extraño. Pensé que eran imaginaciones. Volví a mi tienda. De repente, oí un ruido sordo, como si alguien golpeara una mesa de madera con un martillo. Vi a mi mujer con cara de miedo. Estaba echando un vistazo dentro de la tienda cuando, de repente, sentí como si alguien me hubiera golpeado en el costado con un palo de madera. Enseguida supe que me habían alcanzado. Mi mujer, a mi lado, gritó muy fuerte: mi costado estaba cubierto de sangre. 'Una bala ha dado justo en la tienda. Todo tembló', gritó ella.

Foto: Xinhua
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Desde el comienzo del genocidio, nunca había ignorado una señal de peligro. Si percibía una amenaza, aunque fuera a un kilómetro, alejaba a mis hijos, costara lo que costara. Pero esta vez fui descuidado. Por primera vez desde que comenzó el genocidio, fui descuidado.

'Si pasa algo y siento que estoy a punto de perder el conocimiento, no dejes que me desmaye', le dije a mi hermano mientras conducíamos con mi mano sobre la herida. Llamé al compañero Bilal Abu Saada. 'Me dispararon: voy de camino al hospital Nasser'. Me imaginaba que era sencillo: vi dos agujeros, lo que significaba que la bala había entrado por un lado y salido por el otro, fácil, nada que temer. Pero el dolor era muy intenso. Mi hermano me dijo: 'Tienes sangre en la espalda'. Me levanté la camiseta. La bala entró por la espalda. Todo mi valor se esfumó. Comprendí que era grave; empecé a pensar en mi riñón, mi bazo y otros órganos. Comencé a sentir entumecimiento en manos y la cara. Al rato, me costaba respirar y todo empezó a oscurecerse. Mi hermano me daba palmadas: 'No te duermas'.

Foto: Xinhua
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Fue el viaje más largo de mi vida, como una carretera sin fin. Aunque la había recorrido docenas de veces. Llegamos a la entrada norte del hospital. El dolor era horrible. 'Estoy herido', dije. 'No hay camillas'. Grité: '¡No puedo salir!'. De repente, alguien trajo una camilla de Urgencias. Me tumbé en ella. Recordé la escena de las películas: el héroe tumbado boca arriba, llevado por un pasillo, mirando las luces del techo. Primero la sala de rayos X. Después una ecografía. Nunca me habían hecho una. Pero recordé cuando mi mujer embarazada de nuestra hija: utilizaron esa máquina para ver si era niño o niña. Bromeé: '¿Niño o niña?'. Me hicieron una tomografía y me dijeron: 'Ya basta de mimos'. Comprendí que no había ningún peligro grave.

El médico me dijo: 'No hace falta que te quedes en el hospital'. Esa noche volvimos a la tienda. Me senté a dos metros de donde me habían alcanzado. Había imaginado que me daría pánico volver a donde casi había perdido la vida. Sin embargo, tres horas después, allí estaba, sentado en el mismo sitio como si nada hubiera pasado". «

Fuente:
https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/gaza-duros-testimonios-de-como-el-alto-el-fuego-perdio-todo-su-significado/

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